Capítulo 62: "¿Hasta dónde podemos avanzar?"

Soy un temerario mi amor ©

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Reconozco que llegar hasta aquí no fue nada fácil, y ahora, al probarme nuevamente ese traje que se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, me daba la sensación de poder hacer cualquier cosa. ¿Pero realmente podríamos lograrlo con el poco tiempo que habíamos conseguido?
 
“Si estoy en lo correcto, Dalton Alvey, seguramente podrás obtener la recompensa que te he ofrecido.”
 
No podrían ser más claras las palabras de Bon Miracle, ni tampoco ser mi concentración en mis objetivos más perfecta de lo que ya era, después de todo, me estaba jugando la seguridad de Lili como también la del resto de mis amigos. Para estas alturas, Louis ya se había recuperado, ¡y ni que decir lo que fue mi entrenamiento!, ya que a duras penas pude superar la última etapa que me había explicado Louis, así que por lo tanto, pasó más de un mes desde que vimos a: Bon, a Gael y, no menos importante, a Davis, quien se supone entrenaría a su hermano menor.
 
Como era de esperarse, el punto de reencuentro ya estaba decidido, el cual se llevaría a cabo en donde todo había comenzado. Sí, así es, se trataba nada más y nada menos que de la universidad de Lili, allí se llevaría nuestra confrontación.
 
—No te olvides nada Dalton, es un día muy importante —me hizo saber Louis, quien pasó rápidamente por mi cuarto para luego seguir de largo.
 
—Sí, no te preocupes —le aseguré, y sacudí mis brazos con la intención de cubrir bien mis nudillos. Más al rato, ya estábamos saliendo junto a Lili, quien andaba cubierta con un bello vestido esmeralda decorado con diamantes de fantasía, y para mi sorpresa, ella tenía puesto el broche de pelo que le había regalado—. Hey, Lili, te queda bellísimo, y claro, combina perfectamente con tu vestido —le dije de muy buenos ánimos, y ella en respuesta bajó la cabeza ruborizada.
 
—Gracias —contestó llevándose sus dedos cerca de su rostro para correrse unos cuantos cabellos.
 
—Chicos, apresurémonos; hay que llegar a horario —Louis señaló su reloj, y nosotros asentimos. Fue así que aceleramos el paso para subir a la limusina acompañados de mi cuñado, quien estaba trajeado con el color de siempre.
 
“…cuando se habla de mafia, debes de saber que ésta tiene que ver con el poder y el honor.”
 
La palabra Honor puede abarcar muchas cosas, desde personas hasta objetos inertes, e incluso, entidades incorpóreas. Pero lo más importante, es el objetivo que se quiere lograr con aquella acción, el cual es el supuesto equilibrio para los implicados.
 
Al llegar al lugar correspondiente, nos encontramos con el padre de Gael parado junto a Davis, quien le mostraba un gran respeto a su padre.
 
—Por fin llegan —mencionó el hombre, quien miró el reverso de su muñeca para cerciorarse de la hora—. Y temprano además.
 
—No es nada. Un hombre bien educado debe hacerlo —se acomodó la corbata el rubio que nos acompañaba con gran orgullo, y el chico del mechón rojo pareció hacerle algo de gracia aquel comentario.
 
—Es hora de mi entrada —anunció una voz desagradable que provenía de detrás de Bon, pero antes de que éste se girará, un ruido de algo atravesando una superficie un poco dura se hizo presente, pero no fue lo único, ya que la expresión de terror del mismo líder de los Miracle sumada a la de Davis se desató.
 
—¡Qué hiciste Gael! —los ojos de su hermano parecían que iban a salirse de sus orbitas, pero en lugar de acercarse a su padre, terminó por alejarse de él de un salto, lo que le permitió estar a una distancia algo considerable de ellos.
 
—¿Qué está pasando? —se mostró un poco asustada Lili al llevarse sus manos al rostro, mientras tanto, Louis también expresó rechazó ante el hecho al igual que yo.
 
—No sé por qué se espantan —mencionó con evidente tranquilidad el menor de la familia Miracle, quien ahora estaba junto a su padre, en donde podía apreciarse como éste se estaba inclinando hacia delante con un notable sufrimiento en su faz—. Parece que eso no fue suficiente —murmuró para él, pero aun así todos pudimos escuchar su maléfico plan, pues el silencio se hizo ante tal escena. Lo peor sobrevino después, ya que fuimos testigos de cómo el cuchillo que le había clavado salía de un agujero realizado en la espalda de su progenitor.
 
—¿Cómo… pudiste? —le reprochó él mirando a su hijo de reojo.
 
