La infiltración

Tumba

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__________
Kyra se apoyó en Alex mientras se recuperaba de aquella experiencia. Al poco pasaron el muro y pudieron ver que a lo lejos había una gran torre metálica. Se encontraban en un lugar desolado, donde a lo lejos se encontraba aquella gigantesca torre y un poco antes algunos pequeños edificios también metálicos. Jack y Kyra siguieron caminando hasta que vieron que Alex se había quedado quieto, cabizbajo.
–¿Qué ocurre? –preguntó Jack.
–¿Por qué…? –dijo Alex en voz baja.
Hubo un breve silencio. Alex levantó la cabeza y levantó un poco el tono.
–¿Por qué ahora? ¿Por qué no pudimos detener a los Kurai hace cincuenta años? No he hecho preguntas hasta ahora… pero no puedo soportarlo más. Dime la verdad, Jack.
Jack cerró los ojos, rememorando en su mente aquella escena con la madre de Alex.
–Tu madre estaba aún viva cuando fui a intentar rescatarla.
Alex se sorprendió mucho, Jack le había mentido, pero no importaba, solo importaba la verdad.
–Ella estaba muriendo y pude sentir su poder de videncia dentro de ella, por lo que cuando murió utilicé su alma para poder ver el futuro y lo vi… pude ver que estarías aquí en el futuro y sentía que no era posible detener a Osore en aquel entonces… sino ahora, gracias a ti. Aunque no sé nada más.
Alex sintió como una lágrima le corría las mejillas, pero no tenía tiempo para eso, aún tenía una pregunta.
–¿Y eso de que yo podría serle útil?
–Stella…
A Alex empezó a dolerle la cabeza al escuchar ese nombre, del dolor cayó de rodillas.
–Alex –dijo Kyra preocupada, intentó ayudarle, pero Jack le detuvo por precaución.
–La oscuridad tras la habitación. ¿Se refería a eso? –preguntó Alex.
Él asintió.
–Es además su arma… es una Degeneradora como tú… por eso te necesitaba también, se han dado todas estas condiciones y pude verlo, tú eres el único que puede tocar a esa chica.
Hubo un gran silencio.
–¿Cómo piensa utilizarla? –preguntó Kyra.
–No lo sé… solo sé que puede usarla contra el mundo entero si lo desea… y por desgracia así es.
Jack se acercó a Alex y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.
–¿Derrotarás a Osore? –dijo con una sonrisa. Le estrechó la mano y se levantó–. Nuestro objetivo es llegar hasta esa gran torre que debe ser donde esté nuestro objetivo, pero antes hay que atravesar la base de Kurai que hay antes de la torre.
Los tres se dirigieron hasta un puesto de vigilancia que había antes de los edificios. Jack abrió la puerta y encontró un Kurai.
–Intru…
No le dio tiempo a decir nada, pues Jack ya lo había tumbado al instante dejándolo inconsciente.
–Ahora que lo pienso ¿Los Kurai que están aquí nunca salen a fuera? No hay puerta y Osore es el único que parece capaz de atravesarla –dijo Kyra.
–Puede que… tengan a alguien con la habilidad de Alfonso, que pueda hacer que los demás atraviesen el muro y demás con tan solo tocar aquello que desee que los demás atraviesen –dijo Alex.
–¿Cómo supones eso? –preguntó Jack extrañado.
–No lo sé.
–Aparte, debemos encontrar dónde tienen a todos los prisioneros. Debemos rescatarlos a todos –dijo Kyra.
–Es cierto, Alex. ¿Podrías decírmelo? –preguntó Jack.
–¿Cómo quieres que lo sepa? Veo el futuro, no bajo tierra… –entonces se quedó callado y pudo ver fracciones, pudo ver gente entre rejas.
–Je… sé que cuando dices las cosas sin pensar, es tu poder y esa es la respuesta, bajo tierra –dijo Jack–. Tú, Alex, eres el único que podría moverse por ahí abajo, podrías ver en tu mente el camino o lo que haya ahí abajo y poder guiar a la gente hacia la salida. Y para eso tengo algo útil.
Entonces sacó uno de sus tubos.
–Con esto puedes atravesar cualquier cosa que quieras, puedes ir bajo tierra de forma directa con esto, solo hace falta el lugar adecuado.
Alex cerró los ojos y visualizó.
–Aquí no podría… ha de ser más cerca, donde los edificios con los Kurai.
Salieron fuera y vieron los cuatro edificios que estaban a una distancia de la torre, aunque no se podían rodear.
