La hora de la verdad

Tumba

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«Están cerca, lo presiento», pensó Alex mientras caminaba por aquel gran laberinto subterráneo.
–No suelo recibir visitas –sonó una grave voz de hombre.
Alex miró el lugar del cual procedía la voz, no lo había visto venir, quizá le pasaba lo mismo que a Chris.
Era un hombre de piel oscura como la noche, iba vestido de militar, sin pelo y con estrellas tatuadas en el brazo derecho. Era muy musculoso y tenía un arma que apuntaba a Alex. Tenía cara de pocos amigos.
–Me llamo Frank –dijo el soldado.
Alex no dijo nada, solo lo miró con curiosidad.
–¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Quién eres? –dijo el soldado con tono tranquilo–. Relájate, no voy a hacerte daño.
–¿Por qué tienes tatuadas estrellas? –preguntó Alex con curiosidad.
–Porque si aquí abajo no hay noche, entonces yo seré la noche.
–¿Eres de los suyos?
–Depende… para mí no.
–Ayúdame pues a liberar a todos los prisioneros y así verás verdaderas estrellas.
–Como si no lo hubiera pensado, chico. Hay guardias ahí arriba a los que no puedo hacer frente, yo solo sirvo para abrirles el muro y guardar esto, sino lo hago me matarán y también a los prisioneros que guardo.
«Es él», pensó Alex.
–Ahora no hay nadie ahí arriba.
Frank se extrañó.
–¿Qué eres… un monstruo o algo así? –Alex no respondió, no sabía que decir–. Je je. Me caes bien, chico –bajó el arma.
Frank empezó a caminar por un pasillo.
–Sígueme, chico. Llegaremos enseguida.
 
 
Jack y Kyra notaron que el ascensor iba frenando poco a poco hasta que se detuvo por completo.
–¿Preparada para cualquier cosa?
Alrededor de sus manos se crearon auras de un color morado intenso.
Al abrirse las puertas vieron un largo pasillo. Era todo metálico.
–¿Estaremos en lo más alto? –preguntó Kyra.
–No lo sé… subiremos hasta arriba a ver qué encontramos –dijo con el arma por delante.
Al poco vieron que el pasillo se dividía en dos, fueron por la izquierda y encontraron al rato una gran habitación, donde al fondo había dos grandes antorchas que colgaban de la pared, dándole luz a la sala y dejando ver que no había nada. Kyra se dio la vuelta para ir por el otro pasillo, pero Jack se quedó un momento, sintiendo algo que había algo importante, aunque no vio nada y siguió a Kyra.
Por el otro pasillo llegaron a una gran habitación igual que la otra, pero al fondo había una rampa que daba al exterior.
–Demasiado fácil –dijo Jack viendo la situación.
Una persona empezó a bajar de la rampa, iba vestida de Kurai. Tenía gafas, una coleta y era joven.
–Buenas tardes, caballero y señorita. –dijo el joven haciendo una reverencia.
Ambos se quedaron en silencio. «¿Qué pintará aquí este friki mayordomo?», pensó Kyra.
–Les invito cordialmente a que se vayan de esta torre y conserven su vida intacta como hasta ahora. Mi generoso amo así lo desea.
–¡No! –dijo Kyra.
–Por favor, insisto –repitió el Kurai con una sonrisa–. Es por su bien, será mejor para ustedes.
–Será mejor para ti, apártate y dile a tu queridísimo amo que no nos interesa su oferta –dijo Jack.
–Entonces, permítanme con mucho gusto, cumplir con mi cometido. Disfruten del espectáculo –dijo de forma seria.
El joven empezó a temblar, al igual que el suelo bajo sus pies, el joven empezó a retorcerse mientras se escuchaban todos sus huesos romperse.
Ambos retrocedieron unos pasos por precaución ante cualquier cosa que pudiera pasar.
De la boca del joven empezó a salir una gran sombra que una vez fuera, empezó a agrandarse y a tomar forma de bestia.
–Esto no me gusta, prepárate –le dijo Jack.
El joven estaba en el suelo, al parecer sin vida, no podría haber sobrevivido a aquello. La sombra se volvió de un color gris oscuro, era el doble de grande que ellos. Tenía unas grandes garras, una enorme boca y unos pinchos que le corrían desde la cabeza hasta la cola.
–Dime que tienes un plan para esto –dijo Kyra un poco asustada.
–El de siempre.
–¿Cuál?
–Improvisar.
Jack empezó a dispararle, aunque los trozos que le quitaba volvían a su lugar inmediatamente.
–¡Kyra!
Ella empezó a lanzarle bolas de energía, los trozos volvían un poco más lentos a su sitio. La bestia se lanzó a por Kyra y la esquivó, poniéndose detrás de la gran bestia. Jack le disparaba y Kyra le lanzaba bolas de energía cada uno por un lado, la bestia de enfadó y embistió a Jack, dejándolo inconsciente. Entonces la bestia se giró y se miraron.
La bestia se sorprendió al ver que a Kyra la empezaba a envolver una fuerte aura morada.
–¡Estás muerto, friki! –gritó Kyra con furia.
Fue corriendo hacia la bestia y  saltó atravesándola por completo, haciendo que la bestia se descompusiera por completo, desapareciendo.
–¡Jack! –le tomó el pulso.
–No me grites, que te oigo perfectamente –dijo algo mareado.
–He acabado con la bestia –dijo exhausta.
–No lo dudaba ni por un segundo –respondió él con una gran sonrisa y dolorido.
 Kyra lo ayudó a levantarse y se acercaron al joven, parecía estar muerto, aunque no se pararon a comprobarlo.
Cuando llegaron arriba pudieron ver una especie de búnker con una gran antena encima. Todo el resto de la azotea era enorme y podía verse más allá del muro por la altura a la que se encontraban.
–La habitación –dijo Kyra agotada.
–Stella –dijo Jack–. Debemos sacarla de ahí y…
–Vaya, vaya, vaya. ¿Qué ven mis ojos? ¿Estáis intentando robarme? Ja, ilusos.
Ambos se giraron y vieron cómo Osore subía poco a poco desde la parte de fuera, apoyado sobre dos espadas. Tenía una gran cara de enfado en su rostro, no le gustaba nada ver que el enemigo al que supuestamente había matado seguía con vida e intentaba desbaratar sus planes.
–¿En serio, Jack? Eres imposible, entiende que…
–¡Entiende tú esto! Te lo repetiré otra vez, no puedes ganar. Y además te dije que volvería –le dijo Jack con furia.
–Eso ya lo veremos, tú eres inmortal pero… ¿Y tu amiguita? –se le dibujó una malvada sonrisa en la cara.
 