—Te confiaste, anciano —teniendo ya el cuchillo ensangrentado en su mano, pareció tomar la terrible decisión de elevarlo delante de nosotros, dándonos a entender que quería repetir la acción para darle jaque a la vida de su pariente. Sin embargo, Davis no le permitió hacerlo, pues lanzó una de sus dagas hacia el puñal que cargaba, el cual repelió así el ataque a traición de Gael.
 
—¡Maldito! —gruñó él al ser desarmado, y entonces cruzó sus brazos ocultando sus manos—. ¡No te metas! ¡Desgraciado! —y en tan sólo un movimiento, lanzó una gran cantidad de kunais hacia su hermano, de ahí que sin pensarlo dos veces, me tiré junto a Louis delante de Davis, y allí fue cuando empezamos a desviar entre ambos las armas de éste psicópata. En mi lugar, usé mis nudillos, los cuales estaban cubiertos por unas manoplas de oro que desviaron el ataque, en cuanto a Louis, él no necesitó sacar su espada, por lo tanto, atrapó con sus manos desnudas algunas de las armas blancas; definitivamente, ese hombre tenía una gran capacidad de respuesta.
 
—Eso estuvo cerca —el rubio arrojó en el suelo los objetos que atrapó, los cuales se clavaron perfectamente en fila delante de nosotros.
 
—Deberías ir a buscar al señor Bon, Louis, después de todo, a pesar de que es nuestro enemigo, él nos salvó a mí y a Lili de Gael —yo por mientras, elevé mis puños a la altura de mis hombros—. A cambio, yo me encargaré de él.
 
—De acuerdo —asintió, y tanto ese idiota como yo nos preparamos para la acción—. ¡Lili, ponla!
 
Mi bello ángel ahora comprendía que la mejor forma de detener tanta locura, era luchando contra ésta, y había una forma excelente de hacerlo, de ahí que nos lleva esto a ponerle ritmo a la situación.
 
—¡Sí! —de inmediato, ella sacó de su bolso un grabador, el cual enseguida activó.
 
—No te dejaré, ¡imbécil! —Gael hizo el ademan de que iba a exponer algo que estaba oculto en su sudadera, pero lo que no se esperó, fue que yo me acercara tan rápido para detenerlo que tuvo que abstenerse de lo que iba a hacer, pero en lugar de eso, logró apenas cubrir con uno de sus puños el mío—. Bastardo… ¡no dejas de darme problemas! —para ese instante, mi cuñado ya había tomado a Bon con la ayuda de Davis.
 
—¡Váyanse! —les ordené a los tres, pues no había nadie más que nosotros seis a los alrededores, y quizás el motivo era porque Louis como el padre de Gael, quisieron confiar aunque sea una vez en él, pero a pesar de todo, volvieron a ser traicionados.
 
—¡Está bien, suerte Dalton! —me dijo Louis.
 
—¡Yo me quedaré! —anunció mi dulce ángel.
 
—¡No digas tonterías Lili, serías un estorbo para Dalton, además, podrías salir herida! —le reprochó su hermano, quien ni siquiera esperó que le contestará con un sí, ya que fue detrás de ella para llevársela con ellos.
 
—¡Dalton! ¡Dalton! —la escuché oponerse, pero en ese instante, el grabador cayó de la cartera de mi amada siendo así abandonado por los cuatro. Mientras tanto, en lo que ambos estábamos haciendo contra fuerza, le respondí a mi ángel antes de que se fuera.
 
—¡Estaré bien, no voy a morir! —aseguré.
 
—Te crees un tipo con suerte, ¿no? ¡Pues yo te enseñaré que tanta suerte tienes, pues yo también he entrenado día y noche con la esperanza viva para matarte! —aseguró él. Rápidamente Gael tomó la iniciativa, logrando darme un puñetazo en el rostro, el cual me hizo perder el equilibrio.
 
—¡Hum! —me quejé, pero de inmediato me vi revivido por la música, la cual me recordó que debía mantener la mente en la pelea, así que enseguida fui a responder con una patada lateral al retroceder un poco hacia atrás, pero para mi sorpresa, ese desgraciado esquivo el ataque al hacer su cabeza a un lado.
 
—No te la dejaré fácil —canturreó con malicia, y velozmente sacó lo que planeaba con antelación; era un arma de fuego. Él podía dispararme desde mi posición antes de que regresara mi pierna al suelo, por lo que decidí que era mejor hacer que ésta retrocediera, así que cuando apenas mis manos tocaron el suelo, con el tacón de mi pie golpee la pistola, mandándola así a volar, lo cual sorprendió al pelinegro.
 
