Invasión a la base

Tumba

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Hubo unos segundos de completa calma, parecía que el tiempo se hubiera detenido. Hasta que una granada entró rodando por la puerta y se colocó en el centro de la sala, donde no habían mesas y cerca de todos los científicos, los cuales empezaron a dirigirse hacia la sala del fondo entre gritos y dominados por el pánico. Entonces Verónica rápidamente se acercó a la granada que pitaba mientras una luz roja parpadeaba cada vez más rápido, lo que significaba que estaba a punto de arrebatarle la vida a todos sus compañeros y ella extendió los brazos en dirección a la granada la cual explotó. Pero para sorpresa de Alex que miraba aquella escena desde arriba, la granada no hizo explosión, sino que dentro de un aura morada que la misma Verónica generaba, el fuego que debía expandirse hacia todos lados, estaba aislado y retenido dentro de una esfera morada transparente que iba creciendo poco a poco, a Verónica por un momento le temblaron los brazos, pero al cabo de unos segundos controló la situación y la esfera fue disminuyendo de tamaño hasta desaparecer completamente, como si la granada nunca hubiera entrado por aquella puerta.
Verónica se fatigó un poco tras ello, no estaba acostumbrada a hacer esas cosas, no era una guerrera, pero sabía que era lo suficientemente fuerte como para hacer lo que fuera con tal de ayudar a sus compañeros. Levantó la vista hacia la puerta de entrada y se percató de la presencia de varios soldados vestidos de negro que la estaban apuntando a ella y a sus compañeros y no tenían cara de pensarse las cosas dos veces. Uno de ellos era la anciana de antes, que entonces se transformó en uno de aquellos soldados.
Sin perder el tiempo extendió los brazos hacia los lados y generó un escudo a unos centímetros delante de ella con un aura transparente también morada como el color de sus pupilas, protegiendo a aquellos que estaban cerca de ella y de la salida, aunque aquellos que aún estaban lejos no tuvieron tanta suerte. Aquel blanco perfecto de la sala perdió su harmonía siendo tintado por el color de la muerte.
Los Kurai empezaron a disparar a los científicos, al igual que intentaban derribar aquel escudo, aunque era algo completamente inútil, las balas se estrellaban contra aquella aura morada que ejercía el papel de un cristal antibalas y caían frente a ella. Entonces los científicos abrieron la puerta de la sala del fondo y empezaron a salir.
–¡Fuego! –gritó Jack a sus soldados para que los Kurai no entraran.
Hubo una batalla de balas, pero sin ninguna conclusión ya que los Kurai en ningún momento se pusieron a tiro, se ocultaban detrás de la puerta.
Entonces un Kurai gritó algo en japonés y detuvieron el fuego, los soldados de Jack también dejaron de disparar, pero seguían con la mira en la puerta para aprovechar la mínima oportunidad en la que cualquiera de ellos se pusiera a tiro.
Por unos segundos volvió a reinar la calma, había silencio absoluto, pero nadie bajaba la guardia, todos se esperaban lo peor. Algunos científicos eran ancianos y les costaba más llevar a cabo la evacuación, pero un científico que era algo mayor y estaba calvo, se quedó sujetando la puerta para ayudar.
Por sorpresa un ninja trajeado con una sola pieza toda negra que le cubría todo el cuerpo excepto mitad de la nariz y los ojos, dejando a la vista que era japonés y con una cinta alrededor de la cabeza apareció delante de Verónica y le clavó una espada en el estómago, Verónica y él se miraron a los ojos, ella intentaba aguantar su escudo, él también se estaba debilitando ya que el escudo le estaba quemando, pero aquel duelo ya estaba ganado. Retiró su espada y ella cayó de lado junto al escudo protector, dejando indefensos a algunos científicos que aún quedaban por salir. El ninja flojeaba de las rodillas y echaba un poco de humo, pero en un instante se recuperó y miró directamente a Alex y le señaló con su espada, la misma que le acababa de arrebatar la vida a Verónica.
