Capítulo 56: "Serpientes"

Soy un temerario mi amor ©

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El sueño que experimentaba en aquel momento poco agraciado, fue uno que contuvo un ligero flash back. Pude ver como una foto enmarcada caía con la ligereza de una pluma hasta chocar contra el suelo, y luego, presencié como estallaba el vidrio cuando apenas hizo contacto con éste. Dentro del objeto ya roto, destacaba la imagen destrozada de mis padres junto a la mía, y en la misma, nuestras sonrisas empezaron a difuminarse en un fugaz destello.
 
—¡Ah! —desperté agitado, sudando, y también algo desconcertado, puesto que a mis alrededores había empezado una pelea que nunca antes me hubiera imaginado. Para ese momento, ya tenía el vendaje removido, y podía apreciar por primera vez el sitio en el que me encontraba; un viejo y andrajoso depósito que fue transformado en un calabozo.
 
—¡Eres una perra! —gritó de repente Lulubel, quien estaba peleando con alguien en ese mismo momento.
 
—¡Si yo soy eso, entonces puedo decir que tú estás loca! —tomó algo de aire su contrincante, y fui testigo de cómo mi bella y futura esposa, le daba un buen golpe en el estómago a Lulubel. ¿Y yo que hice?, pues me encontraba demasiado fascinado como para poder reaccionar, y sobre todo cansado como para levantarme.
 
—¡Agh! —escupió saliva la rubia en lo que se inclinaba hacia delante, pero también, se abrazaba por la falta de aire, y a su vez se vio obligada a arrodillarse por el dolor, quedando así imposibilitada finalmente para luchar o hacer cualquier otra cosa.
 
—¡Buen golpe! —gritó alguien que estaba detrás de mi salvadora, e inmediatamente supe que era Louis.
 
—¡Ah! ¡Sólo fue suerte! —dijo algo nerviosa Lili, quien parecía no creer lo que había hecho, pues abría y cerraba su mano con sorpresa en lo que la miraba.
 
—¡Dalton! ¡Recobraste el conocimiento! —mencionó el rubio, para luego, venir a donde yo me encontraba y quitarme con facilidad las cadenas—. Lamento la tardanza, pero Gael nos hizo un poco difícil la búsqueda —aseguró él, y más tarde la vi inclinarse a Lili cerca de mí.
 
—¡Lo siento mucho! ¡Para cuando regresé ya no estabas! —su rostro daba pequeñas señales de querer desbordarse en lágrimas.
 
—No te preocupes, esto no ha sido nada para mí —intenté sonreír, pero incluso hacer ese gesto me dolía.
 
—Será mejor que no te esfuerces mucho —rió suavemente Louis, pues fallé y nada más mostré una mueca—. Bien, es hora de marcharnos.
 
Ambos asentimos, ya que era de saber que teníamos que irnos antes de que más gente llegara a importunarnos, bueno, al menos eso pensaba hasta que el trajeado de blanco me cargó. Una vez pasamos la puerta de hierro, puede ver más  de una decena de hombres derrotados, o más que derrotados, asesinados.
 
—¿Qué pasó aquí? —pregunté algo asqueado por la escena.
 
—Oh, tuve que encargarme de ellos —mencionó Louis con una enorme sonrisa en el rostro.
 
—No mires Dalton, es horrible —dijo mi amada, quien luego se llevó una mano a la boca por la impresión.
 
Y así como dijo, evité mirar aquel desastre, después de todo, me daba tanta repulsión como a ella misma. Por otro lado, seguimos avanzando entre los cadáveres hasta llegar a la calle, en donde el hermano de mi dulce flor se llevaría una grata sorpresa.
 
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó algo impresionado el rubio, ya que había una Van blanca prendida fuego, y a sus alrededores… bueno, más muertos.
 
—¿Esto no lo hiciste tú? —pregunté poco impresionado.
 
—Nosotros veníamos en esa furgoneta —dijo asustada Lili al ver tal escenario.
 
—¿Qué? —ahora sí que me encontraba inquieto. Entonces la gente que estaba ahí regada… ¿también era parte del personal de Louis?
 