 
Alex siguió a Frank durante un buen rato por aquellos largos pasillos subterráneos. De repente empezó a temblar un poco el lugar.
–¿Qué ha sido eso?
–No lo sé, chico, pero tranquilo, no queda mucho más.
A lo lejos pudieron escuchar voces de súplica. Al poco llegaron a un pasillo plagado de prisioneros.
–¡Ayuda, por favor! –se escuchaba por todo el pasillo.
Había varias celdas a lo largo de todo aquel largo pasillo. Frank tocó una de las celdas.
–Salid, no tengáis miedo.
La gente pudo atravesar los barrotes y salir al pasillo. Repitió la operación con todas las celdas hasta que salieron todos. Eran muchos los civiles que Osore había apresado a lo largo del tiempo. Todos tenían pintas harapientas y estaban muy sucios. Alex pudo distinguir entre toda la gente a una mujer con el pelo rosado.
–¿Kyra? –preguntó Alex.
La mujer se giró de repente al oír ese nombre.
–No, yo soy Keyra, su madre… ¿Cómo sabes…? –dijo algo mareada.
–Su hija está a salvo, está en esta misma torre ayudando a derrotar a Osore –dijo relajándola.
Ella empezó a llorar de alegría.
–¡Por aquí todo el mundo, hasta el ascensor! –Frank los dirigió a todos por los pasillos.
Una vez llegaron Frank y Alex entraron.
–Aseguremos el exterior por si acaso –empezó a cargar su arma.
Una vez se abrió la puerta, pudieron ver a dos Kurai tirados en el suelo, Frank se adelantó mirándolo todo con su arma.
–Tranquilo, jefe, los he dejado dormiditos.
–¿James? –dijo Alex extrañado. Pudo ver una luz de cigarro.
Entonces se dejó ver.
–¿Los más fuertes del planeta? Jum, vaya unas leyendas urbanas –dijo él relajado tirando el cigarro.
En ese momento se abrió la puerta del ascensor y salieron algunos civiles.
–¿James? –dijo una mujer.
Él se sorprendió mucho al verla.
–¡Mamá! –fue a abrazarla.
También estaban su padre y su hermana.
–Muchas gracias por todo, Alex –dijo James.
–Esta escena es conmovedora, pero debo bajar a ayudar al resto –dijo Frank dirigiéndose hacia el ascensor.
–Espera, ¿podrías ayudarme a cometer una locura?
–Já, me caes cada vez mejor chico. ¿De qué se trata?
A Alex se le dibujó una sonrisa en la cara mientras miraba hacia arriba, no estaba seguro de si resultaría, pero algo le decía que sí.
 
