Tumba

Géneros: Acción, Aventura, Ciencia ficción

¿Cómo sería un mundo dominado por una fuerza maligna que pretende destruir a los humanos sin poderes? Cuando la diferencia entre el bien y el mal la dicta la ley... del más fuerte. Alex, un chico con unos poderes aterradores para sí mismo y todos los que le rodean, tendrá que luchar en el futuro junto a Jack y Kyra contra la malvada organización de Osore, los Kurai que intentarán destruir el mundo y hacerlo suyo con su arma.

El objetivo

Tumba

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El comienzo de una nueva aventura, mil gracias por todo el apoyo en todas mis novelas :)
Como ya tengo por costumbre, a ver si esta llega también a PRIMERA PÁGINA de la web, de momento PLATA está todavía en primera página, me anima muchísimo <3 me seguiré esforzando por entretener y ayudar con lo que hago ^_^
Ya sabéis, si os gusta podéis dejar un LIKE y SEGUIRME, solo cuesta un click/tapeo, regalar ilusión gratuita no cuesta nada :D
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–¡Es la hora! –decía el capitán mientras miraba a su gente de forma decidida. Duro, firme, como siempre.
Aquel hombre era muy detallista, si se le iba algo, un mínimo detalle se ponía muy nervioso para sus cuarenta años. Sus hombres siempre eran realmente eficaces, ya que no pretendían enfadar al capitán bajo ninguna circunstancia.
Los soldados le veían muy extraño por las pintas físicas, pero ya estaban acostumbrados.
Llevaba un parche en el ojo derecho y debajo, un gran arañazo que le salía por arriba y por abajo del parche, tenía su pelo negro por completo y el flequillo, le llegaba casi al ojo izquierdo y la parte derecha muy corto. Estaba muy en forma, era bastante musculoso. Pues su trabajo exigía una permanente buena salud y un gran y perfecto rendimiento físico. Su camiseta era blanca y la manga izquierda era más larga que la derecha, haciendo que de esa manga quedaran visibles solo los dedos. Sobre esa camisa siempre llevaba una chaqueta verde de manga corta, dejando ver la camisa la chaqueta tenía varios agujeros destinados a llevar cuchillos. A la altura de su rodilla derecha, llevaba una cinta con seis agujeros para llevar sus tubos de ensayo, que hacía servir para sus misiones.
–Este es el objetivo –dijo mientras en la pantalla aparecía la cara de un adolescente de pelo negro un poco largo y de apariencia bonachona de dieciocho años.
El capitán no podría creer que fuera a encontrarse con él de nuevo, con aquel chico, después de tantos años, después del trágico incidente de sus padres. Sabía que el chico había tenido una mala vida por aquello, por su cualidad especial, pero le necesitaba a toda costa.
–Este es Alex Miller Gray, llevamos años observando sus movimientos. Debemos cogerle con vida. ¡Hoy! Dicen que no es muy hablador, además al parecer es bastante solitario, no será difícil cogerle si va sin compañía. A la hora prevista, las quince-cero-cero saldrá del centro escolar, hay que cogerle sin alterar el orden público –dijo un soldado que iba vestido de civil y que estaba al lado del capitán.
–¿Pero qué hace ese chaval? ¿Por qué es tan importante? –preguntó un soldado.
–Ese chico hace cosas muy raras –el capitán conocía cada detalle, tenía constancia de cuantas veces había usado Alex sus poderes, pero quería omitir detalles por el momento–. Tenemos máquinas que miden en todo el planeta energía vital de cada ser y ese chico la desprende de una manera sin igual. Hemos cogido a muchos de poca magnitud, pero este… este podría ser el que estábamos esperando. Ya sé que no os han dicho nada de nada sobre esto… pero yo os informare sobre todo en unos instantes.
Los hombres se quedaron con muchas preguntas. Habían tratado casos más importantes, fuertes asesinos con increíbles habilidades y mil casos más, pero aquel parecía interesarle especialmente al capitán.
