Capítulo 33: "La idea de la paz eterna"

Note Max ©

visibility

200.0

favorite

0

mode_comment

0


¿Qué tanto le costará a nuestra raza aprender de sus errores? Si bien, tenemos la capacidad para resolver entramados de problemas con innumerables nombres, entonces… ¿por qué siempre tendemos a repetir éstos? El misterio tiene algo ver con la sensibilidad del ser, es decir, hace falta sufrir para adquirir una experiencia, lo cual lo hace un intercambio equivalente y justo. Sin embargo, ¿es realmente esto una ley que debemos sí o sí respetar? ¿Quién nos manda a sufrir? ¿Quién es ese todo que nos comanda? Realmente no podemos decirlo, pero si lo tenemos en cuenta en nuestros pensamientos, es nuestro deber declarar que hay un destino, y que sin dudas también existe para nuestros héroes.
 
La bondad de Léa demostraba su responsabilidad con su reino, pero principalmente, con el mundo. De este modo, podemos decir que la justicia que habitaba en el interior de la princesa, era tan potente, que ahora la había motivado a llevar a cabo un nuevo objetivo, el cual era, no sólo salvar al mundo que conocían, sino que también atraer una paz eterna. Aun así, ¿acaso no era esa idea muy prepotente? ¿Acaso no se convertía en algo tan ambicioso que podría hacer dudar a cualquiera? Quizás sí, pero no a Léa Milenios; la guerrera del sol. Después de que la futura reina llegara a esas conclusiones, obviamente empezó una costumbre que ya tenía bien arraigada, y que por obvias razones, no podían oponerse sus compañeros.
 
Atrapados entre la mancillada aldea, con sus respectivos y aniquilados habitantes, que por supuesto, estaban aún en vida, se atrevieron a dividirse aún con el temor latente de tener la mala suerte de ser separados otra vez. Para desgracia de muchos, y fortuna de otros, la repartición de grupos resultó en algo inusual, pues, se valieron de unos palillos de colores para armarlos. Los conjuntos se vieron constituidos de la siguiente manera luego del juego: Léa se quedó con Zaid, Alik con Diamant, e Iris permaneció en soledad.
 
—Aquí hay algo malo con los grupos —hizo saber el de los mechones dorados.
 
—¿Qué problema te aqueja esta vez, amigo mío? —preguntó Zaid con modestia.
 
—¡Me molesta el hecho de que siempre te toca estar con Léa! —aseveró Alik. Cosas del destino o por influencia de otro ser, Alik nunca, hasta ahora, ha tenido la mínima oportunidad de compartir momentos con la mujer que decía amar, por lo tanto, ¿quién le estaba negando esa oportunidad?
 
—Vamos Alik, no es como si yo quisiera estar a solas con él —declaró la cabecilla de los aventureros.
 
—¡Pues entonces déjame ir contigo! —le rogó el guaperas.
 
—¿Pero… y qué pasará conmigo nya? —preguntó la gata gauchesca.
 
—No pasa nada, Zaid es muy responsable, y también fuerte —le informó la rubia a la de cabellos azabache.
 
—Sin embargo, aunque eso fuera cierto, me gustaría ir con la princesa Iris; ella es la única que se quedará sola, y no veo que se queje por ello —después de decir esto el zorro, le dedicó una mirada acusadora a su amo, quien no había dudado a la hora de quejarse.
 
—¡No me mires así! —le reprochó Alik cruzado de brazos.
 
—Déjalo Zaid, yo estaré bien, sea con o sin compañía, además, simplemente hay que salir a averiguar cuál es la situación que incordia a este pueblo —mencionó Iris.
 
—¡Pero no es justo, yo quería ir con Alik nya! —renegó la gata.
 
—¡Ya basta, los grupos ya están definidos, y no se hablará más! —sentenció la futura reina con mal humor, pues ya estaba cansada de tanta disputa.
 
Al final, Léa quedó con Alik, y Diamant con Zaid, e Iris, simplemente se mantuvo como estaba. Ahora era necesario dispersarse, para poder así averiguar lo que necesitaban saber, por lo que luego de realizar aquella acción, cada quien tuvo la oportunidad de entablar una conversación con algunas de las almas allí establecidas, y en primer instancia, se encontraban Léa y Alik.
 
