Capítulo 60: "Señales"

Soy un temerario mi amor ©

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Cuando vamos haciéndonos mayores, poco a poco tenemos que tener en cuenta aún más nuestras decisiones, pues éstas pueden repercutir de una forma significativa en nuestra vida, tanto así, que nos llevarían a arrastrarnos hasta el más frío poso, o nos guiarían por el camino más luminoso posible. Por ahora, desde mi lado, sólo me queda sentirme dichoso, no por las pérdidas que he tenido, o por aquellos que salieron lastimados por mí, sino por saber que soy correspondido por la mujer que tanto he amado durante estos cinco largos años.
 
Ahora mismo, todavía nos encontrábamos intercambiando miradas con los recién llegados aun después de mi respuesta, pero mientras esto pasaba, el padre de Gael sonó sus dedos, y ante esa señal, sus hombres fueron a apresar a los de su hijo, quienes al principio buscaron escapar, pero fueron brutalmente sometidos. Mis compañeros junto a mi amada, mostraron claras expresiones de horror frente a lo acontecido, mientras que yo me hacía el tonto respecto a ese hecho. Y en cuestión de segundos, el antiguo líder de la familia Miracle, se hizo oír. 
 
—Bien, entonces así será. Es una promesa entre hombres —aseguró él arrojando el cigarro. Por mientras, los pocos subordinados que tenía Gael, eran arrastrados dentro de la gran Van.
 
—Tonterías —carraspeó su hijo, entonces todos lo miramos—. ¡Dejen de hacer como si yo no existiera! ¿Qué no tengo voz ni voto? —exclamó él—. ¡Eso es una estupidez! ¡Tú eres el que dejó que nuestra familia llegara a esto! ¿Y ahora me usas para beneficiar a mi enemigo? ¡Qué clase de idiotez estás…! —pero antes de que pudiéramos escuchar finalizar su frase, un golpe le sobrevino a ese tipo, el cual lo dejó inconsciente, y estaba demás aclarar quién fue el responsable de eso.
 
—¿Era necesario hacer ese acto frente a nuestra hija? —preguntó la madre de Lili llevándose una mano a la boca impresionada.
 
—Cariño, por favor, no veas —le pidió amablemente mi suegro. Pero Lili no podía pasar por alto tal maltrato, después de todo entendía que Gael aún era su amigo aunque me pesara, y desde luego, a mí no me importaba que él muriera, no obstante a ella parecía destrozarla la idea. Sus facciones hablaban de lo indulgente que resultaba ser su alma, y el dolor que le provocaba haber llegado a tal situación, de ahí que esta vez no pude detenerla.
 
—¡Deja de tratar de esa manera a Gael! —exclamó ella, y se fue corriendo hasta donde se encontraba el pelinegro, quien ahora yacía inconsciente sobre la carretera.
 
—¡Lili, qué estás haciendo! —expresó preocupado su padre.
 
—No puedo permitir esto —aseguró ella, y miró de una forma desafiante a Bon—. Entiendo que esté enojado por todas las atrocidades que su hijo a hecho, pero… creo que hay mejores formas para aclararle la mente a alguien. Además, la violencia sólo genera más violencia, y se crea un ciclo que nunca termina de acabar.
 
—Lili —iba a decir algo, pero Marco me detuvo.
 
—Deja que ella haga esto, Dalton —me mencionó por lo bajo mi amigo, y yo aún dudoso, miré nuevamente a los dos en silencio.
 
—Tienes un buen corazón, muchachita —él se colocó sus manos medianamente en los bolsillos, y se quedó observando a mi dulce flor—. También eres muy valiente, tanto como para encarar a la muerte por tus amigos —mencionó con una sonrisa bastante amigable—. Pero debes entender algo, esto no va a resolverse con tontos pacifismos. Esto es la mafia, y cuando se habla de mafia, debes de saber que ésta tiene que ver con el poder y el honor. Como veras, Gael provocó una guerra egoísta que no tienen que ver con los beneficios de nuestro clan, es por ello que tiene que aprender de eso, y la única forma de hacerlo, es obligarlo a enfrentar cara a cara a su peor enemigo en una pelea justa, y en este caso es Dalton, el hijo de uno de mis más fieles subordinados.
—¿Más fieles subordinados? —preguntó ella confundida.
 
—Cierto, seguramente tendrás mucho que escuchar por parte de ese chico —me señaló con un movimiento de cabeza, pero no me importó mucho en ese momento, y Lili tampoco se veía como si lo comprendiera—. De cualquier forma debó irme —anunció él, y le arrebató a Gael de los brazos a mi hermoso ángel—. Nos veremos pronto.
 
