Capítulo 57: "Nuestra lamentable verdad"

Soy un temerario mi amor ©

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Nota de la autora: En este caso se cambiará el estilo de narración a tercera persona porque se trata de un episodio especial.
 
***
 
Si la tierra pudiera temblar ante el choque titánico de ambos, entonces ésta lo haría, pero la realidad se imponía ante ellos, ya que no eran dioses como para que eso sucediera, más solamente, se puede señalar a estos mortales como unos individuos tremendamente fuertes.
 
Unos momentos antes de retomar su lucha, Davis apenas se estaba reincorporando de la sacudida que le había dado Louis, quien ahora, esperaba con todos sus sentidos al mil para responder cualquier movimiento que el otro tuviera en mente.
 
—Eso no ha sido muy amable de tu parte, Louis —el de la capucha roja se levantó sacudiendo sus ropas, y luego miró a sus alrededores, notando que la parejita ya estaba demasiado lejos de ellos como para ir a buscarlos, pero además, si decidía ir detrás de ellos, lo más probable es que el rubio no lo dejara en paz—. Por esta vez cederé —mencionó sabiamente, y sacó unos cuchillos más finos que los anteriores.
 
—Al fin sabes qué es lo que te conviene —le respondió por fin Louis, quien volvía a retomar una postura de batalla, la cual hacía destacar principalmente su espada que disimulaba ser un bastón común.
 
—No se trata de eso, simplemente sé que no podré deshacerme de ti tan fácilmente… —entre cerró los ojos el pelinegro con cierta nostalgia, y luego cruzó rápidamente sus brazos en forma de cruz— ¡como en aquellos tiempos! —de repente, el chico decidió iniciar la contienda, y liberó con rapidez los finos cuchillos que sujetaba entre sus dedos, los cuales ahora iban peligrosamente hacia Louis.
 
El Lobo Blanco no perdió tiempo en defenderse, y con gran habilidad, hizo que su espada danzara elegantemente para así convertirla en un perfecto escudo, logrando de esa manera que todos los cuchillos rebotaran de forma impecable sobre su hoja.
 
—¡No te engañes a ti mismo! ¡Tú bien sabes qué fue lo que pasó! —le reprochó a su contrincante, después de todo, el que más había salido herido de esa relación, había sido él mismo. No obstante, dejando a un lado aquella ligera discusión, la cual lo distrajo momentáneamente, se dio cuenta de que había perdido de vista a Davis.
 
Para desgracia de Louis, a pesar de lo poderoso que era, se concentraba mucho en verse bien a la hora de realizar sus movimientos, y eso era una gran debilidad. El detalle de su punto ciego, el otro chico lo sabía, y es por ese motivo que aprovechó el momento en el que él esquivaba sus cuchillos para: deslizarse detrás de la furgoneta, luego rodar hacia unos basureros, y finalmente, llegar al edificio del cual salió aquel trio.
 
—Diablos —el Lobo Blanco buscaba desesperadamente a su adversario, pero no llegaba a encontrarlo por ninguna parte.
 
El Cuervo Negro, quien ahora tenía ventaja en el terreno, se deslizó por detrás del edificio omitiendo temporalmente la respuesta que le tenía preparada a Louis, pero no fue hasta que llegó detrás de él y lo sujetó del cuello con sus brazos, llevando así a cabo una llave bastante potente contra su ex-pareja.
 
—¡Hug! —se quejó el rubio, y al mismo tiempo, dejó caer su espada, la cual se clavó en la tierra, luego se llevó ambas manos sobre el brazo ajeno con el inútil intento de querer deshacer el agarre.
 
—¡Sé lo que pasó, tú me dejaste a pesar de que yo no hacía nada malo! —aseguró el del mechón rojo. Mientras tanto, Louis luchaba por hablar, y decía las cosas de forma corta, pero con esfuerzo.
 
—El que tú… no reconozcas que la codicia también es un pecado, no significa que yo no lo vea —al encontrarse arrinconado, le motivó a tramar una no muy entretejida estrategia. Sin esperar más de su parte, mucho menos una disculpa, se atrevió a pisarlo con fuerza, y esto le permitió que el otro aflojara su agarre, así que sólo restó girarse para darle un golpe con el reverso de su mano en el rostro, de ahí que se agachó para tomar rápidamente su espada, e inmediatamente tomó distancia—. ¡La realidad es que no puedes aceptar que me cambiaste por tu dinero! —lo señaló él.
 
