Capítulo 16 ; peligro entre lobos

Cuentos de Media luna

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La tensión en el ambiente se podía palpar, asentí ante la indicación de  Eir y entramos a su habitación, señaló la mesa justo delante y tomé asiento, un escalofrío helador me recorrió la espalda una vez estuve acomodada en mi sitio.
 
 
— Si sigues así de tensa te morirás  de un infarto antes de que pueda soltar una palabra.
—Lo siento… — me disculpé con timidez al ser descubierta.
—Bien — dijo pensativa  — comencemos.
 
 
Eir  colocó las runas en la mesa que había entre nosotras, cerró los ojos con fuerza lo que tomé como  señal de concentración pasó sus manos por encima de ellas. Todo parecía normal pero algo en el ambiente cambió de repente, un viento recio sopló, la temperatura cayó en picado, las llamas de las velas antes rojizas se tornaron en un azul fantasmagórico. Eir abrió entonces los ojos pero eran blanco platino y su voz parecía muy distinta a la conocida.
 
 
—Soy el oráculo de las marismas del dragón ¿quién me invoca? 
—Yo, no soy más que un alma que desea conocer el por venir para caminar en el presente.
 —Si tu futuro buscas, yo lo hallaré, descendiente de Asgard.
—Por favor…— dije viendo como esparcía las runas en la mesa.
—Las runas me mostrarán tú destino — se quedó con la mirada clavada al frente mientras movía las manos por encima de las runas — te espera un destino incierto y lleno de peligro. 
—¿Incierto? ¿peligro? ¿qué debo hacer?
—Debes ir al santuario de Niflheim, al norte, en el desfiladero de la serenidad. En lo más hondo hay un templo, allí iniciará verdaderamente tu viaje.
—Pero creí haberlo hecho ya.
—Has emprendido un largo viaje, cierto es y ahora cargas con una carga inimaginable a tus hombros. Pero no has comenzado a cumplir con tu destino, no aun, por otro lado tú corazón vacila a cada paso. No podrás cumplir con tú destino si las sombras te engullen.
—¿Pero que es lo que me espera? ¿voy acaso a fracasar? yo… ¿acaso yo…?
—Te  espera el dolor de la pérdida y como ya he dicho la oscuridad se cierne sobre ti y si cedes a la oscuridad esta te devorara …  antiguos enemigos tentaran tú inestable corazón,  oh heredera de Valhala si deseas cumplir tú misión, de verás abrir la puerta que tan desesperadamente tratas de cerrar.
—¿Cuál? ¿qué es? ¡haré lo que sea! 
—La llave hacia el futuro en tu viaje, es aquello a lo que tan fervientemente niegas su existencia, el amor.
—¡¿Cómo es eso posible?! ¡El amor no puede ser la clave para evitar el Ragnarok! 
—¿Evitar? no es posible hacer tal cosa, el Ragnarok es inevitable, más no desesperes tú serás la luz que atravesara las sombras, tú eres la esperanza  que brilla en la profunda oscuridad, tú traerás la paz.
—¿Por qué siempre yo…?
—De veras encontrar esa respuesta tú sola durante tu viaje…
 
 
Eir cerró los ojos como si acabase de desmayarse, el ambiente volvió a ser cálido y las velas a ser de un naranja ardiente, no esperé a que Eir despertase para marcharme de la habitación. La posada era discreta y acogedora pero yo estaba helada por dentro.
 
 
—Un futuro incierto… las sombras quieren atraparme… desfiladero de la serenidad… 
 
 
Me acerqué a una ventana, con ambos brazos abrazándome sumida en mis pensamientos mientras el alba iba alzándose  brillante y esperanzador en aquel amplio y claro horizonte, sentí una mano en mi hombro pero, por primera vez desde que todo esto empezó no sentí temor, me giré para encontrar un rostro familiar.
 
 
—Deberías venir al gran salón, estar cerca del fuego te hará bien y te ayudará a descansar.
—No se si el fuego me ayude en este momento — dije recordando la noche anterior y el corazón se me encogió.
—Aún así deberías descansar, vamos ven.
 
 
No pude negarme, Alissa siempre conseguía lo que quería, tal vez se debiera a su optimismo o tal vez a que era alguien importante para mi, lo que estaba claro era que en esta ocasión no podía participar de su optimismo, de su alegría, de su esperanza. Cedi dejándome arrastrar hasta la sala, pero el trayecto fue en completo silencio, mis pensamientos tenían vida propia, iban y venían como la marea.
 
