Capítulo 8 EL SER EXTRAÑO EN FRUITY

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS

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Había recogido mis cosas de la cabaña, sin mirar atrás me subí en Athos para ir hacia High Plain Three durante días de larga caminata, durmiendo en algunas cuevas, o al aire libre sin dejar rastro en Fruity, decidí que era mejor que se resolviera a su manera, yo no pretendía arruinar nada ahí, es más, no era el príncipe de ese reino, si no del reino humano.
Al volver todos me trataron diferente, era nombrado “El príncipe escapista” debido a que muchos se enteraron que no estuve durante días, mis padres, tuvieron una discusión conmigo debido al mundo mágico, según ellos tal vez eran alucinaciones por no dormir en una cama digna ni comer bien.
Mi hermana me creía, aunque no del todo, ya que ella también estaba interesada en el mundo mágico desde pequeña, al igual que yo cuando los tutores nos enseñaban los cuentos, o mitos de hace siglos de años.
Pasaron las semanas y no sabía nada sobre Morfeo, Valerie, o de Edrielle, me preocupaba mucho, no se me salían de la mente esos tres, ya que eran los que más conocía allá, fueron buenos conmigo, aunque ellos pertenecían a otro mundo.
Todos los guardias que entrenaba en todos los horarios, les encantaban saber como fue que mate a los minotauros, aunque algunos no me creían, pensaban que estaba loco, pero ya no me importaba. Aland había vuelto ya que me contó que estuvo esas semanas vigilando a algunos Orcos, que el comenzó a creer que si existían hasta que los vio a unos metros.
Muchos pedían ser entrenados conmigo, hasta personas que no eran guardias, todo por entrenar junto al “príncipe escapista” ya que aun que no creyeran que vi a seres fantásticos, pude sobrevivir días fuera de los grandes muros de High Plain Three.
Claro, yo no me quedaba atrás, había hecho más intenso mis entrenamientos, aunque los soldados tuvieran miedo de lastimarme, yo los hacia más peligrosos, les decía que me tiraran flechas y yo las esquivara, o interceptara, mis movimientos de la espada se volvieron más bruscos, aunque agiles como si estuviera bailando, me volví más veloz, ante todo, tanto que les sorprendía a todos estando a enfrente con la espada en su cuello.
Trataba de usar ropa más oscura, o verde para camuflaje en el bosque así que sea aún más difícil el entrenamiento.
A muchos les gustaba que les enseñara en el centro del reino como si fuera un show en el cual asistían todos, hasta mis padres, ellos siempre se asustaban cuando me enfrentaba a alguno, pero aún así era puro show, nadie se mataba, era un pueblo de paz, no uno de matar.
Aún así en varios pueblos cercanos al del centro del reino, éramos bienvenidos a las cenas que hacían, el pueblo de Terranova, un pueblo siempre adentro del reino el cual su insignia era un árbol, y cada vez que plantábamos uno, éramos bendecidos por los gobernantes de ahí.
Una tarde estaba caminando por los establos, todo parecía silencioso, no había guardia el cual pudiera cuidar afuera, cosa que se me hizo extraño, de seguro estaría en el baño o en algún otro lugar.
Todo estaba en silencio, ni si quiera los movimientos del caballo se escuchaban, hasta llegar a la gran puerta de Athos, abrí está viéndolo en el suelo, abrí mis ojos como si fueran platos y me tiro al suelo frente a el buscando ver si respiraba, era momento de pánico, ya que era el mejor caballo que había conocido.
Hasta que pude ver como su barriga se levantaba y bajaba lentamente varias veces, estaba dormido…
Bajé la mirada exhalando más tranquilo, escuché una pisada atrás y sonreí entendiendo todo, negué divertido levantándome, poniéndome de pie y sin voltear dije ronco:
—Cuando vengas a buscarme, no duermas a ninguno, Dios del sueño —Dije volteándome encontrándome a Morfeo cruzado de brazos sonriendo como nunca, estaba diferente, vestía con una camisa blanca, y un chaleco negro abierto, unos pantalones oscuros y unas botas, y un arco y flechas
—No era necesario, pero es divertido, aparte necesito decirte algo, pero nadie en el mundo debe saberlo solo tu —Este caminaba hacia a mi con chulería sonriendo y al decir lo último me señalo; parecía misterioso todo esto en verdad.
—¿Ya se casó “La Dama de Negro” y el “Orco más poderoso” de “Fantasíalandia”? —Le pregunté con sarcasmo haciendo comillas con los dedos en cada nombre y luego reí negando poniendo las manos en mi cintura.
Ambos reímos por la tontería que había dicho, este negó para luego acomodarse el cabello y decir de manera ya más calmada luego de reír.
