15: La fiesta de la Unión

Las Crónicas de Ondine: El Reino de las Hadas

visibility

311.0

favorite

1

mode_comment

0


—¡Golpea con más fuerza! ¡Pon toda tu concentración en mí y fíjate en mis movimientos! ¡Busca huecos en mi defensa y acomete con toda tu furia! ¡Nunca pierdas de vista mi espada!
     Escai llevaba tres semanas entrenando personalmente con el capitán, pues tan peligrosa era su misión que necesitaba hacerse más fuerte cuanto antes. Los demás entrenaban por parejas.
     —¡Se cree muy fuerte, ¿verdad?! ¡Tome esto!
     Por más pasión que depositara en cada golpe, todos eran detenidos y él derribado. Sus esfuerzos eran inútiles contra Luthio, inamovible como una montaña y dotado de una voluntad inquebrantable. Su frustración era cada vez mayor y su impotencia casi tanta como cuando se enfrentó a Lion.
     Si ya no precisaba la ayuda de Anime para posicionarse correctamente y sus flechas ya alcanzaban los maniquís, aunque su amiga seguía pendiente de todos sus movimientos para corregirla al menor fallo siempre sonriente y con dulzura. Cuanto más las miraba, más celos sentía el joven, los cuales manifestaba descargando golpes contra su maestro.
     Cuando los arqueros hicieron un pequeño descanso, todos se sentaron en el suelo y empezaron a alardear y a comparar sus disparos exitosos con los de los demás. Ya que Si aún acertaba pocos tiros, siempre que avergonzada los confesaba los demás se reían de ella, causando que protestara con rabia, mas en realidad ya ninguno de ellos lo hacía con malas intenciones. Poco a poco todos los jóvenes elfos habían empezado a aceptar a los humanos y, aunque aún una gran mayoría de personas en el reino les miraba con temor y desconfianza, al menos en el campo de entrenamiento se sentían cómodos.
     —¡Se acabó el descanso! Ahora vais a disparar cien flechas. A ver quién acierta más —anunció Anime, poniéndose de pie.
     Numerosas caras de desaprobación se clavaron en ella.
     —¿¡Cien disparos!?
     —¡Pero sólo hemos descansado cinco minutos!
     —¡Sí, maestra! —espetó Si levantándose con energía.
     —¡Así me gusta, con entusiasmo! ¡Vamos, chicos, aprended de ella y levantaos! —exclamó asintiendo con la cabeza.
     —Sí, maestra... —respondieron los demás.
     Por su parte, tan cansado y dolorido estaba por todas las veces que había sido derribado, que a Escai ya no le quedaban fuerzas para ponerse en pie de nuevo tras ser golpeado otra vez.
     —¡Vamos, Escai! ¡Puedes hacerlo! —le animó Anime.
     Motivado por su angelical voz, el joven se puso en pie. Mientras le apoyara, se levantaría cuantas veces hicieran falta.
     —¡Tome esto! —gritó lanzándose al ataque.
     Luthio le dedicó una pequeña sonrisa de complicidad al hada y se preparó para lanzar al suelo a su discípulo de nuevo.
 
