Capítulo 7 Orcos

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS

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Morfeo había conseguido ropa para nosotros, ya que no quería salir de la cabaña para no ser descubierto aún por los Orcos, ya que ellos olían la sangre humana, por lo que al regresar este pude ver como trajo una camisa de manga larga gris, un chaleco negro, unos pantalones, botas negras y una capa.
Al ponerme todo arreglé mi cabello hacia atrás ya que lo tenía corto de los lados, pero largo de arriba, tome mi espada con su apreciada vaina y tome camino hacia Athos, en donde Morfeo ya estaba subido en postura de caballero.
—Lamento no poder llamarte príncipe esta noche, pero en verdad te ves como uno, espero nadie descubra que eres el rey Arthur, pero nunca bajes la guarda, además hoy es una noche importante, conoceremos a los Orcos, y si es posible al jefe de la legión, tenemos que descubrir como es el vínculo que tiene la reina.  —Menciono este al subirme al caballo y terminaba de abotonar mi camisa —
—Claro, aunque ellos huelen la sangre humana, es imposible que no me vean, a menos que la reina me defienda, cosa que dudo mucho — Morfeo sonrió cuando dije eso y luego negó seguro de lo que iba a decir este.
—No te preocupes, hoy no mueres, al menos no aún que yo recuerde —Comentó este tomando las riendas del cabello sacudiéndolas para ordenarle al caballo que empiece a correr hacia el castillo de las hermosas reinas.
En el camino veíamos a los seres mágicos caminar hacia donde sería la fiesta de la paz, todos iban bien elegantes, felices, en parejas u otros en familia.
Era bonito ver eso, aunque fueran seres mágicos se les veía como si fueran personas normales, si no fuera por sus orejas y por todo lo que hacen, hagan lo que hagan ya que apenas sabía de ellos.
Al dejar al caballo afuera amarre sus riendas justo en un árbol en las afueras del salón, sentía varias miradas de los Elfos como si me tratase de algo extraño por lo que camine a la par de Morfeo.
Entramos hacia aquel asombroso salón en donde varias personas bailaban, no podía creer lo que veía, hadas volaban hacia el bufet, niños elfos corrían por el lugar, los centauros cuidaban las entradas, brujos hablaban entre ellos, era fácil identificarlos con esas grandes túnicas con toques brillantes y anillos en los dedos y algunos cambiantes de forma, estaba en un sueño hecho realidad con personajes que nunca creí haber visto.
Buscaba con la mirada a Edrielle, ella estaba con un grupo de hadas con una copa con liquido de algo, de seguro era de algo mágico que tomaban aquí, pude ver como aparecía Valerie entre todos con un vestido rosado, aquella chica morena de piel, no mucho, sus dos camanances, su cabello liso corto hasta sus hombros de color negro, buen cuerpo la cual llego hasta enfrente de nosotros saludándonos de un beso en la mejilla de cada uno.
—Miren quien tenemos aquí, a Morfeo, y a Arthur, “El cazador” o más bien dicho, el salvador del pueblo, o al menos así te dicen aquí, aunque pocos saben que no eres mágico, pero si valiente —Su mirada se fue a Morfeo, solo que esta lo vio fijamente por lo que sonreí, algo tramaban esos dos —
—Tu debes ser Valerie, al igual que Morfeo veo que eres la “Diosa de la fantasía” —Comenté de manera amable sonriendo poniendo las manos en mi cintura viendo como aquellos dos tenían sus dos ojos el uno al otro.
—Si, ella es la que te mencioné, digo, la que me ayudo a captura al minotauro cuando estuvo apunto de cortarme la cabeza y jugar con ella toda la noche —Este trato de hacer una broma la cual solo ellos rieron y yo solo sonreí negando volteando la mirada de nuevo hacia Edrielle.
Estaba tan hermosa, esta vez tenía un vestido negro, con pequeñas líneas blancas desde el muslo hasta su torso simulando raíces, su corona, unos guantes delgados, sus labios no estaban maquillados, solo sus mejillas.
Ella reía como si nada, como si nada importara, ella conversaba con las hadas y un cambiante de forma con ojos de gato, ellas tenían vestidos de colores claros, blanco, verde limón y amarillo, de seguro ellas lo hicieron ya que simulaban en la espalda pequeñas plumas, aparte de sus caras, eran de piel un poco oscura casi como Valerie, pero esos colores les quedaban bastante bien, el cambiante de forma tenía una camisa formal, aunque el era más delgado, le quedaba algo grande esta, y unos pantalones de lona negra con botas, ojos de gato verdes y una sonrisa bastante escalofriante.
