Desarrollo: Parte 5

El secreto del cyborg

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–Todas las pesadillas sin los tapones igual –dije muy cansado y escuchando coches que pitaban en la calle.
Miré la hora en un reloj que había en la mesilla de noche y eran las once de la mañana.
–Duermo demasiado –dije cansado.
Entonces fui al armario y me puse una camiseta negra de manga larga y unos buenos vaqueros azules y unas deportivas negras.
Y tenía tantas cosas en la cabeza relacionadas con el caso que se me olvidó desayunar.
Cogí la llave y me fui a la calle. Allí miré si tenía alguna llamada, pero no tenía ninguna, tal y como esperaba. Marcus no pretendía apartarme del caso, simplemente me quería a salvo, pero iba a dirigirme de todos modos a la oficina aunque fuera a pie.
Entonces me encontré con el hombre que me había recibido tan amablemente el día anterior en la puerta del hotel.
–Buenos días señor, allí tiene un trasporte, como el señor Marcus encargó especialmente para usted. Que tenga un buen día.
Entonces me dio unas llaves para un coche que me esperaba fuera y era de los regulares, para no llamar la atención.
Fui a la acera de enfrente que era donde estaba el coche y fui a abrir el maletero por si había algo de utilidad en su interior, ya que lo necesitaba. Entonces cuando iba a abrir el maletero, detrás de mí había un coche que venía hacia mí con la clara intención de pillarme y hacer un sándwich de dos coches y yo en medio.
No había tiempo para apartarse, así que di un gran salto y en mitad de este, el coche se estrelló contra el mío, haciendo que se adelantaran ambos por la brutal fuerza del impacto. Yo caí encima del cristal del otro, rápidamente me escurrí a un lado y pude ver que el joven y rubio conductor me miraba fijamente con una sonrisa y tenía una pistola que me apuntaba. Pero rápidamente se puso la pistola en la boca sin dejar de mirarme con aquella expresión facial que me resultaba familiar
–No... –grité.
Pero se disparó y su cabeza fue hacia atrás... pero la pistola seguía en la misma posición, y la cabeza se volvió a levantar con la misma expresión en el rostro, para recibir un segundo balazo, pero aún así, la pistola seguía y la cabeza volvió por tercera vez, aun con la misma expresión y entonces al tercero, la pistola cayó junto a la mano que la sostenía y la cabeza no se volvió a levantar más.
Todos los que observaban la escena, estaban horrorizados, excepto uno... un hombre en la esquina con un casco en la cabeza. Tenía el puño izquierdo que era el que tenía visible lo tenía cerrado de rabia y le temblaban de la presión que ejercía y de la cara solo se le veía una furiosa expresión. Llevaba como una bata blanca que le cubría su brazo derecho en su totalidad y en su mano izquierda, tenía un guante negro y llevaba unos pantalones marrones.
Entonces él, me miró, extendió la mano en la cual tenía el guante y abrió el puño dejando caer trozos metálicos de algo roto y entonces corrió tras la esquina haciendo que fuera invisible a mi vista temporalmente.
–Coja eso del suelo, espere a mis compañeros y dígaselo todo –le dije al hombre que me acababa de dar un coche preciosamente estropeado.
Entonces corrí tras él y al cruzar la esquina sin fijarme en el objeto ya que no tenía tiempo, él estaba cruzando otra esquina hacia la izquierda, yo le seguí y al llegar, era un callejón sin salida, en el que no había puertas ni alternativa de salida.
–Mi mejor sueño... tu muerte –pude escuchar una voz de hombre adulto que ya había escuchado aquella noche y en la sala de interrogatorios detrás de mí.
Al girarme, no pude ver a nadie, por lo que pensé que se había hecho invisible.
–Pagarás... –le dije al aire de manera furiosa.
Entonces volví al escenario y mis amigos ya estaban allí.
–Nos ha dado esto, ¿qué es? –dijo Carla que vino rápidamente hacia mí abriendo la mano y mostrándome los trozos de aquel objeto que era irreconocible.
–No lo sé... –dije con una pausa para recuperar el aliento– Pero he perseguido al hombre que describieron, que fue a ver al chico de la sala de interrogatorios, y era un hombre ya adulto, le oí decir que su mejor sueño... era mi muerte, pero no le vi... se habría hecho invisible.
–... –ella no tenía palabras para pensar en lo que había dicho.
Ni ella ni nadie creía lo que había dicho, tenían todos una expresión de estar perplejos, incluso yo me di cuenta de lo surrealista que había sonado, pero yo solamente me limitaba a decir lo que había visto... más bien lo que no había visto.
Entonces vino Marcus.
–El hombre nos ha dado el objeto y nos ha descrito la escena de los tres disparos... esa será la portada –dijo en bajo enfadado, ya que sabía que eso tenía que ser así por parte de la prensa naturalmente.