 
Cuando llegó la hora de comer el capitán dio por concluido el entrenamiento por el resto del día, por lo que los elfos recogieron su equipo y se marcharon entusiasmadamente. Mientras lo hacían, dos hadas amigas de Anime aterrizaron en el campo de tiro y empezaron a hablar con ella. Últimamente las habían visto de manera ocasional. Una de ellas, de cabello rubio platino y ojos saltones verdes, se llamaba Cristal. Era muy tímida y se avergonzaba fácilmente. La otra, de cabello castaño y ojos negros, se llamaba Luna y tenía un carácter agresivo. Al verlas conversar tan alegremente, los hermanos recordaron que, durante sus primeras semanas en Nevina, rara vez la veían con otras chicas. Suponiendo que se debía a que era la única que les defendía pese a ser humanos, habían estado sintiéndose mal por ella. Sin embargo, últimamente cada vez más elfos y hadas estaban a su lado. Tal vez porque todos los jóvenes estaban empezando a acostumbrarse a la presencia de los chicos. Quienes más les temían eran los adultos por haber pasado más años odiando a su raza; y los niños más pequeños, a quienes sus padres influenciaban negativamente.
     —¡Chicos! —llamó Anime a los mellizos—. ¡Tengo que irme a ayudar, nos vemos esta noche en la fiesta!
     Dicho eso, las tres hadas emprendieron el vuelo y, pocos segundos después, desaparecieron de las vistas de todos. Los hermanos intercambiaron una mirada de perplejidad. Ignorando los celos que el chico sentía cuando su amiga estaba con otras personas, sí era cierto que durante esos últimos días la chica había pasado menos tiempo con ellos que de costumbre y, además, habían oído hablar a algunos adultos de una fiesta que pronto se celebraría, mas no sabían nada más. Ante su ignorancia, decidieron preguntar al maestro Luthio.
     —¿Es que Anime no os ha hablado de la fiesta de la Unión? —los hermanos negaron con la cabeza—. Esa tonta... Seguro que en su cabeza cree que ya os lo ha dicho, cuando en realidad se le ha olvidado —los tres se rieron. Era típico de ella—. Hoy se cumple el primer centenar desde que las hadas nos acogieron en su reino. Por ese motivo y porque aún no nos llevamos tan bien como deberíamos la reina ha decidido organizar una gran fiesta en el salón de baile del palacio.
     Tan pronto como Escai escuchó la palabra "baile" dejó de prestar atención. ¿Un baile? ¿Acaso iban a bailar? ¿Pero los elfos danzarían con elfos y hadas con hadas o cada uno escogería a quien quisiera? De ser así ¡tal vez podría bailar con Anime! Pero ¿serían bienvenidos dos humanos a una fiesta de elfos y hadas? ¿Y si bailaba con ella y la pisaba por accidente? O peor aún: ¿y si no quería bailar con él?
     —¡Escai! —gritó su hermana por quinta vez.
     El chico, sobresaltado, al fin volvió en sí.
     —¿¡Se puede saber por qué gritas!? ¡No estoy sordo!
     —¡Pues lo pareces porque llevo llamándote un buen rato!
     —¡Pues no te estaba oyendo!
     —¡Ya lo sé! ¡Por eso te he gritado!
     —¡Pues no hacía falta, que no estoy sordo!
     —¡Si no lo hago no me oyes!
     Mientras discutían con rostros enrojecidos de rabia, Luthio reía sin cesar. Una vez que se calmaron, se volvieron hacia él.
     —Por cierto, maestro: ¿cómo es posible que, después de cien años, aún no seáis amigos? —cuestionó Si.
     —De hecho... —respondió con el rostro ensombrecido. Los hermanos le miraron preocupados—... hace unos veinte años nos llevábamos bien. Pero un día sucedió algo terrible que nos llevó a enemistarnos. La mayoría de los elfos y hadas aún no olvidan lo que pasó y eso nos impide volver a ser amigos.
     Los chicos intercambiaron una mirada apenada.
     —¿Podríamos saber... lo que ocurrió?
     El capitán tardó unos segundos en responder. Estaba claro que hablar de ello resultaba difícil para él. Mas cuanto la chica estaba a punto de retirar su pregunta, respondió:
     —Un elfo y un hada se enamoraron —ambos abrieron los ojos como platos—. Aunque antes de ese triste suceso nos llevábamos bien, nunca hemos tenido realmente una relación estable y fuerte. Temiendo que su amor causara en el futuro daño a ambas razas y, lo peor de todo, que tuvieran un hijo híbrido, no sólo sus familias, sino la gran mayoría de ambos pueblos les prohibieron estar juntos. Pero ellos decidieron continuar con su relación sin importarles lo que dijeran los demás, así que odiados y despreciados por todos abandonaron el reino huyendo por uno de los portales. Al no poder tampoco vivir entre los humanos, permanecieron escondidos en un bosque y fueron felices durante algunos años. Pero... al final un animal salvaje les atacó —los rostros de los chicos palidecieron—. Cuando el hada guardiana les encontró y nos lo contó, volvimos a ser hostiles los unos con los otros.
     —Pero... no lo entiendo... Ellos sólo... querían estar juntos... ¿por qué os opusisteis? —protestó Si con lágrimas en los ojos.
     —Por miedo, pequeña —respondió entristecido.
     —¿Miedo a qué...?
     —Al cambio, supongo. A lo desconocido. A quienes eran diferentes a nosotros y a lo que pudiera surgir a partir de eso.
     —Ellos no tuvieron culpa de nada... La culpa fue de quienes se opusieron a su relación —dijo el joven con rabia.
     Luthio asintió, compartiendo el pesar de ambos.
     —Lo sé, chico. Pienso igual que vosotros. Por eso incluso yo siento un poco de rencor hacia ambas razas. Por desgracia aún no estamos preparados para llevarnos bien.
 
