50 años después

Tumba

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«¿Por dónde empiezo?», pensó Alex.
Estaba solo, no conocía a nadie allí y no sabía que podía haber ahí fuera, así que debía hacer algo, debía ponerse un objetivo.
Apenas había luces encendidas, algunas de ellas parpadeaban constantemente, dándole al lugar un toque siniestro y aterrador, complementado con el imperante silencio. Pero el blanco de las paredes ayudaban a dar un poco de luz, por poca que fuera se agradecía.
Vio una puerta a su izquierda en el mismo tercer piso. Quería inspeccionar todo el lugar por si podía sacar algo de provecho o información, quería tener un punto de partida, un lugar por el que empezar. Si nadie podía ayudarle, debía ayudarse a sí mismo.
Pero se detuvo de repente cuando se dio cuenta de algo:
«Si el objetivo es ese tal Osore… ¿No debería estar también muerto o ser un anciano en todo caso?», pensó.  «Nada tiene sentido… pero debe haber algo más… y lo pienso averiguar», pensó decidido esta vez mientras iba hacia aquella sala.
La puerta estaba abierta, la empujó y vio que era la sala de vigilancia, donde estaban las cámaras exteriores y algunas interiores en los laboratorios. Para su sorpresa aún funcionaban, después de cincuenta años seguían grabando y reportando todo lo que ocurría. Pensó que se lo habrían dejado encendido, que se habrían olvidado de apagarlo… habían mil opciones que no le importaban. Pero por mucho que mirara estaba todo muerto, no había rastro de nadie ahí fuera, estaba todo oscuro. Pensó que sería de noche o estaría nublado. Aunque tampoco le importaba en aquel momento.
Se dispuso a salir de aquella sala al ver que no había nada de su interés cuando oyó un ruido que provenía de las cámaras, se giró a mirar las cámaras exteriores y entonces pudo distinguir un grito, el grito de una mujer. A toda velocidad pasó una chica por delante de las cámaras y detrás dos hombres que parecían de color negro por completo, como los soldados Kurai que había en la base.
Recordó que antes de llegar a la base, él se había despertado  un poco y pudo ver que saliendo de la base a la derecha había un parque, era hacia allí donde se dirigían. Tenía que ayudarla y el modo era saliendo de allí.
El panel inferior bajo las pantallas tenía algunos botones, necesitaba al menos dos, uno para la puerta interior y otro para la exterior. Pulsó uno de ellos al azar y se encendieron las luces rojas parpadeantes que se encendieron cuando los Kurai entraron. Lo volvió a pulsar para anular el efecto y pulsó otro,  pudo oír un ruido que venía de la puerta interior. Pulsó otro y desde una de las cámaras pudo ver como la puerta exterior se estaba abriendo.
–Bien –dijo en voz baja, satisfecho de tener tanta suerte.
Entonces rápidamente empezó a bajar pisos hasta llegar abajo, pudo ver que ni siquiera la furgoneta estaba allí, se lo habían llevado todo. ¿Pero quién? Eso no le importaba, su primer objetivo era ayudar a aquella chica. Salió a la calle.
El cielo estaba realmente oscuro, había unas nubes negras casi como la propia noche, pero no tenía tiempo para eso. Se dirigió hacia la esquina tras la cual estaba el parque y pudo oír a la chica quejándose, forcejando con ellos para liberarse, pero antes de llegar pasó algo inesperado.
Uno de los dos hombres salió de la esquina disparado y se estrelló contra la pared que había enfrente, quedando inconsciente.
Entonces se dio todavía más prisa para ver qué estaba pasando, cuando llegó a la esquina pudo ver que el fondo era una sombra y de ella salió el otro hombre impulsado arrastrado por el suelo, cayó a sus pies. El hombre estaba inconsciente también.
Miró la sombra y pudo ver un resplandor morado que se desvaneció. Entonces pudo distinguirse cómo una chica daba unos pasos fuera de la sombra, estaba limpiándose las mangas de los brazos, por lo que no se percató de la presencia de Alex, pero tras unos segundos levantó la vista y lo vio. Entonces levantó su mano apuntándole con ella y en su mano apareció un resplandor morado.
La chica tenía el pelo rosa, con pupilas moradas, como el resplandor de su mano. Tenía una camiseta morada de manga larga y unos pantalones vaqueros algo rotos. Era muy joven, debía de tener la misma edad de Alex.
