El duro camino a la muralla

Tumba

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Pensaron detenidamente sobre la situación en la que se encontraban, un solo error podía llevarlos a la muerte y no podían permitírselo, pues de ellos dependía el mundo entero, para que volviera a la normalidad.
–¿Hacia dónde debemos dirigirnos? –preguntó Kyra.
Chris se quedó un momento pensativo, no veía nada en claro, todo estaba oscuro en su mente, le parecía muy extraño, estaba acostumbrado a ver todo aquello que quería. Pero se le hizo una luz.
–Hacia la parte sur de la ciudad, donde se encuentra la muralla. Los Kurai aún estarán buscando por el puerto y por esta zona, por lo que debemos movernos deprisa y salir de aquí.
–Gracias, Chris. Dirijámonos hacia allí de inmediato –dijo Kyra.
Alfonso salió fuera y miró a todos lados, vigilando por si había algún Kurai, pero estaba despejado por completo. Hizo una señal para que todos salieran. Fueron en silencio entre la multitud para no levantar sospechas. Aunque no sirvió de mucha ayuda.
Llegaron a una plaza desierta por completo, con la única compañía de los edificios que la rodeaban.
–Estamos demasiado al descubierto –dijo Kyra.
Chris se detuvo de repente temblando.
–¿Qué ocurre Chris? –le preguntó Kyra.
–¿Cómo se me ha…? No lo he visto venir.
–¡Todos al suelo, de rodillas!
Eran los Kurai, los tenían rodeados. Eran una decena, todos apuntándoles con sus armas. No había escapatoria posible.
–¡Cogeos todos de la mano! –dijo Chris.
Lo hicieron y los Kurai empezaron a dispararles. Alex cerró los ojos, al abrirlos pudo ver que las balas no les habían hecho nada. «Cuando Alfonso nos tocó pudimos atravesar la pared, ahora podemos atravesar las balas» pensó Alex, aunque no veía el modo de defenderse de ese modo.
Una de las balas mató a un Kurai.
–¡Alto el fuego, las balas no les afectan y llegan a nosotros! –dijo un Kurai.
Alex recordó en ese momento las palabras de Jack: «Tienes la fuerza, tienes esa ventaja… ¿Pero tienes la valentía?». Alex soltó la mano de Kyra. «Me toca a mí ahora», pensó Alex decidido y lleno de rabia.
–¡Disparad al chico!
–¡Alex!
Las balas se convertían en ceniza a pocos centímetros de Alex, extendió las manos hacia los lados y a su alrededor empezó a formarse una densa niebla negra como la propia noche. La niebla cubrió toda la plaza. Ya no se oían disparos, ya no se oía nada.
Al disiparse la niebla solo quedaban ellos cuatro allí, los Kurai se habían desintegrado por completo, solo quedaban sus armas en el suelo. Alex estaba exhausto, casi cayó al suelo, pero se tuvo en pie.
–Vaya, eso ha sido… ¡Alucinante! –dijo Kyra con emoción mientras abrazaba a Alex.
Los dos se miraron a los ojos por un momento.
–Gracias por salvarnos, Alex –dijo Chris.
Ambos rompieron el abrazo.
–Perdona, ¿estás bien? –le preguntó Kyra.
Él solamente asintió con cansancio la cabeza sin dejar de mirarla a los ojos.
–Nosotros… no debemos continuar, ya os hemos dicho hacia dónde dirigiros, ya hemos cumplido con nuestro cometido –dijo Chris apenado–. Ha sido todo un placer ayudaros, espero que tengáis éxito.
–Gracias –dijo Alex con sinceridad y una sonrisa.
–Cuidaos –dijo Kyra.
Alfonso también se despidió con un saludo.
Alex se dirigió hacia el sur, Kyra también iba a hacerlo cuando Chris le cogió de la mano.
–No os fiéis de nadie –dijo en voz baja.
Entonces Chris y Alfonso se metieron en la ciudad.
Caminaron en silencio, pensando en qué debían hacer al llegar a la muralla. ¿Cómo iban a destruirla y a combatir a todos los Kurai que la guardaban? Su única y mejor idea por el momento era, improvisar.
–Así que es cierto. La chica de pelo rosado está en la ciudad. Je… hacía mucho que no te veía, Kyra, amiga.
Ambos se quedaron quietos al oír aquella joven voz de hombre que venía de la nada. Aunque pudieron ver que junto a una pared, había una pequeña luz flotando en el aire, era un cigarro que disminuía de tamaño poco a poco.
Entonces se pudo ver quién lo sujetaba, se dejó ver y era un joven rubio, con el pelo largo y un gorro en la cabeza, estaba apoyado en la pared.
–¿James? –preguntó Kyra.
–Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste. ¿Qué has estado haciendo todos estos años con tu vida, tía? –dijo él alegre.
–Me quedé en el primer distrito, hasta ahora que he podido pasar. ¿Tú cómo has podido pasar al segundo?
–Me colé, dejé a la familia al otro lado, ya no quería estar más tiempo en casa, mis viejos se ponían muy pesados conmigo, ¿sabes lo que te digo, colega?
–…
Alex estaba un poco parado al no saber quién era exactamente aquel chico, aunque tampoco sabía decir si era bueno o malo, no le daba buenas vibraciones, aunque tampoco malas, no sabía interpretar esas sensaciones a ciencia cierta.
–¿Oye, quién es tu amiguito? –preguntó James tirando el cigarro.
–Soy Alex –dijo en voz baja.
–Mola, colega. Había oído que ibas con alguien, me alegra conocerte –le estrechó la mano.