 
Si había aprendido a cocinar platos sencillos, por lo que mientras que Escai iba a hacer algunos recados y limpiaba la casa, su hermana preparó una sopa de pétalos, la cual debido a las numerosas veces que la habían comido ya no les sabía mal.
     Ahora ambos vivían juntos, pues el motivo de que al principio la reina les colocase en diferentes moradas fue para mantenerles separados el mayor tiempo posible e impedirles así comunicarse en caso de que realmente fueran siervos de la oscuridad. Ahora que esa posibilidad había sido descartada por completo resultaba absurdo que cada uno tuviera su propia casa cuando eran hermanos, además de que de esa forma podían repartirse las tareas del hogar y no tener que cuidar de dos viviendas cuando sólo una era suficiente.
     Aunque ahora se llevaban bien con sus compañeros de entrenamiento, Anime seguía siendo la única persona a la que realmente consideraban su amiga por lo que, una vez que terminaron de comer, no supieron qué hacer. Ella estaba ayudando con los preparativos para una fiesta que no les incumbía y para la que no les habían pedido ayuda.
     Tras permanecer unos minutos sin hacer nada, Si decidió ir al campo de tiro a practicar un poco más. Escai no quiso acompañarla porque al escuchar su tono de voz distante supo que, además de entrenar, quería estar a solas para pensar. Para ella la situación era aún más difícil que para su hermano, quien decidió dormir un rato para no pensar en nada.
 
 
A falta de unas horas para que anocheciera y la fiesta empezara, los dos humanos entraron de repente en el gran salón de baile. Ignorando las desconcertadas y temerosas miradas de casi todos los que les observaron, se dirigieron hacia la reina, quien se encontraba supervisando todos los preparativos.
     —¿Podemos ayudar? —solicitaron con timidez.
     Su petición fue un asombro para todos los presentes. Sin razones para rechazar su colaboración, Jasmine asintió.
     —Escai, ayuda a los elfos a colocar las mesas. Si, ayuda a las hadas a colgar los dibujos de los niños en las paredes.
     Sonrientes asintieron y se dirigieron a sus posiciones. Cuando se alejaron, la monarca les devolvió la sonrisa.
     Al ver a algunos de sus compañeros del área de espadas, el joven se acercó a ellos para preguntarles qué muebles debía tomar y dónde dejarlos. Por su parte, Anime y sus amigas indicaron a la chica dónde estaban las hojas de papel restantes y dónde debía pegarlas. Ya que ella no podía volar, se encargó de ponerlos en la parte inferior de las paredes.
     Todos parecían reírse y divertirse pese a estar cumpliendo tareas, por lo que algunos de los presentes no pudieron evitar apreciar la ayuda de los mellizos, mas Luz no. Sin importar qué hicieran esos humanos, ella nunca sentiría agrado por ellos.
 
