El sacrificio + ANUNCIO

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Antes de empezar, he empezado un LIBRO DE RESEÑAS. Si queréis PROMOCIÓN GRATUITA leed las bases del libro que acabo de publicar
PD. La novela ya está en la primera página de la web, mil gracias <3
______
El lugar parecía bastante tranquilo, incluso demasiado.
Estaban frente a la puerta de aquella cocina de pescado, a los lados había otros negocios, aunque no había nadie. No estaban estropeados como en el primer distrito, aquellos negocios parecían funcionar aún, pero nadie estaba trabajando allí en ese momento.
Frente a ellos estaba el mar y el puerto, a ambos lados más adelante había grandes cajas de metal rectangulares. En el puerto había atracada una barca.
–No hay nadie –dijo Kyra mirando hacia todos lados.
Jack no estaba seguro de que fuera tan fácil… debía haber gente, aunque fuera paseando. No conocía las costumbres del segundo distrito ya que eran gente con aptitudes, aún así debía de haber alguien.
–Será un golpe de suerte –dijo Jack tratando de no preocuparles–. Debemos aprovisionarnos y conseguir algo útil. Inspeccionad aquella barca, no podemos romper cristales de negocios, nadie debe saber que hemos venido.
Se dirigieron hacia la barca, pero Jack se quedó abajo.
–Me quedaré y vigilaré que nadie venga, mirad en la cabina a ver si hay algo útil.
Alex seguía con la sensación de que algo no iba a ir bien, a veces su instinto se equivocaba, ¿pero y si no era instinto y era cierto su presentimiento? Por el momento solo podía obedecer y subir a la barca.
El barco no era demasiado grande, la cabina se encontraba a la izquierda a lo lejos, se dirigieron hacia allí y abrieron la cabina para ver si encontraban algo, Kyra de repente cogió a Alex y lo agachó para que no estuviera frente a la ventana de la cabina.
–¡Maldición!
–¿Qué has visto? –preguntó Alex.
–Osore.
 
 
Jack pudo oír un ruido que venía de entre las cajas, entonces se asomó un hombre con un traje negro. Era un Kurai. Se dirigió hacia él y el Kurai huyó entre las cajas.
Cuando atravesó un pequeño camino entre dos cajas se encontró en un amplio espacio rodeado de varias de aquellas cajas y varios pasos simultáneos de Kurai que le rodearon y le apuntaron con sus armas de fuego.
Miró de reojo a la barca y pudo ver que desde allí podía ver la cabina, pero no vio a nadie dentro, debían de haberse agachado.
En ese momento no se atrevió a mirar la cabina de forma directa, no quería delatar la posición de sus compañeros. Él podía ser capturado, pero contaba con ellos para que le ayudaran si caía.
–Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, Jack… viejo amigo.
Jack se giró. Recordaba aquella voz a la perfección, aquella maldita voz que le perseguía en sus pesadillas desde aquel día, desde la guerra.
Allí estaba, sobre una de aquellas cajas, era tal y como lo recordaba entonces, solo que llevaba un kimono rojo, por en medio de el cuello hasta abajo tenía una línea verde, llevaba unos zapatos tradicionales japoneses de madera. En ese momento tenía sus manos unidas delante de él ocultando sus manos y creando una línea verde perfectamente alineada, ya que el extremo de sus mangas también eran verdes.
Al fín le había encontrado, pero no en el mejor momento ni en la mejor situación. Le quería a solas y hacerle sufrir lo que le había hecho sufrir a él aquel día y más.
–Osore…
–Me ha costado mucho encontrarte.
–¿Cómo has sabido que estaría aquí? –no habló en plural para no implicar a sus compañeros, tal vez no supiera que habían ido con él.
–Habéis venido por el túnel. Lo sé desde hace tiempo que existe –él lo sabía, que no estaba solo–. Al recibir un comunicado de que habías derribado a uno de mis hombres en el primer distrito, me dirigí hacia aquí. Dime, Jack, ¿dónde están tus amiguitos? Esa chica y el Degenerador. Él también podría serme útil –entonces sonrió de una forma maliciosa, podía ver su plan mentalmente hecho realidad.