 
—Siéntate aquí, puedes coger esa manta.
—Oh, gracias — dije volviendo a la realidad.
 
 
Mi vista se paseó por cada rincón, observé a cada uno de mis compañeros, al menos a casi todos dormidos en los sofás, colchones o en el suelo cerca de la chimenea y su cálido fuego. Miré a Alissa y esta bajó la mirada.
 
 
—¿Dónde están? — pregunté  y apretó con fuerza sus manos que estaban en su regazo.
—No lo sabemos… creí… creí  que tú nos lo dirías — dijo con voz quebrada.
—Yo… no lo se, les dije que se fuesen, hirieron a Layla pero seguía con vida, yo me quedé para hacer frente a Hreidmar… deberían haber llegado mucho antes que yo…
—¿Crees que…? ¿qué tal vez ellos…?
—¡No te atrevas a decirlo, ellos están vivos!
 
 
Me levanté de golpe, Alissa comenzó a llorar en cuanto le di la espalda para salir de aquella habitación, cerré ambos puños con frustración ¿dónde demonios estaban? me quedé durante horas viendo aquel lugar arder en llamas hasta que sólo quedaron cenizas, ellos deberían estar aquí. 
 
 
—¡Él debería…! — golpee la pared que tenía justo al lado, consiguiendo sólo lastimarme los nudillos — ¡Maldita sea, más te vale no haberte muerto! Lo prometiste… 
 
 
La impotencia era demasiado fuerte, nunca me había sentido más inútil que en aquel momento, no tenia idea de en que situación se encontraban o donde, si seguían todos con vida o no. Tampoco conocía lo suficiente aquella zona como para salir en su busca. Sin poder hacer nada más que esperar decidí ir a mi habitación, me derrumbé sobre la cama y dejé que los recuerdos me inundaran.
 
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—Necesitamos movernos, pronto  se alzará el sol — dije abatido.
—¡No podemos dejarla aquí! — me gritó Layla. 
—¡¿Crees que alguno de nosotros quiere hacerlo?! ¡Míranos! — nos señalé — ¡acepta la maldita realidad Layla! ¡¿crees que podemos lograrlo llevando otra carga con nosotros?! Ninguno esta en condiciones de llevarla.
—Tal vez yo pueda…— empezó Wolf.
—¿De que hablas? tú apenas puedes levantarte o sostenerte por ti mismo — le discutí.
—Aún así lo haré, es mi deber como su líder, después de todo estamos hablando de una de los nuestros Igdrix. Puede que haga Seis mil años que no piso mi hogar pero no he olvidado como despedimos a los grandes guerreros, su valor, su coraje, su fiereza deben ser honradas así lo hacemos nosotros — me espetó Wolf.
—Tiene razón si la abandonamos aquí estaremos renunciando a todo lo que somos, a lo que realmente somos, si la dejamos aquí no seremos mejor que Lunafreya — susurró Layla.
—Esta bien, sabéis que yo opino lo mismo, pero no estoy dispuesto a perder a nadie más.
—No lo harás, confía en nosotros — dijo Layla.
—Eso hago…— dije.
—Bien, en marcha — dijo Wolf.
 
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Había dormido apenas dos horas cuando Alissa me despertó para tratar la herida en mi brazo, mientras lo atendía mi herida sus ojos reflejaban una pregunta silenciosa la cual no respondí, no quería hacerlo, nunca le admitiría quién me  la había hecho. Ni siquiera yo podía aceptarlo, Tyler había perdido el control y me atacó en consecuencia, nunca, ni aún en nuestras peores batallas lo había visto en ese estado. 
 
 
—¿Fue Hreidmar? — sus ojos atravesaban los míos .
—¿Qué? — pregunté distraída.
—Tienes los huesos hechos añicos, tanto el cubito como el radio están dañados justo en esta zona — señaló la  mitad del antebrazo  — pareciera que quiso aplastarlo, tuvo que ser un ataque brutal.
—No fue para tanto.
—¿Estas de broma? podrías haber perdido el brazo.
 
 
Desvíe la mirada hacia la ventana, las palabras de Alissa comenzaron a ganar peso y preguntas brotaron en mi mente << ¿Qué hubiese pasado si Tyler me llega arrancar el brazo? ¿y si me hubiera matado? peor aún y si me hubiese devorado? >> 
 
 
—Si digo que no fue nada es que no fue nada ahora ¿puedes marcharte?  quiero estar sola.
—Como quieras, casi he acabado de todas formas.
 