Ella le miraba extrañada, aquel desconocido no tenía pinta de Kurai y era muy joven. No, ya había visto Kurai más jóvenes que él. Y también sabía que había Kurai infiltrados sin uniforme para confundir a la gente como ella que habían intentado engañarla infinidad de veces. Nunca había confiado en casi nadie, su instinto le decía en quién podía confiar y aquella norma le ayudó a sobrevivir. ¿Pero de dónde había salido? No lo había visto salir de ningún lado y aquel barrio estaba todo abandonado. Tal vez era un refugiado humano que se metió en una casa ajena. Aunque su instinto aquella vez le decía que debía darle una oportunidad a aquel chico y no estaba en desacuerdo.
–¿Quién eres? –preguntó ella con tono amenazador y sin bajar la mano, apuntándole con ella preparada para cualquier movimiento.
Él se sobresaltó ante aquella pregunta, ya que estaba absorto en el pensamiento que tenía desde que la vio. No podía ser, pero aquella chica tenía la viva imagen de… y su poder era del mismo color… aunque todo era posible, ya que acababa de viajar cincuenta años en el tiempo y eso ya era una locura, así que debía intentarlo:
–¿Verónica? –preguntó él intrigado y lo suficientemente alto para que ella le escuchara.
Entonces aquella luz morada desapareció al instante y bajó el brazo dejándolo muerto. Ella se quedó helada… nadie sabía nada de ella, ni siquiera ella misma. Debía averiguar todo lo posible de aquel chico.
–¿Cómo sabes su nombre? –dijo ella impresionada pero intrigada a la vez–. El nombre de mi abuela.
Entonces Alex recordó su sueño… ella era la chica y significaba algo.
Ella le vio muy tímido o muy reservado, aunque ella también lo era y no era de extrañar por los tiempos que corrían. Y la necesidad que había de serlo.
–He venido por que por aquí están las instalaciones donde ella trabajaba hace… –Pero fue interrumpida por Alex.
–Cincuenta años.
Ella empezó a asustarse, tal vez tenía el poder de ver el pasado, o era mentalista, no lo sabía, pero debía averiguarlo.
–Yo… –dijo Alex forzadamente–. Vengo de allí…
Hubo un gran silencio.
–¿Has salido de las instalaciones? –dijo ella sorprendida–. Llévame hasta allí por favor. Tengo que ver el lugar y ver si hay algo útil contra Osore y los Kurai –dijo algo más relajada, pero si bajar la guardia.
–Imposible –susurró Alex.
Se dio cuenta al mismo tiempo que ella no había comprendido lo que quería decir, no solo decía que él viniera de las instalaciones, sino de cincuenta años atrás.
–¿Qué ocurre? –dijo dando unos pasos hacia él con un poco de repentina confianza.
Alex por un momento se vio en la más absoluta confusión, todas las dudas y cosas ilógicas le empezaron a rodar en la cabeza. Osore seguía vivo. ¿Cómo era posible? Muchas dudas más le asaltaron, por lo que se mareó y cayó al suelo sentándose de golpe y haciéndose un poco de daño. Ella se acercó rápidamente a ayudarle, no sabía por qué pero podía confiar en él.
–¿Estás bien? –le preguntó preocupada ella y le ofreció su mano para levantarse.
Él dudó un momento, no por ella, sino por él, pero sabía que podría controlar su poder y le estrechó la mano. Ella era más fuerte de lo que parecía a simple vista y ya había comprobado que sabía defenderse perfectamente ella sola. Era una luchadora nata, como su abuela.
Él la miró a los ojos y le dijo tímidamente:
–Eres igual que ella.
Ella se extrañó.
–Lo sé porque vengo de allí… del pasado. Cuando ella estaba viva.
Ella sacó una gran sonrisa.
–¿La conociste?, ¿y cómo era? –dijo emocionada en un primer momento.
Pero él estaba más pendiente del entorno, estaba empezando a preocuparse por si venían más Kurai.
–Deberíamos entrar, podrían venir más Kurai.
Entonces ella se serenó y asintió, sabía que estaba en lo cierto, se había descontrolado un poco y no podía permitírselo, un descuido como ese podía costarle la vida y la de aquel chico.
Ella le siguió hasta el interior y se sorprendió al verlo. No era como se lo había pintado, pero era el lugar por el cual debía empezar, por fín el lugar correcto.