Sonreía viéndola, en verdad sus movimientos, su cara divertida ya que se miraba que bromeaba con ellos, me resultaba bastante atractiva que tome iniciativa de ir con ella.
—Ya vengo…—
Le dije a Morfeo y Valerie caminando hacia ella, cada paso que daba mi corazón se iba acelerando y por alguna razón me estaba poniendo nervioso, entre las criaturas caminaba, hasta que un portazo me hizo frenar en seco y voltear a ver.
Todos se quedaron callados y bastante sorprendidos, no podía ver que pasaba hasta que vi lo que estaba esperando ver hace días…
Orcos, bestias grandes, cuerpos verdes fornidos, con colmillos saliendo de su boca, rígidos de cuerpo caminando, cada pisada se podía escuchar de los cuatro que entraban observando a todos los que estábamos ahí, eran grandes se podía decir que el más grande casi me doblaba el tamaño, el cual llevaba el torso destapado, solo con un pantalón de tela que le quedaba a la perfección, un mazo en la mano el cual arrastraba por el suelo, su cabellera risada con una pequeña trenza hasta su nuca, y en sandalias como si anduviera en su casa.
Se notaba el terror en las personas aquí, los demás orcos eran parecidos a él, solo que de menor tamaño y no tan fornidos como el, pero se notaba que era el líder, el de menor tamaño era casi del mío, aunque su mirada simulaba superioridad como si fuéramos alguna basura.
Di un paso hacia atrás sintiendo un poco de temor a que supieran que había un humano dentro, aunque estos comenzaron a notarlo, podía notar como se dilataban los agujeros de sus narices olfateando.
—Oh…—Edrielle se subió justo a las gradas para estar a la altura del más grande por lo que con una gran sonrisa de ilusión abrió sus brazos anunciando — Déjenme presentarles a nuestros aliados, Nathaniel, Brheyner y Chamalé… trátenlos como de aquí, ya que tenemos un tratado de paz, uno el cual nos librará con cualquier lucha —Decía esta viendo a todos moviendo sus manos presentándolos uno por uno.
—Hay un humano… lo huelo. — Comentó uno de ellos buscándome con la mirada —
Abrí mis ojos como si fueran platos comenzando a hacerme hacia atrás cada vez más rápido entre todos hasta que alguien detrás de mi grito.
—¡Aquí hay uno! —
Se escucho de atrás de mi por lo que los orcos dirigieron su vista hacia donde estaba yo, sentí la vista del más alto el cual ponía sus ojos de color rojo brillante y caminaba hacia a mí por lo que tomé aire sintiendo aún temor por lo que llevé la mano a la empuñadura por si iba a atacar hasta que este comentó.
 —En este lugar no tendría que haber ningún humano, deben ser acabados en Fruity…. Este no era el trato Dama de negro —Comentó posándose enfrente de mi por lo que podía sentir su vista repasando enfrente de mi por lo que apreté justo la mano como si fuera a sacar la espada, si algo así, comenzaría la guerra entre los dos mundos.
—No, no hagas nada por favor Nathaniel, el nos salvo hoy en la tarde —Comentó Edrielle hasta posarse enfrente de mi con sus manos extendidas hacia el para detenerlo — Se que no era parte del trato, pero hoy vinieron minotauros al local Cabañus —Mencionó defendiéndome.
Este se me quedo viendo hasta que soltó un pequeño gruñido abriendo poco su boca para que pudiera ver bien el largo de sus colmillos.
—No me interesa, ellos deben ser liquidados si no, no habrá trato alguno —Pude ver como la cara de ella cambió a desesperación.
—No necesito que me defiendan, solo vine buscando algo, y veo que ya lo encontré, es hora de que me vaya de dónde vengo —Comenté enderezando mi espalda soltando la espada para luego ladear la cabeza viéndolo serio, aunque dentro de mi había bastante miedo.
—De seguro le avisará a los demás humanos para atacarnos, debe morir —Comentó Chamalé el cual se acerco a nosotros levantando su mazo caminando hacia a mi por lo que justo cuando volví a tomar mi espada Edrielle con su magia hizo de que este se detuviera y volteó a ver a Nathaniel de nuevo solo que esta vez con seriedad.
—Le ofrecí que cuidará el bosque, mi bosque, es mi reino así que yo decido quien se queda y quien no, además no me ha respondido, si no acepta tendrás lo que quieres, si no espero que podamos resolver esto de alguna otra manera, talvez con oro o con algo…— Comentó esta sin cambiar la expresión que tenía, se veía enfadada, todos los elfos y hadas estaban en silencio, pero bastante sorprendidos.