—Vaya, vaya —se sobó la mejilla afectada por aquel contra ataque—. ¿Aún estás con eso? —las palabras de Louis, parecían ser llevadas por el viento, pues Davis no mostraba señales de arrepentimiento, y esto trajo consigo un amargo sentimiento en el interior del muchacho ataviado de blanco.
 
—Sigues siendo tan egoísta. De ahí que estemos ahora en esta situación —era verdad que el rubio amaba a Dalton, pero también era verdad que no lograba olvidar del todo a su antigua pareja, y aunque ahora estuviera luchando por otra persona, no dejaba de ser dolorosa para él esta situación.
 
—No se trata de egoísmo, se trata de familia —aseguró su contrario.
 
—No tiene nada que ver con la familia —dio como respuesta.
 
—Sí que lo tiene —posó su mano sobre su cintura para tomarse la libertad de explicarle—. Así como tú luchas por tu hermana, o incluso, ese infeliz por el cual tratas de remplazarme, yo lucho por Gael —su tono cambió a uno más reservado, y ligeramente enojado.
 
—¿Cómo supiste sobre lo de Dalton? —dijo sorprendido el Lobo Blanco, pues esos asuntos no deberían de ser de su incumbencia.
 
—Mi hermano me lo dijo, y yo sólo tuve que cerciorarme —sin entrar más en detalles sobre el hecho llevado a cabo, nuevamente Davis se echó contra Louis, quien alcanzó a reaccionar a su osadía, chocando así una y otra vez ambos filos.
 
El comportamiento del Cuervo Negro, se empezó a transformar en algo más difícil de tratar para el Lobo Blanco, ya que hasta ahora sólo habían mostrado lo equiparados que estaban en batalla, pero las cosas ahora parecían estar cambiando de tal manera, que pronto se vería sometido por su contrincante.
 
Si bien, las habilidades del rubio eran magnificas, y por ellas era temido, pero contrariamente a lo esperado, ahora la ira de su ex amado parecía superarlo. Sin embargo, eso no significaba que sería vencido con tanta facilidad. Las estocadas estaban siendo un poco más torpes, pero no eran del todo ineficientes, porque a pesar de ello, algunas que otras heridas de consideración llegaba a causarle a su allegado, aunque también, recibía probablemente, una cantidad superior de daño que la que él generaba.
 
El cansancio también formaba parte de esta terrible batalla, y ninguno de los dos se encontraba exento de ello. Ambos hombres, ahora agitados, se alejaron el uno del otro al pegar un salto hacia atrás, el cual les permitió ver a más detalle la deplorable condición en la que se encontraban, aunque en realidad, el más afectado era el hermano de Lili, quien parecía tener las de perder.
 
—A este paso morirás, Louis. ¿Es eso lo que quieres? —le preguntó Davis, quien mantenía su guardia arriba.
 
—No me importa —ante estas terribles palabras que formaban parte de la persona que añoraba, el otro respondió con cierto molestia y desesperación.
 
—¡No tienes que hacerlo, no vale la pena arriesgar la vida por alguien quien no te ama! —le aclaró.
 
El silencio se apoderó un momento de ambas jóvenes almas, que aunque ya fueran adultas, no dejaban los sentimientos de lado. El hermano de Lili, especialmente, entendía el concepto al que se refería, pero sólo había una verdad para él, y eso tenía que ver con la promesa que alguna vez llevó a cabo con su nuevo amor. Aunque las palabras de aquel chico desbordaban certeza, el elegante espíritu de aquel Lobo Blanco, cerró los ojos demostrando que las palabras ajenas habían llegado a tocarlo.
 
—Que una persona te amé no significa que lo sea todo —el miembro de la familia Parisi abrió finalmente los ojos mostrando en estos, un brillo encantador—. Amar a alguien significa más que eso —apretó más entre sus manos su espada—. ¡Significa sacrificar todo para proteger la sonrisa de quienes quieres! Si Dalton y mi hermana son felices juntos, entonces yo lo aceptaré, y seré feliz con ellos a mi manera.
 
La impresionante y madura respuesta de Louis dejó un poco en shock a Davis, quien no podía aceptar del todo ese nuevo nivel al que había llevado el significado de la palabra “amor”.
 
—Así que dime, Davis. ¿Alguna vez has pensado así acerca de mí? —la respuesta tardó en llegar por parte del otro, pero lo hizo.
 