—Vaya, vaya… tardaron mucho en llegar —la atención de los tres fue atraída por aquella voz que enseguida supimos de quién era.
 
—Davis —mencionó por lo bajo Louis, y enseguida su rostro de felicidad cambió a uno de molestia.
 
—Tú no podías faltar… ¿no? —aseguré en lo que me sostenía de los hombros de mi cuñado.
 
—¡Ja! —soltó él aquella expresión, y por fin se dignó a mostrarse frente a nosotros.
 
De detrás de la camioneta blanca, él salió de entre las sombras. Al mostrarse entero, pudimos notar como jugaba con un cuchillo, manteniendo éste sobre su dedo haciendo equilibrio.
 
—Siempre tan lengua larga, ¿no Dalton? —el del mechón rojo sonrió inclinando su cabeza a un lado, logrando así resaltar más su espeluznante y atrevida presencia con esa pose.
 
—Desgraciado —escuché murmurar a Louis, lo cual me llamó la atención, pues su cuerpo estaba tembloroso, o más bien, irradiaba ira, es por eso que me olvidé de contestarle al otro.
 
—¿Louis? —lo llamé.
 
—¿Qué te pasa hermano? —le preguntó también Lili, quien estaba detrás nuestro.
 
—¡Maldito! —de repente él me soltó, y en el aire, a duras penas me atrapó mi amada.
 
—¡Dalton! —me sujetó con fuerza y al mismo tiempo con cuidado de que no me hiciera más daño. Yo por mi parte, cerré los ojos momentáneamente sólo por la incómoda sensación de darme un golpe contra el suelo, pero luego volví a abrirlos al escuchar un choque de lo que quizás eran unas espadas, o al menos eso creí, por consiguiente, se manifestó una risa potente que provenía de la dirección de aquel tipo. Así que cuando nos dimos cuenta, Louis estaba usando su bastón contra Davis, quien había bloqueado su embestida con una de sus cuchillas.
 
—¿Dónde está tu hermano? —lo interrogó seriamente el rubio, mientras tanto, ambas hojas se rosaban soltando chispas.
 
—Lo siento, es un secreto, cariño —canturreó su contrincante, y fue entonces cuando vimos a Davis adelantar un paso, consiguiendo así que el hermano de Lili perdiera algo de ventaja en la posición, y obteniendo como resultado, estar sobre su ex-pareja.
 
—¡Eres un descarado traidor! —Louis le escupió con ira aquellas palabras. En su mirada, no había más que furia, dolor, y una mezcla de sentimientos que no podría llegar a explicar, pues daba a entender que algo realmente terrible ocurrió entre ellos en el pasado.
 
—Eres tan lindo como siempre, Louis. Es una lástima que me dejaras —Davis miraba directamente a los ojos a su adversario, pero el otro en lugar de responderle, se dirigió a nosotros.
 
—¡Ustedes dos, dejen de estar parados y váyanse! —nos ordenó. Y ante su grito, el pelinegro pareció tomar consciencia de que los dos aún estábamos ahí—. ¡Deprisa!     
 
—Pero hermano… —fue interrumpida mi hermoso ángel.
 
—¡Nada de peros! ¡Márchense! —volvió a decir.
 
—¿Crees que soy tan tonto como para dejarlos ir? —la mala intención se desbordaba en las palabras del muchacho, y con ello, su cuerpo se movió con agilidad, esquivando así al ataviado de níveo, pero él logró reaccionar a tiempo. El rubio, también conocido como el Lobo Blanco, sujetó de la capucha al chico, para luego tironear de ésta, y así, arrojarlo con fuerza contra el piso, pero con tal habilidad, que se deslizó por la calle hasta chocar contra la chata aún en llamas.
 
—¡Usted, escapen ahora! —nos volvió a ordenar Louis.
 
