18: El artefacto ancestral

Las Crónicas de Ondine: El Reino de las Hadas

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Para alcanzar a Si lo antes posible, Anime se había adelantado volando, por lo que Escai se encontraba solo, corriendo por el estrecho camino mientras deseaba que la chica estuviera bien. Apenas parecía haber unos pocos huesos y armas por el suelo. Tal vez todos los demás hubieran caído por el agujero o estuvieran convertidos en esqueletos y atacando a las chicas.
     Mientras corría pensaba en lo idiota que había sido su hermana por entrar sola y en lo idiota que había sido él por decirle que lo hiciera. No fue en serio. Su rabia hablaba por él. Y ahora allí estaba: avanzando con el corazón encogido.
     Cuanto más se acercaba más se estremecía todo, pequeños fragmentos de rocas se desprendían y más estruendosos golpes escuchaba. Una batalla había empezado. Cuando al fin llegó a la encrucijada avistó al gigantesco esqueleto. El hada volaba por todo el lugar esquivando los poderosos ataques de la cimitarra y al noreste, sentada en el suelo con una pierna ensangrentada y su arco en las manos, estaba la joven.
     —¡Si! ¡Anime! —gritó corriendo hacia el monstruo.
     Las dos se volvieron hacia él.
     —Escai...
     El esqueleto también le miró y, dispuesto a aplastarle con su gran arma, alzó su brazo, pero un veloz perno de Anime le alcanzó en la muñeca arrancándole varios huesos y forzándole a cancelar su ataque. De esa forma el chico pudo llegar hasta su pierna derecha y golpearle sucesivamente en el pie hasta conseguir que la criatura se desequilibrase y cayera al suelo derrumbándose por completo y llenando el vacío suelo rocoso con miles de huesos, cráneos y armas.
     Sin perder tiempo Escai alcanzó a Si y se sentó a su lado.
     —¿¡Se puede saber qué estabas pensando, estúpida!? ¿¡Cómo se te ha ocurrido venir sola!?
     Con el rostro mugriento por haber llorado, la chica agachó la cabeza con tristeza, momento en el que el joven la abrazó.
     —En un mismo día perdimos nuestro hogar... a nuestros amigos... y a nuestra familia... Si hoy te hubiera perdido a ti...
     Si empezó a derramar lágrimas de nuevo.
     —Lo siento... —se disculpó envolviéndole con sus brazos.
     Aún suspendida en el aire, Anime suspiró aliviada.
     Todos los huesos, cráneos y armas volvieron a moverse, fusionándose de nuevo para crear al esqueleto gigante.
     —¡Tenemos que irnos! —gritó el hada reemprendiendo el vuelo para llamar la atención del monstruo.
     No obstante, bastaba con echar un pequeño vistazo a la pierna de Si para saber que no podría moverse por sí sola.
     —¿Qué te ha pasado?
     —Uno de sus golpes hizo caer una roca que me golpeó...
     Con una mueca de rabia, Escai se volvió hacia su amiga.
     —¡Si está herida! ¡No puede moverse!
     —¡Sácala de aquí! ¡Os conseguiré todo el tiempo que pueda!
     Dicho eso esquivó otro golpe y se alejó para atraer al esqueleto lejos de los hermanos.
     El joven ayudó a la chica a levantarse tratando de ignorar sus gemidos de dolor, luego pasó un brazo por la cintura de la chica mientras que ella apoyaba su brazo derecho encima del hombro del chico por detrás de su cuello.
     —Espera...
     —Ya sé que te duele, pero tenemos que irnos. Aguanta.
     —No es eso... Mira el camino que hay detrás de nosotros.
     Escai lo hizo. Era igual que todos los demás.
     —¿Qué pasa con él?
     —Puedo sentirlo... El artefacto está por ahí... muy cerca.
     El chico abrió los ojos de par en par.
     —¿¡Aún estás pensando en eso!?
     —Por favor... Si entramos, el esqueleto no podrá seguirnos...
     —¡Podría separarse en muchos pequeños y perseguirnos!
     —Por favor... Tenemos que conseguirlo...