–Supongo que te acordarás de aquel hombre lagarto que intentó matarte, Alex. Quiero que utilices esto para derrotar a los Kurai, es lo bastante fuerte para destrozarlos, no puede haber más de cincuenta Kurai en total, los edificios son muy pequeños, deben ser como pequeños lugares de descanso y con los mejores soldados –entonces sacó uno de sus tubos y se lo dio a Alex–. Le quité el alma, era poderosa y podía ser útil y ahora lo es y quiero que la uses para derrotarlos.
–¿Podré dominarla? –preguntó él.
–No hay nada que dominar.
–Espera un momento, ¿quieres que vaya él solo? –preguntó Kyra muy preocupada.
–A ti te dejamos sola y te fue bien –dijo Jack relajado.
–Pero esos Kurai solo disparaban, estos se lanzarán a por él con quien sabe qué clase de poderes.
Alex se sobresaltó por un segundo.
–¡Ábrelo, Jack! –dijo Alex alterado.
Jack lo hizo y el aura del alma del hombre lagarto se metió en Alex.
A lo lejos se escuchó un disparo y Alex alargó la mano hasta donde estaba Kyra cerrando el puño, entonces apretó la mano y empezó a salir la bala a modo de polvo de la presión.
–A… ¿Alex? –preguntó Kyra, estaba sorprendida, le había salvado la vida, pero por otro modo le daba miedo.
La mano con la cual había parado la bala empezó a agrandarse, a volverse verde y escamosa, aquello se fue extendiendo al resto del cuerpo.
–Creo que deberíamos meternos dentro, Kyra. Esto no será agradable –dijo Jack mientras cogía a Kyra del brazo y la metía en la torre de vigilancia.
«Los mataré a todos…» pensó Alex dentro de sí. Sentía el aura oscura y maligna del hombre que intentó matarle, aunque le convenía su idea fija de eliminar a los Kurai, mezclada con la sangre fría. «Osore, me las va a pagar todas juntas, pienso destrozarlo», pensó.
De arriba abajo era un gran lagarto con forma humana con la ropa que llevaba puesta, tenía unas grandes zarpas, todo el cuerpo recubierto de escamas verdes y sus ojos eran amarillos, con pupilas de lagarto que brillaban. Se le dibujó una maligna sonrisa en el rostro y fue corriendo hacia los edificios que no estaban lejos. Su velocidad era asombrosa al igual que su visión, podía verlo todo, veía a los Kurai y sobretodo el arma que había disparado, se dirigió directamente hacia el tirador.
Se escuchó otro disparo de la misma arma, pero no le afectó, era inmune a las balas, fue corriendo hacia el hombre que estaba delante de uno de los edificios. Alex pudo sentir aunque no le gustase del todo, satisfacción al coger aquel hombre y sin dejar de correr atravesar el edificio con el hombre por delante, viendo como el edificio caía por completo y como el hombre estaba destrozado completamente. Los Kurai que estaban allí pudieron escuchar una siniestra sonrisa que provenía de aquel endemoniado lagarto gigante.
Uno de ellos se convirtió en un golem de piedra del tamaño de Alex y le pegó en la cara, aunque él no se inmutó, solo se rió más fuerte. Rápidamente Alex le cogió el brazo con el que le acababa de pegar y lo levantó por el aire, entonces lo estrelló contra el suelo y empezó a pegarle, a destrozarle, luego lo lanzó contra otro de los edificios, que quedó destrozado, llevándose algunos Kurai por delante.
Otro Kurai se empezó a mover extremadamente rápido, pero Alex pudo ver por dónde se acercaría, le cogió la cabeza con las dos manos y se la apretó hasta reventarla. Estaba descontrolado, dentro de esa piel solo le importaba la violencia. La muerte era equivalente a diversión para él en ese momento. «Los mataré a todos… a todo el mundo», pensó mientras volvió a emitir un sonido de sonrisa maléfica.
Uno de ellos se puso frente a él y se convirtió en metal, Alex se abalanzó sobre él y lo atrapó. El metal se empezó a volver de color negro, el hombre se retorcía, mientras otros Kurai disparaban o le lanzaban bolas de energía a Alex, pero él no se inmutó, en un momento el hombre se volvió negro por completo y dejó de moverse.
Algunos Kurai se asustaron y retrocedieron, les parecía inmortal, completamente imparable y más poderoso que ninguno de los mejores seleccionados por el mismísimo Osore. Pero uno de ellos, un japonés de pelo largo extendió sus manos hacia arriba y empezó a generar una gran aura de energía que crecía cada vez más, aunque la detuvo al ver que el cielo sobre ellos se volvió morado. Los Kurai intentaron huir, pero aquella gran bola morada se abalanzó sobre ellos, destrozándolo todo y a todos.
