Desarrollo: Parte 9

El secreto del cyborg

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Al día siguiente, a las siete de la mañana, me fui a mi despacho y allí solo estaba Carla, que me dijo que Ana se fue un rato después para dormir en su casa. Pero que antes, Ana estuvo un rato mirando papeles en la oficina y luego entonces se fue.
Entonces fui a ver que fue lo que removió la noche anterior y lo único que pude ver un poco fuera de su lugar habitual, fue el historial de "el listillo".
–¿Qué estuvo buscando? –dijo Carla.
–El historial del listillo... esta chica tiene mucha curiosidad... y ganas de saber y aprender lo que se le pone enfrente –dije alegre.
–Sí... oye... quedémonos aquí hasta que nos digan algo. –dijo Carla.
Estuvimos un rato allí sin hacer nada durante dos horas, excepto contar algunas anécdotas de nuestro pasado en el cuerpo de policía para salir de aquella situación.
Ella me contó que se hizo policía por que su padre lo fue y fue asesinado y como le quería mucho, hizo honor a su padre siendo ella también policía, no era la primera vez que me lo contaba, ni yo mi historia a ella. Pero era mejor que pensar en psicópatas del futuro.
No vino nadie a la hora habitual ya que, habíamos reservado la oficina para que yo pudiera dormir.
Entonces, llegó Marcus, diciendo que yo no podía estar en ningún lugar, ni en ningún hotel.
–Y hemos inspeccionado el hotel, tu habitación sobre todo, pero no hemos encontrado nada sobre quién pudo quemar el edificio entero. –me dijo Marcus.
–¿Y me quedaré aquí todas las noches? –pregunté.
–No... tranquilo... a, por cierto... "el poli carismático" gran portada sobre ti por ayudar con el fuego Miquel –dijo Marcus.
–Vaya... la prensa hace más cosas buenas de lo que parece –dijo Carla.
–Sí... "¿ayudante más que ayudante?" segunda hoja, ya que estabas con Ana –me dijo Marcus.
–Cambio de opinión... están enfermos –dijo Carla.
–Vaya... como te afecta –dijo Marcus.
–No... lo que de verdad me afecta, es que digan lo primero que se les pase. –dijo ella.
–Bueno... da igual lo que diga la prensa, en gran parte... solo dicen lo que captan sus sentidos –dije.
–Bueno... que les vamos a hacer –dijo Carla.
–¿Alguien sabe algo de Ana? –dijo Marcus.
–No... se fue anoche y estuvo mirando el historial de "el listillo" –dijo ella a Marcus.
–¿Para qué querría esa chica mirar tal cosa? –dijo Marcus extrañado.
–Tiene ganas de saber –dije.
–Vale... –dijo él.
–Me voy a comprar algo al supermercado –dije.
–Si vas tú solo, vuelve pronto. –dijo Marcus.
Entonces me fui al supermercado más próximo, que estaba a diez minutos andando.
Al entrar, había unos detectores de metales, que eran unos palos altos, para que nadie entrara pistolas, aunque nunca había pasado nada, excepto en aquella ocasión.
Yo pasé los detectores, pero detrás de mi, pude oír que los detectores sonaban, no era por mí, por lo que era de alguien que tenía detrás, me giré y era un hombre con un chaqueta azul, unos guantes negros, unas grandes gafas de sol y una gorra en la cabeza.
Él, me miró sin quitarse las gafas y me dijo:
–El vagabundo no fue nada... –y puso una gran sonrisa.
Entonces pude reconocer aquella voz... era la del hombre del callejón. Él apartándome de un codazo, echó a correr por el supermercado adelantándome y yo fui detrás de él.
Él, iba rápido por los pasillos, sin parar, la gente se apartaba, yo también trataba de esquivar a la gente, pero él simplemente si estaban es su camino los tiraba al suelo, no tenía tiempo de ayudarlos a todos, de hecho a ninguno, solo podía ir a por él. Entró al baño del fondo. Entré yo también y al entrar, miré un poco sin entrar en los retretes y no había nadie. Cuando estaba a punto de mirar las puertas de los baños para ver si seguía allí, detrás de la puerta, un hombre bien vestido de unos sesenta años, se puso en medio de la puerta.
–¿Señor? –pregunté.
Entonces me señaló y el dedo se le iluminó.