 
Osore se elevó y a su alrededor empezaron a formarse decenas de espadas que les apuntaban. Aunque algo le impidió lanzarlas, se escuchaba un ruido que venía de abajo y se escuchaba cada vez más cerca.
–¡Ese mocoso!
Alex estaba subiendo a toda velocidad la torre por la parte de fuera gracias a Frank que lo elevaba por el metal, atravesándolo. Por la velocidad cuando salió del metal superó la altura de Osore y en el aire empezó a dispararle, por lo que las espadas las utilizó de escudo contra las balas. Kyra atrajo a Alex hacia donde estaban y empezó a lanzarle bolas de energía morada a Osore aprovechando la situación. Alex sin saber por qué también intentó lanzar una bola de energía y le lanzó una bola negra que convirtió en ceniza todas las espadas de Osore, dejando a este con una cara de asombro y desconcierto.
Osore bajó de sus espadas y bajó la rampa corriendo.
–¿Cómo has…? –preguntó Kyra.
–Stella –dijo Alex.
Los tres se dirigieron al búnker y abrieron la puerta. Dentro encontraron a una niña con el pelo negro largo. Estaba al fondo, arrinconada. Kyra se adelantó unos pasos.
–Hola, hemos venido a rescatarte –dijo con una sonrisa–. No tengas miedo.
Stella se levantó y pudieron ver que tenía un cable conectado al brazo.
–Alex, quítaselo –le dijo Jack.
Él se acercó y le quitó la aguja del brazo.
–Esto debilitaba a algunos… yo no quería hacerlo –dijo la pequeña–, me dijeron que le harían daño a mi familia si no me dejaba.
–Tranquila, sabemos que no querías hacerle daño a nadie, pero eso ya se acabó –dijo Alex.
Ambos salieron del búnker y pudieron ver que las nubes negras empezaron a desaparecer dejando que se viera el sol. Entonces Alex pudo ver algo.
–Una habitación con antorchas, allí está Osore ahora.
–Kyra, llévatela de aquí pero no la toques, nosotros nos encargaremos de Osore –le ordenó Jack.
Ella se quedó muy sorprendida al ver que de la rampa subía el Kurai de antes en su forma humana un poco deformado.
–Les voy… les voy a… se arrepentirán de esto… –decía de forma forzada mientras caminaba a duras penas.
Stella le miró y cerró el puño. Entonces el joven se convirtió en ceniza y se esfumó con el viento. Todos la miraron sorprendidos, había acabado con él en cuestión de un solo segundo.
–Rápido, llévatela –insistió Jack.
–Sí.
Los cuatro fueron hasta el pasillo.
–Espera, Alex –le dijo Kyra.
–Gracias por haberme salvado la vida –entonces le abrazó y le besó–. Suerte.
Ambos se miraron a los ojos.
–Vamos, Alex. Nos toca.
Ambas se fueron hacia el ascensor, mientras ellos se dirigieron hacia la otra sala, donde estaría su objetivo final. Y así fue, Osore les estaba esperando al final de la sala, bajo las antorchas. No estaba nada contento.
–Nos hemos llevado a Stella –dijo Jack.
–No me importa, aún tengo a otro que puede sustituir su lugar y es infinitamente más poderoso –miró a Alex de forma perversa.
–Jamás lo haré, Kenichi –dijo Alex.
Osore se quedó temblando al escuchar ese nombre, le vinieron horribles recuerdos.
–¿Cómo lo has sabido, mocoso?
–Lo ibas a decir de todos modos.
–¿Por qué toda esta muerte y todo este sufrimiento Oso… Kenichi? –preguntó Jack.
Él se quedó cabizbajo, recordando todo lo que ese nombre implicaba, odio y rencor.
–Mi padre tenía el don de producir cualquier cosa a través de los dibujos… me creó a mí como única compañía, pues él era huérfano y siempre me hizo pasar por su hermano pequeño. Yo… me enamoré de una chica de la cual también se enamoró mi padre. Un día vi como ese maldito le sacó una rosa de uno de sus dibujos y la besaba. En ese momento decidí ir a la guerra para morir, pero descubrí mi potencial y te encontré. Entonces volví y maté a esa maldita, ante aquello mi padre se suicidó al estilo harakiri, sacando una katana de uno de sus dibujos. Vi que no envejecía más, entonces me decidí a utilizar ese gran don para destruir a la humanidad y hacerla a mi modo y semejanza, para convertirme en el Dios del nuevo mundo –dijo elevando los brazos como si de un Dios se tratase.
–Ese no es motivo para haber provocado todo ese mal –dijo Jack.
–Deberías haberte unido a mí, así le habríamos utilizado para unirlo a la máquina y destruir todas las regiones rebeldes de la tierra. Pero no importa, te capturaré, Alex, y dominaré el mundo. Seré el primero en conseguirlo –dijo con una gran sonrisa.
–No eres el único en pensarlo y no eres el primero en caer ante esa idea –dijo Jack.
–¡Cállate de una maldita vez! –dijo con furia Osore lanzándole una espada a Jack.
Él la esquivó y Alex lanzó otra bola de energía a Osore, este la esquivó y atravesó la pared dejando un pequeño hueco, dejando ver que tras la pared había otra habitación. Osore se preocupó ante aquello.
–¡El dibujo! –gritó Jack–. Está allí dentro. Alex, debes entrar y destruirlo, no importa nada más ahora.
–Sí.
–¡No! –replicó Osore con ira.
Allí se hallaban, ante la última oportunidad de salvar el mundo, ante la última batalla.

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