Tras la barrera

Tumba

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AVISO, mañana atento todo el mundo a mi perfil, empezaré un proyecto que a toda persona escritora de la plataforma le interesa ;)
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–Vamos a comenzar la operación –dijo Jack indicándole a sus invitados que tomaran asiento alrededor de la mesa.
Amber también se sentó con ellos para escuchar. Mientras Jackie se fue a la habitación.
–¿Dónde está Osore? –preguntó Alex.
–En el tercer distrito de la ciudad –le respondió Kyra.
 –Si estamos en el primero, ¿qué hay en el segundo? –volvió a preguntar. No conocía nada de la nueva ciudad, debía despejar todas sus dudas para conocer el terreno de juego.
–En este primero se encuentran la gente sin aptitudes por decirlo así, en el segundo están aquellos de categoría menor que sirven a Osore. En el tercer distrito está Osore en su base junto a sus guardianes más poderosos –dijo Amber–. En el resto del mundo, las ciudades están divididas en dos, pero está en tres debido a que Osore se quedó en esta.
–Por mí… –dijo Jack–. Soy su objetivo, por eso no se ha ido de la ciudad, porque sabe que aún estoy aquí, lo que nos da una ventaja, ya que no tenemos que desplazarnos, solamente por la propia ciudad.
–¿Has probado a ir hasta allí? –preguntó Kyra con curiosidad.
Ella sabía que la barrera que dividía la ciudad era imposible de romper y traspasar. Era completamente transparente, se podía ver parte de la otra ciudad, pero era imposible pasar por tierra, solo se podía a partir del permiso de los Kurai, ya que esa barrera fue creada con su tecnología y la vigilaban, quién entraba y quién salía. Y ella no había sido capaz nunca de hacer nada contra aquel muro invisible.
–No he podido… solamente hay una salida y está muy bien asegurada por los Kurai. Pero hay un modo.
–¿Cuál? –preguntó Alex ansioso.
–Ehm… La verdad es que no lo sé –respondió con una sonrisa.
Alex estaba pasmado ante la tranquilidad que desprendía Jack en aquel momento. No podía creer que en cincuenta años no hubiera buscado un modo de pasar aquella barrera. Aunque por otra parte podía entender que había formado una familia y no tenía tiempo completo para dedicarle a su venganza contra Osore.
–Aunque tengo a alguien localizado que sabe cómo traspasar las barreras. Se encuentra en el barrio chino de este distrito. Nunca he hablado con él personalmente, hace poco al fín recibí información de dónde se encuentra, cómo encontrarlo y cómo es. Al parecer tiene un negocio de sushi y es el dueño, tiene un gran arañazo en la garganta, eso es todo lo que sé. Debemos ir allí y que nos diga cómo pasar las barreras para llegar al segundo distrito y de este al tercero para alcanzar nuestro destino.
–Eso está cerca de una parte de la barrera –dijo Amber.
–Por ese mismo motivo me creo lo que me han dicho, puede tener algo que ver con la barrera y su solución ya que está próximo.
Tenían un objetivo claro, Alex lo vio bastante fácil, aunque sabía que los Kurai dificultarían el viaje, e intentarían matarles a toda costa. Pero no le importaba, porque sabía que no iban a morir, no iba a permitirlo bajo ningún concepto.
–Muy bien, comemos algo y marchamos –dijo Jack levantándose con una gran sonrisa.
Mientras comían, Kyra no pudo resistirlo y lo preguntó:
–¿Cómo os conocisteis?
Alex también estaba intrigado. ¿No era Jack inmortal? ¿Por qué se había enamorado de Amber entonces?
–Ella me ayudó una vez y…
–¿Perdona? –interrumpió Amber con una sonrisa–. Di que te salvé de los Kurai. Dos Kurai lo tenían rodeado, entonces yo aparecí y les golpeé con una vara de hierro que me encontré. Desde entonces nos protegimos el uno al otro –dijo apoyando su cabeza en el hombro de Jack.
Alex se hizo una idea entonces, era amor. No tenía límites.
Tras aquella pausa se dispusieron a despedirse.
–Esta misión no será como las otras. Esta es fuera de la barrera, tardaré algo más en volver, pero te prometo que me mantendré con vida.
–Sé que volverás, como siempre.
–Claro que volveré.
Entonces Amber y Jack se besaron como si fuera el último beso que fueran a darse.
–Adiós, papá –dijo Jackie.
–Volveré pronto, como siempre. Cuida de tu madre, ¿eh?
–Claro.
Ambos se abrazaron. Jack no quería soltarle, sabía que aquella misión tenía altas probabilidades de que algo saliera mal, como ser capturado. No podía morir, ya que nadie más que él sabía dónde estaba su dibujo, nadie podía romperlo entonces, pero si lo capturaban todo se acabaría. Pero debía ser optimista, iba a volver, sabía que volvería y aquella vez no estaba solo.