–Qué manía... –dije mientras me tiraba al suelo, sabiendo que el hombre que le controlaba probablemente me oiría.
El rayo atravesó la pared del baño que conducía a la calle. Y entonces, el hombre cayó desplomado.
–Sí... que manía –me repetí.
Entonces la gente del supermercado entró al baño y pudo ver la escena junto a los gritos que venían del exterior, por la gente que había visto pasar el rayo y posiblemente destrozar algo.
–No se alarmen... –dije como primera opción que me vino a al cabeza mientras seguía aun en el suelo.
–AAAAAAA... –gritó una mujer mayor que miraba por detrás de mí.
Entonces lentamente me levante y me giré atrás sabiendo que no había nada bueno. Allí estaba él, con una sonrisa demoníaca... me tocó con las dos manos cogiéndome los hombros y noté un gran mareo... que el cuerpo me iba a mil kilómetros por hora.
Entonces paró, él me soltó y yo caí al suelo de rodillas pero sin llegar a desmayarme.
Entonces miré el entorno en el cual me encontraba... Era lugar en el cual él asesinó a la chica que tele transportó. El lugar era desde mi punto de vista interior... unas columnas grises que llegaban hasta el alto techo, unas rotas, pero en su día no debieron de sujetar el techo, unas cuantas salidas, las paredes en buen estado, sin agujeros... debía ser un edificio en construcción que nunca llegaron a terminar, ya que había unas escaleras al fondo que llevaban arriba... pero no se veía más. Casi todo estaba en mal estado, pero no parecía que nada fuera a caer.
–¿Por qué no me matas?... –le pregunté estando en el suelo.
–No me corresponde... –respondió.
Entonces le miré... pero él seguía con sus vestimentas.
–¿Qué te ocurre en la cabeza y las manos? –le pregunté.
–Nada... solo lo que he tenido que hacer para venir hasta aquí... –dijo mientras estaba ahí de pie enfrente de mí sin hacer nada.
–Supongo que tienes a alguno de tus amigos aquí –supuse.
–No... debía avisarte y estar contigo para hablar de algo...
–¿Qué? –dije muy extrañado.
–Pues que debía hacer algo así... de retenerte... ya que no has muerto... una cosa va detrás de otra...
–¿Una cosa va detrás de otra?
–No puedes cambiar el orden del tiempo... todo pasa a sí o sí...
–¿Por qué estamos aquí?
–No lo sé... cuando vine... vine aquí y las veces que me tele trasporto... vengo aquí... y de aquí a cualquier sitio.
–Vaya...
–Sí... oh y... no me hago invisible... solo me tele trasporto... y los polis muertos en el edificio explotado... iban a morir en unos meses debido a un incendio y se les iba a caer un trozo de edificio... y no iban a hacer nada constructivo... al igual que el policía muerto de la sala de interrogatorio, o... y no soy ningún familiar... ni nadie que hayas metido entre rejas... aún... –acentuó aquella palabra con un acento de furia –No otra vez.
Entonces abrí los ojos por completo... no soñé su presencia... había estado aquella noche en mi habitación...
–¿Cómo has sabido que pensábamos eso?
Entonces se quitó la gorra y pude ver que su mitad derecha de la cabeza estaba cubierta de metal... y la otra tenía pelo moreno y corto.
Entonces se tele trasportó entre risas de loco... era como si se volviera borroso en unas décimas de segundo y desapareciera por completo. Me levanté ya casi recuperado y salí fuera pero... era por la tarde.
Fuera pude ver que todo estaba rodeado por una valla de madera, había unas escaleras fuera que llevaba hasta un segundo piso, que era hasta donde se acababa el edificio gris en altura, con unos pilares que tenían la intención de llegar a un tercer piso, pero que se quedaron a medio construir. Las salidas de dentro, llevaban a un pequeño espacio limitado por la valla, pero el camino que permitía el acceso, era la salida principal, donde había un camino que llevaba a una puerta de metal con un candado que estaba de pega. Había unos chicos de piel morena hablando y riendo al lado de la puerta, uno de ellos llevaba un reloj y fui para preguntarle la hora.
–¿Perdona, qué hora es?
–Las cinco en punto.
–Gracias –le dije.
Y entonces me fui un poco mareado por mi primer viaje de ese tipo.