—Esto no es lo único que puedo hacer —le aseguré, y enseguida tomé impulso con mis manos para así saltar alejándome de él al dar una vuelta en el aire. Cuando aterricé correctamente en el piso, conseguí la oportunidad para así girar sobre mi centro y darle una buena patada en el rostro, la cual hizo que lo derribara enseguida—. ¿Quién es el inútil ahora? —sonreí de lado llevándome una mano a la cintura en cuanto pude acomodarme.
 
—Hablas demasiado —desde el suelo, él ahora empezó a incorporarse lentamente—. Pero puedo decir que has crecido —sus palabras despertaron en mí las sospechas de que algo tramaba, así que mi confianza se esfumó en cuanto él de inmediato me arrojó de esas kunais que cargaba consigo, las cuales me retrasaron en mis movimientos, por lo que tuve que esquivarlas con mis puños y mi cuerpo. En cuanto finalizó ese contra ataque, me di cuenta de que él ya se encontraba realizando una medialuna dirigiéndose al arma, lo cual me alertó al descubrir su trayecto, entonces corrí lo más rápido que pude queriendo alejarme. Para cuando él tomó la pistola, enseguida se puso a disparar sin contemplaciones a mi dirección, pero afortunadamente, sus disparos rebotaban en la acera, dejando sólo rastros de polvo detrás de mí. Por otro lado, llegué a resguardarme en cuanto trepé la reja de la universidad.
 
¿Quién diría que todo lo que yo he vivido terminaría dentro de tal sitio? Por otro lado, sé que Gael venía detrás de mí, pues sus disparos no se detuvieron hasta que escuché que tuvo que cambiar el cargador. En cuanto di con la oportunidad, fui al gimnasio, en donde entré sin más contra tiempos. A mis alrededores, pude distinguir un gran escenario, además, justo al lado de éste había un pequeño depósito en donde guardaban las cosas, y para variar, tenía una pila de pelotas enormes casi en medio de la pared del mismo gimnasio. Ante tal espacio abierto, pensé que no había lugar donde esconderse por mucho rato, así que le tendería una trampa a ese matón. Quizás no le tomaría tanto tiempo ubicarme, así que me moví rápido. Recordando que Louis me aconsejó llevar alguna que otra cosa en caso de emergencia, saqué del bolsillo interno de mi traje, un hilo de pescar, el cual me serviría para mi plan.
 
El silencio se apoderó rápidamente del espacio en el que me encontraba, como también lo hacía la ansiedad conmigo, pues ahora me ocultaba entre las cortinas del escenario. Teniendo todo listo, no pasó más de cinco minutos para que el obsesionado de Gael azotara la puerta del edificio y luego comenzara a gritar.
 
—¡Sé que estás aquí Dalton Alvey, así que sal! —podía ver como cargaba en su mano el arma en lo que caminaba lentamente hasta llegar al centro del lugar—. No me impresiona que te escondas como siempre lo has hecho, después de todo, es el instinto de las ratas cuando están a punto de ser cazadas por su depredador.
 
¿Depredador? ¿Hablaba enserio? Ese sujeto no me imponía ningún tipo de miedo, al contrario, me hacía enfadar cada vez más. Pero hablemos coherentemente, aquí el primero que se deja envolver por la ira pierde. Mientras Gael andaba diciendo sus tarugadas, yo me encontraba sosteniendo el hilo transparente, el cual estaba atado a algo, y sólo me bastó tirar de éste para obtener el siguiente efecto: las pelotas que estaban apiladas en medio del salón empezaron a rodar, lo cual me permitió salir, pero no sólo servían de distracción, sino que también me brindaron la libertad de atacarlo, pues las pelotas gigantes iban hacia su persona y le obligaban esquivarlas.
 
—¡Ahí estás bastardo! —anunció a todo pulmón al divisarme entre la manada de bolas. De ahí que él se echó para atrás con el motivo de esquivar unas cuantas pelotas gigantes, y me disparó. Sin embargo, el primero proyectil destruyó uno de los balones que iba contra él, y que  obviamente se interpuso delante de mí, por lo tanto no llegó a darme, más luego, se le trabó el arma cuando intentó soltar otro disparo—. ¡Diablos! —rabió mirando el objeto en su mano, más yo, sin detenerme, preparé mi puño para golpearlo directamente en la cara con mis nudillos, pero inesperadamente, él sacó una kunai que utilizó de escudo como la misma pistola, y esto provocó que al chocar mi manopla contra sus armas, hicieran que volaran algunas chispas por la fricción.
 
—Ya no puedes usar tus municiones, ¿eh? —me burlé de él e inmediatamente tuvimos que separarnos para esquivar una de las pelotas.
 
