Capítulo 6 La Dama de Negro

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS

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Éramos recibidos por aplausos en todo el camino hacia el gran castillo verde oscuro de las reinas de negro, así que cuando los guardias abrieron las grandes puertas, únicamente entramos, Morfeo, unos centauros de cada lado y yo hacia el gran salón en donde justamente estaban las dos reinas en sus tronos de hierro con sus trajes negros y dos coronas de oro.En el camino Morfeo me había contado que en estas tierras no había rey, si no madre e hija eran las reinas de todo el lugar, Isabel y Edrielle las cuales tenían el mando de el reino total, hasta del bosque que estaba conectado con las afueras de su reino debido a que ellas sabían como cuidarlo lejos de los humanos.Al llegar justo enfrente de ellas Morfeo hizo una reverencia y luego las dos se me quedaron viendo, yo era un príncipe ya que no sabía si debía hacerlo por lo que uno de los centauros apretó su lanza fulminándome con la mirada, así que poco a poco me fui agachando hasta lograr una reverencia lenta.
Había un gran silencio durante unos segundos hasta que uno de los centauros habló anunciando quienes éramos.
—Reina Isabel, reina Edrielle, sean ustedes bendecidas con la magia del reino, les traemos a los que han salvado al dueño de “Cabañus” el cual era saqueado, por minotauros que estaban causando líos en el pueblo, y luego los mataron. —
Ambas reinas eran hermosas, no podía negarlo, la reina mayor tenía mirada seria la cual estaba apretando sus dedos contra el hierro de su trono con sus piernas cruzadas al escuchar todo lo que este decía.
Tenían el cabello negro trajes negros representando sombra, poder y disciplina, sus pieles eran blancas, aunque con su cabello negro era totalmente genial aquella piel. La reina Edrielle tenía un lunar en el mano oscuro debajo de los nudillos.
—¿Quiénes son, y a que vienen? — Pregunto Edrielle dirigiendo su vista seria a nosotros alzando una de sus cejas —
—Mi nombre es Morfeo, y él es Arthur...
—Este dice ser el Dios del sueño, y esta cosa…— Este centauro se me quedo viendo como si buscara alguna respuesta de que era —
—Pues yo, soy cazador y… un humano…— Revelé seguido de un suspiro — Y vinimos por un rumor en las afueras del reino que ustedes tienen un pacto oscuro con los orcos. Y cuando despertamos, escuchamos gritos en el pueblo, e hicimos lo que cualquiera haría. —
 