–Había venido otras veces por aquí… pero siempre estaba cerrado y nunca tuve una indicación exacta de dónde estaba esto, había probado a entrar en algunas casas cercanas, pero nunca acertaba, no veía más que vacío, la oscuridad… pero por fín veo la luz –decía con una sonrisa mientras miraba por todas partes–. Y nunca podía acercarme demasiado por los malditos Kurai. Y cuando he podido ha sido por poco tiempo.
Entonces se percató de que Alex se había quedado quieto con la cabeza agachada y estaba muy serio. Estaba parado frente a una gran mancha negra en el suelo.
–Sí… mi madre me contó que ella murió en estas instalaciones… por los Kurai –dijo triste.
Él se sorprendió al oír aquello, no tendría que darle la noticia, ya que ella la sabía, lo que le quitaba un gran peso de encima.
–Fue por una buena causa. Salvó a los científicos, era muy valiente –dijo Alex en voz baja.
Entonces ella se alegró de saber que realmente su abuela era como le había contado su madre, fuerte y valiente.
–Vamos arriba, ahí están los controles para cerrar las puertas –dijo Alex en voz baja de nuevo.
Se dirigieron hacia el tercer piso. En mitad de la subida hacia el tercer piso ella se presentó:
–Soy Kyra Hill Henderson –dijo con una sonrisa.
–Y yo Alex Miller Gray –dijo en voz baja de nuevo sin detener la subida y fríamente.
A ella le incomodó un poco su frialdad y eso que era ella la que solía incomodar a los demás con su actitud distante y reservada.
Después de sellar el lugar pensaba seguir investigando, intentar averiguar algo, iría a la habitación de Jack que con suerte estaría abierta y podría sacar muchos informes útiles sobre todo lo que estaba pasando y sobre sus padres. Era cierto… Los Kurai interrumpieron aquella conversación. Además, no le había dado tiempo a inspeccionar el lugar, solamente la sala de vigilancia y tras ello salió fuera. Debía explotar todo el material que aquellas instalaciones le proporcionaran. Al igual que a ella.
Llegaron a la sala de vigilancia en silencio, una vez allí ambos se sorprendieron al ver en las cámaras exteriores que un hombre encapuchado se estaba acercando rápidamente a las instalaciones con la intención de entrar. Alex rápidamente presionó los dos botones para cerrar las puertas, pero era tarde, ya había entrado, era rápido como una sombra. Entonces salieron y miraron al nuevo invitado, el cual miró hacia arriba y entonces se deshizo de su chaqueta negra con capucha tirándola al suelo y dejando visible su rostro. Cosa que impresionó a Alex.
–Hola, Alex.
–Imposible… ¿Jack? –se sorprendió Alex al ver a Jack tal y como vio la última vez. Era el mismo hombre. Otras mil dudas le asaltaron sobre su relación con Osore.
–¿Cuánto ha pasado? ¿Media hora para ti? –dijo Jack simpáticamente. Pero entonces se percató de que no estaba solo.
No podía ser… estaba con Kyra, era tal y como la había visto años atrás, pero más mayor, era como Verónica… la había estado buscando desde hacía años y allí estaba, sana y salva junto con Alex. Por fín podía estar tranquilo en ese aspecto.
–¿Jack?... ¿Jack Janderson? ¿Cómo es posible que siga vivo? –le dijo Kyra a Alex.
–Eso digo yo… –dijo perplejo y se dirigió hacia la posición de Jack sin dejar de mirarlo.
Ambos se quedaron frente a Jack sin saber qué hacer o decir. Le miraban como si de un fantasma se tratase o lo que fuera él, todo era posible.
–Sí… se me olvidó contarte algunos detalles –dijo de forma simpática de nuevo.
Su actitud parecía haber cambiado, no aparentaba ser tan recto y exigente como la última vez. Parecía más amable, pero físicamente era el mismo, no había ni una arruga de más en su rostro, no había envejecido lo más mínimo tras cincuenta años, su piel estaba inmaculada, no había sufrido ni un arañazo, era sin duda el mismo.
–¿Le conoces? –dijo Kyra sorprendida.
–¿De qué me conoces tú? –le preguntó Jack.
–Mi madre me habló de mi abuela, lo poco que sabía y sobre esta organización, al igual que un poco sobre ti… pero no sé nada más… ni siquiera de ella –dijo apenada recordando aquel momento.