–¡Disparad! –ordenó Jack furioso.
Pero el ninja se desvaneció de repente.
El científico que sostenía la puerta de salida trasera, cuando el ninja se fue aprovechó la quietud para acercarse corriendo hacia la puerta en la cual estaban los Kurai. Los soldados que estaban allí levantaron sus armas de nuevo al ver que estaba cerca y que podían deshacerse de los científicos fácilmente. Pero antes de que pudieran hacer nada el científico cogió mucho aire y echando sus manos hacia atrás empezó a escupir una gran llamarada de fuego, quemando a un par de soldados que estaban en primera fila que retrocedieron y se fueron, el resto retrocedió lo suficiente para que la llama no llegase hasta ellos, el interior de la sala para ellos era confuso, las llamas impedían ver el lugar con claridad, solo existía el calor tras la puerta. Los soldados dispararon al azar ya que carecían de una visión clara y al cabo de unos segundos el científico cayó, pero para entonces todos los científicos restantes ya habían huido y estaban a salvo.
Mientras tanto, los soldados de Jack al ver que el ninja había desaparecido no dispararon. El soldado que había bajado primero, se encontraba a punto de llegar a bajo del todo, estaba en las escaleras bajando cuando el ninja por la parte de fuera de la escalera en mitad del aire apareció y atravesó la mitad de su cuerpo con la espada y volvió a desaparecer, haciendo que el soldado cayera rodando hasta abajo sin vida mientras se desangraba.
Para ese entonces, cuando el ninja se fue y el científico empezó a escupir fuego, los soldados bajaron aprovechando la ventaja que les estaba otorgando aquel hombre. Jack cogió uno de sus tubos de ensayo, lo abrió y unas chispas amarillas se metieron en su cuerpo. Alex entonces se sorprendió, ya que así era como Jack se había partido en dos aquella tarde y ahora estaba a punto de usar otro poder.
Entonces Jack le dijo:
–Ve arriba, allí está el hombre –acto seguido saltó desde el segundo piso hasta abajo, antes de llegar abajo se paró en seco y entonces volvió a caer unos centímetros hasta el suelo, aprovechando que el dragón estaba en la puerta entreteniendo a los Kurai e impidiéndoles temporalmente el paso.
Alex se dispuso a subir las escaleras que había un poco más adelante, pero el ninja apareció delante de él de espaldas, lentamente sacó su espada dejando sonar el metálico sonido de la sigilosa muerte y se giró hacia él. Entonces el ninja empezó a avanzar hacia Alex, pero iba teletransportándose de adelante a atrás de él mientras seguía su caminar normal, se pavoneaba ante Alex, se burlaba de él. Era confuso, no había forma de saber si le atacaría por delante o por detrás, ni cuándo. Era muy rápido y cada vez estaba más cerca. Pero él tenía algo con lo que aquel hombre no contaba.
Alex simplemente cerró los ojos y visualizó el momento en que le atacaría. Sabía que solo tenía unas décimas de segundo para cogerle, pero ya había hecho cosas así antes, como esquivar golpes viéndolos venir. Entonces abrió los ojos y adelantó su mano derecha y la echó al cuello del ninja justo en el momento en el que había aparecido, el cual ya tenía preparada la espada cogida con las dos manos y en alto para matarle. El hombre ante tal dolor irremediablemente soltó la espada y se cogió el cuello intentando de algún modo desesperadamente soltarse, pero ya era muy tarde. Alex soltó al ninja cuando la piel de su cara empezó a ennegrecerse tanto como su traje y vio que se estaba muriendo. Aunque el ninja quisiera matarle, Alex no estaba dispuesto a hacerlo, pues él no era como los Kurai. Al soltarle miró abajo para observar la situación, donde los soldados ya habían llegado abajo y estaban impidiendo el paso de los Kurai al interior y Jack estaba arrodillado junto a Verónica, la cual ya no respondía.