–En cuanto el chico este aquí… no me apetece explicarlo todo dos veces, ya que tampoco me apetece perder tiempo ni aburrirme a mí mismo. ¡En marcha! –ordenó el capitán.­
Los soldados estaban acostumbrados a no escasear de información sobre los objetivos que iban a  perseguir, pero sabían que algún día tenía que pasar, además por manos del capitán y en ese caso, significaba que aquella misión era especial, no era de reconocimiento o captura normal como solían hacer, debía ser algo más y estaban a punto de averiguarlo.
Se notaba que no quería ponerse su chaqueta en esa ocasión, pues debía ser discreto y aquella chaqueta no ayudaba. Se iba a un lugar público, un instituto, a buscar su objetivo para cumplir su misión de una forma impecable, como siempre. Por lo que hizo lo que siempre hacía antes de salir de la furgoneta, la tiró hacia el fondo de la misma y la chaqueta desapareció en chispas amarillas antes de caer al suelo, los soldados lo vieron, como siempre, ya que conocían su historia.
Entonces los siete soldados salieron de la furgoneta azul cielo que estaba aparcada justo enfrente del centro a unos cuantos metros y aprovechando la ausencia temporal de civiles. Los soldados se ocultaron entre los arbustos que rodeaban el centro.
–Quedaos fuera, yo entrare con él –le dijo el capitán al soldado vestido de civil–. Cogedle con vida. Será un día entretenido –susurró con una ligera sonrisa en la cara aquello último.
–Pero capitán… no podemos llevárnoslo de un instituto como si nada –dijo el soldado.
–Tranquilo… –le dijo el capitán mientras sonaba la sirena–. Ya ha acabado el día y siempre va solo, no creo que sea un problema si colabora.
El capitán no estaba seguro de ello, sabía que era muy desconfiado con la gente y era seguro que no iba a recordarle.
Y en unos instantes allí estaba el chico. Tal y como habían previsto estaba solo y con los labios sellados causados por la soledad y tal vez algo más. El chico llevaba una camiseta blanca con unos vaqueros azules. Parecía ser un chico de lo más normal, pero todos se habían concienciado que no era así.
–Vamos –ordenó el capitán muy decidido.
Aquel instituto era bastante grande. Era como un pequeño campus, rodeado de verde y paz para los estudiantes, para que pudieran estudiar en la hierba. Estaba en el centro de un parque, pero no muy lejos estaba la ciudad, a unos metros de la entrada. Frente a la puerta del instituto había una pequeña plaza de arena circular. El cielo era naranja cubierto por los altos árboles y las hojas de otoño, algunas empezaban ya a caer.
El chico enseguida se dio cuenta de su presencia… al igual que todo el mundo por sus extrañas pintas.
–¿Alex? –le preguntó el capitán.
Entonces le pasó por el lado un chico y le preguntó al capitán:
–¿Eres un personaje sacado de algún Final Fantasy? Jajaja –y se fue con otro que también se reía.
–No… pero sí que he sido creado de manera ficticia –le dijo el capitán a Alex.
Entonces el chico le miró de manera extraña y dio un paso minúsculo hacia atrás.
–Un déjà-vu… ¿Verdad? –le dijo el capitán–. Ya sabíamos que nos habrías visto venir.
Y Alex dio otro paso para atrás.
–Lo sabemos. Tenemos conocimiento de tus actividades y tus movimientos, pero eso no va a durar mucho. Tienes una misión.
El chico miró a todas partes., mirando si había alguna salida.
–Por eso te necesitamos dentro de…
Alex echó a correr a un lado para evitarles. Soltó la mochila rápidamente para correr más deprisa. Además ya intuía que no iba a necesitarla en un tiempo.
El capitán fue a coger un trasmisor que tenía en el bolsillo:
–Alfa, Beta, Gamma… a vuestra posición.
–Señor… hay civiles –le respondió el soldado que estaba al otro lado del transmisor.
–Seguiremos el procedimiento habitual –decía manteniendo su posición.