Y así, Bon se adentró de nuevo en la camioneta con el motivo evidente de llevarse consigo a su hijo y a sus demás secuaces, como también a sus nuevos prisioneros. A todo esto, los padres de Lili quisieron hacer que los acompañara en el camino, pero ella se negó en silencio, además, estaba de por medio la razón de su descontento.
 
—Bien, entonces nos veremos. Cuida de tu hermano, y de ese chico —saludó el padre de Lili amablemente, y luego se retiró junto a su esposa.
 
La Van negra arrancó y se fue dejando a todo el resto con un ligero mal sabor de boca, pues no nos esperábamos para nada lo que había sucedido.
 
—Creo que nosotros también deberíamos irnos —aconsejó Marco, quien estaba parado a mi lado rascándose la nuca, e intentaba sacarnos de ese mal ambiente.
 
—Sí, es verdad —mencioné—. ¿Pero a dónde debemos regresar? —abrí mis brazos en señal de confusión.
 
—Es verdad. No sabes dónde está mi hermano ahora, ni tampoco si él realmente está bien como dijo Bon, y no sé si sea buena idea volver a la casa en esta situación —nos dijo preocupada.
 
—No pasa nada —intervino Alan—. Louis nos dejó un plan en el caso de que llegara a pasarle algo —anunció—. Sólo debemos ir a la casa de Dalton.
 
—¿Qué dices? ¿Pero acaso no habían clausurado mi casa por la investigación del asesinato de mis padres? —no podía creerlo, ¿enserio Louis había pensado en todo?
 
—Sí —asintió mi amigo—. Pero él se encargó de eso, sólo que no fue anunciado al público para que la mafia de la familia Miracle no se enterara —aclaró Alan.
 
—¿Estarás bien con eso Dalton? —se dirigió a mí preocupada mi amada—. Volver a la casa de tus difuntos padres… no sé si te hará bien.
 
—Estaré bien —aseguré—. En estos momentos me interesa más la seguridad de todos que lo que yo pueda pensar estando ahí —notifiqué.
 
Sin dudas, eso que acababa de decir era cierto. Había sido fuerte desde un comienzo, y no iba a flaquear ahora, después de todo, si era verdad lo que dijo Bon Miracle, incluso eso de que tenía honor, entonces respetará el trato que hicimos, y pasaríamos una noche en paz. Para el momento siguiente, ya nos habías trasladado a mi antiguo hogar, y una vez allí, fuimos sorprendidos de lo bien cuidado que estaba, pero no sólo eso, sino que también se encontraba alistado minuciosamente con toda clase de objetos que nos beneficiaban.
 
—Oigan, aquí hay hasta conservas para comer, y son recientes —mencionó otro de mi grupo de amigos, quien revisaba la alacena.
 
—También hay bolsas de dormir —dijo inclinada sobre una de ellas mi ángel.
 
—Parece que Louis pensó de verdad en todo —expresé algo pasmado.
 
—Bueno, él te aprecia mucho se ve —remarcó Marco—. Como dije, se tomó la molestia de avisarnos y explicarnos todo. Al principio no le creímos, nos parecía medio difícil, pero nos mostró un vídeo donde peleabas junto con él, y también teníamos el detalle de lo que pasó en el entierro de tus padres, así que… todas esas cosas nos hicieron llegar a la conclusión de que era verdad.
 
—Entiendo —Marco como los demás, se veían un tanto estresados a comparación de mí y Lili, aunque era algo que yo mismo entendía, ya que era su segunda experiencia en este tipo de cosas—. Por cierto, ¿cómo nos enteraremos del estado de Louis? —le pregunté a Marco.
 
—Con esto —sacó de su bolsillo su teléfono—. Tengo aquí el número de uno de sus compañeros, él se encargará de avisarnos cuando podamos ir a verlo.
 
—¿Seguro? ¿No se habrá muerto cuando me rescataron, cierto? —levanté una ceja preocupado al rememorar la masacre.
 
—Sí, ese chico es su primo, y se encarga de otra rama de su mafia —informó Alan. No podía sentirme sorprendido a estas alturas, pero sí que me encontraba algo oprimido al saber que éramos manejados desde las sombras por gente muy poderosa y sanguinaria.
 
—Entonces sólo queda esperar —cerré los ojos algo resignado e impotente, pues sabía que no había mucho más que hacer hasta el siguiente encuentro con él.
 
—Por mientras podemos cocinar, y comer algo —aconsejó mi bella flor, quien atrapó la atención de todos los allí presentes con su hermosa sonrisa, pero además, con sus sigilosos movimientos en la cocina. Ahora ella se veía un poco más relajada a comparación de momentos atrás, y quizás, esa era su forma de romper con toda la tensión anteriormente generada.
 