–Vámonos.
Pusieron rumbo al barrio chino, su próximo destino seguro.
–¿Está muy lejos el barrio chino de aquí? –preguntó Kyra.
–No es…
Estaban en una calle amplia, donde de repente de una puerta salieron tres hombres cortándoles el paso, uno de ellos era el vagabundo que se habían encontrado y que había intentado atracarles, otro era un japonés joven de pelo corto moreno con una chaqueta negra agujereada y otro, era un hombre de piel morena sin pelo y con ropa pobre.
Detrás de ellos al principio de la calle había otro hombre, bastante flaco, sin pelo también y con ropa estropeada.
Todos ellos menos el vagabundo llevaban una vara de metal improvisada que harían servir como armas.
–Son ellos, ella me empujó sin tocarme, tiene poderes –dijo el vagabundo señalándola.
El hombre de piel morena se adelantó un paso:
–Creo que te has equivocado de distrito, guapa.
Hubo un momento de tensión. Era evidente que habría que pelear para salir de aquella situación.
–Estos son aspirantes a guardianes del segundo distrito, sin poderes pero al servicio secreto de Osore –explicó Jack en voz baja.
Jack entonces vio algo extraño.
–Un traidor entre traidores, ¿eh? –dijo Jack con una maliciosa sonrisa dirigiéndose a los hombres armados.
–¿Cómo dices? –respondió enfadado el hombre de piel morena.
–Tenéis un Kurai entre vosotros.
Jack había visto a aquel japonés un día haciendo patrulla por la ciudad junto a otros, no le cabía duda.
El japonés rápidamente juntó sus manos y empezó a hacer unos extraños movimientos.
–Kuji kiri –dijo Jack.
–¿Qué? –preguntó Kyra.
–Encantamiento ninja. Rápido, abátelo.
Antes de que ella pudiera hacer nada, el japonés empezó a soplar y una gran racha de aire empezó a recorrer aquella calle. Cada vez era más fuerte, casi no podían tenerse de pie.
Pudieron ver entre aquel viento que del japonés salía fuego que se mezclaba con aquel aire. El fuego iba hacia ellos a toda velocidad, nadie podía hacer nada, Jack vio que no tenía tiempo de sacar uno de sus tubos de ensayo para defenderse de alguna forma.
En unos segundos las llamas los cubrieron por completo y aquel remolino de fuego continuaba a lo largo de la calle. El hombre que vigilaba el final de la calle retrocedió unos pasos debido al calor, no veía más que aire bailando con fuego, aliados con un único objetivo, calcinar a aquel trío.
Cuando el aire paró en seco junto con el fuego, la escena fue contraria a la que los hombres armados esperaban.
Un aura morada cubría la zona en la cual se encontraban ellos tres en mitad de la calle, les había protegido de las llamas y de la muerte.
Jack y Alex abrieron los ojos, encontrándose con la sorpresa de que estaban aún con vida, pero aún más se sorprendieron al ver aquella aura morada tan familiar.
Kyra al abrir los ojos vio aquel escudo y se asustó, al hacerlo el escudo desapareció, aprovechó la situación y prosiguió con la orden de Jack. Elevó a aquel japonés y lo estrelló contra la pared, haciendo que cayera inconsciente.
Alex se dio la vuelta y se dirigió hacia el hombre flacucho. Kyra caminó hacia el vagabundo y Jack se dispuso a enfrentarse al hombre de piel morena, el cual se veía muy furioso.
Alex pudo ver el movimiento de su oponente, el cual intentó golpear a Alex elevando su vara e intentando golpearle la cabeza, pero él la esquivó hábilmente y le cogió el brazo, haciendo que el hombre soltara la vara por el dolor. La marca de la mano de Alex se había vuelto negra, aprovechando que estaba adolorido Alex cogió la vara y le golpeó en la cabeza, dejando a su oponente irremediablemente inconsciente.
Al darse la vuelta pudo ver cómo Kyra había dejado al vagabundo inconsciente tirándolo contra la pared.
Jack forcejeaba con el hombre de piel morena, sostenían la vara por encima de sus cabezas, hasta que Jack le dio un cabezazo, se apropió de la vara y le golpeó con ella.
–¿Qué ha pasado hace un momento? –preguntó Kyra cuando hubo tranquilidad.
–Has creado un escudo. ¿No sabías que podías hacerlo? –le preguntó Jack.
–No, no así.
–Como Verónica –dijo Alex.
–¿Ella también podía? –se ilusionó.
Después de todo estaba siguiendo en cierto modo el camino de su abuela, estaba descubriendo sus poderes, solo que tenía que aprender a manejarlo, ya que había surgido casualmente, aunque tal vez se debiera a que nunca había tenido a nadie a quien proteger y no le había surgido aquella necesidad de crear un escudo… ella estaba aún confusa, pero no podían desviarse de su objetivo principal.
–Sigamos hacia el barrio chino, ya estamos cerca –dijo Jack.
Continuaron dejando aquel estropicio atrás.
El barrio chino estaba tan descuidado como el resto del distrito. Aunque había un lugar que destacaba entre todos, una pequeña tienda donde se veía la imagen de sushi.
Kyra se adelantó y entró primero, estaba ansiosa por pasar al siguiente distrito, por saber quién era el dueño y hablar con él.
–Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? –le dijo una mujer china mayor que estaba en el mostrador.
–Quiero pasar al segundo distrito.
–¿Pero qué hace? –dijo Alex que estaba junto a Jack desde la puerta.
–Es normal… su abuela también era así.
Jack sabía que Verónica no tenía demasiada paciencia y que pasaba de las sutilezas y de ser delicada y discreta, ella iba al grano. Kyra era igual.
La mujer se quedó en silencio y miró en todas direcciones para asegurarse de que nadie la había escuchado.
–Espere un momento –la mujer se marchó rápidamente.
Jack y Alex se acercaron a ella.
–Tu abuela también era una impaciente. Pero deberías ser más discreta para otras ocasiones.
–Tranquilo, este método de ser directa casi siempre me funciona.
–Je… eso mismo decía ella.
Kyra se quedó pensativa, era más parecida a su abuela de lo que pensaba. Entonces pensó en su madre. ¿Cómo estaría? ¿Seguiría viva? Pero esos pensamientos fueron interrumpidos con la llegada de la mujer.
–Pasen, el señor Hiroki les está esperando –entonces les invitó a pasar al otro lado del mostrador para que pudieran pasar a la puerta que había detrás. Ella se quedó atendiendo el mostrador.
La abrieron y encontraron a un hombre mayor japonés. Estaba en un gran almacén con varias cajas, olía a pescado.
–¿Sí?
El hombre era tal y como se lo habían descrito, con un gran arañazo en el cuello, era su hombre sin duda.
–Me ha llegado información de que usted puede decirnos cómo pasar las barreras de los distritos.
El hombre empezó a tener una respiración acelerada.
–Sí, es cierto. Yo puedo proporcionar una vía segura para pasar la barrera hacia el segundo distrito. Pero eso les va a costar…
Jack de repente cogió al hombre por la camisa y lo levantó en el aire:
–Esto te costará la vida como no nos digas cómo cruzar la barrera, ese es el precio que yo pongo.
–Está bien, está bien… ¿Veis aquella caja vacía? Retiradla y veréis una trampilla.
–¿Es un camino subterráneo? ¿Y es seguro? ¿No intentarás jugármela, verdad? –entonces le apretó más fuerte la camiseta, dificultándole aún más la respiración.
–Sí… ¿Si no de dónde crees que saco los suministros para mi tienda y saco el dinero? El material que tengo no lo saco de este distrito, sino del siguiente –entonces Jack lo soltó–. Este túnel ya estaba ahí desde hacía muchos años, para llevar el sushi por debajo de tierra, para llevarlo de un modo rápido entre nuestro lugar de aprovisionamiento hasta aquí. Pero cuando pusieron la barrera, coincidió que el túnel quedaba debajo como conexión entre ambos lugares.
–¿Y cómo pasamos la barrera del segundo distrito?
–Eso no es una barrera por lo que he oído, es una muralla, una gran muralla de acero vigilada hasta el extremo.
–¿Cómo la sorteamos?
El hombre se quedó un momento en silencio.
–No se puede.
–Usaremos nuestra imaginación.
Jack retiró la caja y pudo ver que no mentía, había una trampilla
–Gracias por su colaboración, señor Hiroki –dijo Kyra.
–Eso debía decirlo yo, ¿no crees? –dijo Jack con una sonrisa.
Abrieron la trampilla y por segunda vez se metieron bajo tierra.
Aquel túnel era algo más caluroso, pero no debía de ser demasiado largo. Y no lo era, poco después llegaron a unos escalones y abrieron la trampilla para subir.
Se encontraron en un almacén similar con varias cajas. Más adelante había una puerta. Al abrirla se encontraron con una gran cocina, pero no había nadie, estaba todo bastante oscuro debido a la ausencia de luz.
Tras cruzar la cocina salieron al exterior. Estaban cerca del puerto. Se respiraba el mar, la brisa marina, la tranquilidad.
Lo que podía verse era que estaba mucho mejor cuidado que el distrito uno.
–¿Hacia dónde vamos ahora? –preguntó Kyra.
–Eso me gustaría a mí saber.
–¿No lo sabes?
–Tendremos que averiguarlo de un modo u otro. Tranquilos, encontraremos el camino –dijo Jack con una sonrisa.
Ya habían avanzado un paso importante, les quedaba menos para alcanzar su destino.
Aunque Alex no estaba tan lleno de optimismo. Podía ver que algo no andaba bien, que algo no iba a andar bien.
 

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