Jack de repente se dirigió a uno de los laboratorios y ambos le siguieron, allí habían unas sillas para sentarse, cada uno tomó un asiento.
Alex y Kyra se sentaron uno junto al otro frente a Jack. Querían escuchar todo lo que sabía.
–Yo me encargaba de proteger a tu madre… pero un día…
–Entraron los Kurai y se la llevaron, yo solo era una niña, pero me defendí de ellos usando mis poderes... desde entonces soy una perseguida del gobierno –dijo Kyra apenada.
Alex podía comprender a Kyra, había estado sola toda la vida… no había podido confiar en nadie. Sabía cómo se sentía. Solo que ella era algo más desenvuelta.
–¿Cómo es posible que Osore y tú sigáis vivos? –dijo Alex en voz baja y mirándole directamente a los ojos.
Era la pregunta esencial a muchas de sus dudas, pensó que serían inmortales. ¿Pero los dos? Debía escuchar su historia.
Entonces Jack les contó su historia y lo que sabía de Osore, lo poco que sabía. Lo recordaba perfectamente, cada detalle.
 
 
Todo empezó en la batalla de Guadalcanal, en 1942, donde tuvieron su primer enfrentamiento con Osore. Jack y su padre, Jagger Janderson Smith. Se alistaron en el ejército para servir a su país. En aquella batalla se enfrentarían a los japoneses. Pero hubo algo extraño con lo que no contaban.
En mitad de un enfrentamiento, uno de los japoneses de repente se levantó exponiéndose gratuitamente ante las balas enemigas, soltando el arma, extendiendo los brazos, abrazando a la muerte… pero, después de ser acribillado por la lluvia de balas americanas, aquel hombre se levantó de nuevo tambaleándose sin heridas, Jack recordaba lo sorprendente que le resultó aquella escena… no podía creerlo, nadie de los dos bandos, aquel japonés miró hacia todos lados y desapareció entre la jungla.
Al poco Jack y su padre se encontraron con él de nuevo. Era un momento que Jack nunca iba a olvidar, aquel rencor solo se desvanecería con la muerte de Osore.
Jagger sacó un arma de su dibujo cuando estaban descansando, entonces una espada apareció de entre la maleza y se clavó en su pecho. Jack fue a socorrerle, pero sabía que la amenaza estaba cerca y no podía bajar la guardia, debía acabar con aquel que le había hecho aquello cuanto antes para poder atender a su padre. Lentamente y con una sonrisa de satisfacción, apareció de entre la jungla el mismo japonés que había resucitado ante la lluvia de balas, tenía una gran coleta por detrás, un largo bigote que le sobresalía por los lados de los labios y en la barbilla tenía unos largos pelos y el traje de soldado agujerado por las balas. Jack sabía que no podía dispararle, por lo que se dirigió hacia él con el arma para golpearle con ella y dejarle inconsciente. Pero frente a él apareció otra espada que se dirigía hacia él, Jack ágilmente la esquivó, a su derecha vio que otra espada iba a por él por lo que la bloqueó con su arma, entonces esa espada desapareció y otra enfrente de él apareció, aquella iba a atacarle desde arriba, Jack cogió su arma y la agarró con ambas manos por los dos extremos, pero la espada atravesó su arma partiéndola en dos y además, se acercó y le arañó el ojo derecho, dejándolo ciego, aún así no se iba a rendir tan fácilmente, pudo ver que dos espadas se acercaban, una por cada lado, utilizó las partes del arma que tenía para bloquearlas, pero entonces otra espada apareció de frente y le atravesó el pecho aprovechando que lo tenía al descubierto y desprotegido. Jack se debilitó y soltó el arma de ambas manos y aquellas espadas desaparecieron. El otro hombre puso una gran sonrisa de satisfacción y elevó la mano, haciendo que la espada junto con Jack se elevaran. Entonces ambos de miraron a los ojos.
¿Quién… eres? –le preguntó Jack furioso y muy débil.
Él dudó por un momento, pero entonces le dijo mirándole con aquellos ojos de loco que nunca olvidaría:
Osore.
Entonces echó su mano un poco hacia atrás y bruscamente la echó hacia adelante haciendo que la espada se clavara en un árbol junto con Jack, el cual lo único que pudo hacer fue ver cómo Osore se iba lentamente, hasta que no pudo ver nada. Lo último que vio era a su padre, o lo que era su cuerpo, recordaba el odio que le invadía el cuerpo, pero que moría con él, lentamente.