–¿No te entra en la cabeza, verdad?
Osore se extrañó ante aquello.
–Nunca vencerás. No te vamos a permitir que le sigas haciendo daño al mundo por tu capricho, por vengarte del mundo y de tu padre.
–¡Cállate! –se enfadó Osore. No quería oír hablar de él ni de su pasado. Por un segundo volvió al pasado y no recordaba otra cosa que odio, rencor e ira.
Entonces separó sus manos y dejó ver que en su mano derecha llevaba un papel enrollado.
Jack y Kyra escucharon la conversación y al pensar que Osore tendría la vista fijada en Jack se asomaron un poco para ver la escena y pudieron ver aquel misterioso papel, Alex había resuelto su sospecha, ese era el elemento por el que estaba mosqueado.
–No… –dijo Alex en voz baja.
–¿Qué es eso?
En ese momento Osore desenrolló el papel dejando ver su contenido interior a la vista de todos.
–El dibujo de Jack.
Jack quedó paralizado al ver aquello, hacía mucho tiempo que no veía aquel dibujo. Era él mismo, pero de niño.
–¿Cómo lo has encontrado? Nadie más que yo conocía su paradero –dijo furioso.
–Ja… Te conozco lo suficiente como para saber que estaba en la tumba de tu padre. Quien te dio la vida, sosteniendo tu vida, que historia tan bonita fue… mientras duró –dijo con una maliciosa sonrisa.
Hubo un sonido que pareció eterno para todos los allí presentes, era horrible, inundó sus oídos, estremeció sus corazones. Era el rasgado de un papel, de aquel dibujo. Osore había destruido la fuente de vida de Jack, la cual quedó dividida por la mitad en dos partes, las cuales dejó caer y aterrizaron cerca de Jack.
«Ahora soy mortal… ¡Maldita sea!». Pensó Jack con furia apretando los puños. Jamás pensó que se vería en aquella situación, pero había pasado, estaba pasando y debía hacer algo de forma inmediata.
Intentó moverse y hacer algo pero los Kurai le apuntaron y cargaron sus armas, dispuestas para matar.
–Primero tú, luego tus amigos y luego el mundo –empezó a reírse en bajo de forma perversa, lo suficiente para que todos pudieran oírle, estaba contento a rabiar, al fín iba a deshacerse de su enemigo.
–Volveré –dijo Jack con decisión.
–Esta vez lo dudo. Ahora no despertarás –dijo levantando una mano, dirigiéndola hacia adelante y abriendo la mano de forma brusca.
Empezó a invadirle una sensación familiar, ya había vivido aquello antes. Bajó la mirada y pudo ver que tenía una espada clavada en el pecho, que le atravesaba por detrás. Su respiración empezó a dificultarse, la sangre salía de la herida al igual que de su boca cada vez que tosía. Respirar era un infierno, podía sentir sus pulmones siendo invadidos por su propia sangre de nuevo, como en la guerra. Intentó coger el mango de la espada y quitársela, pero era imposible, Osore la empujaba hacia dentro, además sus manos empezaban a no responder, al igual que sus brazos y su cuerpo.
Osore empezó a levantar la mano y la espada junto a Jack empezaron a elevarse también, con lo que su dolor se agudizó aún más. Lo elevó hasta su altura, a la altura de sus ojos, para mirarlo a los ojos a la hora de verle morir, tal y como siempre había soñado que le mataría.
Osore puso una gran sonrisa de satisfacción.
–Adiós… Jack Janderson –entonces cerró su puño de forma brusca.
Otra espada apareció junto a Jack y le puso fín a su vida cortándole la cabeza. Alex y Kyra estaban paralizados, no podían creerlo. De repente Alex agachó a Kyra y la apartó de la ventana.
Osore puso su atención por primera vez en la barca, creía haber visto algo allí,  pero al no ver nada extraño volvió a dirigir su mirada hacia aquel cuerpo inerte, aquello que una vez fue su enemigo. Bajó su mano y las espadas desaparecieron, dejando caer el cuerpo al lado de la cabeza y el dibujo. Era un espectáculo horrendo, aquel hombre, aquel soldado que lo había dado todo había caído ante su enemigo más temido… Todo parecía estar perdido en aquel momento para Alex y Kyra.