     Al darse cuenta de que no se movían, Anime les gritó:
     —¡Daos prisa!
     Cuando se volvió de nuevo hacia el esqueleto avistó un repentino golpe que pese a lograr esquivarlo con un torpe movimiento la afilada hoja de la cimitarra chocó contra la pared desprendiendo algunas rocas. Una rozó sus alas haciéndole dar un grito de dolor mientras su ballesta se caía de sus manos. A la vez que los mellizos la miraban asustados ella intentó mantener el vuelo pero cansada y herida sólo logró aterrizar en el suelo sentada. El monstruo dio un estremecedor paso hacia ella y alzó su gran brazo preparándose para lanzar un descomunal golpe.
     —¡No! —gritó Escai levantándose y corriendo hacia él.
     Si disparó una flecha que alcanzó el brazo de la criatura arrancándole varios huesos y debilitando su ataque lo suficiente para que Anime lograra esquivarlo rodando por el suelo. Tras eso el chico intentó derribarlo de la misma forma que antes pero en esa ocasión el esqueleto levantó la pierna que él iba a golpear e inmediatamente después la dejó caer en forma de potente pisotón, mas el joven consiguió alejarse a tiempo y, aunque el impacto produjo un temblor tan fuerte que Escai cayó al suelo, también los huesos de su pierna quedaron hechos añicos, por lo que todo su cuerpo se desmoronó de nuevo.
     —¡Anime! ¿¡Estás bien!?
     —Sí... Me he hecho daño en un ala, pero no es grave.
     Dicho eso se puso en pie y ambos corrieron hacia Si. Cuando el hada la alcanzó la abrazó con fuerza.
     —Tenemos que ir hacia allí —dijo señalando la entrada hacia la que estaba siendo llamada—. Algo me dice que vaya.
     —Es demasiado arriesgado —respondió Anime—. ¿Y si te equivocas? ¿Y si no podemos volver y nos acorralan?
     La chica no supo qué responder.
     —¡Se está formando de nuevo! —espetó el chico.
     Una vez más los huesos se unieron para dar forma al gran esqueleto. Al avistar a sus enemigos dio un poderoso paso hacia ellos, estremeciendo el suelo tanto que los tres cayeron al suelo. Luego alzó el brazo dispuesto a atacar. No podían defenderse.
     —No... Mari... —murmuró Si con ojos aterrorizados.
     —¡Fuego!
     De repente decenas de flechas perforaron los huesos de los brazos del colosal monstruo, amputándoselos y haciendo que su arma cayese al suelo. Los chicos se volvieron desconcertados hacia quien había gritado. Por la entrada por la que habían llegado salía un ejército de elfos y hadas armados, algunos con espadas y hachas y otros con arcos y ballestas. Delante de la horda se encontraban el capitán Luthio y la reina Jasmine.
     —¡Al ataque! ¡Destruid a esa criatura!
     Obedeciendo la orden del capitán, los arqueros abrieron fuego contra el esqueleto a la vez que las tropas terrestres corrían hacia él para golpear sus piernas. Mientras que Anime sonreía, los mellizos no daban crédito a lo que veían.
     Luthio corrió hacia ellos y, cuando les alcanzó, ayudó junto a Escai a Si a ponerse de pie.
     —Capitán... ¿Por qué...? —quiso saber el chico.
     El hombre le miró con ojos serios y entristecidos.
     —Cuando me dijeron que Si había entrado en la cueva, quise entrar y sacarla. Pero el general me ordenó que no lo hiciera... No debí obedecerle... Lo siento...
     También la reina se reunió con ellos.
     —¿A qué estáis esperando? Debemos irnos.
     Escai y Anime intercambiaron una mirada de inconformidad.
     —Eso queremos. Pero... —respondió mirando a su hermana.
     Avergonzada miró al suelo. Jasmine supo lo que pensaba.
     —Tomad una decisión rápido. Cuanto más tiempo perdamos en más problemas estaremos —dijo alzando el vuelo—. Y, sea cual sea, os apoyaremos —añadió mirándoles sonriente.
     Dicho eso alzó su ballesta y se dirigió al combate.
     —Hermanita. ¿Estás segura de que quieres ir?
