14: Dudas

Las Crónicas de Ondine: El Reino de las Hadas

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Tres días después, los amigos se reunieron en el salón del trono con la reina Jasmine.
     —He recibido noticias de todas las hadas guardianas de los templos. Las noticias de la caída de Ondine y la desaparición de la princesa Mari ya han llegado a los oídos de toda la nación y están extendiéndose por todo el mundo. Lion y su dragón han continuado destruyendo más y más ciudades y pueblos por ahora todos de Ondine y dejando un sinfín de personas petrificadas a su paso. La milicia intentó acabar con ellos las primeras semanas pero, tras sus numerosas derrotas, asumieron que no eran rivales para ellos, por lo que actualmente se dedican a evacuar a la gente y llevarla a pequeñas aldeas difíciles de encontrar y fuera de la nación. Muchos rumores afirman que ese monstruo es el mismísimo Dragón Demoníaco, otros que Lion es su reencarnación y algunos que la princesa está muerta y que no hay esperanza alguna para este mundo.
     Cuantos más escuchaban los mellizos, más palidecían.
     —¿Sabéis algo de nuestro abuelo? —se atrevió a inquirir Si.
     La reina negó con la cabeza.
     —Aqua me contó que, una vez que os marchasteis por el portal, él abandonó el bosque. No ha vuelto a saber de él.
     A ambos se les encogió el corazón, mas la promesa que se hicieron antes de separarse les permitía albergar esperanzas.
     —¿Ese dragón es el Dragón Demoníaco? —preguntó Escai.
     —Aunque no lo he visto en persona, la descripción que me disteis de él no encaja con las antiguas leyendas, así que no lo creo. El verdadero es mucho más grande y poderoso que este —les explicó—. No obstante, sigue siendo una amenaza. Debemos reunir los cinco artefactos ancestrales cuanto antes.
     —¿Pero cómo? —suspiró el chico—. El espadón está en manos del traidor de Ondine y el anillo seguramente se convirtió en piedra junto a Mari. No podremos reunirlos todos.
     Si agachó la cabeza, entristecida. Al darse cuenta, su amiga trató de tomar su mano para consolarla, mas no funcionó.
     —Entonces por lo menos debemos asegurar los otros tres.
     —¿Sabéis dónde están?
     —Sí y no —los tres la miraron perplejos—. No sé dónde están con exactitud, pero sé en qué reinos se encuentran. Uno de ellos se halla en este.
     Los mellizos la miraron con asombro.
     —¿Acaso está en ese lugar del que Anime y vos hablabais, majestad? —supuso Si.
     —La Cueva de los Esqueletos —corroboró Anime.
     Tan pronto como escuchó el nombre, un escalofrío recorrió hasta el último centímetro del cuerpo de la muchacha.
     —¿La Cueva... de... los Esqueletos...? Es decir que... ¿habrá... fantasmas? —tartamudeó aterrorizada.
     El hada asintió enérgicamente.
     —¿Qué ocurre? ¿Te dan miedo?
     Aunque la chica negó con la cabeza, su cuerpo temblaba.
     Ambos hermanos tenían un profundo miedo a algo en concreto: Si a los fantasmas y Escai a las brujas. Mientras que el chico odiaba las historias donde ellas participaran y nunca las escuchaba, sólo oír a alguien hablar de espíritus paralizaba a la joven de miedo, por lo que saber que si deseaba encontrar uno de los artefactos ancestrales debía adentrarse en un lugar donde podrían atacarla muertos vivientes hizo su voluntad flaquear. Mari era la única capaz de tranquilizarla cuando entraba en tal estado de pánico. Pero ella ya no estaba a su lado.
     —Si esa cueva está dentro del reino ¿por qué la barrera que lo protege no los ha matado?
     La reina adoptó una expresión de desconcierto.
     —No sabemos si esos esqueletos son realmente almas que han tomado posesión de dichos huesos, en cuyo caso un alma no posee sentimientos ni emociones, por lo que tampoco podría albergar bondad ni maldad, lo que haría que la barrera no le afectara; o simplemente son seres vacíos carentes de corazón, revividos por alguna magia desconocida. De ser eso, también serían inmunes a la barrera. Tal vez sea el propio artefacto el que los crea como sistema de defensa. Me temo que no lo sé —contestó pensativa—. Tiempo atrás envié a muchas hadas en su busca, pero ninguna regresó, así que desistimos hasta que hace cien años acogimos a los elfos entre nosotras. Pensando que ellos tendrían más suerte, enviamos a varios. Sólo uno consiguió regresar y, aunque lo hizo con las manos vacías, gracias a él descubrimos la existencia de esos esqueletos.
     —¿Dónde está la cueva? —preguntó el chico sin temor pese a que su hermana seguía temblando.
     —Os lo revelaré cuando llegue el momento. No puedo permitir que vayáis antes de estar un poco más preparados.
     —¿Cuándo iremos, entonces?
     —Dentro de un mes —respondió Anime.
     Escai se sobresaltó.
     —¡No podemos esperar tanto tiempo! ¡Mientras hablamos, Lion y su dragón siguen aniquilando ciudades y matando gente!
     —Y mucha más gente morirá si perecéis en la cueva —les recordó Jasmine—. Además, también quiero que aprovechéis este tiempo para pensar en algo —los mellizos la miraron curiosos—. Como acabo de deciros, muchos han muerto en la Cueva de los Esqueletos, desde veloces y ágiles hadas hasta fuertes y resistentes elfos. Vosotros aún no sois nada de eso, por lo que no tengo ninguna fe en que volváis triunfantes. Así pues, si pasado un mes decidís renunciar a vuestra misión, lo comprenderé. Vosotros habéis sido los primeros humanos capaces de atravesar mi barrera y, como obsequio por ello, he decidido concederos un hogar entre nosotros —el chico puso los ojos como platos—. Si así lo deseáis podréis quedaros a vivir aquí, en Nevina, para siempre. Lejos de todo mal. A salvo de cualquier peligro. Donde la oscuridad jamás llegará.
     Ese regalo era lo que más deseaba Escai en la triste tierra condenada a la destrucción en la que vivían. Un sueño que creía imposible de conseguir: un lugar donde pudiera vivir junto a su hermana y Anime sin preocuparse por nada más. Una nueva vida junto a las dos chicas que más le importaban donde ninguna de ellas estuviera en peligro. Sin embargo...
     —No podemos aceptar, majestad —no fue una sorpresa para el chico. Sabía que su hermana se negaría.
     No obstante ¿qué debía hacer él? ¿Realmente deseaba poner en peligro a quien más amaba sólo para proteger un mundo que no le importaba? Anime estaba aplaudiendo a su amiga y abrazándola con euforia, claramente dispuesta a acompañarles aun arriesgando su vida. Si algo le sucediera a cualquiera de ellas, el chico jamás se lo perdonaría. No obstante, había algo más que él tampoco podía olvidar. Los rostros de sus institutrices y amigos convertidos en piedra. Un fuerte choque de emociones colisionaban en su interior. No sabía qué hacer.
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Si te ha gustado el capítulo, te pido que me lo hagas saber pinchando en el corazón que hay justo debajo y me sigas para estar al tanto de más capítulos. Gracias :D

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