 
Cuando todos los elfos y hadas del reino (a excepción de Mirra, a quien no le importaba en absoluto la celebración) se reunieron en el gran salón, la fiesta finalmente comenzó. La luz lunar que entraba por las enormes ventanas de medio arco y decenas de antorchas alineadas en los muros iluminaban todo el lugar y decenas de dibujos hechos por niños pequeños decoraban las paredes. Enormes banquetes de comida llenaban la sala y un mar de alegres voces abarcaban todo. Mientras que los elfos y algunas hadas charlaban de pie en el salón o sentados en las sillas, la mayoría de las chicas se mantenían sostenidas en el aire por sus alas, llevando comida y bebida en las manos y los mejores trajes y vestidos que habían podido conseguir.
     Al principio la fiesta parecía ir bien, aunque al ser la primera a la que acudían los hermanos no eran capaces de ocultar sus nervios. No obstante, no tardaron en darse cuenta de que algo iba mal. Ningún adulto ni niño hablaba con nadie de la otra raza, las únicas excepciones eran algunos adolescentes a quienes, como a Anime, no les importaban los problemas del pasado y sólo querían divertirse. Ante esta situación, los rostros de la reina y el capitán lucían tristes. Estaba sucediendo exactamente lo que temían que ocurriera: que no se cumpliera el verdadero propósito de la fiesta de la Unión. Cuando los tres amigos comentaron esto, Cristal y Luna se acercaron a ellos.
     —Esto me da pena... Nos hemos esforzado mucho estos últimos días en preparar la fiesta. Aunque todos se lo pasen bien por separado, si no sirve para que los elfos y nosotras nos hagamos un poco más amigos, tendré la sensación de que no habrá servido para nada —murmuró la tímida hada, apenada.
     —Tal vez se animen si preparamos algún juego —sugirió Anime con entusiasmo, mas todos negaron con la cabeza.
     —Si nadie quiere hablar, dudo mucho que sí quieran jugar —imaginó Si con una sonrisa apenada.
     —Irónico. Ambas razas guardamos rencor a los humanos y tal vez fue ese odio el que nos unió. Pero también es lo que nos hace desconfiar los unos de los otros —supuso Luna.
     Los hermanos recordaron la historia que el capitán les contó.
     —Lo cierto es... que tengo una idea que podría ayudar a unir a ambas razas —todas miraron a Escai con curiosidad. Al ver sus ojos clavados en él, se avergonzó—. Bueno... Sólo estaba pensando en voz alta, pero... no perderíamos nada por probar.
     Al caer la medianoche, la hora de los bailes finalmente comenzó. Mientras que un pequeño grupo de hadas empezaba a entonar con melodiosas voces bellas canciones relacionadas con antiguas leyendas y mitos, elfos empezaron a bailar con elfas, y hadas con hadas. Sólo unas pocas excepciones pudieron apreciarse en la pista.
     —Majestad, tenemos una idea que podría ayudar a que elfos y hadas bailen juntos —anunció Si, acercándose a ella y al capitán, cuyos rostros expresaban claramente su preocupación.
     —Oigámosla.
     —Tal vez si alguien influyente para las hadas y alguien influyente para los elfos bailasen juntos, los demás tomarían ejemplo —sugirió Escai, sonriente.
     Ambos se llevaron una mano a la barbilla, pensativos.
     —No es una mala idea pero ¿quiénes podrían hacerlo?
     Preguntándose de qué hablaban esos dos humanos con la reina, la custodia se acercó lentamente.
     —Vuestras mercedes —respondieron los mellizos a la vez.
     —¿¡Nosotros!? —exclamaron perplejos.
     —¡Ridículo! —intervino Luz—. ¡Su majestad jamás se indignaría a bailar con un elfo que ni siquiera tiene sangre azul!
     —Y es por esa actitud que elfos y hadas aún no somos amigos —afirmó Anime aterrizando enfrente de ellos.
     A la vez que la custodia la miraba con desaprobación, Jasmine consideró seriamente la idea.
     —Tal vez tengáis razón... —los tres amigos sonrieron, mas Luz y el capitán la miraron con asombro.
     —¡Majestad! ¿¡Realmente haréis caso a la sugerencia de estos... —para calmarse y no pronunciar insultos de la forma más despreciable posible, Luz hizo una pausa—... humanos!?
     Ignorando a la custodia, la gobernante miró al capitán.
     —¿Qué opináis, Luthio?
     El hombre se sobresaltó y avergonzado contestó:
     —Podría funcionar... como también podría no hacerlo...
     —¡No funcionará!
     Tras pensarlo unos segundos más la reina tomó una decisión.
     —Si estáis de acuerdo, lo intentaremos.
     La situación se tornó comprometedora para Luthio. Él era un maestro con la espada, no en la plática y menos en el baile.
     —Si... su majestad lo desea... no puedo negarme.
     Sonriendo con satisfacción, tomó la mano del ruborizado capitán y le condujo hacia el centro del salón observados por las asombradas miradas de la gente.
     —Procure no pisarla, maestro —le susurró Escai con una sonrisa burlona.
     El hombre le dedicó una mirada que prometía venganza.
     El canto y las danzas cesaron a la vez que todos se apartaban para dejarles pasar. Entonces ambos empezaron a bailar en absoluto silencio sintiendo los ojos clavados de centenares de personas. La situación no podía ser más embarazosa y, aunque la reina ordenó con una mirada al coro que continuara cantando, nadie más se movía, por lo que para apoyarles Anime decidió tomar la mano de Escai e invitarle a bailar, lo cual le llevó a hacerse un sinfín de preguntas y suposiciones en su mente. Por su parte, Si fue invitada por algunos compañeros de su hermano y, tratando de esforzarse por el bien de la fiesta de la Unión, aceptó avergonzada bailar con todos por turnos con la condición de que los demás ofrecieran bailar a otras hadas. Así, ante los estupefactos ojos de adultos, niños y la propia custodia poco a poco más parejas fueron formándose.
     Pasada media hora se reunió casi un centenar. Eran pocos, sí, pero eran suficientes para contentar a la reina, quien sonriente pensó que aquella noche habían dado un pequeño paso en el camino de reforzar la amistad entre ambas razas. Todo gracias a un hada e, irónicamente, dos humanos: Anime, Si y Escai.
---------------------------------------------------------------
 
Si te ha gustado el capítulo, te pido que me lo hagas saber pinchando en el corazón que hay justo debajo y me sigas para estar al tanto de más capítulos. Gracias :D

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo