El distrito 1

Tumba

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Ya está en la página 2, a ver si llega a la 1, mil gracias por todo el apoyo <3
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Allí estaban, de pie, sabiendo que con aquello empezaba su misión, cada uno por sus motivos, pero con la misma motivación, acabar con Osore y los Kurai al fín.
Jack sacó de su armario, de una pequeña puerta que había dentro del propio armario disimulada ya que tenía el mismo color, un cajón con varios tubos de ensayo y al parecer todos estaban llenos de almas que Jack podía utilizar.
Tras eso, sacó algunos cuchillos que se puso en los soportes que llevaba en la ropa para ellos.
–¿No tienes más armas? –preguntó Kyra.
Entonces Jack cogió uno de sus tubos y le respondió:
–Yo soy mi propia arma, al igual que todos nosotros… además, dudo que en esta base quede alguna arma para tomar, toda la base parece removida y por ahora no habrá nada mejor y nosotros ya somos de lo mejor –dijo con una sonrisa optimista para animar a Kyra.
Ella sabía que llevaba razón, nunca le había hecho falta un arma, ella podía defenderse perfectamente con sus propias manos y Alex también.
Jack ya conoció los poderes de Verónica y si ella también tenía los mismos, podía ser autosuficiente, ya que Verónica nunca había manejado un arma y había tumbado decenas de enemigos. Y al parecer ella también.
–¿Qué pasó…? –entonces Jack y Kyra se giraron hacia Alex–. ¿Hace cincuenta años? –dijo en voz baja.
Estaba intrigado. ¿Los soldados sobrevivieron? Debía resolver aquella duda, quería saber si podía sacar información útil de aquello.
Jack respiró hondo con la cabeza agachada. Lo recordaba perfectamente, aquel momento… aquel sacrificio.
–Al irte tú, tiraron una granada dentro…
–Sí… la oí…
–Pues… retrocedimos y en ese momento los Kurai entraron y nos obligaron a tirar las armas, estaban a punto de ejecutarnos cuando ellos soltaron sus armas y se durmieron de pie.
–¡John! –exclamó Alex al recordar aquel poder.
–David iba con él y se acercó a nosotros que estábamos ya a punto de irnos, pero John… Nos pidió que nos fuéramos… Se notaba que aún estaba débil, no iba a aguantar mucho más y cuando paralizaba con su poder no podía moverse. No podíamos hacer nada más que aceptar su sacrificio… su muerte y hacer que no fuera en vano. Hubiéramos ejecutado a los Kurai mientras estaban indefensos, pero vimos que la calle estaba repleta, no había tiempo… arrancamos la furgoneta y nos fuímos pillando a algunos por delante.
Entonces respiró muy hondo recordando lo que pasó después.
–Cuando salimos de lo que parecía una oscura nube de Kurai, volvieron en sí… y en unos segundos se oyeron unos disparos en las instalaciones.
Alex se quedó paralizado.
–Fue mi culpa –dijo en voz baja.
Jack y Kyra le miraron sorprendidos.
–Yo le debilité –entonces se relajó, pero por dentro estaba rabioso–, pero fueron los Kurai quienes le mataron… Osore le mató –dijo algo alterado aquello último.
Lo tenía claro, tenía otro motivo por el que acabar a toda costa con Osore, al igual que Jack. Pues fue uno de sus hombres. Uno de los mejores y con aquel sacrificio había dado todo su potencial al servicio de la causa.
–Él sabía que si me mataban, reviviría y me atraparían y experimentarían conmigo, me retendrían… o peor aún… me entregarían a Osore.
Todos se quedaron en silencio hasta que:
 –Ah… –Alex se sobresaltó y tembló como si se hubiera despertado de un sueño mientras estaba de pie. Él ya sabía lo que significaba.
–¿Qué has visto? –le preguntó Jack que también era consciente del poder de videncia de Alex.
–… Kurai.
Entonces Alex se dirigió hacia la sala de cámaras, Kyra y Jack le siguieron.
Al llegar pudieron ver que estaba en lo cierto, los Kurai estaban fuera y estaban intentando derribar la puerta a golpes, como se podía oír.
–¿No hay otra salida? –preguntó Kyra preocupada.
Entonces Jack y Alex se miraron, ambos sabían que había una salida alternativa a la puerta principal.
–Vamos –dijo Jack.
Rápidamente se dirigieron a la puerta por la cual los científicos escaparon cincuenta años atrás.
Cuando Jack se disponía a poner la clave para abrir la puerta sonó una gran explosión. Habían derribado la puerta exterior y los Kurai estaban tras la puerta principal y no tardarían en tirarla abajo y Alex lo sabía.
Introdujo el código y pasaron, Alex se quedó el último para cerrar la puerta, antes de cerrarla pudo ver que la explosión siguiente hizo que la puerta saliera disparada hacia la puerta donde ellos estaban, entonces Alex cerró rápidamente y tras la puerta sonó un gran golpe. Y voces de los Kurai furiosos que al parecer no se habían dado cuenta de que ellos se habían fugado por aquella puerta, ya que no fueron hacia ella directamente.
El túnel parecía ser casi recto, pero parecía haber una pequeña bajada, por lo que se colocaban bajo tierra y atravesaban la ciudad de forma subterránea. Todo el interior era de color metalizado por las paredes, el suelo y el techo, donde había cada poca distancia un tubo de luz.
Alex se conocía aquella ciudad, o tal vez la habían cambiado, pero aún así no sabía hacia dónde se dirigían.
–¿A dónde lleva esto? –se adelantó Kyra a preguntar.
–Ya lo veréis –respondió Jack.
Alex se hacía una idea de cómo sería el lugar donde acabarían, debía ser un lugar seguro. ¿Sino dónde iban a acabar unos científicos indefensos?
Al poco tiempo vieron una puerta al final del túnel tras una ligera subida:
–Ya hemos llegado –dijo Jack.
Entonces la abrió.
Alex no podía creer lo que veía. Era… ¿Imposible? Tenía que acostumbrarse a dejar de usar aquella palabra. Aquello le dejó atónito y confuso.
Era la base de la cual acababan de salir. Pero era distinta en algunos sentidos, en la estética: era como cincuenta años atrás, era reluciente, todo blanco, no estaba sucio como el lugar que acababan de abandonar, ni estaba repleto de Kurai, no había nadie allí, no había nada más que silencio y vacío, un vacío tranquilizante pero inquietante a su misma vez.
Estaban en el mismo lugar por el que acababan de salir, la misma puerta de emergencia.
Pero Alex se dio cuenta de algo, no sabía por qué, pero podía ver algo más tras aquel lugar. Se acercó lentamente con la mano adelantada y a los pocos pasos en mitad del aire pudo notar una pared.
–¿Dónde estamos? –preguntó Kyra fascinada ante aquello.
–Esta es una supuesta réplica de la base, por si alguien no autorizado conseguía atravesar la puerta de emergencia. Nadie la mantiene, se quedó así. Así se puede despistar a aquellos que entran –explicó Jack.
–¿Y nosotros podremos salir? –preguntó Kyra.
–Ehm… no recuerdo el camino que hay que seguir –dijo rascándose el cuello y con una sonrisa.
Alex estaba totalmente fascinado ante el radical cambio que había dado Jack, de aquella actitud tan estricta, profesional y de soldado, a aquella. ¿Qué le había pasado aquellos últimos cincuenta años? No importaba, lo importante era que se podía trabajar más a gusto con él, pero aún así en sus ojos se veía su actitud estricta y sus ganas de acción y su seriedad.
–Seguidme –les dijo Alex.
Él podía con su poder de videncia ver dónde estaban las paredes y por donde estaba el camino.
Aunque no le resultó demasiado difícil, ya que giraron un poco a la derecha,  un poco a la izquierda y otra vez a la derecha.
–Ahora… –podía ver un camino todo recto y pequeños obstáculos a los lados, pero que no eran impedimento–. Recto.
Kyra se tropezó y apoyó su mano en el vacío mientras atravesaba una de las mesas que se encontraban en las instalaciones, era algo que se encontraba a la altura de su cintura. Tocó un poco para ver si conseguía averiguar qué era aquel objeto, pudo tocar un poco antes una subida del objeto. Era un asiento. Entonces fue al otro lado y había otro igual, miró dirección hacia donde habían venido.
–¿Esto es una iglesia? –Preguntó ella.
Entonces Alex que había avanzado unos pasos se detuvo y se paró a pensarlo, aunque no le hizo falta.
–Sí… ya lo recuerdo, es cierto. Y si no me equivoco… debería hallarse en la zona abandonada de la ciudad –dijo Jack.
–¿Zona abandonada? –preguntó Alex.
–Me parece que te has perdido unas cuantas cosas –le respondió Kyra con una sonrisa.
–Lo entenderás mejor cuando salgamos de aquí, dinos dónde está la puerta –le dijo Jack.
Entonces Alex continuó y se detuvo enfrente de la puerta, aunque en realidad podía ver la pared blanca de la base, sabía que estaba allí la puerta de salida verdadera.
Cogió el pomo y abrió la puerta.
El cielo seguía oscuro. Las nubes imposibilitaban la visión de las estrellas, o el sol, no estaba seguro de la hora que era, o de si se trataba de mal tiempo.
El lugar era horrible, a primera vista no parecía para nada la ciudad en la que él solía vivir, que era aquella. Se encontró con una calle sucia, la cual se hallaba a ambos lados. A lo largo de toda la calle se podían ver cuatro personas dispersas. Todas ellas tenían un aspecto a juego con la calle.
–¿Qué es esto? –Alex recordaba perfectamente aquella calle, pero era completamente distinta. Los negocios estaban destrozados, todo en general estaba muy descuidado.
–Tal y como he dicho, la zona abandonada de la ciudad. La base es parte también de esta sección ahora –explicó Jack–. Seguidme, os llevaré a un lugar seguro.
Jack puso rumbo a la derecha y siguieron la calle.
–¿Y el cielo? –preguntó Alex.
–Desde hace unos años está así, nunca se ve el sol, desconozco el motivo –respondió Jack.
–Seguro que se trata de Osore –dijo Kyra.
Las pocas personas que se encontraban les miraban con cara de odio y desprecio mientras rebuscaban en la basura o entraban en los locales abandonados por si conseguían encontrar algo útil.
Al poco giraron una calle y escucharon algo de alboroto, al final de la calle había gente pasando. Pero seguían teniendo un mal aspecto en general. En mitad de la calle un vagabundo gordo y barbudo, con unas ropas que parecían trapos, se levantó y se interpuso en su camino con una navaja.
–Dadme todo lo que tengáis –dijo el vagabundo.
–Kyra –dijo Jack con tranquilidad.
Ella le señaló con el dedo y lo empujó desde la distancia poniéndolo contra la pared. Entonces aterrorizado, el hombre se fue corriendo. Dejando la navaja en el suelo.
Tras aquello se dirigieron hacia la gente.
–Este es el mercado central –dijo Kyra.
Se podía ver un mercado de aspecto casi medieval en un ambiente moderno. Una gran plaza con mucha gente vendiendo comida y demás cosas en tenderetes. La ropa general era bastante harapienta y pobre.
–¿Qué ha pasado en esta ciudad? –preguntó Alex mientras atravesaban el mercado y gente que se interponía en su camino para ofrecer su producto.
–No solo en esta. En casi todo el mundo las ciudades se han reducido a cenizas por la gente con capacidades especiales que ansían el poder. La zona de antes era la abandonada, lo fue por ser la zona de guerra, donde ganaron los Kurai y quedó inhabitable. Esta zona no fue destruida, pero estuvo cerca. Es la zona pobre y es la más grande. La zona «buena» por así decirlo está donde se encuentra Osore, donde tiene formada su base junto a los Kurai.
Alex no podía creer el daño que le había causado un solo hombre a toda la humanidad. Debía acabar con él a toda costa, fuera cual fuera el precio a pagar por ello.
–Ya casi hemos llegado. Id por esa calle y a la quinta puerta a la derecha llamad, voy a ver que no hayan Kurai cerca –dijo Jack.
Kyra y Alex se dirigieron hacia una calle que estaba en mitad del mercado y siguieron su indicación. Estaban dudosos de si llamar o no. Pero Alex llamó decidido a la puerta esperando cualquier cosa.
Esperaron un momento hasta que la puerta se abrió y pudieron ver que era un niño pequeño rubio quien había abierto la puerta.
–Hola –dijo el niño.
–¿Dónde están tus padres? –le preguntó Kyra al niño.
En unos segundos el niño señaló detrás de ellos:
–Ese es mi papá.
Ambos se giraron para ver quién estaba tras ellos. La sorpresa fue increíble.
–Hola, campeón. ¿Cómo estás?
–Muy bien –respondió el niño.
–¡¿¡JACK!?!? –saltaron Kyra y Alex al mismo tiempo.
Jack se rió y les invitó a pasar. La casa era bastante pobre, pero no estaba mal. El recibidor constaba de una cocina con una mesa en el centro y dos puertas, una de las cuales debía de ser el baño y la otra la habitación. La casa tenía las paredes pintadas de marrón.
Una de las puertas se abrió y salió una mujer con el pelo largo, liso y rubio. Se acercó a Jack y le dio un beso.
Esa era la respuesta, Alex lo tenía claro. Jack había cambiado de actitud y le había cambiado el humor al hacer una familia, al tener una mujer y un hijo de unos diez años de edad.
–Chicos, os presento: mi mujer, Amber Simons y mi hijo, Jackie. Ellos son Jack y Kyra, vienen conmigo –le dijo a su mujer.
No podían saludar, aún estaban en shock ante aquella sorpresa.
–Nos quedaremos aquí por poco tiempo. Planearemos nuestra ruta y nos iremos. No hay tiempo que perder –dijo Jack de forma decidida.
–Sí –respondió Kyra.
Alex aún pensaba en lo que le había pasado a su ciudad, no tenía perdón. Y aquella era la oportunidad perfecta de vengar la ciudad… y el mundo.

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