Capítulo 54: "Soy tu victima mi amor"

Soy un temerario mi amor ©

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Quizás no fue muy buena idea provocarlo, pero no había mucho más que pudiera hacer, bueno, por lo menos no ahora. Sin embargo, mi ideología duró poco, ya que él hizo un movimiento de cabeza, y seguido de eso, dio la orden de que me atraparan.
 
—Supongo que no me queda otra —dije sonriendo, y metí mi mano dentro de la chaqueta, de allí saqué una grabadora, la cual accioné. Era momento de poner en práctica lo que había aprendido, es por eso, que más tarde se la entregué a Lili—. Cuídala —le confié el aparato y entonces me puse en posición; ¡estaba listo para pelear!
 
La música empezó a invadir el ambiente, y fue entonces cuando mi cuerpo se tensó, pues, ya estaba tan acostumbrado a esa pista que terminé por dejarme arrastrar por ésta; justo en ese momento los sujetos se me fueron al humo. En primer lugar, los dos tipos que venían tanto detrás como delante de mí logré esquivarlos al agacharme y deslizarme luego de lado, justo en ese momento, sus caras estaban tan cerca que me permitió aprovechar el instante para darles un buen gancho a ambos en sus barbillas, obteniendo como resultado a dos encapuchados fuera de combate. Aun así, la pelea no estaba acabada, ya que había muchos más que se encontraban con ganas de enfrentarme, es por eso que el resto se dispuso a llevar a cabo también acciones en mi contra.
 
Tan rápido como me había desecho de esos dos, uno vino por mi derecha, pero yo me planté y le di un codazo en el estómago, más tarde, cuando él se inclinó hacia delante, lo usé  de apoyo para tomar algo de impulso y trasladarme detrás de aquel individuo, una vez allí, intercambié golpes y evité otros con tres encapuchados más. Mi habilidad era tal, que apenas había recibido algún que otro ataque, pero al final, logré acabar ya con unos cinco de ellos, no obstante, aún quedaban bastantes.
 
—¡Cuidado! —gritó Lili, y su advertencia me permitió hacer un pequeño truco, el cual fue agacharme con rapidez frente a otros tres que se me acercaban, luego estiré mi pierna y giré rápidamente para así derribar a los sujetos al chocar con sus pies. Para ese momento la canción se había detenido, y los malhechores que estaban con Davis y Lulubel, ya estaban dudando en atacarme.
 
—Parece que se están dando por vencidos —mencioné algo agitado, y me pasé el puño por mi barbilla quitándome algo de sudor.
 
—Y tú no te ves muy bien —dijo Davis entre cerrando los ojos.
 
—Ya estoy harta —mencionó cruzada de brazos la rubia—. Tráelo de una vez, Davis.
 
—Y yo que me estaba divirtiendo —movió sus hombros con una media sonrisa en la cara, y sujetó más firmemente sus navajas.
 
—¡Por favor Dalton, no hagas…! —pero interrumpí a mi dulce ángel para mirarla por sobre mi hombro.
 
—Shh —la silencié—. No te preocupes, y pon nuevamente la música —volteé de nuevo hacia el pelinegro con mechón rojo, para más tarde ponerme de pie—. Yo te protegeré.
 
—Dalton —murmuró con algo de pena, y aunque tardó, ella puso a funcionar la grabadora desde el comienzo.
 
—Ahora veras que las clases con Louis no te van a servir conmigo —aseguró él. Para ser sincero, me preocupaba, puesto que mi contrario tenía una gran cantidad de experiencia, pero a pesar de que terminé derribando a sus secuaces, no sabía si podría contra él.
 
—Eso ya lo veremos —al menos, deseo dar pelea.
 
La contienda empezó sin un anuncio previo, y un cuchillo voló directamente de su posesión rasgando tan rápidamente el aire, que apenas me di cuenta de que éste se dirigía hacia mi amada, es por ello, que lo atrapé de pura suerte en su recorrido, pero no de la mejor manera, porque lo había tomado desde la hoja y no desde la empuñadura, así que me hice una profunda cortada en la mano.
 
—¡Dalton! —gritó mi futura y hermosa esposa al ver que la sangre empezaba a brotar de mi herida.
 
—¡Vete, vete lejos! —le ordené en lo que de repente Davis ahora corría a mi dirección, entonces para pararlo, le arroje una patada, pero él giró del lado contrario del que yo atacaba, y me dio un codazo en la espalda que me hizo caer de frente—. ¡Uh!
 
Aunque Lili era valiente, sabía bien que no podía contra el hermano de Gael, y que además, no estaba en sus posibilidades protegerme, así que lo mejor, era que emprendiera su retirada, e irse a donde su hermano para traerlo consigo. Un instante después de mi reflexión, escuché como ella se escapaba, lo cual probaba que mi teoría era acertada, pero principalmente, por lo que oí después.
 
—¡Vayan tras ella! —gritó la prima de Gael.
 