 
Aquel momento incómodo acabó unos minutos más tarde, Alissa estuvo en completo silencio mientras terminaba su trabajo e incluso cuando salió de la habitación no emitió ni un solo sonido. Cuando cerró la puerta tras ella solté un suspiro cansado.
 
 
—Supongo que no voy a volver a dormir ¿He? 
 
 
Me levanté rápidamente de la cama para alistarme a la velocidad del rayo, me propuse explorar aquel lugar para no quedarme encerrada y volverme loca dándole vueltas innecesarias a la cabeza.
Me había alejado unos metros, había nieve por todas partes, pero yo me dirigía a la zona donde comenzaba el bosque de pinos, me traían nostalgia algo que al parecer se habia convertido en algo común para mi. 
 
 
—¡Natt! 
 
 
Elevé la mirada con el nerviosismo corriendo por mis terminaciones, mis ojos buscaban con ansias aquella voz, por un instante creí haberlo imaginado pero mi nombre volvió a sonar entre los árboles, corrí  a toda prisa entre ellos, tropezando y cayendo al suelo varias veces debido a la espesa nieve.
 
 
—¿Jay? ¿Tyler? 
—¡Natt! 
—¡Layla! ¡¿dónde estáis?! 
 
 
Aparecieron corriendo en mi dirección, exhaustos,  maltratados. Pero vivos, no me había  sentido así de aliviada en mucho tiempo, corrí sin pensarlo dos veces hasta alcanzar de lleno a Jay. Lo abracé con fuerza, dando las gracias en silencio por ello. Me separé para verle a la cara y golpee su torso enfadada.
 
 
—¡Serás idiota! si querías jugar al muerto haberlo dicho, me hubiese asegurado que fuese divertido.
—¿Estabas preocupada? — dijo pícaro .
—¿Quién lo estaría? lo hubiese echo yo misma… eres realmente un maldito idiota — dije al borde de las lágrimas.
—¡Natt! — gritó Layla .
—¡Pero si es la mismísima Beyoncé! a no espera sólo es una indigente, creo que deberías probar el desodorante alguna vez. Creo recordar que rexona no te abandona.
—Se que soy un desastre pero acabó de escapar de una muerte inminente dame un respiro.
—Me alegro de que estés viva — la abracé aliviada.
—Podría decir lo mismo.
—Yo también estoy aquí — dijo Tyler levantando la mano.
—Por Dios Casper no me des esos sustos — hice un gesto de estar asustada — ¿qué te dicho de asustar fuera del día de Halloween? 
 —Casi me muero vale, perdona la falta de sangre.
—Pero aún así estas vivo, todos lo estáis, por cierto ¿dónde esta Jass? — dije mirando a todas partes.
 
 
Todos ellos guardaron un minuto de silencio, se miraban entre ellos como si estuviesen mentalmente decidiendo quien hablaría primero, la irritación en mi se reflejó en mi ceja alzada y mi cara de malas pulgas irónico porque fue Tyler quien decidió hablar.
 
 
—Ella… Nattalie ella no sobrevivió… — dijo mirando el suelo.
—Espera ¿qué? — dije incrédula.
—Murió envenenada — añadió Layla.
—Esto no tiene gracia chicos ¿donde esta? — dije alterada mirando a los tres.
 
 
Hreidmar dijo que podría estar envenenada, pero no podía estar muerta, no puede ser, ella es fuerte y Layla sabe muchos hechizos, di un paso hacia atrás negando con la cabeza. Tyler dejó caer con cuidado un gran saco que llevaba al hombro, el rostro pálido y sin vida de Jass apareció ante mis ojos, ardientes lágrimas descendieron por mi rostro helado. El tiempo parecía fluir con mayor lentitud, por un instante fugaz pensé que iba a estar bien. Pero al perecer, lo normal en mi vida era equivocarme.
 
 
—Debemos darle una despedida digna — susurró Tyler.
—No… no, ni siquiera deberíamos tener que hacerlo, ella no tenía que morir, si tan sólo yo...
—Podéis adelantaros,  nosotros iremos en unos minutos — les dijo Jay.
—Regresad pronto, debemos preparar la ceremonia de despedida — Layla colocó su mano un segundo en mi brazo.
 