Osore veía al fín la luz, podía llevar su plan acabo sin impedimento alguno, podría dominar el mundo sin que nadie se interpusiera en su camino.
–Jum… Vaya desperdicio –dijo Osore con desprecio viendo por última vez a lo que quedaba de Jack–. Vamos, hemos acabado aquí, volved a vuestros puestos habituales. La limpieza se encargará de esto.
Osore saltó y bajo sus pies aparecieron dos espadas sobre las que se posó, tras eso se elevó con ellas y empezó a volar hacia la ciudad, dejando su coleta moverse libremente al viento. Los Kurai también empezaron a retirarse obedeciendo la orden de su líder.
Alex y Kyra lo estaban asimilando. ¿Qué les dirían a Amber y a Jackie? ¿Qué les iba a pasar? Estuvieron en silencio unos minutos, los suficientes para que todo el puerto estuviera despejado.
–¿Qué vamos a hacer ahora? –dijo Kyra con una lágrima en los ojos.
Él también estaba apenado, pero solo pudo pensar en ser fuerte e inspirar confianza para que los dos pudieran seguir adelante. Debía asumir la voz cantante.
Abrió la puerta de la cabina y se dispuso a abandonar el barco, entonces se dirigió hacia el cuerpo de Jack.
–¿Pero qué haces? –dijo ella extrañada.
Ambos se quedaron viendo aquel baño de sangre que estaba ante ellos. Alex miró el dibujo y pensó en mil cosas, como intentar unirlo e intentar hacer algo, pero no podía, además, ¿quién iba a ayudarlos en ese distrito? Eran enemigos de Osore y se la tenía jurada, iba a matarlos a toda costa. Aunque se preocupó ante aquel comentario de que él podía serle útil. ¿A qué se referiría? No tenía tiempo de pensar, ni siquiera una respuesta, solo pensaba en hacer aquello que tenía en mente y salir de allí, ya que tal y como había dicho Osore, alguien aparecería por allí para limpiar aquello.
Alex se acercó a Jack y cogió los tubos de ensayos que tenía en el pantalón. Por suerte habían sobrevivido al impacto y estaban intactos, podría usarlos.
–¿Sabes cómo funcionan?
–Solo hay que abrirlos.
–¿Cómo sabrás qué poder hay en cada uno de ellos?
–No lo sé –respondió Alex con pesar.
Era lo único que podía hacer por el momento, aprovechar aquellas almas para absorber su poder, ni siquiera estaba seguro de que fuera a ser capaz de adquirir los poderes de las almas, o que las almas fueran a poseerle a él… pero no tenía otro remedio que creer que podía.
–Tenemos un rumbo seguro ahora, ¿verdad? –preguntó Kyra.
–La ciudad.
Debían seguir adelante, no tenían otro remedio, Jack lo quería así al igual que ellos. Y debían llevar a cabo la misión por él.
Se adentraron en la ciudad y vieron que todo estaba en muy buenas condiciones, era infinitamente mejor que el distrito uno. La gente que veían llevaba ropa normal, como la suya, por lo que pudieron pasar desapercibidos entre la multitud.
Por lo que sabían, todos ellos tenían poderes y eran fieles a Osore, por lo que no podían dejarse engañar por nadie ni debían confiar en nadie. Solo se tenían el uno al otro en aquel momento.
–Deberías coger algo con capucha, si buscan una con pelo rosa te reconocerán enseguida –le sugirió Alex en voz baja para que nadie pudiera escucharles. Aunque su esfuerzo fue en vano.
–¡¡Allí están los traidores!!
Se giraron y vieron a muchos Kurai que empezaron a correr detrás de ellos.
Alex y Kyra iban sin rumbo, no se conocían aquella ciudad. Alex tuvo un presentimiento bueno.
–Por aquí.
Kyra le siguió sin dudarlo y giraron un par de calles, esquivando a gente que no hacía nada para impedir su paso.
–Es aquí pero… –dijo Alex dudoso ante el panorama. Había llegado al lugar que le había dicho su instinto.