—Ahora entiendo… que me equivoqué —mencionó al reflexionar sobre el pasado, el cual le brindaban alguna que otra imagen sobre sus decadentes acciones. Encontrarse ahora en una batalla a muerte contra la persona que aún amaba, era algo aterrador que al mismo tiempo, soltaba un dolor descarnado. Pero lo peor era descubrir que quizás su hermano lo había manipulado con la idea de que las cosas terminaran de esa manera entre ellos, más que nada, con el objetivo de deshacerse de todo aquel que se opusiera a él. Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que la persona que tenía en frente, lo había traicionado, y eso lo motivaba a luchar aún con la aflicción a flor de piel. Momentos después, las lágrimas cayeron de los ojos del pelinegro—. Pero aun así, no puedo dar marcha atrás. Aunque te amé, tú ya no lo haces, y ahora, aunque no pueda vivir sin ti, ¡sólo me queda luchar por mi hermano!
 
Al finalizar la frase, se echó nuevamente contra Louis, quien lo esperó con gran firmeza en su corazón, y con el puño algo tembloroso por lo que fuera a pasar. Desgraciadamente para el hermano de Lili, su cuerpo le falló a la hora de recibir la embestida por parte del Cuervo Negro, y la hoja del cuchillo que quiso esquivar, se deslizó por su espada clavándose así en medio de su pecho.
 
—¡Hug! —sus ojos se entrecerraron por el punzante dolor, y para evitar caer, su mano libre se sujetó del hombro ajeno, no obstante, en ningún momento flaqueó el agarre en su espada.
 
—Parece… que yo he ganado —el tono de Davis se escuchaba desilusionado, más que nada por la angustia que le carcomía al saber que en cuestión de minutos, tendría el cadáver de su amado entre sus brazos. Con toda la buena intención, soltó uno de sus cuchillos para luego intentar sostener el cuerpo de Louis, pero inesperadamente, el otro arremetió en su contra, atravesándolo con su espada de lado a lado justo en su estómago. La sangre no tardó en hacer acto de presencia, empapando así al elegante chico como a su contrario.
 
—Lo siento, pero… no puedo dejar que te vayas —decía el rubio con pocas fuerzas, y se quedó quieto un momento cerrando los ojos, aunque el gusto no le duro demasiado, ya que fue sorprendido por su contrario, quien lo atrajo hacia él para así abrazarlo con cierta pasión—. ¿Por qué? —dijo en lo que respiraba agitado, pues su vida empezaba a perderse poco a poco.
 
—Porque aún te amo —se acurrucó en su hombro quejándose también de la resiente herida—. Sé que me equivoqué, y no acepto que ames a alguien más ahora, Louis —la pérdida de sangre de Davis era más significativa que la del rubio, así que parecía que él perdería la consciencia mucho antes.
 
Frente a esas palabras, y con ese leve momento lleno de sinceridad, Louis, con mucho trabajo, llevó sus manos sobre el cuerpo al que había atravesado, tal como él mismo lo hizo, y desde luego, empezó a llorar. Tal vez no entendía del todo la mentalidad de aquel sujeto, pero la verdad, es que de alguna manera, aquel pequeño acto, hizo que en él florecieran nuevamente aquellos sentimientos que habían sido casi por completo desechados.
 
—Davis —llegó a susurrar, y momentos después el del mechón rojo se desvaneció entre sus brazos—. Así que… esto terminará así —el rubio miró hacia el cielo azulado, el cual se mostraba más hermoso que nunca, y aunque la escena no era la más agraciada, el sol parecía no querer dejar de sonreír—. Lili… Dalton… por favor, no dejen… que nadie más los separe, luchen, por estar juntos —la vista de Louis se nublaba, y aunque luchaba por mantenerse despierto, la verdad es que le costaba demasiado hacerlo. Antes de caer al igual que el morocho, sorpresivamente una anciana apareció de la nada, y se acercó a ellos.
 
—Aún es pronto para que te vayas, hijo —dijo la mujer, quien tenía un enorme sombrero que cubría apenas su rostro. Fue allí que Louis recobró algo de consciencia al ver su faz, y la reconoció al instante.
 
—Abuela —dijo a duras penas, y la desconocida se había transformado en algo familiar de repente. Más tarde, ella estiró su mano hacia él para acariciar su rostro con amor. Aquel tacto, le brindó paz.
 
—Debes saber que yo siempre los estoy cuidando —en la lejanía se escucharon voces acercase, voces que gritaban sus nombres, pero hasta ahí llegaría él, pues la negra noche decidió caer repentinamente sobre los ojos de aquel elegante rubio.

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