 
Tyler y Layla se marcharon en completo silencio, mi mirada calló nuevamente en mi compañera de armas y amiga en otro tiempo. La culpa me carcomía por dentro en silencio, ella no debería haber luchado mi batalla, ni Layla, ni Jay,  ni Tyler. Cada uno de ellos había estado en el borde, esta vez había sido Jass pero ¿y si hubiese sido Lunafreya? ¿o algún enemigo más poderoso? 
 
 
—Layla esta muerta por culpa de mi propia debilidad, si fuese más fuerte ninguno hubiese salido herido y ella no estaría muerta a mis pies.
—No, ni siquiera lo pienses, hiciste lo que pudiste si estamos vivos es gracias a ti.
—No, estáis vivos por pura suerte  ¿no lo entiendes Jay? casi hago que os maten a todos.
—Tu no has hecho nada, nosotros sabemos cuidarnos solos, además todos sabíamos los riesgos que conllevaba este viaje, no lo hacemos por ti Natt. Nosotros elegimos venir porque creemos que podemos devolver la esperanza, la libertad, la paz, la felicidad a cada reino. Hacer de esto un lugar mejor, para todos.
—No eres tú el que no lo entiende, soy vuestra líder o se supone que lo soy, yo debería cuidaros no vosotros a mi  ¿cómo voy a salvar al mundo si ni siquiera la he salvado a ella?
—Del mismo modo que ella pudo seguir adelante, creyendo.
 
 
Jay se agachó y recogió el cuerpo inerte de Jass, me indicó con un gesto de su cabeza que caminase, lo hice en silencio. Pero sentía su presencia a sólo unos pasos detrás de mi, notaba como me abrasaba su mirada, estaba preocupado pero ya no debía hacerlo aunque no lo supiese aún.
Cuando llegamos frente a la casa todos ya estaban fuera esperándonos, muchos lloraban, otros consolaban con un gesto de interminable dolor, otros sólo se habían perdido. 
 
 
—Debemos ir al lago, no esta lejos… allí — se detuvo Maia — podremos darle una despedida digna.
—¡Vamos a ir a su maldito funeral Maia, esta muerta! ¡nuestra hermana esta muerta joder! ¡¿a quien le importan las tradiciones ahora?! 
—¡Cállate Cole, sabes bien que ella lo hubiese querido así! — le reprendió Tyler.
—¡Ella no quería morir! ¡deberías ser tú el que estuviese muerto! — le espetó Cole.
—¡Cerrad la maldita boca! ¡Dejad de faltarle el respeto a su memoria, todos la conocíamos, ella querría esto, que la despidiéramos como es debido! — le reprendí.
—¡Vete al infierno, “capitana”!  ¡no finjas que te importaba, ni siquiera la recordabas!
—¡Conocía a bellatrix de la estrella del águila, igual que te conozco a ti, Rigel de la estrella de Orión, así que cierra el maldito pico si no quieres que te empapele en Helheim!
 
 
Cole retrocedió entendiendo que se había pasado, no era el momento ni el lugar para reproches, era el momento de honrar la muerte de nuestra amiga, compañera y guerrera de Valhala.
Todos nos dirigimos  al sur donde ser hallaba un pequeño lago y junto a el se encontraba un pequeño bote, indiqué a Jay que dejase el cuerpo dentro, convoqué flores para adornar aquel bote donde reposaba su cadáver pálido.
 
 
 
—¿Alguien quiere decir unas palabras? — susurró Maia.
—Yo — Layla dio un paso al frente — Jassmine a la que todos conocíamos por Jass desde que abandonamos nuestro hogar, nuestro orgullo, nuestras costumbres, todo lo que éramos. Ella, era una amiga excepcional, inteligente, fuerte y amable.
—¿Alguien más? — pregunté  cuando volvió a su lugar.
—Mi hermana era un coñazo, se creía Amy onehouse y aún así la quería, era leal y honesta, era una buena hermana — rompió a llorar Cole abrazando a Maia.
—¿Quién sigue? — miré a mis compañeros.
—Jass fue… una subordinada brillante, una amiga increíble aunque se le daba de pena dar consejos. Se esforzaba más que nadie en cumplir con su deber, la echaremos de menos siempre, con ella se ha ido parte de lo que un día fui.
—Eso a sido muy bonito Jay.
—Creo que todos pensamos lo mismo capitana, todos la queríamos y respetábamos, no creo que ninguno quiera prolongar esto…  — dijo Wyatt.
 