Dos días después despertó con la espada clavada, le dolía muchísimo, nunca nada antes le había hecho sentir tanto dolor como en aquel momento. Se quitó la espada y cayó bruscamente al suelo y la espada desapareció. Su padre había muerto, ya no había esperanza para él.
Pocos días después, un hombre mayor le preguntó sobre su experiencia y le dijo que quería que trabajara en su organización secreta, de la cual al morir aquel hombre, Jack se convirtió en líder. Entonces se dedicó a seguir, reclutar y perseguir a personas con poderes, especialmente a Osore.
Poco después recibió un informe de Japón, donde una mujer había sido asesinada con profundos cortes y su marido, Toshiro Takayama que yacía muerto a su lado, el cual se había suicidado utilizando el Harakiri, suicidándose con una Katana y a su lado, tenía un folio con la silueta de la misma Katana.
Pero no pudo averiguar nada de Osore ni de su verdadero nombre, nada… ni de aquella mujer, lo había borrado todo del mapa… ninguno de los dos existía ya.
 
 
–¿Dibujos? –preguntó Alex.
Pero entonces recordó lo que Jack dijo «he sido creado de forma ficticia». Aquella frase se repetía dentro de su cabeza.
–Tú eres un dibujo…
–¿Qué? –dijo Kyra confusa.
–Mi padre era un artista, ese era su poder… me creó cuando él tenía diez años, al nacer yo ya tenía esa edad. Crecí con él, pero a su muerte… ya no crecía, ni envejecía y descubrí mis poderes demasiado tarde… –dijo Jack apenado al ver mentalmente a su padre muerto–. Osore también es un dibujo y Toshiro era su padre, Osore es más joven y su padre era un poco más mayor… aunque no sé por qué hizo lo que hizo… carezco de datos por completo.
–Así que sois inmortales –dijo Kyra.
–La única forma de matarnos es destruyendo el dibujo original sobre el cual se nos creó y entonces somos mortales. No sé dónde está el suyo… y el mío está oculto, es algo que no puedo deciros ni a vosotros.
Ambos comprendían que no revelaría la localización de su propio dibujo, ya que era su fuente de vida.
–Tus padrastros… dime qué les pasó –retomó Jack la conversación.
Alex se sentía incómodo. Pero aún así sabía que era su turno de hablar, que no pasaría nada por hablar… lo había hecho otras veces y no había pasado nada extraño.
 
 
Su infancia había sido terrible por sus padrastros, una pareja de mediana edad que le adoptó con dos años, era unas personas horribles… le trataban fatal. Era el hijo único, por no hablar de otros lugares, donde también era el centro de burlas. Un día cuando él tenía siete años, sus padres le insultaron más de lo normal y se fueron con el coche para perderle de vista. Antes de irse él les gritó con toda su alma:
Ojalá muráis.
A la noche la policía se presentó en su casa diciendo que sus padrastros se habían matado con el coche. Desde entonces pensó que estaba maldito y no solo por eso, sino porque la noche anterior soñó que ellos se mataban con el coche. Además pensó que aquello que decía se cumplía. Por lo que decidió no hablar demasiado, solo lo justo y necesario.
Fue llevado a un internado, donde un chico al poco de entrar se metió con él, entonces Alex le dio un puñetazo en el pecho. Pero sucedió algo que no esperaba, el pecho de aquel niño empezó a ennegrecer, se había amoratado de una forma grave, su respiración era forzada. Casi murió.
Entonces Alex fue expulsado de aquel internado y fue internado en otro. Donde a los dieciocho le dieron un piso propio.
Desde entonces aprendió a controlar su poder para así poder tocar a las personas, ya que con el simple tacto ya podía dañar a la gente. Aún así, prefería no hablar con nadie ni tocar a nadie por precaución. Ya que no siempre conseguía buenos resultados.
 
 
–Lo siento mucho por ellos –dijo Kyra.
–… Yo no –respondió en voz baja y con la cabeza baja.
Entonces hubo un incómodo silencio durante un momento.
–Tu padre…
Entonces Alex levantó la cabeza, había llegado el esperado momento de saber la verdad sobre sus padres, le contaron que un día un hombre entró en su casa y mató a sus padres. Pero allí estaba la verdad, a unos segundos.