–Eso puede ser la linterna –dijo un joven policía– Uno de los fragmentos es un trozo de bombilla.
Entonces nos quedamos paralizados.
–Ha ido a verles –dije cansado a la vez que preocupado por ellos.
Entonces nos pusimos en marcha junto a dos coches de policía más, en los cuales había cuatro policías, hacia el lugar secreto de la otra vez y al llegar al aparcamiento, nadie salió.
–Vinimos ayer y nada, todo normal. Tenían la linterna bien custodiada –dijo Carla.
–¿Hola? –gritó Marcus mientras sacaba la pistola en dirección a la puerta de entrada al laboratorio.
Le dio una patada para entrar y no había nadie.
–El armario –dijo Carla.
Entonces Marcus se acercó para darle otra patada a la puerta y cuando lo hizo, pudimos entrar para observar la tétrica y desagradable visita del hombre misterioso a los científicos, ya que... estaban todos muertos.
Tenían disparos en todos los dieciséis cuerpos que allí estaban, incluida la cabeza estaba llena de agujeros, con lo que nos dejaba tranquilos de que hubiera podido ponerles chips en la cabeza para controlarlos. Estaban todos los científicos apilados en el armario en el cual se había hecho la prueba de la linterna. Tenían sangre por las batas.
–Que alguien encuentre algo útil. –dijo Marcus triste poniéndose la manga en la boca por el olor que desprendían los cuerpos que debían llevar allí al menos un día y sin despegar los ojos de tal catástrofe.
Al cabo de media hora de mirar...
–Señor... no vemos nada –dijo uno de los cuatro chicos decepcionado.
–Debió de encontrar este lugar a través de un localizador... lo que hace que en la fábrica, no se dejara la linterna en el suelo delante de mí por casualidad... y el chico que en verdad hablaba el hombre aquél... dijo que los científicos no podían molestarnos más y que recuperaría lo que era suyo... –entonces me acerqué a un punto del laboratorio y me agaché ya que había una ligera mancha– Entonces alguno de los científicos, tiró la linterna al suelo al verle entrar... para protegernos y para que él no encontrara lo que era suyo, por lo que para que no supiéramos que pasó aquí con el objeto... limpió la mancha, se nota entre otras cosas, por que esta zona tiene esta mancha y el suelo de aquí reluce más que en cualquier otro punto de esta sala.
–Entonces recogió los fragmentos... –dijo Carla apenada.
–Un escáner de la linterna por posibilidad de chip localizador –le dijo Marcus a dos de los chicos que se fueron.
–¿Por qué no les habrá puesto un chip en la cabeza? –preguntó Carla tristemente mirando a la puerta donde estaban todos los científicos desde la otra sala.
–Porque son viejos... –dije muy seguro.
–Limpiad esto y cerrad el sitio hasta que vuelva a ser seguro –le dijo Marcus a los otros dos que también se fueron a su orden.
–Debemos investigar a las familias de los muertos a causa de un chip, debemos ver que tiene en relación –dije triste.
Entonces nos fuimos de allí con un coche.
–No continuaremos hasta mañana... hoy debemos convocar a las familias, mañana llevarlas allí y tú allí les interrogarás –me dijo Marcus.
–Sí –dije tranquilo de no tener más saltos hasta el día siguiente.
–Así que te llevaremos a un hotel menos lujoso en que deberás descansar hasta que te llamemos –me dijo Carla.
–¿Menos? –dije bromeando.
Entonces se rompió la tensión tan fuerte que había y se rieron un poco. Yo también, ya que lo necesitaba al igual que todos.
Entonces me llevaron a un hotel, en el que me recibió un hombre con cara de enfado permanente pero irónicamente muy simpático. Llevaba un traje amarillo.
Entonces me fui a mi habitación correspondiente, que era más o menos igual a la del hotel anterior, aunque aquel en el que estaba era al parecer de menos calidad, la habitación era de estructura física similar, al entrar por la puerta se veía al frente el dormitorio, a la derecha, había un baño y a la izquierda de la misma habitación, una puerta que conducía a la cocina y en la misma cocina había un balcón para ver el exterior, que era pequeño barrio y allí, después de comer algo, o demasiado, ya no sabía quién era después de tantas cosas, aquella impresión... aquel hombre... pero igualmente me dormí rápidamente.
Soñé que estaba persiguiendo a aquel hombre con casco... y que en el mismo callejón me encontraba con él de frente... se quedó quieto durante un momento me dirigió una sonrisa maliciosa y se rio como un loco... entonces se dispuso a quitarse el casco y tenía el rostro de un demonio que se lanzó hacia mí para devorarme con su enorme boca y aquellos colmillos que parecían poder cortar el aire.

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