     Los ojos de Escai revelaban toda su determinación. Para responder de igual forma le miró con esos mismos ojos:
     —Sí. Tengo que hacerlo.
     Comprendiendo sus sentimientos y sabiendo que nada de lo que dijera la detendría, el chico suspiró con resignación.
     —Sé que voy a arrepentirme de esto —predijo cargándola a su espalda—. Capitán. Iremos a buscar el artefacto ancestral.
     El hombre asintió sonriente.
     Poco después de que los miles de huesos rezagados del monstruo gigante cayeran al suelo comenzaron a moverse de nuevo. Pero esta vez se fusionaron en cientos de esqueletos de estatura media que se desperdigaron por toda la encrucijada. Además algunos llevaban armas a distancia. Asombrados, elfos y hadas prosiguieron el combate dirigidos por la monarca.
     —¡Los contendremos todo el tiempo que podamos! ¡Si volvéis sin el artefacto no pienso perdonároslo ¿entendido?! —advirtió el capitán Luthio empuñando su espada larga.
     —¡Si no sobrevive yo tampoco se lo perdonaré!
     El hombre dedicó una breve sonrisa a su discípulo y luego partió al combate, acabando con todo esqueleto que se encontró. Los jóvenes entraron en la ruta que tanto atraía a Si.
     Cuanto más se alejaban por el descendiente camino, más lejanos se escuchaban los gritos de dolor y las armas chocando. No había huesos ni armas por el suelo, lo cual les alivió.
     Unos minutos después, habiendo dejado tan atrás la batalla que ya no escuchaban nada, avistaron una luz al fondo que les indicaba que estaban a punto de salir de aquel estrecho túnel. Una vez allí se encontraron en una amplia sala rectangular iluminada por decenas de antorchas fijas al suelo hecho de piedra sólida. Delante había unas escaleras construidas con el mismo material que llevaban a un pedestal sobre el que se hallaba un objeto que emitía un débil resplandor. Los tres lo contemplaron con ojos llenos de asombro y fascinación.
     —¿Eso será...? —murmuró el joven.
     —...El artefacto ancestral... —confirmó Si.
     Los chicos empezaron a subir las escaleras. A cada peldaño que subían con más fuerza era atraída la chica hacia la cima y, cuando al fin llegaron, bajó de la espalda de su hermano. Aunque aún le dolía mucho la pierna, hizo un esfuerzo por aguantar. El objeto era una vara de color azul con rayas negras, en uno de sus extremos había una esfera de un color rojo intenso y en su interior brillaba una pequeña luz dorada.
     —¿Podremos tocarla? ¿Y si es una trampa? —temió Anime.
     No lo era. O, al menos, eso era lo que sentía Si. Una cálida y reconfortante sensación de seguridad procedente del artefacto le aseguraba que podía tocarlo sin miedo así que, observada por sus preocupados compañeros, lo hizo. Ahora que la sostenía entre sus manos, dejó de sentirse atraída por ella.
     —Lo logramos...
     —Qué bonita.
     —Sí... Lo es —afirmó emocionada—. «Mari... Por fin tenemos uno de los artefactos...»
     Pero, de repente, la luz que brillaba dentro de la esfera se apagó y, al hacerlo, de la vara emanó una intensa oscuridad que se concentró enfrente de los perplejos amigos, transformándose en una joven mujer de cabello negro como la noche y tan largo que le llegaba hasta las piernas, ojos rojos como la misma sangre y vestida con una túnica y unas botas del mismo color que su pelo. En la mano derecha portaba la vara.
     La mujer observó unos instantes a su alrededor con seriedad y confusión. Luego miró sonriente el objeto.
     —Por fin es mía —afirmó con un brillo maligno en sus ojos.
     Después se volvió hacia los chicos y les miró con frialdad.
     Escai estaba en guardia mientras derramaba sudor por su frente. Las chicas estaban heridas y, además, Anime había perdido su ballesta, por lo que él era el único que podía luchar.
     —¿Humanos en el reino de las hadas? Sorprendente, sin duda —comentó con una mirada curiosa—. Supongo que debería daros las gracias por liberarme, pero nunca he sido muy educada —se burló sonriente y dando un paso hacia ellos.