 
Una solitaria lágrima se deslizó por mi mejilla antes de dar un sencillo asentimiento y acercarme al bote de madera, eché un último vistazo a la que un día fue mi amiga, mi rival, la chica a la que yo admiraba en cierto sentido. Cerré los ojos con un dolor punzante atravesando mi pecho y con un pequeño empujón de mi pie el bote se adentró más y mas en el lago hasta que estuvo en mitad de el.
 
 
—Jay, Tyler preparad los arcos... — dije con voz quebrada.
 
 
Estaba de espaldas a ellos mirando el bote en la lejanía pero escuché cada sonido de los arcos al tensar las cuerdas, al preparar los disparos y al soltar las flechas. Ambas llegaron a su objetivo el cual comenzó arder en un abrir y cerrar de ojos.
 
 
—Ve en paz… hija de Valhala — dije mientras veía consumirse el bote y su cuerpo, comencé a entonar una melodía Asgardiana que narraba la historia de una valiente Valquiria.
 
 
Todos vimos aquel bote arder y hundirse en cuestión de insoportables minutos, todos estábamos destrozados, pero debíamos seguir, por el por venir, por Jass.
Nos reunimos una vez más alrededor de la chimenea en la posada, todos tenían los rostros sombríos pero me atreví hablar de igual forma.
 
 
—Eir vio mi futuro — dije con suavidad.
—¿Qué te dijo? — preguntó Tyler.
—Debemos ir a Niflheim.
 —Bien volveremos al cuerno helado y usaremos el baifrost. Mientras descansad un rato, pronto partiremos.
 
 
Tras escuchar aquellas palabras abandonar los labios de Tyler, me levanté sin mirar a ninguno a los ojos y me adentré nuevamente en el bosque nevado, caminé sin rumbo hasta que encontré una pequeña colina desde donde se podía ver la montaña del cuerno helado.
 
 
—No podía encontrarte — escuché su voz a mi espalda.
—No quería que lo hicieras, no quiero ver a nadie ahora mismo.
—Sabes echo de menos esos días en los que sólo me pateabas el culo.
—No me tientes princesa podría volver hacerlo — me reí.
—Todo era más fácil antes. Cuando nos sentábamos así sonrías,  me destrozabas con tu sarcasmo, te sonrojabas y entonces yo te la devolvía.
—Que va, siempre te ganaba yo.
—Nah, era un empate — Dijo Jay con su sonrisa con hoyuelos. 
—En tus sueños, conejito. 
—Coletitas.
—Yo tenía reglas ¿sabes?  pensaba que si las seguía todo iría bien — dije meditabunda.
—¿Y que piensas de ellas ahora? 
—Que estaba equivocada. Sólo mantenía mi distancia de la gente usando esas estúpidas reglas para poder sobrevivir el día a día. Si nadie entra no pueden lastimarte eso solía pensar.
—Eso quiere decir que nos has dejado entrar.
—No te emociones tanto, sigo sin fiarme de ti. 
—Es normal, no recuerdas mucho...
 
 
Y fue entonces cuando la ira acumulada explotó como aquella bomba en Hiroshima. Mis ojos lo observaron con frialdad.
 
 
—¿Eso crees? 
—No pasa nada Natt  te protegeré hasta que recuerdes.
—¿Igual que protegiste a Nébula? — le espeté 
—¿Cuándo? ¿a que te refieres? — dijo confundido.
—A que la vi morir, a ella y a todo Asgar ¿dónde estabas mientras Valhala era asediado?
—¿Como… sabes ? — hice un gesto despreocupado con los hombros restándole importancia.
—Vi un recuerdo, ella luchaba contra los oscuros. Todo Valhala luchaba, pero no te vi allí.
—Tienes razón... no pude protegerlos... pero desde el momento que volví junto a ti y nos atacaron los Umbrax juré que a partir de ese momento daría mi vida por salvar la tuya. 
 
 
Su mirada era intensa y sus palabras me traspasaron como una flecha, pero no podían cambiar el pasado. <<el amor te guiará>> las palabras de Eir golpearon en mi una vez tras otra. Quizás no podían cambiar el pasado oscuro que compartíamos pero si podrían cambiar el futuro que yo tanto ansiaba, un futuro de paz en cada reino, sin odio, sin guerras, sin que nadie más tuviese que sacrificarse.
 