–¿Está bien? –preguntó uno de los chicos.
–Sí, sí... –entonces me fui.
Me dirigí directamente hacia la oficina para explicar el suceso... y también que había estado ausente en el tiempo durante varias horas.
Al llegar, en la puerta estaba toda la prensa, detrás, Carla y Marcus.
–¿Qué ha ocurrido? –me preguntó la reportera de siempre.
–Nada... me he tele transportado en el espacio y he estado ausente en el tiempo durante horas. –le respondí muy alegre.
Entonces bajó su micrófono y se fue junto al cámara que estaba alucinado por lo que le había respondido a su compañera las dos últimas veces. Y una vez se fue ella, los demás también se fueron.
–¿Dónde te habías metido? –preguntó Marcus muy enfadado.
–Necesitamos al listillo... él sabrá algo de esto. –dije.
Y al entrar, les expliqué lo que había pasado.
–Vale... le buscaremos para que venga y nos haga un análisis de eso y qué puede estar detrás... ¿y dijo que no le habías metido entre "aún" rejas? –dijo Carla.
–Sí... pero es raro por que quiere matarme y yo muerto no puedo encerrarle... no lo entiendo.
–Duerme y ya veremos mañana –dijo Marcus.
–¿Ana a aparecido? –pregunté.
–No... es raro, pero ambos estaremos aquí para esperar a que venga mañana o cuando sea... –dijo Carla.
Entonces ella y yo nos quedamos allí en la oficina hablando sobre el tema y en un rato me dormí, ya que estaba un poco mareado.
Al día siguiente me desperté a las diez y pude ver a Carla hablando por teléfono. Al colgar y ver que estaba despierto me habló.
–No te lo vas a creer... –dijo Carla alterada al instante que acabó de hablar por teléfono.
–¿Qué?
–Han matado al listillo en su casa esta noche.
–¿Qué hacemos?
–Debemos quedarnos aquí... y esperar a Ana...
–Los archivos removidos por ella...
–Sí... es la principal sospechosa... esta mañana se han puesto en contacto con ella para que venga y preguntarle donde estuvo todo el día de ayer. –dijo ella apenada.
Me sorprendió mucho el hecho de que pudiera ser ella la asesina, se la veía buena gente... pero todo era posible, no la conocíamos tanto.
Nos quedamos allí un par de horas hasta que todos los chicos de la oficina llegaron y Ana la última.
–Ana... sabes que eres la principal sospechosa del asesinato de "el listillo", ya que todo el día de ayer estuviste ausente y estuviste mirando el historial de dicho sujeto y en él... estaba su dirección. –dijo Marcus.
–Solo quería saber sobre él... yo estaba en mi casa, porque no me encontraba bien. –replicó ella con un tono dulce.
–Sí... pero debemos llevarte a una sala de interrogatorio y después llevarte a la cárcel. –dijo Carla muy triste.
Entonces me di cuenta de que uno de los policías allí presentes se estaba poniendo nervioso y empezaba a temblar, me di cuenta de que Marcus se fijó pero no le dio demasiada importancia, pero yo sí. Marcus puso una pequeña sonrisa que me dirigió.
–Ana... si no confiesas estarás toda tu vida en la cárcel. –dijo Marcus.
Entonces las manos del policía empezaron a temblar de una manera exagerada.
–O en caso contrario, serás ejecutada. –dijo Marcus.
Entonces Ana se asustó.
–NNOOOO... –saltó el policía llamado James.
Entonces todos le miraron mientras respiraba de manera rápida y entrecortada por la reacción.
–E... ella no es la culpable... tengo un amigo que hace poco salió de la cárcel... y le dije que su crimen lo resolvió "el listillo"... y le pasé información de él y su dirección... y me dijo que en poco tiempo le mataría... os diré donde vive mi amigo –confesó James.
Entonces James se puso a llorar sintiéndose culpable y extendió las manos para que le pusieran unas esposas que le pusieron y se lo llevaron.
–Esto ya lo pasé una vez en otro lugar hace mucho... le puse cargos exagerados a otro y el culpable verdadero ante el no poder aguantar la mentira... confesó. –dijo Marcus.
–Creí que iba enserio... –dijo Ana dijo cogiendo mucho aire ya que el susto aun le duraba.