El chico antes de llegar a unos arbustos y dos robustos árboles que había a los extremos de estos que había enfrente de él, se detuvo durante un segundo. Mientras, el capitán observaba como había visto a los tres soldados que estaban ocultos antes de llegar. El chico siguió de carrerilla, como había dos árboles uno a cada lado de los arbustos, primero dio un salto, puso un pie en el izquierdo, luego impulsó su cuerpo hacia el derecho elevándose y poniendo su pie en ese, haciendo que tuviera una buena altura y entonces dio un gran salto hacia delante, los soldados sin perder tiempo empezaron a dispararle dardos tranquilizantes que él yendo en zig-zag, esquivaba. Los soldados mismos no podían creerse  que no le dieran, eran los mejores tiradores, aquel conjunto de siete era la mejor brigada de tiradores especializados… pero no acertaron un solo dardo. Eso les despertaba una frustración interior. Pero la contrarrestaba el hecho de que les dijeran que eso ya podía ocurrir, como en otras ocasiones. Ya habían tratado casos más difíciles, más habilidosos.
Entonces todo el mundo se dio cuenta. Algunos señalaban, otros gritaban y se extendió el caos y el miedo por los disparos.
–Señor –le decía el soldado algo preocupado.
–Parad los dardos... es algo inútil –les dijo a sus hombres a través del trasmisor, que enseguida pararon y el capitán le dio a un botón del transmisor que tenía aún en la mano para cambiar de trasmisión y así poder hablar con otro trasmisor cercano–. Conductor… ya sabe qué hacer.
En ese momento salió un hombre de la parte trasera de la furgoneta por la cual habían salido el capitán y sus hombres. Era un hombre vestido del mismo color que la furgoneta, camiseta larga y pantalones a conjunto al igual que las zapatillas y el pelo del mismo color y que le llegaba de flequillo por los ojos que también eran azules, el pelo era de largo hasta llegar a los hombros. Era un hombre de color azul menos por la piel, que era un tanto morena.
La gente desde el primer instante se dio cuenta de todo, los dardos y el hombre de azul, el terror, la confusión y la duda reinaba entre los civiles. Alex también estaba confuso ante aquella repentina escena, por lo que había dejado de correr desde el momento en que los soldados habían dejado de disparar, se había extrañado, pero se extrañó más y se quedó quieto pero inquieto al ver a aquel hombre azul.
El hombre miró el capitán y este asintió la cabeza para decirle al hombre de azul que debía hacer su trabajo... el procedimiento habitual.
El hombre de azul tomó aire y miró hacia arriba, levantó los brazos y dio una palmada.
En ese momento, todos los civiles de estar aterrorizados, corriendo de un lado a otro y huyendo, se detuvieron, se quedaron como estatuas, tirando todo lo que llevaban en las manos, con los brazos muertos, los ojos cerrados, cabezas bajas, como si durmieran de pie, todos excepto Alex.
El hombre azul le miró sorprendido. Siempre funcionaba con todos menos con aquellos que no quería que funcionara, que era su equipo, pero aquel chico estaba de pie, con voluntad propia en vez de estar sometido a su control mental y estar dormido.
El tiempo al igual que los civiles se detuvo, todos estaban quietos, mirando a Alex y él mirando a todos los lugares, pero sabía que no podía seguir corriendo ya que en esos arbustos que le esperaban más adelante habían otros dos soldados. Estaba rodeado. Pero siempre encontraba una salida, siempre salía ileso. No importaba que fueran siete, o quince como una ocasión en que se vio envuelto en una pelea callejera, siempre los tumbaba a todos a su manera, con aquello que tenía.
No tenía a nadie al alcance, por lo que no podía poner en práctica su método, por lo que hizo lo más inteligente, «rendirse». Levantó las manos con la cabeza gacha y fue hacia el capitán, el cual no tenía una sonrisa muy satisfactoria. Había seguido de cerca sus pasos y sabía que aquello era inusual. Pero fue optimista por un segundo y pensó que por una vez aquel chico se había visto en una situación distinta a cualquiera y se había rendido de verdad, después de todo, había tiradores. De los mejores seleccionados por él mismo.