–…
–¿Por qué está tan pasmao tu amigo?
–Él… es así, nada más.
–Oíd, si queréis os llevo a un buen garito en el que estaréis a salvo de esos militares –dijo acercándose y apoyándose en el hombro de Kyra.
–Claro –dijo ella contenta.
–¿Cómo os conocisteis? –preguntó Alex.
–La momia ha hablado, que pasada, tío. Bueno, ella vino a mi casa a refugiarse de los militares, estuvo un par de días y se fue, no hay gran cosa que contar, pero no pude resistirme a venir cuando oí rumores sobre una chica del primer distrito con el pelo rosado, tenía que volver a verte, saber que estabas bien.
–Gracias, es muy amable por tu parte.
–Vamos, vamos, vamos, señoritas. El tiempo es oro, nos están esperando.
Ambos lo siguieron por las calles en silencio, hasta que llegaron a un parque. «Pero…», pensaba Kyra.
–¿Desde cuándo tienes poderes? No los tenías la última vez que…
De repente el parque se llenó de enormes focos que les apuntaban directamente. Había furgonetas, de las cuales pudieron ver que salían muchos Kurai.
–Rendiros ahora mismo –se oyó una voz desde un megáfono–. Estáis rodeados, no hagáis ninguna estupidez.
Cuando Alex y Kyra pudieron recuperar un poco la vista a causa de los focos, pudieron ver a James un poco más adelante junto a un hombre trajeado, el cual le estaba entregando dinero.
–¿Nos has vendido? –preguntó Kyra enfadadísima.
–… –no pudo responder.
–Es culpa mía…
–¿Eh? –se extrañó Alex.
–Chris ya me advirtió que no me fiara de nadie… que tonta he sido. Lo siento mucho, Alex.
–Muy bien, eliminadlos a mi señal –dijo el hombre trajeado.
–Wow, wow, wow ¡Espera, tío! Ese no era el trato. Osore los querrá vivos, eso me dijiste, tío. No puedes contradecir al jefazo –replicó James.
–Te mentí, mocoso. Además, el trato será el que a mí me dé la gana.
–Grrr… –en ese momento James se volvió invisible.
El hombre trajeado rápidamente se apartó de la línea de fuego y dio la señal de disparar.
–¡Kyra! –gritó Alex.
Ella se puso delante de él y generó un escudo, como lo hizo en el primer distrito, defendiendo a ambos de las balas.
–No creo que aguante toda esta lluvia de balas, Alex, debes hacer la misma niebla de antes.
–No… no sé si podré volver a hacerla como antes, no sé si esta vez te afectará.
Al escudo se le hizo una pequeña grieta.
–Hazlo de todos modos. Recuerda esto siempre, confío en ti.
Se dispuso a hacerlo, pero entonces las furgonetas empezaron a estallar, una tras otra y con ellas los soldados de todas partes. Al poco no se oían más disparos, no quedaba ni un Kurai en pie.
Kyra quitó su escudo y miró a todas partes. De entre las llamas apareció James, el cual sacó un cigarro y aprovechando las llamas lo encendió. Se dirigió hacia ellos un poco cabizbajo.
–Dame un solo motivo para no matarte, James –dijo Kyra con tono amenazante.
–Oye… yo…
–Tranquila, es de fiar –dijo Alex.
Ella se tranquilizó un poco, aunque seguía esperando una respuesta satisfactoria.
–Gracias. Bueno, cuando te fuiste de mi casa, al día siguiente los Kurai aparecieron y arrestaron a mi familia por darte cobijo. En ese momento te odiaba con todo mi corazón… –dijo apenado.
–¿Y tú?
–Yo conseguí escapar. A las pocas semanas, me volví invisible por accidente, en ese momento huía sin parar, escapaba de todo el mundo, pidiendo escondite. Entonces lo entendí, te entendí. Tú no eras la mala, sino Osore. Por lo que decidí unirme a los Kurai para hacerles una jugarreta como esta. Por eso decidí hacer esto, porque me dijeron que estabas aquí. Lo siento mucho de verdad. ¿Pero todo ha salido bien después de todo, no? –dijo alegre.
–Bueno… sí, la verdad es que sí.
–Debemos ir a la muralla –dijo Alex.
Se empezaron a escuchar voces y sirenas.
–Seguid por allí y llegaréis en un momento, siento si no os acompaño, pero como me vea, me arrancan la cabeza por traidor, pero ha sido un placer traicionar por vosotros, adiós. Acabad con Osore y liberad a mi familia, la tienen presa, como tal vez a tu madre, ¿no?
Kyra sabía que podía estar allí, junto a otros prisioneros.
–Descuida –dijo ella decidida.
–Gracias –dijo Alex.
James se volvió invisible y tiró el cigarro para que nadie viera la luz de la punta. Ambos fueron corriendo por la calle que les indicó James para llegar a su destino. Al poco llegaron a una amplísima zona donde se encontraba la muralla, era altísima. Se escondieron tras una esquina. Aunque pudieron ver que no había sitio por el que entrar por la muralla, no había una gran puerta, no había nada. «Quizá Osore la pasara volando. ¿Pero cómo pasamos nosotros? ¿La atravesamos?». Pensaba Alex.
–Sé que no hay nada imposible… ¿Pero qué vamos a hacer aquí? Aunque eliminemos a los Kurai seguiremos sin poder pasar la muralla –dijo Kyra un poco confusa.
–¿Necesitáis ayuda?
Los dos se dieron bruscamente la vuelta al escuchar esa familiar voz.
–¡¿Jack?! –dijeron los dos a la vez.

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