—Así que… ¿esta es la primera vez que ve a alguien tan bello como yo? —preguntó el pelinegro, quien acompañaba a su alteza, y que seguidamente, apoyó una mano sobre su pecho en un gesto soberbio.
 
—Sí, muchacho. ¡No había presenciado tanta belleza antes en mi vida! —declaró una anciana a la que interrogaban.
 
—Señora, no estábamos hablando de eso —le hizo saber la rubia a la mujer mayor con algo de pesadez. Si bien, a Léa no le molestaba hacer pareja con Alik para hacer ciertas investigaciones, pero lo molesto del asunto estaba en su egocentrismo.
 
—Oh, lo lamento, cierto que estaban preguntando sobre lo que había pasado en este pueblo —ambos asintieron a su respuesta, y esperaron pacientes a que ella les relatara lo ocurrido—. Esto pasó hace cinco años…
 
Por otro lado, la misma historia era repetida para con Zaid y Diamant, quienes estaban hablando con unos niños que cuyas ropas parecían harapos.
 
—Ustedes se han atrevido a ingresar en la boca del lobo —declaró uno de los chiquillos, utilizando una de las frases más populares de la lengua antigua.
 
—Eso es lo de menos —declaró otro—. La verdad es que todo comenzó cuando nuestros guerreros, quienes se atrevían a domar a los dragones más feroces de la comarca, fueron desapareciendo uno por uno, lo cual hizo que de a poco, con el tiempo, este lugar fuera castigado por una de las más temibles criaturas.
 
—¡El feroz Gaikoz! —interrumpió el primero levantando sus brazos con emoción, pero a la vez, reflejando el horror en sus ojos.
 
—¡Ese mismo! —señaló a el segundo muchacho.
 
—¡A mí no me dan miedo los dragones, nya! —mencionó con arrogancia la gata mientras se llevaba sus garras a la cintura y se enderezaba.
 
—No se trata de temerles o no, Diamant, son seres peligrosos —le dijo Zaid a su compañera lo obvio.
 
—¿Ustedes quieren ayudarnos? —preguntó haciendo un puchero uno de los críos.
 
—¡Sí, nya! ¡Haremos todo lo que esté a nuestra mano nya! —la gata sacó su guitarra y tocó apenas unas notas animadas para darles esperanza y alegría a los chicos. Sin embargo, el zorro detuvo a su compañera porque creía que los niños tenían más información para ellos.
 
—¿Pueden decirnos algo más? —preguntó el rubio amablemente.
 
—Sí, antes ese dragón era el sabio que nos entregó el conocimiento para domesticar a los de su especie —ese nuevo dato los sorprendió, así que Zaid volvió a dirigirse a ellos.
 
—¿Por qué él haría semejante cosa? —alegó el rubio.
 
—Porque ellos antes eran tan salvajes, que aun cuando se les rogaba por piedad, no dejaban de atacarnos, pero Gaikoz era el único que no lo hacía, además, poseía la suficiente sabiduría como para discernir entre lo correcto y lo incorrecto, es por ello que intentó racionar con ellos. Sin embargo, cuando se encontró aquel dragón tan sabio con la decepción, decidió que el mejor castigo para su clan, era compartir ese secreto con nosotros, fue así que al mismo tiempo, no sólo fue la solución para detener esos infernales ataques, sino que también para sacar de la pobreza a nuestro pueblo. Pero ahora, estamos nuevamente hundidos en la miseria, y con ello, también en la ruina.
 
—¿Y qué pasó con ese dragón nya? —mencionó Diamant moviendo sus orejas con curiosidad.
 
—Este enloqueció. Ahora baja de vez en cuando para devorar a algún que otro aldeano cada tanto —declaró con temor uno de los chicos. Y esa nueva revelación hizo que Diamant y Zaid se miraran con cierta terror, pero supusieron que quizás ahora el contaminado resultaba ser ese dragón del que se hablaba, por lo que tenían que volver con Léa y comunicarle lo que descubrieron.
 