—¡Qué! —inmediatamente traté de levantarme, pero Davis puso su pie sobre mi espalda, y volcó todo su peso sobre ésta, lo cual impidió que me reincorporara—. Maldito… ¡Si llega a pasarle algo a ella, te juro que voy a matarlos cuésteme lo que me cueste! —le aseguré en una explosión de ira.
 
—Ella estará bien —mencionó como si nada Davis. Su respuesta tan tranquila, y fuera de lugar, me hacía sentir desconcertado.
 
—¡Ya llévalo de una buena vez dentro! —le ordenó su prima, y enseguida, me tomó él de la chaqueta y me noqueó.
 
Para cuando desperté, me encontraba justamente donde estoy ahora, en un lugar completamente desconocido y encadenado. Los próximos días me la pase bastante mal, pero al menos, Davis había sido lo suficientemente amable como para hacerme saber que Lili estaba bien, y había sido salvada por Louis, quien se encargó de los encapuchados. Sin embargo, eso no significaba que podía quedarme en los laureles.
 
Durante los primeros dos días, fui visitado por una mujer a la cual no podría decir que conocía, ya que las vendas en mis ojos me confundían, y no sólo eso, las incoherencias que recitaba también me ponían enfermo. Su comportamiento conmigo era: dominante, sádico, e intolerable. Se concentraba principalmente en golpearme con la fusta o látigo (lo primero que tuviera a la mano de las dos cosas) e  intentaba por todos los medios hacerme entender que la persona que amaba era a Lulubel. Quizás sea curioso los datos anteriormente descritos, pero podía saber cómo eran los elementos con los que era atacado, debido a la textura de aquellos objetos. Sin dudas todo este secuestro tenía la finalidad de alejarme de mi Eva, pero no lo lograrían, aunque sí que estaba perdiendo la cordura como las energías. Obviamente no me querían muerto, es por eso que me alimentaban y luego me curaban, pero más tarde, al día siguiente, me azotaban otra vez.
 
En el tercer día, me tocó enfrentarme a esa mujer nuevamente. Me asqueaba su voz, su caminar, todo de ella me resultaba fastidioso, y como si fuera poco, la canción de Louis estaba ahí en mi cabeza junto a la voz de ella. El amor que tenía por Lili me mantenía algo consciente frente a la tortura, y al mismo tiempo llegaba a la conclusión de que esto era difícil de sostener. Estoy seguro que no iba a ceder a los deseos de esa tipa, pero también, de que quizás caería (aún sostenido por las cadenas) inconsciente.
 
—¡Respóndeme!  —gritó ella una vez más, pues hace no mucho me había vuelto a burlar de ella en lo que me enfrentaba al dolor.
 
—Ya te… lo dije —murmuré. Debajo de mi mentón sentía sus dedos con aquellas largas uñas, los cuales empezaron inesperadamente a temblar.
 
—¿Cómo te atreves…? —ahora era su voz la que se quebraba. Pero de repente, un  golpe con forma de objeto alargado cayó sobre mi mejilla, e instintivamente mi piel empezó a sangrar. El ardor era insoportable, por lo que también me quejé por lo mismo—. ¡Cómo te atreves a seguirme rechazando después de todo lo que te he hecho! ¿A caso planeas morir por esa mujer? —me preguntó con desesperación. Y ahí caí en la cuenta de que se trataba de la prima de Gael, pero sin caer en la sorpresa.
 
—¿Quién… dijo que iba a morir? —mencioné con algo de dificultad. No sabía qué parte de mí me brindaba la fuerza para contestarle, pero lo estaba haciendo—. Ni siquiera he podido disfrutar de tomar la mano de la persona que amo, ¡así que no voy a morir en un lugar como este!
 
—No lo comprendo —la escuché levantarse—. ¡Yo te conocí antes que ella! ¡Yo tengo más derecho a estar a tu lado!
 
—¿Qué? —dije confundido, y un poco más calmado.
 
—Siempre estuve contigo, Dalton —la escuché acercarse otra vez, y entonces me inquieté. ¿Acaso era una acosadora como yo?
 
—No es lo que estás pensando. Tú la acosaste, mientras que yo te observaba de lejos sin intervenir en tu vida. Llegué a pensar que por el hecho de ser tu vecina podrías voltear a mirarme, pero ni aun así lo has hecho —me sujetó del cuello y empezó a apretarlo, haciendo que me faltará el aire; ahora su voz se escuchaba más aterradora.
 
—¿Qué… estás haciendo? —gemí por el ahogamiento.
 
—Presta atención, Dalton, porque no voy a repetirlo por segunda vez —ella inhaló, algo que yo no podía hacer, y entonces empezó a explicarse—. Esto sucedió hace muchos años atrás…
 
Ahora mismo me encontraba en una situación infalible, que estaba completamente fuera de mi control, y que me obligaba a atender un asunto del pasado que yo ya había olvidado.

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