Entonces Jack alzó la mirada y miró a Alex, este asintió y se dirigió hacia las escaleras que llevaban hasta el último piso, esta vez sin ningún impedimento. El ninja casi no se movía, pero Alex sabía que no lo haría en un buen tiempo, pero no le importaba, ya que en cincuenta años el ninja ya no estaría vivo.
Alex subió las escaleras y vio una puerta entreabierta donde estaba su objetivo, entró y cerró la puerta tras de sí ante los disparos que se oían abajo. Al darse la vuelta vio detrás de él un hombre en una silla de ruedas con un gotero, el cual abrió forzosamente los ojos. Era calvo, muy mayor y llevaba un pijama simple típico de hospital.
–Eres tú… –respiró de forma forzada y con una voz ronca dijo: –. El último que viajará por el tiempo
Alex solo asintió tímidamente ante aquella afirmación.
–Antes de esto… –volvió a respirar de forma forzada–. Recuerda… no desperdicies esta oportunidad. Todo depende… de ti.
Alex estaba paralizado ante la idea. ¿Quién iba a guiarle en el futuro? ¿Qué iba a ocurrir o iba a haber allí? Eran demasiadas las preguntas que le rondaban por la cabeza, pero sabía que no tenía tiempo para aquello.
–Ven –alargó el anciano su mano hacia Alex.
Se escuchó una gran explosión fuera y rápidamente se acercó y le cogió la mano, entonces Alex empezó a sentirse mareado, se sentía muy mal, su vista se distorsionaba, se volvía borrosa, su cuerpo se tambaleaba, sentía que iba a una gran velocidad en el aire, la cabeza le daba vueltas, todo le dolía, quería gritar pero sentía que no podía.
Vio de forma borrosa a una chica, no estaba seguro de cómo era su cara, había algo rosa alrededor de ella… tal vez su pelo… no lo sabía, tenía la vista muy distorsionada, estaba confundido y mareado.
Alex se despertó recordando a aquella chica que había visto en su sueño hacía unos instantes. ¿O tal vez era una de sus visiones? No podía estar seguro de nada. No sabía durante cuánto había dormido, o si aún seguía soñando, o si todo lo de aquel día había sido un sueño. Pero no era así, su vista empezó a aclararse y pudo ver que estaba en el mismo lugar que para lo que a él le parecía un rato antes.
Miró a todos lados, pero no pudo ver al anciano. Todo estaba en silencio. Patosamente intentó ponerse de pie, pero la primera vez no lo consiguió, cayó poniendo la mano en el suelo para no caer del todo, a la siguiente ya pudo ponerse de pie apoyándose en la pared junto a la puerta. Era la segunda vez en el día que se sentía así y no le gustaba nada.
Abrió la puerta y pudo ver las instalaciones tal y como las había visto la última vez, pero todo estaba más oscuro, faltaba luz, la oscuridad era el segundo elemento imperante en aquel muerto lugar.
Miró dentro de la habitación de nuevo ¿De verdad había viajado cincuenta años en el tiempo? ¿Qué ayuda recibiría? Aún no estaba seguro de nada, pero sabía que podía valerse por sí mismo, llevaba toda la vida solo, por lo que aquello no le traería problemas.
Miró abajo y no había ni rastro de los cuerpos de los científicos, de Verónica, de algún soldado o alguien. Solo veía la sangre de los científicos ya ennegrecida por el paso del tiempo que daban más apariencia de mancha en el suelo y en el lugar donde había caído Verónica. Vio sangre en otros lugares cercanos a la puerta, ahí estaban los soldados y Jack. ¿Qué les habría pasado? ¿Jack habría sobrevivido?
Aunque todo eso no importaba, ya que aunque no hubieran caído en aquel momento, todos debían haber muerto o debían ser ancianos.
No se hacía a la idea de que estuviera viviendo aquello.
El único objetivo que tenía claro y en mente… Osore.

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