En ese momento ambos guardias de los lados apuntaron su lanza a mi al ser mencionado que era un humano por lo que las puntas de estas estaban a casi nada de mi cuello.
Ambas reinas se vieron sorprendidas, por lo que solo Edrielle se levantó acomodándose su traje, y luego con una leve sonrisa y con su mano la cual apenas levantó, les ordenó a ellos que bajaran sus armas como si todo estuviera controlado.
Esta caminó hacia nosotros bajando las tres gradas que nos separaba de ellas mientras iba bajando lentamente su mano recorriéndonos con la mirada, más a mi como si fuera un ser extraño, y no ella.
—Perdonen lo descortés que han sido mis Centauros, pero aquí en este reino buscamos conservar la paz durante años, ustedes no deben temer pues un pacto he realizado y mi reino es protegido con fuerzas mayores. — Habló esta bajando la vista hacia mi vestimenta — además les agradezco por lo que les hicieron a los minotauros, pero matar aquí, cualquier especie de ser, está prohibido, si no fuera por que salvaron a las personas del pueblo los mandaría al calabozo.
MI mirada era la que la recorría a ella, era raro estar en el otro lugar del salón, cuando yo era el que se sentaba y no hablaba, así como su madre, así que al ver a la otra reina pude notar su mirada fría, los músculos de su mandíbula estaban tensos.
—Nunca buscamos problemas, el señor de Cabañus, nos hizo el favor de rentarnos dos cabañas, además nos mencionaron que este lugar esta lleno de muchas artesanías, y pues me encontré a Morfeo en el camino, me contó sobre aquí, mientras yo cazaba, así que decidí venir, no llamaré la atención — Comenté viéndola a ella, me atrevía a verla a la cara, siempre tenía ese toque como si estuviera retando a alguien, de seguro era la sangre real —
—Ya lo hiciste — Comentó está viéndome a los ojos como si hiciera lo mismo, su frialdad, su manera de comportarse era, raro, pero era por que es la reina —
—No lo haré otra vez — Dije tratando de sonreír tomándolo con un poco de humor
—Espero que no, además, eres el primer humano que logra cruzar el portal de las puertas, al menos quien logra ver las especialidades de todos, hasta lograste matar a un ser no humano — Mencionó esta mientras se agarraba sus propias manos comenzando a caminar alrededor de mi —
—Yo estoy aquí —Comentó Morfeo moviendo su mano como si saludara —
—Si bueno, tu puedes irte a casa, te enviaremos ofrendas de agradecimiento por ayudar — Dijo esta como si se recordará que no solo yo estaba ahí, aunque no apartaba su vista de mi mientras hacia una seña con su mano ordenando que se lo llevaran.
—Pues espero también salir del portal —Dije luego de apretar un poco mis labios y luego soltar un suspiro viendo como se estaban llevando a Morfeo —  Creo que debería ir con él, es al único que conozco, además tengo que ir con alguien que me ayude a curarme —Comenté teniendo la mano en mis costillas, ya que me dolía ahí, de seguro me había fracturado alguna , claro aparte tenía sangre un poco seca en mi frente, justo a medio centímetro de mi cabello.
Esta bajo su vista por mi cuerpo para ver donde era que mi mano se posaba y luego chaqueo tres veces sus dedos haciendo aparecer a un ser con ropa como si fuera un elfo normal solo que este tenía plumas en su cinturón alrededor de él, y dos frascos de agua de colores.
—El te curará, te vendará, y te dará algo para que tomes, te sentirás bien en segundos, así que no te preocupes, también tendrás ofrendas de agradecimiento por acabar con los minotauros, debió ser difícil, y me gustaría proponerte algo, se que es algo rápido pero, tal vez le gustaría ser el guardián del bosque, por lo que me fue comunicado, es bueno con la espada, además no vendría mal a un vigilante ahí.  —Propuso sin apartar la vista del curandero el cual me levantó la camisa del lado del golpe el cual revisaba de que no tuviera algo más que algo roto —
El elfo era el curandero que lo hacia sanar rápido así que este frotó su mano contra mi costilla hasta que sentí un calor en esa parte y mi costilla volver a recomponerse, luego saco un pequeño maletín café en el cual saco dos vasitos con liquido rojo y azul el cual me enseño.
—Perdón por interrumpir Dama de Negro, bebe esto y te sentirás mejor al instante.
Ambos nos quedamos callados, tomé ambos vasos para luego voltear a ver a la reina, ese nombre me desconcertó ya que pensé aquí solo la llamaban “Reina” así que suspiré viendo el liquido con algo de desconfianza.
—Bébelo, no te mataremos, eso se lo damos a todos aquí — Dijo ella.
Mire a ambos esta vez y los alce como si estuviera brindando y tome cada uno de un solo trago sin saborearlo.
En ese momento pude sentir como el dolor dejaba de sentirse tanto que mi espalda se puso recta y me sentía más liviano tanto que di un salto pequeño ya que podía hacerlo sin esfuerzo.
—Te prometo que no te matará, aún —Dijo el asqueroso elfo para luego tirarse la carcajada negando guardando los vasos en el maletín y luego ser desaparecido por un nuevo chaqueo de Edrielle dejándonos ahí.
—Creo que moriré pronto … —Bromeé viendo mi ropa, pude reaccionar que estaba sucio de polvo, con algo de sangre y de seguro no olía a rosas — Siguiendo su propuesta, lo pensaré, ya que no se si me quedaré aquí o volveré de dónde vengo.
—¿Y de dónde vienes? — Su pregunta me hizo abrir los ojos bastante grandes ya que no me esperaba esa pregunta —
—De muy lejos, dejemos ahí, si me permite, debo ir a asearme, no estoy muy limpio y me siento algo cansado. —Comenté volviendo a ponerme serio para que no me descubra así que subo la mirada para ver a su madre que no me apartaba la vista de mi — Tenga un día hermoso su majestad.
Mencioné despidiéndome de ella en una pequeña reverencia y luego vuelvo la vista a Edrielle.
—Al menos déjeme invitarlo a una fiesta en la noche, la tendremos justo aquí en celebración a pacto de paz con los orcos, y daremos un rico festín, le aseguro que le gustará.
No podía creerlo, en mi segundo día aquí, ya me habían invitado a una fiesta, y talvez esta vez vería a los orcos, pero habría peligro si encuentran a algún humano aquí.
—No creo… —Reí bajando la vista pasando una mano por mi cabello negando y luego subo la vista hacia ella — Sabe, es su fiesta, y yo no tengo nada que hacer aquí, soy un humano y no pertenezco aquí en su reino. —Comenté sonriendo de lado.
—Puede que sea cierto, pero tienes algo que talvez nadie tiene, o al menos de lo que me contaron, aparte de los guardias, nadie tuvo la valentía de pelear contra lo que ellos luchaban, solo tu. —Comentó esta llevando su vista a mis ojos, por lo que sonreí amplio al escuchar eso.
—Muchas gracias, y le aseguro, que nunca olvidaré esas palabras viniendo de una reina como usted, una reina mágica. —Comenté haciendo una reverencia para luego decir — Tenga buen día su majestad.
Comenté dándome la vuelta caminando hacia la puerta acompañado de los centauros hasta que esta hablo lo que me hizo detenerme unos segundos.
—Lo espero en la fiesta, no me haga quedar mal en dejarme plantada Arthur, “El cazador” —Dijo esta a mis espaldas algo alto para que la escuche.
Sonreí volteando solo la vista a ella.
—Si consigo ropa presentable, lo haré, “Dama de negro” —Dije para luego seguir caminando hacia afuera —
Al ser llevado fuera del portal pude notar como Morfeo estaba hablando con Valerie, los cuales se miraban muy entretenidos en su platica hasta que llegué yo a su lado sin decir nada ya que ellos no notaron mi presencia.
Pensaba en Edrielle, sus ojos, sus labios, su manera de comportarse, fría, pero a la vez comprensiva, aunque ella era bastante hermosa, de pensar de que tenían algún pacto con los orcos me enojaba y más al saber que le estaba mintiendo en que era un cazador y no el príncipe, negué sonriendo viendo hacia el suelo y luego hacia ellos por lo que los interrumpí preguntándoles.
—¿Tienen algo que hacer en la noche? —
 
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