—Parece que estás muy confiado de poder ganarme, maldito mocoso —él arrojó la pistola a su lado, ya que no le servía en ese estado—. Pero no es la única carta que tengo bajo la manga —anunció, entonces nuevamente mi confianza se fue a pique al ver que el otro sacaba una hoz con una cadena en su parte posterior.
 
—¿Pero qué diablos es eso? —pregunté para mí mismo.
 
—¡Es el arma que te derrotará! —él inmediatamente lanzó la cadena, y yo la esquivé, no obstante, él arrojó una de esas dagas extrañas del lado en el que hace poco había yo arribado, lo cual evitó que reaccionara con la escasa eficiencia como para que me trasladara al lado opuesto, para colmo, volvió a atacar, pero esta vez con la hoz, la cual no pude evitar, y allí logró cortar por debajo de mis costillas.
 
—¡Ah! —grité con dolor, y me arrodillé con una de mis piernas, mientras que con una mano sostenía mi herida.
 
—Ahora… ¡Voy a cortarte ese cuello tuyo! —el maldito recuperó su guadaña para luego lanzar su cadena, la cual no pude nuevamente esquivar, y se me enredó en el cuello—. O mejor aún… podría simplemente llevarle tu cadáver a Lili en venganza por rechazarme dos veces —tironeó de la cadena, y me hizo gemir de sufrimiento mientras soltaba una risa macabra.
 
—Ella… ella te rechazó por la clase de sujeto que eres —le mencioné interrumpiendo su diversión, más luego, tomé con mi puño libre la cadena, lo cual le impresionó, pues supongo que creía que con semejante herida profunda, no debería de ser capaz de oponerme a la muerte.
 
—Ya no me interesan sus motivos, o lo que sea que hizo para elegirte, la realidad es otra —aseguró el morocho.
 
—Si realmente no te interesara… ¡seguirías con tu vida en lugar de haber hecho tantas cosas terribles! —le notifiqué, pues estaba seguro de lo que decía.
 
—¡Cállate, tú no sabes nada de mí Alvey! —me exclamó con desesperación y enojo.
 
—¡No necesito conocerte para saber que eres un tipo completamente despechado, y desesperado! ¡No necesito conocerte para saber que eres malvado!, pues tus actos lo dicen todo. Has matado a mis padres, has matado a muchas personas, incluso intentaste matar a tu propio padre. ¡Te has convertido en un monstruo! —le respondí con el mismo tono.
 
—¡QUÉ TE CALLES! —me ordenó volviendo a tironear de la cadena, la cual me obligó a caer sobre el suelo por la fuerza ejercida sobre ésta, pero aun así me volví a poner lentamente de pie, como si mi voluntad estuviera formada de acero—. ¿Cómo es posible que te sigas reincorporando con semejante herida? —entre cerró los ojos ya evidentemente estresado.
 
—Lo hago… —debido a la presión de la cadena, ya estaba jadeante, pero eso no me impediría hablar—. ¡Por qué tengo personas a las que proteger de un monstruo como tú! —volví a tomar la extensión del arma y, tiré con todas mis fuerzas de ésta obligando al otro a venir hacia mí, lo cual le aterró de sobre manera, pues apenas quedamos a escasos metros, no perdí la oportunidad de darle una serie de golpes consecutivos sobre el pecho, donde además, pude apreciar de primera instancia el sonido de sus costillas rompiéndose, y como sus ojos se volvían blancos por el terrible dolor que lo invadía hasta el punto de lograr dejarlo inconsciente—. Esto… es lo que te ganas por… hacer sufrir a Lili —le notifiqué aunque él ahora se encontrara echado sobre el suelo casi inerte.
 
Solté un gran suspiro de alivio después de haber derrotado a ese maniaco, y luego me quité lentamente la cadena que tenía aún enredada al cuello.
 
—Diablos… esto duele —me quejé cerrando un ojo y sonreí para mí mismo. Ahora que lo pensaba, no sabía si Gael estaba muerto, pero al menos sí parecía estar noqueado. Mientras tanto, yo me estaba realmente desangrando, lo cual empezaba a hacer que mi vista se viera difusa—. Maldición… otra vez… me voy a desmayar —me quejé tambaleándome un poco y empecé a caer hacia atrás, pero unas manos amables me recibieron—. ¿Pero qué? —entre abrí un poco más los ojos y vi inexplicablemente a mi madre—. ¿Ma…má?
 
—Has hecho un buen trabajo, hijo —me sonrió de una forma muy dulce, y yo solté unas lágrimas empezando a temblar por semejante visión. No podía creerlo, quien estaba sosteniéndome ahora, era mi madre. ¿Acaso venía a buscarme?

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