—No quiero arruinarles nada a nadie, ustedes tienen un trato, y yo estoy de entrometido en este lugar donde no pertenezco, reina Edrielle le agradezco mucho, regresaré a…cazar de donde venía no es necesario de que… esto me saque de aquí yo me salgo, la fiesta acabo para mi… —Le dije, aun tenía la valentía de decirle “Esto” al orco el cual su mirada se volvió aún más fulminante.
—Cazador Arthur, no se vaya solo así, no es su culpa…—Comentó esta bajando su mano para quitar el hechizo que le había hecho al orco Chamalé.
—No, pero no me quedaré en donde todos son diferentes —Le dije negando comenzando a caminar hacia la puerta sintiendo la mirada de todos, eran espectadores, aunque entre ellos murmuraban tapándose la boca para que no lea sus labios.
Escuchaba pasos rápidos los cuales eran de Morfeo, no era difícil de saber de quien eran, ya que nadie era tan tonto para detenerme.
—No me detengas Morfeo, perteneces aquí... —Dije sin voltearme y luego hice un movimiento de cabeza a uno de los centauros que protegían la puerta para dejarme salir los cuales arrastraban la enorme puerta hasta dejar una cierta distancia para que pueda salir del lugar.
—¡¿Ves lo que causas?! —Escuché de lejos la voz de Edrielle reprochándole al mayor de los orcos.
Se escuchó un portazo hasta que llegue a Athos el cual pude ver que se alegraba de verme relinchando y pasando su cabeza por mi cuerpo por lo que le abrace esta juntando mi frente a la de él diciendo:
—Hora de volver a casa pequeño, solo pasaremos a traer las cosas a las cabañas— Le dije a él, en un susurro.
Escuche como se abrían las puertas del castillo por lo que voltee a ver quien era, y no podía creerlo, la Dama de negro corría hasta detenerse a unos metros de mi por lo que agitada decía:
—No se vaya Arthur, no merece que se vaya luego de lo que hizo por el pueblo, además tenemos una propuesta aún…—Decía está controlando su respiración.
Sonreí a ver que había dejado su fiesta por venir hacia a mi por lo que luego negué relajando mi mirada diciendo:
—No, lo sé pero mira a tu alrededor, mírate a ti, y luego mírame, no soy de aquí, debo regresar a mi mundo de humanos sin magia, pienso muchas veces que ando soñando y que aquí es donde todo ser no mágico debería vivir rodeado de fantasía, o al menos, algo que no creía que existía —Comenté poniendo las manos en mi cadera negando apretando mis labios pensando bien mis palabras — Además, tienes un tratado con los orcos.
—¿Por eso viniste a Fruity? —Pregunto ella frunciendo poco su ceño — ¿Para saber si éramos reales, o para saber del tratado?
Iba por ambos, pero le iba a contestar con una mejor respuesta para que no supiera en verdad a que iba.
—Si te digo nunca me lo vas a creer —Dije negando quitándome la espada poniéndola en el cinturón del caballo de su silla de montar — Por que se que cuando cruce la puerta, o me quede no va a cambiar nada.
—Entonces explícame, y creeré en ti. —Dijo ella viéndome directamente a los ojos, era un príncipe y aunque no estaba en High Plain Three, no tenía miedo a nadie a ver a los ojos por lo que lo hice para responder.
—Vine, por que escuché rumores de que los orcos habían vuelto, los cuales habían destruido parte de la humanidad hace siglos, los mismos que tienes allá adentro, y proteges, y Morfeo me mostró una visión en donde yo moría contra uno de ellos, pero no importa, se puede corregir yéndome de este lugar —Le dije viéndola a los ojos con seriedad.
Ella se sorprendió al escuchar lo que decía, y más que tenía las agallas de verla directo a los ojos sin bajar la mirada.
—No sabía eso, pero procuraré que nada pase, quédate.
Ella lo pedía por lo que suspiré negando cerrando mis ojos por lo que tensé mi barbilla diciéndole:
—Deja que regrese de donde soy, y prometo venir cuando suceda algo malo —Comenté subiéndome al cabello por lo que tome las riendas sonriendo de lado viéndola — Además, alguien tiene que cuida el bosque, si tiene un buen jardín la cabaña me convencerás más antes.
Al decir eso, agité las riendas para hacer que Athos empiece a correr justo a las cabañas para traer mis cosas, y así irme de Fruity.

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