—Sí, creo que es muy buena idea —estuve de acuerdo con ella al igual que los demás.
 
La noche pasó un poco entre risas, más que nada porque parecía que todos deseábamos romper con ese ciclo de angustia, el cual nos había acosado a todos desde el año pasado, y por supuesto, olvidarnos de lo imposible. A la mañana siguiente, nos despertamos por el sonido de un celular, el cual pertenecía a Marco.
 
—¿Hola? —se escuchó la voz media atontada del dueño—. Sí, sí —repitió unas cuantas veces—. Bueno, ahí vamos —la llamada pareció finalizar para ese momento, y entonces sentí una mano ajena sobre mi hombro, y la misma empezó a agitarme—. Levántate, Dalton.
 
—¿Qué pasa Marco? —preguntó Alan en lo que se medió levantaba, y yo me sentaba sobre la bolsa de dormir finalmente. Como dato extra, querría mencionar que esas fundas para humanos no sirven para nada, pues sentía todo el cuerpo duro.
 
—Ya sé dónde está Louis, así que hay que ir a verlo —nos notificó, así que al saberlo, nos levantamos todos rápidamente, y nos preparamos para vivir otra carente experiencia.
 
El lugar designado fue el hospital, y nuestra llegada fue ligera, pues el chofer hizo lo suyo con extremo perfeccionismo, lo cual nos permitió entrar a una hora temprana. Más luego de ingresar, subimos escaleras, y ahí encontramos a Louis, postrado sobre una cama, con algunos sueros y vendas. A pesar de que su condición era delicada, no dejaba de verse como el príncipe que era, pero diablos, ¿desde cuándo me refiero así a él?
 
—No hagan mucho ruido —nos notificó la enfermera antes de retirarse.
 
—Está bien —asentimos, y nos metimos. Al momento, no supimos que hacer, más que verlo un rato descansando, después de todo así eran las visitas cuando ibas a ver a alguien que no podía dar ninguna clase de charla. Por otra parte, Lili estaba más al pendiente de lo que había alrededor nuestro, por lo que inmediatamente sentí como me empezó a jalar de la manga de mi camisa, y enseguida giré a ver qué pasaba.
 
—¿Qué ocurre? —le pregunté.
 
—Es Davis —mencionó ella algo impresionada, más que nada por ver que compartían la misma habitación.
 
—¿Qué hace él aquí? —dije incrédulo.
 
—¿Tiene… algo de malo que quiera… estar con el amor de mi vida? —aquella voz lastimera, y algo quejosa, provenía del mismo pelinegro, el cual nos había sobre exaltado, ya que por un momento pensábamos que estaba dormido.
 
—¡Oh! No quisimos decir eso —rectificó Lili.
 
—Aunque es raro verte aquí dado lo que pasó. ¿Y amor de tu vida? ¿Sigues diciendo eso luego de lo que hiciste? —mencioné al otro. Y no, no tenía por qué ser amable como mi hermosa flor, puesto que él intentó matarnos a los tres, además, era su culpa que mi cuñado estuviera así.
 
—No te juzgo por pensar eso —respondió él a duras penas.
 
—Louis aún no está despierto, ¿por qué tú sí? —lo volví a interrogar.
 
—Obviamente, porque sus heridas son más grabes que las mías —aseguró él—. Quizás le tome mucho más tiempo sanar, después de todo, fue un cuchillazo limpio en el pecho.
 
—¿Qué? —expresó horrorizada Lili.
 
—No se preocupen, su vida está fuera de peligro, la navaja… por alguna razón no llegó a perforar el corazón.
 
Todos los allí presentes nos miramos desconcertados, no entendíamos como era que sucedió pero la verdad estábamos un poco más tranquilos al respecto. Sin embargo, nuestra impresión no llegó hasta ese punto, ya que luego nos quedamos sin palabras al escuchar el siguiente relato de Davis.
 
—Lo más extraño, es que cuando sentí que moría, alguien me ayudó a regresar —hizo una leve pausa y luego agregó—. Fue una anciana con un sombrero.
 
Los viajes al otro mundo después de un encuentro con la muerte, es sabido que era algo muy común para el ser humano, y eso para mí no era la gran cosa, pues creía en la otra vida, pero lo que sí me inquietó, fue cuando nombró a esa señora, a quien me crucé más de una vez. Quizás él no había especificado bien, pero yo presentía que estaba en lo correcto, y entrar en ese detalle me erizó los pelos de la piel.

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