Interrumpiendo El Pasado

Géneros: Ciencia ficción, Misterio, Romance

Jay es un joven universitario con una vida aburrida y un trabajo aburrido. Su vida cambiará de forma radical cuando su mejor amigo Tom, le confiesa que puede viajar a 1952 a través de un "fallo en la realidad y del espacio-tiempo". Tom no pudo conseguir su propósito porque éste ya estaba demasiado viejo para lo que el pasado requería. ¿Podrá Jay viajar en el tiempo hasta 1952 y cumplir la misión fallida de Tom?

Realidades duplicadas

Interrumpiendo El Pasado

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La historia parece tan simple de contarse, pero en realidad es tan complicado como la temática misma de este libro. No sé cómo siquiera comenzar a contártelo. Pero trataré de ser lo más directo posible, acortando toda historia y dejándote en claro que esto, es algo tan genial. Tan increíble. Tan confuso a la vez.
Bien, comencemos: Jay es un joven universitario de tan solo veintidós años. Comenzaremos por una breve etapa de su vida.
Es un chico bastante aburrido. Tiene una vida tranquila, es claro. Pero a la vez, es tan aburrido. Tiene muy pocos amigos, intenta mantener a los de siempre, porque ha tenido malas experiencias. Tiene un trabajo más que aburrido, comenzó a trabajar en una cafetería donde atiende a los clientes, eso es solo su trabajo. La caja, el dinero y los clientes. No toca el café, no prepara café, nada. ¿Su sueldo? Bueno, hm… es suficiente para comer, vivir y pagar la universidad. Llega a un fin de mes apretado, pero está tranquilo y no se queja.
Él no tiene novia, acabó con una relación hace unos meses atrás. Bueno, veintidós meses atrás. Es tan obvio cómo se estará sintiendo. Intenté no decir “hace casi dos años atrás” porque sonaría muy solitario.
Éste, es el año 2019, bienvenidos a la era moderna.
Jay, como cada día después de una mañana en la universidad, se dirige a la cafetería, donde tendrá que tomar su turno en la caja, y ni qué hablar de la cantidad de dinero que tiene que contar del turno anterior antes de sus conteos finales.
-          ¡Hey! ¿Ya te vas? Es muy temprano. – Decía Leila, ella es una de las mejores amigas que tiene Jay, bueno, es la única.
-          Sí, debo irme ahora o tendré que apurarme para entrar en la cafetería. – Respondió Jay, con un tono aburrido y cansado.
-          Jay, son las 11:47 de la mañana. Entras al trabajo a las 14:00 horas. – Dijo Leila.
-          Está bien, me descubriste. Iré a ver a Tom. – Contestó suspirando.
-          ¿De nuevo? Jay, todos dicen que… - Dijo Leila, pero fue interrumpida por Jay.
-          …que está loco. Lo sé, todos los días me repiten lo mismo. Oye, ya estoy cansado de eso. El señor es alguien mayor, me escucha, me encanta que me escuchen. Eso es lo que necesito.
-          Lo siento. – Aclaró Leila. - ¿Te harás el tratamiento? – Preguntó enseguida.
-          Estoy pensándolo. No es fácil para mí aún. – Contestó.
-          No lo pienses mucho, lo difícil, trae buenas consecuencias. – Dijo ella. Jay asintió con la cabeza una sola vez. – Te veré luego, cuídate.
-          Adiós… - Dijo él.
Jay caminó. Caminó muchos metros en dirección a su destino. Yo sé que tienen muchas dudas. Empecemos por el primero, Jay es una persona de aproximadamente 1.72, con cabello castaño muy oscuro, ojos café oscuro y cejas bien delineadas naturalmente. Tiene el pelo demasiado corto, casi calvo. De hecho, tiene pelo, no se imaginen que sea calvo.
Él sufre de Distimia, que es un trastorno similar a la depresión mayor, pero más crónico. Fue diagnosticado hace unas semanas atrás, Jay se niega a tener Distimia, pero lo probó con dos psicólogos distintos, y ambos, le dieron el mismo resultado. Dejaré que él mismo te cuente su historia más adelante para que sepas del por qué está sufriendo este trastorno.
En cuestión de minutos, Jay baja de un taxi, que lo dejó frente a la casa de Tom, él miró a ambos lados antes de cruzar como de costumbre y luego fue a tocar la puerta de Tom. Se dio cuenta de que la puerta estaba abierta.
-          ¿Hola? – Preguntó Jay. No obtuvo respuesta. - ¿Tom? ¿Estás aquí? – Volvió a preguntar.
-          ¡Jay! – Gritó Tom, éste se encontraba en el sótano. Jay cerró la puerta de la casa y fue hasta el sótano.
Jay bajó las escaleras hasta el sótano y desde allí, podía oler a Tom bastante maloliente, como si no se hubiera bañado en días. Se veía sucio y cansado, como si estuviese pasando todo un día construyendo castillos de lodo.
-          ¿Te encuentras bien? – Preguntó Jay.
-          Sí, solo que estoy cansado, corrí demasiado. Casi me atrapan. – Dijo Tom. - ¿Qué hora es? – Preguntó él. – Me había olvidado qué hora fue que entré por el portal. – Prosiguió.
-          No jodas, oye… - Dijo Jay, pero fue interrumpido.
-          Es la verdad. Pasé casi un año allí. Me veo más viejo últimamente. No funcionará. – Dijo. Fue muy confuso, Jay estaba confundido.
-          Lo único que puedo creerte de lo que acabas de decir, es que sí te ves más viejo. – Contestó Jay, ambos sonrieron.
Jay observó el sótano, y solo podía observar fotos de su hermana Sheyla cuando solo tenía diecinueve años. Ella fue asesinada en el año 1959. Sheyla fue la hermana mayor de Tom, en aquella época, Tom tenía tan solo cinco años. Él se obsesionó con el asesinato de su hermana justo en los primeros comienzos donde empezó a hablarme sobre un viaje entre el espacio-tiempo, pasando de 2019 a 1952, quizás enloqueció.
-          Jay, me estoy poniendo viejo. Ya estoy por cumplir setenta años, yo… - Dijo él, suspiró profundamente, me observó por unos segundos que parecían eternos. Agarró el vaso de agua que estaba en una de las tantas mesas y lo bebió.
-          ¿Tú qué? – Preguntó Jay.