     —¡Atrás! —exigió el chico apuntando amenazadoramente al cuello de la mujer con su arma.
     Pero ella echó a reír a carcajadas, para desaliento del joven.
     —¿O, si no, qué? ¿Me pincharás con eso? —preguntó tocando con su dedo índice la punta de la hoja.
     Luego comenzó a elevarse en el cielo, para asombro de todos. Si podía volar sin alas esa joven sólo podía ser...
     —Una... bruja... —balbuceó el chico temblando, con el rostro completamente pálido y ojos aterrorizados.
     Ella le miró con desprecio.
     —Los niños dais mucho asco —dijo alzando la vara—. ¡Voy a enseñaros a tener respeto! —anunció dirigiendo con rapidez el arma hacia ellos, dispuesta a lanzarles un hechizo.
     Los amigos se temieron lo peor.
     No obstante, nada sucedió. El artefacto ya no resplandecía y la luz contenida en el interior de la esfera había desaparecido.
     —¿¡Qué pasa!? ¿¡Por qué no funciona!? —se preguntó a la vez que probaba a agitarla y darle golpes con la mano con la esperanza de que algo ocurriera, mas no pasó nada—. ¿¡Qué le habéis hecho a esta cosa, niñatos!?
     —Nada —respondió Anime encogiéndose de hombros.
     La mujer temblaba de rabia. Por más veces que intentaba liberar el poder de la vara nada sucedía.
     —¿¡Se puede saber por qué rayos no funcionas!? —gritó al propio objeto con voz tronadora.
     «Está distraída. ¡Ahora!» pensó Si mientras alzaba su arco y depositaba en él una de las últimas flechas que quedaban en la aljaba que llevaba colgada a su espalda. Escai estaba paralizado por el miedo y Anime no se encontraba en condiciones para luchar, por lo que todo dependía de ella. Pero sus manos empezaron a temblar. Aunque esa mujer fuera una bruja, seguía siendo una persona. No podía herirla.
     Con tal frustración que incluso olvidó la presencia de los muchachos, la mujer liberó una intensa oscuridad de su cuerpo que acto seguido la envolvió. Parecía prepararse para huir.
     «Tengo que hacerlo… No puedo dejar que escape. Si lo hace el esfuerzo de todos... El esfuerzo de Mari...» se dijo intentando disparar. La oscuridad casi se había tragado todo su cuerpo y ella seguía temblando inmóvil. «Malvados espíritus oscuros, malvados espíritus oscuros, marchaos y no volváis nunca más u os daré una patada en el trasero…». Ante los ojos de los tres, la masa negra que engulló su cuerpo empezó a empequeñecerse. Si cerró los ojos mientras lágrimas caían de estos. «Espera… Por favor… Devuélvenos… la vara…». La oscuridad desapareció y, enfrente de ellos, un cuervo echó a volar hacia el techo y desapareció por uno de los muchos agujeros que había.
     Si soltó el arco y cayó al suelo de rodillas. Escai, tras volver en sí, se lamentó por su propia impotencia y dio un fuerte puñetazo al suelo víctima de su rabia. Anime observó a ambos con el corazón encogido, sintiéndose más inútil que nunca.
     Cuando al fin regresaron a la encrucijada descubrieron que la batalla había terminado. Por el suelo había esparcidos miles de huesos, cráneos y armas y, desafortunadamente, también cadáveres de elfos y hadas. Decenas de heridos estaban siendo tratados por los supervivientes.
     Al avistarles, la reina y Luthio se dirigieron hacia ellos. Ambos parecían estar bien, aunque el capitán de los elfos tenía algunas heridas, mas no eran graves.
     Mientras que las hadas sanitarias atendían las heridas de los chicos, Anime relató a Jasmine y Luthio lo que había sucedido. Los mellizos permanecieron en silencio todo el tiempo con los rostros agachados y ensombrecidos.
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Si te ha gustado el capítulo, te pido que me lo hagas saber pinchando en el corazón que hay justo debajo y me sigas para estar al tanto de más capítulos. Gracias :D

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