–¡Aaaaleeex! –gritó Kyra mientras se acercaba corriendo hacia el lugar junto a Jack.
Había mucho humo, no se veía casi nada y no se oía nada.
–Debe de estar por aquí, debe de ser un lagarto aún y no le debe de haber afectado –dijo Jack nervioso mientras buscaba con la mirada.
–Le he matado, seguro… –Kyra cayó de rodillas mientras lloraba.
–¡Allí está! –gritó Jack.
Vieron al gran lagarto en el que se había convertido Alex.
–Respira, está vivo –dijo Jack.
A los pocos segundos aquel lagarto fue desapareciendo y volvió a la forma original.
–¡Alex! –lo cogió Kyra abrazándolo mientras lloraba desconsolada.
Jack miró al resto, no quedaba ni un Kurai vivo, le parecía increíble el poder de Kyra, había acabado con ellos con una gran bola de energía. Entonces miró a Alex, «es increíble… ha acabado con varios de los miembros más poderosos del mundo, Alex es más fuerte de lo que creía», pensó Jack.
–¿Eh? –dijo Alex mareado por completo.
–Bienvenido de nuevo, chico –le dijo Jack con una sonrisa.
–Debemos darnos prisa, no nos queda tiempo –dijo Alex mientras intentaba levantarse nervioso.
Jack y Kyra lo cogieron.
–Tranquilízate –le pidió Kyra.
Alex se estabilizó mientras pensaba en lo pasado antes.
–Me sentía tan bien matando… –dijo Alex en voz baja.
Ambos le miraron con miedo.
–Me divertía matar… quería sangre y…
–Ese no eras tú, era el alma de ese hombre, pero ahora eres tú y solo tú –le dijo Kyra.
Él asintió, mirando a la torre. A lo lejos se escucharon voces que se acercaban.
–¿Dónde puedes irte bajo tierra? –le preguntó Jack a Alex.
–Aquí mismo.
Cogió el tubo correspondiente para poder atravesar el suelo y lo abrió, unas chispas amarillas se pusieron en él.
–Calcula cuando debes parar, suerte ahí abajo. No te quedes corto ni te pases.
–¿Puede pasar? –dijo Alex nervioso.
–Confía en ti y sabrás qué debes hacer –le dijo Kyra.
Entonces Alex se hundió bajo tierra.
–Espera…
–¿Qué pasa, Kyra?
–Quería… –se escucharon las voces aún más de cerca y empezó a generar auras de energía en sus manos.
–No será necesario –dijo Jack tranquilo.
–¿No? –respondió ella sorprendida.
Dos Kurai se acercaron a ver el lugar, de repente vieron a Kyra con las manos en alto, detrás pudieron ver al japonés que derrotaron en el primer distrito, aunque ellos no lo sabían. El japonés que era Jack apuntaba a Kyra.
–¿Qué ha pasado? –preguntó uno de ellos.
–Ella es la responsable de la bola morada, ¿verdad? –dijo mirando sus pupilas del mismo color.
–Sí, solo yo he sobrevivido y la he capturado, la llevaré con los demás prisioneros.
–No, esta es la que le interesa a Osore –dijo uno de ellos mientras se acercaba a la cara de Kyra– te has metido en un buen lío mocosa.
–Te escoltaremos hasta la torre y la llevarás en el ascensor hasta él.
–¡Sí, señor!
 
 
Alex no podía ver nada más que oscuridad, sabía que pasarían apenas unos segundos hasta llegar al túnel subterráneo en el que debía controlar ese poder y parar. Entonces una vez estuvo dentro paró y se quedó allí de pie, aunque un pie se le había quedado atrapado.
–¿En serio? –dijo nervioso.
Aunque se tranquilizó al ver que solo se había quedado atrapado parte del zapato y podía sacar el pie.
El lugar estaba recubierto de metal y había algunas luces en el techo cada cierto tramo, sin dejar nada oscuro. Visualizó hacia dónde debería ir para encontrar a los prisioneros. Siguió recto por la derecha, dejando su zapato medio enterrado en el suelo atrás.
 
 
Jack y Kyra fueron dentro de la torre escoltados por los dos Kurai.
–Buen trabajo, soldado. Suba y entréguela –le dijo uno de los soldados a Jack.
Las puertas del ascensor de cerraron y entonces Jack volvió a su forma original.
–Justo a tiempo –dijo Jack.
–¿Qué vamos a hacer ahora?
–No lo sé…pero espero que Alex esté bien.
Y allí estaban. En el ascensor ascendiendo hacia la victoria.

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