—No, pero si es sobre ellos, Fruity se ha vuelto más oscuro, el bosque que se controla por la Dama de Negro, se ha vuelto sombrío, y las hojas de los árboles se caen y no por que fuera otoño, han perdido color, caen de color negro, y con el tiempo se vuelven polvo —Este saco una hoja de su bolsillo mostrándome una hoja negra la cual se miraba débil, muerta — Es más peligroso en el pueblo principal allá, los minotauros volvieron, porque mataste a sus compañeros, y por eso habían ido la vez pasada, fue interrogado el que está en la celda, y vinieron por que fueron avisados de un humano. Los Orcos controlan todo, Nathaniel tiene una relación con Edrielle, bueno es un hechizo, el cual solo es para apoderarse del pueblo, y todos nos hemos dado cuenta.
Me había dejado sin palabras eso, no podía creer que ella estuviera bajo un hechizo, ya que es la más poderosa del pueblo, negué tratando de buscar una buena respuesta por lo que hice una mueca diciéndole:
—Morfeo, mira, hablas con el menos indicado, no tengo poderes, solo, mortalidad, sangre que todos pueden derramar y una cabeza que todos buscan tener de trofeo en sus casas mágicas —Suspiré profundamente sin dejar de negar.
—No, pero tienes algo más que nadie tiene, valentía, ¡por favor!, en tu segundo día te enfrentaste a minotauros, los cuales murieron gracias a tu espada, y habilidad, miraste a la reina más temida por todos, a los ojos fijamente sin parpadear, la rechazaste cuando ella te dijo que te quedaras, te ofreció ser el guardián del bosque de sus sentimientos, el bosque de los sueños de todos, sin importar qué, ahí estuviste, luchando y buscando solucionar todo, y créeme que, la visión sigue igual, sueño con ella todas las noches, miro como…te atraviesan con la espada de Nathaniel…
Alce mis cejas sorprendido, no esperaba escuchar eso que di un paso hacia atrás abriendo mi boca como si no lo creyera y pase una mano por mi cara y luego por mi cabello.
Todo seguía igual, iba a acabar con una espada atravesada si no hacía algo, pero específicamente no sabía que hacer por lo que trate de dar soluciones.
—Busca a un hechicero poderoso, el sabrá que hace.
—No lo hay, nadie es tan valiente para enfrentarse a quien ha matado elfos enfrente de todos, tratándolos de ladrones, a las hadas las tienen encarceladas ya que quisieron hacer una lucha contra ellas, que salieron heridas, y estuvieran muertas, pero Edrielle no quiso que fueran asesinadas en las manos de Chamalé, la mano izquierda de Nathaniel.
—Pero…—Trate de negarme.
—No puedes negarte, es tu destino, ir ahora o en unos meses, todo acaba igual si es que no hacemos algo, y si, los dos ya que yo te busque y yo te sacaré de esto Arthur, eres el príncipe de High Plain Three, el “Cazador” humano que llego a Fruity a matar minotauros en su segundo día ahí, y quien puede cambiar el mundo hoy y mañana —Este hablaba inspirado por lo que asentí aceptando.
—Lo haré, pero bajo mis condiciones.
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Fruity era totalmente diferente a como fue hace meses, la tierra perdía su color, los lagos se secaban, el clima era nublado en cada momento, tanto que los elfos apenas salían de sus casas, solo cuando trabajaban salían y sus familias se quedaban adentro, pero los Orcos mandaban ahora, eran pocos que estaban controlando cobrándoles un pequeño impuesto vieran a quien vieran afuera aun así estuvieran trabajando.
Las plantas morían, y todo por los sentimientos de la Dama de negro, parecían que eran controlados como todo alrededor de los elfos.
Ellos apenas podían comer, la mayoría era cosechado para que los Orcos devoraran todo en el día, exigían más, hasta llegar al extremo de llevar a la horca a un vendedor de frutas enfrente al pueblo.
—¡Mirad todos! —Uno de los Orcos gritaba a los cuatro vientos llamando la atención de todos, la familia del elfo el cual iba a ser castigado lloraba y suplicaba piedad para él, pero no eran escuchados — Esto le pasa a quienes le niegan comida a sus nuevos gobernantes, y a quien le robe el Orco más poderoso de este asqueroso pueblo —Hablaba esta bestia fornida, con dos trenzas caídas por su espalda, el cual sostenía una hacha casi del tamaño de cada pierna humana.
En ese momento cuando este balanceaba esta para cortar una soga, se abrieron dos puertas en los pies del elfo haciendo que la cuerda apretara su cuello para su muerte.
Pero en ese momento una flecha a toda velocidad cortó la soga que sostenía su cuello haciéndolo caer al suelo.
Hubo un silencio total por lo que el Orco el cual dirigía la ejecución, volteó a todos los lados con su ceño fruncido apuntando el hacha hacia todos los elfos buscando alguna respuesta.
—¿Quién jodidos ha hecho eso? — Su voz era de furia por lo que todos se vieron entre sí, pero no había alguna voz que señalara.
En ese momento un ser vestido totalmente de negro salió de una carreta de paja amarilla, con una capucha y una mascarilla que le cubría la boca y parte de la nariz. Este comenzaba a disparar flechas hacia el verdugo en el escenario el cual trataba de esquivar las flechas bloqueando algunas con el hacha.