–Mañana los tendremos a ambos sospechosos en la sala de interrogatorios. –dijo Carla.
Entonces Marcus se fue y así nos quedamos Ana, Carla y yo solos allí.
–Increíble... creí que me iban a llevar a la cárcel –dijo Ana.
–No... no se nos escapa un detalle de nada... así que no podemos acusarte de nada chica. –dijo Carla simpática.
–Si quieres vete a casa Ana, así nosotros no quedaremos aquí... –le dije.
–De acuerdo... adiós. –dijo aliviada.
Y se fue.
–Oye... las otras oficinas se encargaban de las cosas ¿no?... es que la gente aquí sin hacer nada... –le dije a Carla.
–Sí... ¿no te lo había dicho ya?
–No lo sé...
Entonces nos quedamos allí unas tres horas hasta que llamaron a Carla.
–Es Marcus. –dijo ella y puso el altavoz.
–Ya tenemos al amigo del policía. Venid rápidamente a la otra oficina. –dijo Marcus.
Entonces cogimos un coche y nos pusimos en marcha y en un rato llegamos. Era la oficina de la otra vez donde ya había interrogado al joven que disparó el primer rayo. La oficina ya estaba arreglada.
Al llegar allí estaban los dos, James y su amigo el cual yo ya había reconocido como Iván, un chico de treinta que mató a su padre para quedarse la herencia, harto de que su padre no se muriera nunca.
–¿Cómo lo habéis cogido tan rápido? –le pregunté a Marcus.
–Estaba donde el policía dijo y su amigo cuando entramos se entregó sin decir nada.
–Voy a entrar. –dije.
–Iván no ha dicho una palabra, ni ha hablado con su amigo todavía desde que los hemos cogido. –dijo Marcus.
Y entonces entré.
–¿Sabéis por que estáis aquí? –pregunté.
–Sí... por "el listillo" –dijo Iván con la cabeza gacha.
–Para ser más concretos... pase de información confidencial de la policía ha un asesino y asesinato de "el listillo" –dijo James.
–¿Perdona?... solo pase de información, y eso ya está bastante mal y de veras que lo siento –dijo Iván.
–¿Me estás diciendo que no le has matado? –le dijo James con los ojos muy abiertos y muy extrañado a su amigo.
–Sí... pensaba matarlo en un mes o así. –dijo Iván extrañado.
Entonces allí me di cuenta... Ana era la asesina, pero tampoco había sido ella... había estado siendo controlada desde un principio.
Entonces salí y hablé con Carla y Marcus.
–Fue Ana... pero sin ser ella... ya que el asesino sabía lo que pensábamos, mata a personas que van a morir de manera próxima y no quería científicos por en medio... y sabía donde estaba justo cuando ella miró su historial, y estuvo ella ausente... –dije.
–¿Controlada... por él? –dijo Carla alucinando.
–Buscad a Ana, detenedla –gritó Marcus.
Entonces unos policías que había allí se fueron para cumplir su orden.
–¿Qué hacemos con estos dos? –dijo Carla.
–Que se los lleven a la cárcel... por lo que el policía ha dicho y... bueno... planeo del asesinato de "el listillo" y lo habría matado. –dijo Marcus.
Entonces nos fuimos de allí y nos metimos en el coche para ponernos en marcha.
–¿Dónde vamos? –pregunté.
–A mi casa, no creo que sepa donde vivo. Tampoco se lo he dicho. –dijo Carla.
–Debéis quedaros allí, ya que tenemos a una chica controlada por la persona que te odia. Y no sabemos qué nuevos aparatitos podría traer esta vez. –dijo Marcus.
En un rato llegamos allí, nos bajamos del coche Carla y yo y Marcus se fue en el coche.
–Vamos... estás en tu casa. –dijo ella de forma acogedora.
Y nos fuimos a su piso que no estaba nada mal. La casa era bastante grande y a buena altura de cuatro pisos, al entrar se podía ver a la derecha estaba el baño con las paredes blancas, a la izquierda no había nada, recto, había un gran comedor, era grande para mí... en ese comedor había una tele de largo más de dos palmos de largo y ancho, un sofá, una lámpara colgando del techo y una ventana. Aunque no vi más allá de la derecha del comedor que era por donde continuaba la casa, aunque como mínimo debía de haber una cocina y una habitación. Estaba decorado con fotos de paisajes relajantes.
–Vaya... es bueno –dije impresionado por el pedazo de casa que tenía.
–No es una maravilla del mundo. –dijo riendo.
–¿Qué hora es?
–Las cinco de la tarde.
–Con decir las cinco ya bastaba, tengo ojos para saber que es por la tarde. –bromeé.
Entonces ella se rió.
–Debo decir que nunca había visto tu casa.
–Yo en la tuya sí... bueno, no la tuya pero sí la estructura –dijo Carla.
–Ya...
–¿Cuánto tiempo llevamos trabajando juntos?
–Cuatro años tal vez... tú entraste más tarde que yo. –dije.
–Hemos pasado muchas cosas juntos... pero nunca como ahora.
–¿Te refieres a la intensidad las cosas... o a las cosas que están pasando y como las pasamos de manera tan unida? –dije con una sonrisa.
Y en unos pocos segundos contestó:
–Ambas. –dijo ella con una mirada atrevida y una sonrisa.
Entonces nos pusimos a cenar en el comedor después de que ella hiciera la cena, ya que ella misma no quería que la ayudase porque era el invitado.
Y a las diez después de unas buenas risas nos fuimos a dormir.
Antes de eso, me fui al sofá del comedor que iba a ser mi cama aquella noche y se sentó a mi lado.
–Aún no te he agradecido... que me salvaras la vida... Gracias –dijo ella mirándome fijamente.
–De nada... tú habrías hecho lo mismo por mí.
–Ya lo creo –dijo en voz baja pero distinguida.
Ella se acercó a mí lentamente, yo puse mi mano en su suave mejilla y nos besamos. Fue un beso suave, tierno, placentero. Pues nunca se creó nada tan dulce y perfecto.
Nunca habíamos hablado de nuestros sentimientos mutuos, pero estaba claro por parte de ambos que había algo y aquella charla que estábamos teniendo era bastante provechosa. Era un gran paso... era el paso.
Entonces sonó la puerta y ella fue a abrir.
–¿Sí?... o Dios mío. –dijo Carla asustada por lo que había visto por la mirilla de la puerta.
Entonces la puerta empezó a ser golpeada con brutalidad.
–Debemos irnos de aquí ahora, es... el asesino en Ana. –dijo ella.
–¿Por dónde huimos?
–Por la ventana, hay una escalera de incendios junto a ella.
Y cuando nos fuimos pudimos oír como la puerta caía y unos pasos pasaban al piso.
–No fue la única dirección que busqué –dijo el asesino a través de Ana desde la ventana sin hacer nada.
Y nosotros nos fuimos hasta abajo y salimos corriendo tal como estábamos, ella con un pijama azul, pero que no parecía siquiera un pijama y yo con mi ropa de todo el día.
Al llegar a la acera de enfrente, nos giramos hacia el piso para ver si Ana nos miraba, pero lo que veíamos nosotros, era del piso salir por las ventanas fuego y unos segundos después, hubo una explosión dentro.
–¿No tendrás macotas no?
–No... estoy sola... bueno, ahora no –dijo mirándome con una sonrisa.
Entonces nos fuimos a la oficina para quedarnos allí.
Al llegar después de un silencioso camino, estaba cerrada, pero ella cogió la copia de la llave antes de salir de la casa y entramos, al entrar cerró. Yo me fui a mi despacho y ella llamó a Marcus.
Pensé en el momento en el que ella estaba hablando por teléfono, en que si ella estaba cerca de mí, más posibilidad tenía de estar en peligro, tal vez no debía morir, pero podía herirla.
Entonces salí y en la puerta allí estaba ella. Cortándome el paso.
–Dice que nos quedemos.
–Debo irme... te pongo en peligro, allá donde voy todo acaba destruido. Debo acabar con esto yo solo.
–... –dio un fuerte suspiro– Vale... lo-lo-lo-lo entiendo... diré que... te fuiste por la noche.
–Gracias.
–Por favor... vuelve.
–Te lo prometo.
–Te quiero.
Antes de irme por la puerta me giré:
–Bonito uniforme.
–Anda ve –dijo con una amplia sonrisa.
Entonces salí decidido a enfrentarme a lo que fuera que se me pusiera por en medio.
Pensé en ir a donde mató a la primera chica, y allí podría estar.
 
 

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