La última misión de Verónica + ANUNCIO

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Aunque no se lo creyeran, estaban los tres juntos de nuevo. ¿O era una ilusión? ¿O quizá algún Kurai imitador?
–¿Qué pasa, chicos? Ni que hubierais visto… ¿sabéis qué?, que esa frase está muy anticuada –dijo con una gran sonrisa.
Kyra y Alex se miraron.
–Es él –dijo Kyra con alegría.
–Pero te vimos… –dijo Alex aún atontado de verlo.
–Yo también creí haber muerto pero… recordé algo, solo yo sé dónde está enterrado mi padre realmente. Cogió un dibujo falso de una tumba falsa… por suerte. Debemos aprovechar la ventaja de que Osore no sabe que estoy vivo. ¿Qué me decís, chicos? –dijo alargando la mano con el puño cerrado para que le chocaran.
Se quedaron un poco extrañados ante aquello, pero igualmente le chocaron el puño, quedándose los tres puños juntos.
–Bien, el muro… ¿Cómo lo franqueamos? –preguntó Kyra.
Se quedaron mirando el muro durante un rato, mirando una gran señal grabada en el propio muro, era el símbolo Kurai, una espada con el mango dorado que miraba hacia arriba. De la punta del filo a la mitad estaba cubierta de sangre.
–El símbolo del poder y el miedo… –dijo Jack mirando fijamente el símbolo gigante.
–No hemos visto modo de entrar, solo por arriba o atravesándolo. No estamos lejos, aunque con toda esa seguridad no llegaremos ni a la mitad del camino.
–Kyra… siento haberte ocultado esto durante todo este tiempo, ¿pero más vale tarde que nunca, no? –le dijo Jack.
–¿Eh?
–Alex, dame los tubos, hiciste muy bien en recogerlos. ¿Habéis utilizado alguno?
–No –dijo Alex mientras se los daba.
Jack se colocó todos los tubos menos uno, el cual se lo dio a Kyra.
–¿Qué sientes? –le preguntó Jack a Kyra.
El tubo reaccionó y el interior se volvió de color morado intenso.
–A… abuela.
–¿Verónica está viva? –preguntó Alex repentinamente.
Entonces lo recordó, cuando cincuenta años antes, en mitad de la batalla en aquella sala, Jack se quedó junto a Verónica hasta su último suspiro.
–Cogí su alma antes de morir, me dijo que cuidara de su familia… de ti. ¿Hasta ahora no se me ha dado mal, no? –dijo con una sonrisa.
Ella sonrió también sin dejar de mirar el frasco.
–Escucha, su poder es poderoso, al igual que el tuyo y tenéis el mismo poder… quiero que lo uses para destruir el muro, quiero que fusiones tu poder con el suyo.
Jack le cogió el tubo morado y cogió el tapón.
–¿Estás lista?
–Sí –dijo increíblemente decidida.
Jack lo abrió e hizo que el aura morada se metiera dentro de Kyra. Por un momento no pasó nada, pero de repente se produjo una fortísima luz morada que también pudieron ver los Kurai, los cuales dirigieron sus focos hacia el lugar.
–Ve… Verónica… –dijo Jack sorprendido, no esperaba aquello.
Intermitentemente aparecía Verónica en Kyra, hasta que solo quedó Verónica. Estaba envuelta por completo de una gran aura morada. Ella se sorprendió al verse viva de nuevo, miró a Jack y a Alex con una sonrisa.
–Gracias Jack, por cumplir con tu promesa y Alex… cuida de ella –dijo amablemente–. Voy a cumplir con mi última misión –dijo decidida mientras corría hacia el muro.
Jack y Alex vieron como una inmensa lluvia de balas se dirigía hacia ella, a lo que extendió los brazos e hizo que las balas se volvieran moradas y rebotaran hacia quienes las habían disparado.
–¡Que no llegue al muroo! –se escuchó una voz.
Ella daba vueltas sobre sí misma sin dejar de avanzar con los brazos extendidos haciendo que rebotaran las balas de todas partes. A su vez cuando podía, lanzaba bolas de energía moradas, lo que hacía explosiones de ese mismo color derrotando a los Kurai que alcanzaba.
–Nunca había visto algo así… la fuerza de voluntad de una sola bastaba para derrotar a varios, pero ambas juntas son impresionantes –dijo Jack mirando el espectáculo.
Alex también estaba fascinado ante aquella fuerza, determinación y el espectacular poder de ambas juntas.
Un Kurai gritó algo en japonés y una bala de bazooka se dirigió hacia ella. Verónica se detuvo y la paró en mitad del aire con un solo dedo sin ni siquiera mirarla. Acercó la bala hacia ella mientras le daba la vuelta, puso su mano bajo la bala y la sopló como si de un pétalo de rosa se tratase, los Kurai fueron alcanzados de lleno con el proyectil.
Ella se puso frente al gran muro, puso sus manos en él y se escucharon los gritos de fuerza de Kyra y Verónica, mientras una parte del muro se volvía morado, de un color cada vez más brillante. En unos pocos segundos hubo una gran explosión que hizo huir a los pocos Kurai que quedaban.
Alex y Jack se dirigieron hacia la puerta. De entre el humo apareció Verónica, que caminaba hacia ellos, estaba muy cansada, se tambaleaba un poco, pero se tenía en pie.
–Ha cumplido bien con su última misión, soldado. Puede descansar –le dijo Jack orgulloso de ella.
Ella sonrió y perdió el conocimiento cayendo en brazos de Alex. Verónica se desvaneció apareciendo Kyra de nuevo, mientras el aura morada se dirigía hacia arriba, desapareciendo.
–¿Estás bien, Kyra? –preguntó Alex.
Ella tenía una lágrima en los ojos pero una sonrisa en el rostro.
–Mi… mi madre está viva… me lo ha dicho mi abuela –dijo ella inmensamente feliz.
–Pues la encontraremos –dijo Alex decidido.
Kyra poco a poco se incorporó y miró el muro, que tenía un gran agujero para poder pasar.
–Lo consiguió –dijo ella.
–Lo conseguisteis –dijo Jack poniéndole una mano en el hombro–. Ahora, vayamos al tercer distrito, a encargarnos por fín de Osore.

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