—¡Traerme su cabeza! —gritó este haciendo que los centauros comenzaran a tirarle cuchillos al ser de negro.
Este con una tuerca dándole vueltas destrabó el arco convirtiéndolo en dos largas cuchillas las cuales servían para bloquear cada cuchillo que tiraban, primero derecha, luego izquierda, y luego al centro para que no lo hirieran.
Tomó impulso justo al llegar a una pared en donde saltó y de una patada le dio justo en la cara a un centauro el cual lo iba a atacar, pero este cayó al suelo noqueado, mientras los otros sacaban sus grandes espadas.
Todos corrían hacia él, pero este los espero ansioso comenzando a chocar sus cuchillas con las espadas de todos, pasando en medio de ellos sin ser tocado por las hojas de sus armas, claro este si les provocaba unas pequeñas heridas, aunque no eran graves.
Todos se dispersaban abriéndoles paso enfrente del escenario tanto que, el Orco se veía un poco asustado debido a la gran agilidad de este personaje extraño frente a él, el cual estaba acabando con todos hasta que estos decidían que no podían luchar quedando sé atrás solo protegiendo el circulo donde los elfos los veían.
En ese momento varios Minotauros salían soltando gruñidos de guerra rodeando a ese personaje tanto que lo dejaron encerrado, este bajo las cuchillas al igual que las flechas tirándolas al suelo, su mirada se dirigía a cada uno de estos mitad hombres y mitad toros así que sacó su reluciente espada, en señal de que estas bestias atacaran.
Pero de manera ágil este chocaba su espada contra la de ellos, parecía bailar entre ellos, primero a uno de la derecha, el cual con su fuerza le hizo empujada la espada a uno, pero remató al del lado izquierdo de un golpe con la empuñadura de su arma, luego se hizo hacia atrás para bloquear con el largo de su espada el ataque del de enfrente.
De una patada lo hizo empujado al suelo, dio un giro haciendo que pasara la espada por detrás de las patas del minotauro tirándolo al suelo y luego rematando de un puño directo a su cara, subió la mirada hacia arriba viendo como los que solo había chocado sus espadas venían hacia el corriendo.
Este camino hacia ellos, como si no tuviera miedo chocando su espada enfrentándose a los dos, se podía escuchar el sonido de los aceros chocar una y otra vez en seco, de una maniobra se giró a la derecha esquivando un ataque, regresándose rápido para pasarle la espada en el pecho al de la izquierda haciéndole una herida, en donde este cayó hacia atrás, y con el mismo impulso le provocó lo mismo al de la derecha.  
Pero ambos cayeron al suelo casi al mismo tiempo dejando a todos callados nuevamente sorprendidos, hasta el Orco el cual estaba encima del escenario.
—¿Quién carajos eres? —Preguntó este simulando maldad, o talvez eso quería hacer, pero solo sonreí negando quitándome la mascarilla y luego la capucha mostrando que el que había hecho todo esto, había sido yo, Arthur.
—¿Te doy una pista? —Le dije sonriendo, mi sonrisa simulaba cinismo, como si disfrutara ver su mirada de des concertación ante todo lo que había pasado hace unos segundos. — ¿O prefieres que los demás te cuenten? 
—Ya se quien eres, el humano que presentaron hace tiempo, y llego la hora de tu muerte también —Dijo este saltando del escenario, y cayendo al suelo de pie caminando hacia a mi con su gran hacha.
—¿Estás seguro? —Comencé a caminar hacia el mientras jugueteaba con mi espada haciendo giros en mi mano con la empuñadura.
El Orco soltó un bufido y justo cuando este se puso frente a mi y movió su hacha algo lo detuvo en contra de su voluntad.
—No lo mates, es una orden, el es bienvenido aquí, y si hizo algo es por alguna razón —La voz de una chica se escuchó interrumpiéndonos, yo sonreí como si hubiera ganado.
Edrielle apareció entre el publico con su traje negro caminando hacia nosotros viendo todo el desastre que había regado en el suelo.
—¿Hiciste todo esto Arthur? —Sonreí aún más cuando escuché que ella no había olvidado mi nombre.
—Si, lo hice, y me faltó uno —Le dije sin apartar la mirada del Orco el cual apretaba el hacha, pero aún no la podía mover.
—Y te seguirá faltando, ven al castillo, déjenlo libre, y lleven a estos minotauros al curandero, ese elfo queda libre de sus pecados, y su familia igual —Ordenaba la reina por lo que guardé mi espada y luego caminé hacia mi arco y flechas para armarlo y ponerlo en mi hombro cada cosa.
—Y tu amigo Morfeo vendrá también —Dijo está dándose la vuelta caminando a dirección para su castillo.
Este salió del publico soltándose de las manos de Valerie casi de mala gana por lo que se coloco a mi lado diciendo solo para mí.
—Te dije que no ibas a morir aquí —Susurró este bajo poniéndose una mano al lado de la boca para que nadie escuche.
—Si no supiera donde lo hago, estuviera corriendo a comprarme otros pantalones —Le dije divertido a este chocando nuestros puños caminando detrás de la reina.
 

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