-          Ya no podré esperar siete años más, para Sheyla parecería un loco que andaría detrás de ella. Pensará que soy un pedófilo en extremo. – Jay sonrió. Tom se dio cuenta de ello.
-          Ya hablamos de esto, tienes que superar a Sheyla, Tom. – Dijo Jay.
-          ¡Tú no lo entiendes! ¿Me estás tratando de loco? Para mí fueron dos años o tres las que estuve lejos de ti en el tiempo, para ti fueron tan solo cinco minutos. Me parece un insulto que no me digas la verdad, que me estoy viendo más viejo de lo que parezco. Jay, aquí en 2019 tendré que cumplir setenta, pero los años que estuve desapareciendo, ya estoy llegando a los ochenta. He pasado muchos años en los 50, tratando de investigar y seguir los pasos del asesino de Sheyla y las de ella, para mí fueron casi una década y para ti fueron cinco minutos. – Dijo Tom, elevando la voz. Jay se quedó callado. Lo escuchaba muy convencido. Intentó tranquilizarse, Jay se acercó al vaso con agua y se lo pasó.
-          Tom. – Dijo Jay, Tom negó con la cabeza.
-          ¿Ves esa abertura en la pared? – Dijo Tom.
-          Ya lo hemos hablado. – Dijo Jay.
-          ¡¿Lo ves o no?! – Preguntó un Tom bastante enojado. Jay suspira dejando caer la mirada hacia el suelo. Se aclara la garganta y ve a Tom.
-          Sí, lo veo. – Respondió.
-          Camina tres metros adentro. Cuando veas a los 50 en frente tuyo, lo único que tienes que hacer es retroceder hacia atrás de nuevo y estarás aquí. Solo tienes que voltear para ver la luz hacia mí, o creerás que estás ciego. – Dijo Tom.
Jay lo miró durante unos segundos, y volvieron a parecer eternos. Tom asintió con la cabeza, Jay solo se sintió presionado. Él camino hasta la abertura en la pared. Observó a ambos lados y solo veía paredes adentro. Estaba muy oscuro, parecía siquiera no tener un final.
-          ¿Y el interruptor de luz? – Preguntó Jay. Tom negó con la cabeza.
-          Solo camina hasta donde puedas. – Dijo él.
Jay siguió avanzando, a medida que más avanzaba, sentía una especie de frío, parecía que algo lo soplaba. Sentía que era abducido por algo que lo atraía como un imán con otro. Jay comenzó a asustarse y a temblar, extendió las manos hacia adelante tratando de correr con la suerte de encontrarse con una pared. Sus pasos eran lentos, temía a tropezar con algo o caer en algún pozo no divisible.
-          Sigue caminando. – Dijo Tom a lo lejos sentado en una silla observando a un poco visible Jay caminar más y más dentro de aquella extraña abertura en la pared.
En tan solo un segundo, el escenario tenebroso y oscuro, pasó a esclarecerse en un tono cálido y cincuentón, estaba en una calle que era muy similar a las calles y algunos edificios por la zona donde vivía Tom, parecía el mismo pueblo donde Tom está, solo que de la época de los cincuenta.
La gente era muy elegante, las mujeres, la gran mayoría usaba vestido. Incluso, los autos clásicos de los cincuenta transitaban las tranquilas calles de Norton West.
-          ¿Qué… mierda? – Dijo Jay, comenzaba a desesperarse, observar a las personas distintas en las calles, los coches, las casas. El ambiente cálido e incluso parecía un cielo azulado y los horizontes se veían más coloridos.
“Cuando veas a los 50 en frente tuyo, lo único que tienes que hacer es retroceder hacia atrás de nuevo y estarás aquí.” Recordó Jay, él volteó hacia atrás y solo veía un patio baldío, no había nada allí. Pero caminó en esa dirección, volvió del mismo lado por dónde vino. El ambiente volvió a tornarse oscuro, ya no se oía a la gente ni a los autos de los cincuenta, simplemente ya no se oía nada. Jay abrió los ojos, aunque se dio cuenta que ya los tenía abiertos. Volteó y vio la luz hacia Tom, caminó rápidamente extendiendo sus manos.
Jay intentó salir de aquella abertura de la pared pero tropezó y cayó frente a Tom. Éste se levanta a ayudarlo.
-          ¡¿Qué rayos fue eso?! – Preguntó Jay bastante asustado.
Tom comenzó a reírse, subió las escaleras de nuevo hasta su sala, Jay caminó hasta él rápidamente, exigiéndole una y otra vez una explicación.
-          No me creías. – Dijo Tom.
-          Explícame.
-          Está bien. – Dijo Tom, se sentó en el sofá, Jay estaba parado frente a él escuchándolo. – Eso era el año 1952. Dos años antes de mi nacimiento. Estuve varios años allí. Como te dije, para ti fueron cinco minutos.
-          Pero… ¿cómo es eso posible? – Preguntó Jay.
-          No me preguntes eso a mí. Yo solo lo encontré cuando me mudé aquí.
-          ¿Pero qué es?
-          Por lo que he visto en internet, puede ser un agujero de gusano, que te permite viajar a una realidad diferente a la tuya. Lo extraño, es que solo te permite viajar a 1952. También he leído que es como una avería en nuestra realidad y del espacio-tiempo, que quizás esté causando que nuestras partículas como ser humano viajen a través del tiempo y te lleva directamente en los años cincuenta. No es posible viajar al futuro ni al pasado que tú quieras. Solo a 1952. Exactamente al 31 de octubre de 1952. Nunca he intentado traer a una persona del pasado a nuestro presente por temor a alterar la continuidad del espacio-tiempo de tal manera. No es bueno cambiar la historia.
-          Espera… Tú estás yendo constantemente al pasado, ¿para impedir que asesinen a Sheyla? – Preguntó Jay.
-          Es la única historia que quiero alterar. Ya estoy bastante viejo, Jay. En todos estos años que han pasado, actualmente debería tener ochenta y un años. No sesenta y seis.
-          Es mejor dejar las cosas así, Tom. Si tienes esto, no deberías intentar cambiar las cosas del pasado. No sabes lo que puedes causar. Ya lo viste en Volver al Futuro. – Dijo Jay. Tom lanzó una pequeña risa. Se acercó a una carpeta donde tenía algunas copias de periódicos. Sacó un pequeño trozo de papel con unos dibujos extraños.
 