Fue un lento viaje, parecía no tener fín, esquivaba gente de todas las edades, tenían todos una respiración muy débil. Llegó a su destino, frente a la puerta del instituto donde estaba el capitán junto a su soldado uniformado de civil.
–Esta es la situación –retomó seriamente el soldado la conversación interrumpida del capitán–. Debes ayu…
Pero fue de nuevo interrumpido por Alex, que le puso la mano izquierda en el cuello e instantáneamente el soldado cayó en redondo sin remedio, rápidamente Alex retiró su mano y la dirigió hacia el capitán, el cual la evitó cogiendo su muñeca con la mano derecha antes de que llegara a su cuello y le dio la vuelta bruscamente para evitar su otra mano pero sin dejar de soltar la primera. Pero Alex buscó la pierna del capitán, la cual fue interrumpida por la otra mano cogiéndole igualmente por la muñeca. Alex se retorció para librarse de aquella presa en la que estaba metido.
Los soldados se habían dado cuenta de la escena y fueron rápidamente apuntando con sus armas para dispararle al chico con dardos en caso de que el capitán no pudiera manejar la situación.
Alex hizo fuerza con los ojos cerrados para librarse, pero era inútil, aquel hombre era muy fuerte, cuando abrió los ojos vio al capitán delante de él que le puso la mano en el hombro para hacer presión. Le estaba haciendo una llave del sueño. Aunque no fue lo que más le inquietaba, que iban a inutilizarle, era que el capitán estaba sujetándole desde detrás y delante de él, para asegurarse echó la cabeza atrás mientras se iba debilitando y pudo confirmar que tenía dos capitanes iguales por dos lugares distintos. Miró hacia delante y vio que ambos tenían aquella sonrisa de satisfacción en la cara. Eran iguales… pero no había visto ningún otro, había sucedido en una fracción de segundo.
Alex se retorció durante unos segundos pero era inútil, las pestañas pesaban demasiado como para sostenerlas en alto, los párpados sucumbían a ese peso. Sentía que su respiración disminuía, se estaba durmiendo y aunque no podía consentirlo tampoco podía evitarlo. Al poco cayó sentado cuando el capitán real le soltó poco a poco y el otro se desintegró en unas fracciones de segundo, como una sombra.
Miró al conductor con preocupación, estaba de rodillas, fatigado. No aguantaría aquello mucho más. Ya había aguantado otras situaciones peores, había paralizado estadios, plazas más grandes, una ciudad en una ocasión y se sentía orgulloso de sí mismo, pero aquel chico le provocaba algo que no podía identificar, le debilitaba por dentro.
–¡Rápido! ¡Moveos! ¡Moveos! ¡Moveos! –gritó el capitán a todo su equipo para que retiraran a su soldado lesionado y se fueran rápidamente antes de que su hombre cayera y toda la gente volviera a la normalidad.
Hicieron un trabajo efectivo y rápido. Las memorias de aquellos civiles habían quedado borradas automáticamente con el poder de aquel hombre, el cual se desmayó al entrar en la furgoneta, agotado.
–Buen trabajo –dijo aliviado el capitán mientras conducía uno de los soldados.
Jack Janderson Smith, el capitán, volvió a ponerse su chaqueta, a medida que hacía como que se ponía algo invisible, iba apareciendo con las mismas chispas amarillas la chaqueta que se había quitado al inicio del día, se sintió aliviado de tenerla de nuevo consigo.
También habían cogido su mochila, pero no encontraron nada inusual, solamente lo típico de un estudiante, libros, apuntes y demás.
Jack se sintió orgulloso de tenerle al fín con él, había esperado aquello durante mucho tiempo.
Alex se encontraba atado y sentado. Estaba inmóvil, inconsciente.
  • Gael -image Gael - 03/10/2019

    De verdad, amo como escribes, adoro lo bueno que eres y la pasión que le pones. Tienes muy merecidas tus visitas y muy merecidos tus seguidores, le recomendaré a todo el mundo tus libros.

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