–¿Un callejón sin salida? ¿Es este tu lugar seguro? ¿Estás loco? –se puso nerviosa.
Había una puerta a un lado, pero vieron que estaba cerrada.
Las voces de los Kurai se aproximaban, estaban cada vez más cerca. Se apoyaron contra la pared uno al lado del otro mirando hacia la única salida. Estaban preparados para luchar como pudieran. Pero algo les sacó de sus pensamientos.
Alex notó que le habían cogido del brazo izquierdo, Kyra  sintió que le cogían el brazo derecho. Se giraron y vieron dos brazos que aparecieron de la pared y les cogieron, de golpe fueron empujados dentro de la pared.
No pudieron ver nada hasta que salieron de allí. Al abrir los ojos se vieron en un lugar distinto, debía ser el otro lado de la pared en el que se encontraban.
Se encontraron también con un hombre de mediana edad, con pelo marrón corto, su piel correspondía con la de los brazos que habían visto antes. Además de una segunda persona extraña, era un niño de unos doce años con el pelo negro un poco largo.
El lugar era otro callejón, con una puerta a un lado, era un lugar algo oscuro y silencioso.
–Hola –dijo el niño.
Alex no sabía el por qué pero podía confiar en ellos dos. Kyra sentía lo mismo.
–Soy Chris. Mi amigo es Alfonso, es mudo.
Parecía muy simpático después de todo, además les habían salvado de los Kurai.
–Kyra y Alex –dijo de repente el niño con una sonrisa.
–¿Eres vidente? –dijo Kyra.
–Sí, la verdad es que me vienen de un antepasado que era un mago vidente. Y no sé por qué mi poder insistía en traerme hasta aquí y aquí estáis –dijo con una sonrisa.
Kyra miró a Alex a la espera de que dijera algo.
–Yo también tengo mismo ese antepasado… –entonces se dio cuenta–. Somos familia.
Se dibujó una gran sonrisa en la cara del niño. Su amigó también parecía contento de ello. Alfonso volvió su vista hacia la salida del callejón, parecía haber escuchado algo.
–Debemos entrar. Corred –abrió la puerta que tenían al lado y pasaron.
Al parecer estaban en una especie de almacén abandonado, ya que estaba descuidado y sucio.
–Atraviesas las paredes –dijo Kyra dirigiéndose a Alfonso.
Él asintió.
–Por ahora podemos quedarnos aquí hasta que se aclare la situación y los Kurai se vayan –dijo Chris.
–¿No servís a Osore? –preguntó Kyra.
–No. No podríamos servirle tras destruir todo lo que conocíamos, tras… todo el sufrimiento que nos ha causado a mi amigo y a mí.
–¿No es tu padre?
–No. Él me encontró hace mucho tiempo y me cuidó como si fuera su hijo. Desde entonces hemos sido testigos de todo el mal que ha hecho Osore.
Durante unos segundos hubo un gran silencio debido a que se escucharon voces. Tras volver la calma se sintieron por fín a salvo por el momento.
–¿Podríais llevarnos hasta el muro que separa el segundo distrito del tercero? –preguntó Alex.
Hubo un momento de tensión, era evidente que la pregunta no era cómoda para nadie.
–Podemos hacerlo, pero no podremos seguir mucho.
Por un momento visualizó el futuro, antes de llegar al muro, podía verse a sí mismo y a todos murieron de mil y una formas, sin ningún remedio. Su rostro era de horror y espanto.
–¿Podrías ver qué hay más allá? –preguntó Alex.
Chris intentó visualizar qué había tras la muralla, pero no podía.
–Algo me bloquea… la oscuridad en una habitación. Cuanto más nos acerquemos menos podré ver. Desde hace un tiempo empezó a ser así. Desconozco el motivo. Además, no podremos llegar hasta la misma muralla, a partir de cierto punto empezaremos a ser una carga –dijo Chris con tristeza.
–Tranquilo, lo conseguiremos –dijo Kyra con optimismo.
De nuevo, tenían una posibilidad de llegar con éxito a su destino, solo necesitarían valor.

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