Por otro lado, ahora las notas de piano nos acercaban a Iris, quien aún se encontraba a la deriva en estas nuevas tierras en busca de alguna luz que le fuera de guía. No obstante, contra todo pronóstico, la joven muchacha no se percató de que en su caminar, sería capaz de quedar atrapada en una ilusión impuesta por su enemigo, quien la esperaba “moribundo” cerca de un hilo que disimulaba ser un riachuelo.
 
—¿Qué es…? —se preguntó a sí misma al notar a algo que se asomaba detrás de un decadente hogar, así que por la curiosidad, ella se acercó algo temerosa, y notó a un albino de rasgos muy finos desmayado justo al lado de las aguas—. ¡Ah! ¿Estás bien? —con prisas: corrió hacia el joven para luego inclinarse a su altura, tomarlo entre sus brazos desde los hombros, y tratar de esa manera brindarle algo de ayuda—. ¿Estás herido? —le preguntó con insistencia, pero a su vez, con ese delicado tono que poseía, y en respuesta, el joven muchacho, empezó a despertar.
 
Unos intensos ojos azul marino se asomaron entre sus parpados, y se fijaron en la chica que ahora tenía de sobrenombre salvadora. Sin dudas, las cosas hubieran estado bien si no fuera porque el chico en lugar de hablarle enseguida como era normal hacer, él la tomó de su rostro y juntó su frente con la suya de manera abrupta, lo cual dejó en jaque los sentidos de la chica, por lo que no supo bien cómo reaccionar.
 
—Que bellos ojos —mencionó en un elegante murmullo el muchacho y, lentamente, sus labios se acercaron a los de Iris con una extraña intensión, lo cual provocó que ella se sonrojara e inmediatamente se viera muy nerviosa, pero no atinando a moverse aún—. También, son muy hermosas esas líneas de inocencia, las cuales dibujan perfectamente tu figura; sin dudas un trabajo excelente por parte de aquel al que llamamos Dios —pero antes de que el muchacho ahogara en lo que parecía ser un beso a la pelinegra, él se detuvo en seco antes de llegar a su comisura, y sus palabras de coqueteo cambiaron a unas llenas de sadismo—. Pero también, cuanta incompetente oculta tanta belleza.
 
Allí, fue el momento preciso en que Iris logró poner sus pies nuevamente sobre la tierra, pues había detectado el peligro, aun así para ello ya era demasiado tarde, debido a que Hakim, quien era el que le había tendido aquella trampa, hizo brillar sus ojos, y sin quererlo, Iris recibió un fuerte hechizo misterioso, el cual provocó que antes de que se desmayara, también sus orbes brillaran en un mismo tono.
 
Hakim, ya una vez satisfecho, se puso de pie, y vio venir a sus subordinados que estuvieron escondidos todo ese tiempo, a quienes se dirigió con molestia.
 
—¿Y bien? ¿Encontraron algo? —los interrogó Hakim acercándose a ellos.
 
—Aún nada, señor —declaró Belfry con un decadente ánimo.
 
 —No sabemos porque la señal de la nota no nos lleva a donde debería —declaró el pelirrojo, quien se cruzaba de brazos por tal incógnita.
 
—Esto no debería pasar —declaró Hakim, quien imitó el accionar de Samael—. Con toda la ventaja que tenemos, deberíamos de ser capaces de habernos ya topado con la Nota Vanguardista —ante el misterio que se les mostraba, no podía eludir su situación actual, es decir, regresar a donde se encontraban sus contrincantes; el grupo de la princesa Léa Milenios.
 
—Quizás eliminarlos nos faciliten más las cosas —aconsejó Samael.
 
—¡Qué estás diciendo hermano! —le mencionó alarmado Belfry ante sus malos consejos.
 
—Quizás sea lo justo. Sin embargo, no han funcionado mis anteriores planes hasta ahora —Hakim miró de reojo a la inconsciente Iris—. Pero…  aún me quedan algunas ideas al respecto, y si esas no funcionan tampoco, entonces cambiaremos de estrategia; confio que para cuando ellos desaparezcan, la Nota Vanguardista surja de las tinieblas.
 
Así fue como la ilusión que había plantado Hakim para Iris, desapareció, y con ella, la presencia de los otros tres villanos, quienes aún tenían maldades que llevar a cabo.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo