Capítulo 9 El Guardián del Bosque

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS

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Las puertas del castillo se abrieron con fuerza al momento que la Dama de Negro alzo sus manos, se notaba furiosa, pero me gustaba verla otra vez, aunque estuviera a nada de sacar humo por sus oídos por lo que mi sonrisa era notoria
—¿Cómo es que luego de tiempo se atreva a venir a atacar en una ejecución por traición? — Comentó ella casi a gritos mientras caminaba hacia su trono, éramos seguidos por centauros así que no podíamos hacer nada.
—Era inocente, y usted lo sabe, además, los Orcos no pertenecen aquí y lo sabes —Le dije caminando detrás de ella.
—¡No hables así de los Orcos! —Dijo ella volteando levantando un dedo caminando hacia a mi regañándome como si fuera mi madre por lo que le sonreí sínico.
—No pertenezco aquí, así que no puedes retarme, pero salve de que lo mataran, me han contado lo que sucede aquí, y me han contado lo del bosque y odio saber que de algo en ti se apaga —La miré a los ojos, me atrevía a hacerlo a pesar de que ella pudiera hacerme cenizas con tronar los dedos.
—Te fuiste, yo te propuse quedarte y pertenecer aquí, pero lo rechazaste, aún así hay un guardián del bosque, escogí a uno de los Orcos de Nathaniel —Mencionó ella volviéndose a girar caminando hacia su trono aún más molesta de que no bajara la mirada en mis respuestas.
—Entonces es eso la causa de que esté así…—Dijo Morfeo poniendo se una mano en su barbilla como si estuviera pensando en algo serio.
—Estaré por un tiempo aquí, déjame que yo ponga en su normalidad —Le dije seguro siguiéndola hasta la primera grada de su trono.
—¿Y en un mes piensas hacer que mi bosque vuelva a ser brillante y los árboles tengan las hojas más verdes del mundo? —Pregunto ella sentándose en su trono cruzando sus piernas y colocando sus manos en el descansa brazos del trono.
Tensé mi barbilla, no por miedo, si no por molestia debido a que sentía que me estaba retando como si no pudiera hacerlo, por lo que asentí, nunca había hecho algo parecido, pero estaba decidido.
—Si, muy seguro, y trataré de que tus sueños y el de los demás cambien para un bien —Estaba seguro de todo, contestaba rápido mientras la mirada directo a la cara.
—Las reglas son que quien derrote al guardián actual, será el futuro guardián del bosque y del reino, y quien comandará los ejércitos, y tu apenas has neutralizado algunos minotauros —Comentó ella mientras movía sus dedos chocando sus uñas en el hierro del trono.
—¿Dudas que lo haré? —Pregunté alzando una de mis cejas atreviéndome a subir la grada primera, escuchando como los centauros agarraban sus espadas, ella levantó su mano para que no hicieran nada.
—No, jamás dije eso, pero los humanos siempre han perdido con los Orcos —Mencionó ella.
—Nunca me he enfrentado a uno, y no se han enfrentado a mí, además puedo volver color tu bosque y si pierdo, me exilias eternamente —Le dije subiéndome otra grada.
—Exacto, entonces no sabes cómo derrotar a alguno, además si lo haces, todos los Orcos te odiaran —Su voz parecía nerviosa, aunque trataba de disimularlo.
—Yo no pertenezco aquí ni ellos, los Orcos son de otro lugar, este es tu lugar, debes tener bien el mando de todo —Le comenté subiéndome a la tercera grada.
Podía escuchar como los guardias caminaban disimuladamente hacia nosotros como si pensaran que la iba a lastimar. Morfeo seguía pensando como si algo viniera a su mente.
—Yo tengo el mando, insolente humano —Era la primera vez que ella trataba de insultarme o algo así, por lo que, en lugar de enojarme, sonreí dando un paso hacia ella diciéndole.
—No soy insolente, soy un cazador, dispuesto a cuidar tu bosque, y no a destruirlo —Puse las manos en el descansa brazos de ella inclinándome, ella tenía pegada su espalda y su cabeza en el respaldo de su trono — soy “El cazador Arthur”, que quiere cuidarte —Lo último salió de mi boca por lo que rápido me corregí — cuidar, el reino, aunque no sea quien para hacerlo, tu y tu reino y de nadie más.
Estaba muy cerca de ella, sus ojos miraban los míos sorprendida que tuviera el valor de hacer eso, ella coloco una mano en mi pecho como si no buscara acercarme más, estábamos cara a cara, a unos cuantos centímetros.
—Y no pienso irme, hasta que esto con ellos acabe, aunque tenga que salir lastimado, o morir, porque sé que es que no salga como quieres el reino donde haz nacido, y nadie es más poderosa que tu —Le comenté soltando el aire que tenía y negué — debes creer en ti, y en tu poder Dama de Negro, solo tu eres quien manda aquí, y estas dejando que ellos te arrebaten todo.
Ella se había quedado sin palabras, hubo unos segundos de silencio, sus ojos contra los míos, su mente contra la mía, sus palabras contra las mías, y nuestras respiraciones casi juntas.
En ese momento las puertas del castillo se abrieron con algo de fuerza seguido por una enorme sombra, olía diferente por lo que unos pasos muy sonoros se escucharon, me doy la vuelta por lo que pude ver quien era.
El Orco Nathaniel había entrado, esta enorme bestia estaba más que furioso al verme ahí por lo que abrió poco su boca enseñando sus colmillos para darme miedo soltando un gruñido seguido de eso, en verdad cumplía su objetivo, me daba un poco de terror verlo ahí por lo que baje las tres gradas.
—Nathaniel, Arthur, “El Cazador” humano vino a retar a Sautón, el Orco que esta cuidando el bosque, quiere ser el guardián por un tiempo, y está dispuesto a luchar con el —Su voz se había aclarado por fin como una digna reina.
—¿Y a que humano estúpido se le ocurre venir a un mundo mágico donde no son bienvenidos y a cuidar lo más importante del lugar? —Comentó caminando más hacia nosotros.
Morfeo apretó sus puños por lo que este comentó.
—No es cualquier humano estúpido, es el humano estúpido que sabe como volverlo a la normalidad, y si es así pueden volver los frutos para tus ofrendas —Sonaba tan valiente que se colocó frente al verde Orco que se detuvo escuchándolo, este volvió a soltar otro gruñido así que asintió.
—Pero primero, derrotará a Sautón, pero a muerte —Dijo este sonriendo bastante amplio como si en su mente pasará como mi cabeza rueda por el suelo.
Tragué salvia al escucharlo por lo que asentí despacio apretando mis puños dando otro paso hacia él, apenas podía disimular mi nerviosismo, aún no me acostumbraba a este mundo mágico menos a uno que quería mi muerte.
—Si lo hago, ustedes no tocaran el bosque, si no cuando esté apunto de morir, tu serás el que corte mi cabeza —Le dije, buscando sonar lo más valiente posible.
—Esas no son las reglas —Mencionó este al sentirse amenazado.
—Tampoco matar, así que ojo por ojo, diente por diente —Le dije mientras me ponía a la par de Morfeo.
—¡Así será! —Se escuchó de atrás la Dama de Negro levantarse —Pero mi bosque, mis reglas, así que sus condiciones son esas, pero las reglas son, sin magia, sin trampas, y sin ayuda.
—Vamos a darle —Comenté viendo al Orco, aunque trataba de no verlo a los ojos.
°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°Estábamos todos reunidos en el centro del bosque, Elfos, Hadas, Magos, Sabios, Faunos, Orcos y demás seres estaban en un gran circulo mientras se preparaba todo, a pesar de que en el centro no hubieran arboles estaba oscuro, casi como si fuera de noche, así que el Orco llamado Sautón estaría del otro lado.
—Morfeo, recuérdame ¿por qué siempre tengo que arriesgarme a que mi cabeza ruede? —Le pregunté mientras ajustaba mi chaleco café, estaba sin la capucha, no la iba a necesitar así que troné mi cuello de lado a lado.
—Necesitas salvarnos a todos de la desgracia que pasará, y pues no será la primera vez esta de que te arriesgues —Comentó mientras daba masajes en mis hombros buscando relajarme.
—¡Bienvenidos a la pelea de los tiempos, un humano ordinario llamado Arthur “El Cazador” quien ha tenido enfrentamientos contra Minotauros, Centauros y posiblemente, otros humanos ordinarios como el —Dijo Chamalé, el Orco pequeño mientras tenía en sus manos dos antorchas grandes dando una vuelta mientras hablaba —Y ¡por este lado a Sautón, el Orco guardián del Bosque de los sueños! —Lo último lo dijo con orgullo y únicamente los Orcos gritaban celebrando levantando sus grandes mazos y hachas.
El Orco camino hacia el centro, era casi del alto de Brheyner, este quitó la piel de lobo de su torso dejándola caer al suelo, era fornido, su cabello era más corto que el de los demás, una pequeña trenza, sus ojos eran rojos.
Mientras todos gritaban; se me quedo viendo y abriendo sus brazos soltó un rugido bastante alto, enfurecido, quizá era para llamar la atención, o porque si estaba molesto que le quitara su puesto.
Al estar a unos metros, Chamalé clavo las antorchas en el suelo a cada lado de nosotros y grito:
—¡Que comience la batalla por el bosque! —Con todas sus fuerzas seguido por los gritos de todo el pueblo emocionado.
Este saco su hacha enorme por lo que corrió hacia a mí, sus pasos vibraban en el suelo así que saqué mi espada lo más rápido que pude, alzando la para detener un ataque que hizo este quedando en filo justo en la hoja de mi arma.
Podía sentir su aliento por lo que moví mis brazos a un lado haciendo que este fuera empujado apenas, le di una vuelta a mi espada en mi mano y luego ya decidido camine hacia el para comenzar a chocar su hacha contra mi espada.
Derecha, izquierda, abajo, pero al momento de tener mi guardia baja, un puñetazo salió a mi cara haciendo que soltara mi espada, pero mi cuerpo cayera hacia un lado.
Fue el golpe más fuerte que pude haber recibido en mi vida, escuchaba apenas las voces de todos, pero como si estuviera en el fondo del agua y ellos arriba.
—Ven aquí...—Dijo este tomándome del brazo clavando algo en mi abdomen y lanzándome lejos haciéndome rodar hasta caer a la orilla del círculo.
Todos gritaban, sabían que iba perdiendo, Morfeo me había dicho que de esta salía, pero a cómo iba, de seguro moriría.
Me fui levantando poco a poco, me dolía todo el cuerpo, así que cuando este volvió a correr hacia a mi saque una flecha de mi camisa de atrás y me impulsé con fuerza para clavarse la en el cuello.
Todos quedaron callados ante aquel sorprendente giro a la batalla, Sautón dio dos pasos hacia atrás, y la flecha comenzó a escurrir un líquido verde oscuro, ¡Había hecho sangrar a un Orco!
En ese momento hice lo más inteligente, lo rodeó para tomar mi espada en el suelo. Pero este tomando la flecha la sacó de su cuello poco a poco hasta dejar la punta fuera de su cuello hasta quebrar la en su mano.
—Humano estúpido.
Este dijo así que corriendo hacia a mi tuve de nuevo el valor de siempre por lo que volvía el choque de espadas, esta vez fue diferente, mi cuerpo parecía más suave, un movimiento hacia la izquierda, di un giro hacia la derecha, pero con la espada hacia abajo para herirle una de sus piernas haciendo que este cayera al suelo sorprendido.
Su caída no fue algo que todos esperaban, pero este quería seguir la lucha, así que quiso tomar su hacha, pero fue interceptado por el filo de mi espada que cortó su mano de una manera bestial, en cuestión de segundos fue eso, y todos se quedaron en silencio.
Los Orcos habían dejado de gritar, solo se escuchaba el rugido de Sautón de dolor, su brazo estaba sangrando, apenas podía ponerse de pie, pero de nuevo fue interceptado por mi espada que de nuevo el filo conoció su pierna cortándosela haciendo que cayera al suelo de nuevo, lo estaba haciendo sufrir por sus sollozos de dolor.
No podía creerlo ni yo, solté mi espada caminando hacia su hacha por lo que sin poder pensarlo la tome, no estaba tan pesada como creía, levantando la con las dos manos, todos me veían como si no creyeran nada de lo que pasaba sus ojos, señalé a Nathaniel con el hacha sonriéndole cínico y luego me giré lanzándola con todas mis fuerzas, hacia el Orco que trataba de levantarse con su pie bueno, pero el filo le dio justo en el pecho tirándolo hacia atrás.
Estaba manchado de la sangre de, el, así que camine hacia donde este estaba en el suelo sabiendo que a los Orcos había que atravesar les el corazón para matarlos, así que mire al Sautón con su propia arma en las manos diciéndole:
—No dejes de ver, a Arthur, el nuevo guardián del bosque de los sueños.
Justo diciendo tomando bien en el hacha la empujé más al fondo para que toqué su corazón, sus ojos se pusieron verdes hasta ponerse en blancos quedando inerte en el suelo.
No hubo sonido alguno, solo Elfos sorprendidos, Orcos enfurecidos, Hadas que su brillo dejó de estar como una luz, se apagó debido a que debían verlo todo sin distracción, estaba jadeante por lo que vi a todos, me miraban, los oía murmurar.
Busque a La Dama de Negro con la vista, notando la incrédula por lo que estaba en el suelo, Morfeo estaba a unos metros de ella con la misma cara junto a Valerie, nadie celebraba, nadie emitía alguna palabra sobre el humano que mató a un Orco en siglos.
Coloqué mi mano en mi abdomen sintiendo dolor, bajé la vista viendo sangre, y era roja, era mía, mis labios se curvaron en una sonrisa como si fuera algo bueno.
Tomé la trenza de Sautón y se la corté con el cuchillo que me apuñaló como si fuera un trofeo que gané y lo levanté manchándolo de mi sangre, ahí fue donde todos gritaron de felicidad, levantando sus manos, tirando papelitos y todo, menos los Orcos, parecían más enfadados que antes, Nathaniel tenía sus ojos de color rojo sangre, parecía bastante cabreado, se le notaban sus ganas de quitarme la vida, pero no lo haría, al menos, no hoy…
 
 
 
 

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