Finalmente, y quizás actuando por el miedo a ser asesinados o de serle una carga a nuestro familiar, nos vimos envueltos en la tarea de retirarnos, la cual requirió un esfuerzo bastante grande por parte de los dos, después de todo, yo era mucho más alto que Lili, y bueno, pesaba un poco más de lo que podría cargar su contextura física, pero aun así, ella me ayudó a salir de ahí en lo que escuchábamos por última vez a esos dos discutir y chocar sus armas.
 
Por otro lado, al alejarnos lo suficiente de la escena, llegamos a un camino que llevaba a una carretera, ahí me di cuenta de que estábamos demasiado lejos de la ciudad como para poder llegar a un lugar seguro.
 
—¿Dónde se supone que estamos? —pregunté elevando apenas un poco la cabeza, pues tenía un brazo apoyado sobre los hombros de ella.
 
—Estamos casi a las afueras de la ciudad —mencionó con algo de preocupación—. Mi hermano dijo que viniéramos aquí si sucedía algo.
 
—Entonces no podremos hacer otra cosa más que esperar, ¿no es así? —suspiré con cansancio para luego, sentarme en el suelo. Mientras tanto, Lili hizo lo mismo.
 
Estando ahí los dos solos, y con una aparente calma que viene antes de la tormenta, noté como ella se encontraba algo preocupada, de ahí que decidí preguntarle.
 
—¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara larga? —le dije.
 
—Sabes, Dalton. Lo he estado pensando —ella levantó su rostro cabizbajo, y me miró seriamente con un ligero rubor—. Aquello que dijo mi hermano aquel día me hizo darme cuenta… —pero entonces, el sonido de las ramas nos sobre exaltó, puesto que de ahí se asomó un reducido grupo de gente encapuchada, pero que al mismo tiempo, revoloteaba cerca de su líder, es decir, Gael.
 
—Parece que me he encontrado con algo muy bueno —una sonrisa maniaca se extendía por toda su faz, pero eso no me alteraba. Sin embargo, Lili parecía tiritar, aunque su expresión de seriedad se encontraba firme.
 
—¿Qué haces aquí Gael? —se me adelantó ella.
 
—¿No es obvio? —levantó una mano moviendo ligeramente su hombro—. Vengo a recuperar lo que es mío, y a deshacerme de la basura. Por otra parte, ¿se pensaban que era lo suficientemente idiota como para dejar que Louis me tendiera una trampa sin antes estar preparado? —se acercó más a nosotros hasta quedar completamente visible del otro lado de la carretera, la cual no era muy amplia—. Sólo tuve que esperarlos. Sabía que quizás se internarían en el bosque o terminarían junto a la carretera.
 
—¡Ya basta! —Lili se puso de pie junto a mí—. ¡No tienes derecho a hacer esto! ¿Por qué te has vuelto así? ¿Acaso es por qué te he rechazado? —preguntó con desesperación.
La respuestas a todas esas preguntas para mí eran claras, o más bien, ya lo sabíamos todos después de las declaraciones de su hermano. ¿Pero era necesario que Lili se lo preguntara directamente? Al juzgar por su expresión llena de angustia, sí era de consideración.
 
—A estas alturas ya deberías saberlo, pero sí, es por eso. Y ahora que tengo el poder para hacer lo que quiera, no me importa si tengo que realizar una guerra entre nuestras familias, sólo quiero que te quedes conmigo, y deshacerme de todo aquello que interfiera. ¡Incluso si se trata de tu hermano! —aseguró con demencia.
 
—¡Pero éramos amigos! —gritó ella.
 
—Ya no lo somos —en cuanto vi que metió su mano dentro de su saco, no sé de dónde obtuve las fuerzas, pero me levanté, y me puse en medio de Lili recibiendo así un disparo en el hombro que me hizo caer de lado.
 
—¡Dalton! —exclamó mi amada con horror.
 
—Ese bastardo… —gruñó él—. No puedo creer que seas tan insistente —bajó apenas un poco el arma mientras yo me tomaba el hombro algo tembloroso por el dolor—. Si no hubieras intervenido, ¡ella ya sería mía! —volvió a elevar la pistola apuntando esta vez a mi cabeza—. Este será tu final, Dalton Alvey. ¡No volverás a entrometerte entre nosotros!

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