-          ¿Qué es eso? – Preguntó Jay.
-          Del lado derecho: el presente. Es nuestra realidad, en los costados, lo que se refiere como “Presente realidad alterada” significa que algo has cambiado. Sin embargo, cuando tú viajas por el portal en la pared, y cambias algo, lo que sea, por más mínimo que sea, la realidad, se divide en dos. Y cuanto más veces entres y más cambios haces, más realidades se crean. Eso es lo que altera los viajes en el tiempo.
-          Es decir, como ejemplo, si yo viajo en el pasado para verme aquí contigo, en estos momentos, ¿no nos estaría viéndonos? – Preguntó Jay.
-          No. Porque eso pasaría en la otra realidad, la que acabas de alterar. – Respondió.
-          Pero Tom, si tú impides la muerte de Sheyla, ella estaría contigo en una realidad diferente, y no en esta. – Dijo Jay, con un tono triste. Tom se levantó de la silla acercándose a Jay.
-          Jay, moriré en pocos meses. Tú vas a hacerme un favor en una realidad alterna. Tú puedes hacer un cambio y también puedes revertir esos cambios.
-          ¿Revertir esos cambios? ¿De qué hablas?
-          Si vas a hacer un gran cambio en el tiempo que permanecerás en 1952, no debes volver a ese año una vez concluida tu objetivo, porque entonces, crearás otra realidad nuevamente, donde empiezas de cero. Desde que entraste, volverás a ver todo de nuevo, los mismos autos pasar, las mismas personas caminar, siempre. Cuantas más veces entres en el agujero, más realidades estarías desatando.
-          Suena muy complicado. De verdad, no me animaría a cambiar nada si estuviese entrando. – Dijo Jay. Tom caminó hacia una caja fuerte que tenía en una de las esquinas de la sala. Abrió la caja fuerte y sacó una bolsa negra, que contenía al parecer algo pesado.
-          Necesito que lo hagas, Jay. Por favor. Eres mi última esperanza. Tú conoces toda mi historia. Has llorado conmigo. – Suplicó Tom. Jay suspiró y lo pensó.
-          Dame un día. Mañana te daré una respuesta. – Dijo él. Le llamó la atención la bolsa negra que tenía en su mano. - ¿Qué es eso? – Preguntó. Tom se lo dio y Jay abrió aquella bolsa y vio que había un montón de dinero, un montón de dólares.
-          ¿Tienes idea de lo que valía el dólar en los años 50? – Preguntó Tom sonriendo. – Eres millonario, Jay. Si es que decides entrar por el agujero de gusano.

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