–Era un Degenerador. Travis, tu padre, podía convertir en ceniza todo lo vivo con solamente tocarlo. Por lo que siempre llevaba guantes, para poder tocar a la gente. Pero un día según me contó… tocó a una mujer sin tener los guantes puestos y no le pasó nada… no murió. Al parecer era inmune a los poderes de otros… y vidente por otra parte, pero no era consciente de ello. Diane, tu madre lo supo todo a su debido tiempo.
Entonces Alex pudo saber por qué el no sucumbió ante el poder de John, el hombre de azul.
–Yo recluté a tu padre para que me ayudara a encontrar a Osore, ya que dieron la alarma de haberlo visto cerca de esta base –su expresión cambió radicalmente–. Fue el mismo Osore quien mandó la alarma… mató a todos aquellos que mandé, todos con profundos cortes. Al parecer… Osore le quitó la cartera a tu padre y vio la dirección de tu casa y fue hacia allí no sé por qué. Al parecer tu madre lo vio venir y te dejó con una vecina. Cuando llegué ya era demasiado tarde. Te tuve en mis brazos y al ver que no tenías poderes te llevé a un orfanato. Años después nuestros medidores de energía me llevaron hasta ti de nuevo.
En ese momento lo vio claro. Sabía por qué debía encargarse de Osore, por qué todos querían destruir a Osore, les había arruinado la vida a todos.
–Lo siento mucho, Alex –dijo Jack mirándole. Pero Alex tenía la cabeza agachada.
–Murieron por una buena causa… –dijo en una voz casi extinta.
–¿Cuál? –preguntó Jack.
–Alimentar mis ganas de matar a Osore –dijo en una voz tétrica.
Entonces sus manos empezaron a temblar, las puntas de sus dedos empezaron a hacerse negras y aquella oscuridad se estaba extendiendo.
Recordó cuando les gritó a sus padrastros.
–Cuando les grité a mis padrastros… mis manos se pusieron así… –lo había olvidado, le vino aquella imagen en la cual se asustó de sí mismo–. Y aquel niño… yo inconscientemente sabía lo de mi poder y le quise hacer daño… soy un asesino –empezó a alterarse el tono de su voz.
Jack y Kyra se estaban asustando por ello. Jack nunca había visto a Travis hacer aquello, era completamente desconocida aquella reacción.
Entonces Kyra puso su mano sobre la mano derecha.
–Debes de olvidar el pasado. Aquello ya pasó, ¿lo entiendes? –dijo Kyra seriamente.
Entonces todos miraron las manos de Alex. La mano que había tocado Kyra estaba normal, la otra se estaba estabilizando. Alex se sorprendió ya que en ese momento él no estaba manejando su poder, su poder actuaba por voluntad propia y no había dañado a Kyra.
–¿Lo ves? No eres malo –entonces retiró su mano.
Hubo un momento de silencio por la tensión anterior.
–Tienes la fuerza, tienes esa ventaja. ¿Pero tienes la valentía? –le preguntó Jack.
Alex no lo pensó dos veces y asintió con fuerza, su mano ya se había estabilizado por completo.
–Venid –dijo Jack.
Entonces se dirigieron a la habitación de Jack, la cual estaba cerrada, pero Jack hizo lo necesario para abrir la puerta.
–¿Cuánto hace que no vienes? –preguntó Alex.
–Cincuenta años… he procurado venir a los cincuenta años exactos, incluso sobre la misma hora. Por eso he venido justo a tiempo.
Alex y Kyra se miraron sorprendidos.
Entonces entraron. Estaba igual, no estaba destrozada ni removida como el resto de habitaciones, aquella estaba intacta, nadie había conseguido entrar.
Jack cogió unos informes sobre Alex:
–Tu poder de la videncia viene de un tatarabuelo tuyo, del siglo XVIII, el cual tenía un espectáculo de magia, su especialidad era la videncia… era un mago mujeriego al parecer… por parte de tu madre.
Alex se quedó helado.
–Era por si querías saberlo –dijo con una sonrisa.
Abrió su armario y sacó tres tele comunicadores.
–Tendremos que ponernos nombres clave para que no nos reconozcan… yo seré verde… tú, Kyra –dijo mientras se lo lanzaba–. Serás Violeta… y tú… –dijo mientras se lo lanzaba–. Eres muy callado. Te llamaré… Tumba.

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