Una vida sin ser amado (Terminada)

Géneros: Romance

Tags:

Amor
Drama
Recuerdosdelavida
Amornocorrespndido
Romance

La historia cuenta la vida de Connor Brown que desde sus inicios ya demostró que su vida solo había sido diseñada para sufrir.

Capítulo 1

Una vida sin ser amado (Terminada)

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Si me dieran la opción de regresar al pasado para cambiar mis actos y así evitar mi muerte, lo rechazaría sin dudarlo. Ashera solo me amó en el momento de mi muerte. Y, aunque yo no siga en el mundo de los vivos, prefiero que quede presencia de ese amor que parece que tuvo por aquellos recuerdos de nuestra infancia queden presentes en lugar de seguir viviendo una mediocre vida que yo seguiría viviendo sin saber lo que significa amor.
“Por si os lo preguntáis”, soy Connor Brown y lo que os voy a contar a continuación es la historia de mi vida.
Todo empezó un 30 de Agosto del 2000, o al menos es desde donde puedo empezar ya que fue el día que un hombre me rescato de un contenedor y me llevó a un orfanato donde viviría ahí durante mis primeros años. Fui un chico que aprendía rápido, a los 4 años ya sabía leer y escribir aparte de actuar de una manera más madura que los demás niños.  Por esa manera de actuar los niños del orfanato decidieron hacerme a un lado, tal vez esa sea la razón del por qué empecé a desarrollar este carácter frío. Aunque semanas después un chico decidió sentarse a mi lado en la hora de comer. Me extrañaba que hiciera eso ya que todos los demás se alejaban de mí como si fuera un bicho raro. Y entonces eso silenció se interrumpió al preguntarme:                              
— ¿Por qué estás siempre solo?
Le dije sin mirarle:
— Es obvio. Los demás se sienten inferiores a mi ya que mi capacidad intelectual es superior a la suya y creen que la única manera de ser superiores a mi es juntándose entre ellos y desplazarme, pero lo único que consiguen es que destaque aún más de lo que hago.                                               
El chico extrañado me dijo:
— Hablas como los adultos así que no te entiendo.
Cambiando de tema me dió por preguntarle:
— ¿Y tú quién eres?
— Es verdad que maleducado que soy, me llamo Edward Adams aunque puedes llamarme simplemente Edward. ¿Y tú cómo te llamas?
— Connor, Connor Brown.
Aunque en ese momento el niño me estaba incordiando y solo deseaba que se alejara de mi, ahora que tengo todo el tiempo del mundo para pensar puedo darme cuenta de en el fondo lo llegue a caerme bien.
Pasaban los días y Edward venía siempre a mi lado a la hora de comer para hablarme de como le había ido el día, yo únicamente me limitaba a escucharle y asentir con la cabeza. Era un niño muy hiperactivo pero inocente, se veía que no tenía malas intenciones ya que tenía mis sospechas de que fuera enviado por los otros niños para fastidiarme aún más si cabe.
Pasaron dos años y Edward y yo nos volvimos más cercanos, éramos grandes amigos pero no sabíamos que nos tendríamos que separar. Lo que recuerdo como si hubiese sido ayer, era un jueves lluvioso y por primera vez Edward no estaba a mi lado en el comedor. Fui a preguntarle a una de las encargadas del orfanato el por qué no estaba Edward. Pensé que se habría puesto enfermo pero esa idea rápidamente se despacho cuando me dijo que un matrimonio lo había adoptado y que ya no volvería. Me quedé sin palabras, por primera vez tengo a alguien en el que podía confiar y no lo volvería a ver nunca más. Podreis creer que las encargadas serían amables conmigo pero la verdad es que los otros niños levantaron calumnias en mi contra y las encargadas decidieron creerles sin siquiera preguntarme si lo que decían era verdad.
Una vez más volvía a estar solo, ya no podía confiar en nadie todos eran escoria para mi. Los días volvieron a ser los mismos de antes,  aislado de los otros y esos mocosos con complejo de inferioridad mofándose de mí. Al menos eso era lo que yo creía. Una semana más tarde la dueña del internado, la señora Margaret, me dijo:
— Enhorabuena jovencito, vas a tener un nueva familia.
Lo decía con una sonrisa más falsa que se veía venir que lo que más deseaba en el mundo era que yo me largara de aquel lugar.
Yo en principio también lo deseaba, pensaba que una familia sería mejor que estar aguantando a unas viejas amargadas y a unos niños subdesarrollados. Pero ese deseo se desvaneció al ver la cara de ese matrimonio, tenían una cara demasiado amigable sobretodo la mujer; podríais pensar que eso es bueno, que al fin iba a tener a alguien en mi vida que me iba a querer, pero no sé porque me hicieron desconfiar de ellos. Tal vez porque no tenían la misma cara amable de Edward, fuera como fuera tenía que ir con ellos y no había un no por respuesta. Solo necesité subirme al coche para confirmar mis sospechas.                                                                
— Oye Maryse, ¿compraste mi tabaco?
Atemorizada respondió:
— No, no me acordé.
Dándole un bofetón el hombre empieza a gritarle a la mujer como si hubiera hecho algo imperdonable, eso a mi me dejó en shock ya que jamás había visto que un hombre le pegué así a su mujer. Mi "madre" le dijo a mi "padre". — Joseph cariño, te juro que no volverá a pasar.                                                 
La discusión siguió hasta que llegamos a lo que sería mi nuevo hogar. Yo ya me estaba arrepintiendo de haber venido con ellos, pero lo que me esperaba dentro era equiparable al mismísimo infierno. Mi padre se marchó al bar y mi madre se quedó conmigo en casa, le pregunté temerosamente donde estaba mi cuarto para así poder dejar mis cosas y en un tono enfadada me respondió:
— Cállate niño de mierda.
— ¿He hecho algo malo? — Le pregunté asustado.
Nada más acabar de hablar me golpea haciéndome sangrar por la nariz. Ya sabía para qué había venido, había venido para ser el saco de boxeo de una mujer maltratada.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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