 
—Tal vez… pueda comenzar a creerte — un leve sonrojo tiñó mis mejillas mientras sonreía.
—Tal vez puedan cambiar muchas cosas — sus ojos brillaron a la luz de la cálida esperanza.
—En fin— carraspee —  debemos ir a un templo, según Eir allí encontraré respuestas.
—¿Un templo, porque un templo? — su actitud igual que la mía se tornó sería.
—Aún no lo se. Pero ¿y si eso nos ayuda a liberar a Wagner o a conseguir la daga? — contesté con tranquilidad admirando el horizonte mientras la brisa mecía mi pelo — mientras nos de un paso de ventaja iría a cualquier parte.
—Entiendo como te sientes pero… podría pasar cualquier cosa. 
—Se que es arriesgado, incluso demasiado pronto teniendo en cuenta que  los chicos están echos polvo. Aún así debemos ir.
—Estaremos bien — susurró.
—Esperemos que si — rezaba para que aquello fuese verdad.
 
 
El crujir de la nieve desvió mi atención hacia unos árboles a mi izquierda, le di una mirada de advertencia a Jay quien lo entendió de inmediato, tomé una roca en mi mano y me levanté con naturalidad, cuando el sonido se repitió, esta vez más cerca. Miré de reojo y arrojé la roca con gran fuerza, el objeto voló en el aire y asestó sin problemas al intruso.
 
 
—Auch… — una figura se asomó entre los árboles — ¿es así como tratáis a un aliado?
—¿Aliado? ¿quién eres? — contesté una vez estuvo frente a mi.
 
 
Era una mujer de un metro cuarenta, de cabello cobrizo y ojos verdes, de curvas femeninas y delicadas, de mirada decidida y sonrisa confiada.
 
 
—Soy Zelda hija de Zøtrin .
—Eres una de ellos, eres una enana — dije con frialdad — ¿y que es lo que buscas?
—Ya lo he dicho, quiero unirme a vosotros en vuestro viaje.
—¿Porque harías eso? — estreché los ojos.
—Porque no sois los únicos que buscan evitar el Ragnarok, se que tú derrotaste a Hreidmar, gracias por eso. Gran parte de nuestra raza estaba en desacuerdo con sus actos, nos has hecho un gran favor.
—¿Cómo puedo creerte? los de tu raza son mentirosos por naturaleza.
—¿Quieres que hagamos un juramento eterno? 
—Te refieres ha…
—Si, la promesa de la vida y la muerte, es el juramento más absoluto que existe, porque si quebrantas tú palabra, morirás .
—Acepto. 
—Claro que aceptas, si mueres siempre puedes resucitar Nébula. 
—¿Sabes quien soy? 
—¿Crees que eres la única a la cual le han revelado el por venir? Ja — sonrió altiva — que ingenua.
—Hagámoslo entonces, pero te lo advierto no pienso morir bajo ninguna circunstancia seguiré con vida y acabaré con el caos.
—Esas son promesas demasiado grandes para ti, no quieras correr cuando aún no sabes andar. Hazte un corte en tu mano derecha y ponla al frente.
 
 
Estreché los ojos nuevamente con desconfianza pero aún así lo hice, ella hizo lo mismo colocando su mano encima de la mía . Antes de decir una palabra me miró y sonrió.
 
 
—Juro por mi sangre derramada, nunca jamás levantar mi mano en tu contra o los tuyos, juro fidelidad a la que será mi nueva líder.
—Juro por esta sangre que cae nunca levantar la mano en tu contra, te aceptaré y cuidaré como aliada.
—Bien ahora sabes de sobra que no te traicionaré. 
—Lo siento.
—Yo hubiese actuado igual, lo entiendo pero ahora estoy contigo.
 
 
Di una media sonrisa, los tres comenzamos andar hacia la posada con la idea de reunirnos con el resto del grupo para prepararnos, el momento de partir se acercaba minuto a minuto.
 
 
—Estamos listos para partir — dijo Wyatt.
—¿Quién es esa? — preguntó Alissa.
—Una nueva compañera — dije con simpleza. 
—Soy Zelda hija de Zøtrin. 
—¿Por qué los enanos y los elfos tienen la costumbre de decir de quien son hijos? en serio ¿a quien le importa? — comentó Travis.
—Que poca clase tienen algunos — respondió Zelda siguiendo de largo.
—Al menos no tan baja como la tuya — le replicó.
—Al menos no soy una estúpida bárbara que se limita a destripar todo aquello que se mueve. No sois más que un grupo de sanguinarios sin educación, alguien como tú que sólo piensas en la lucha, la guerra y las armas debería cerrar esa bocaza.
—No eres más que una embaucadora, tengo muy claro que clase de alimañas traicioneras son los de tu raza, más te vale tener los ojos bien abiertos porque no confío en ti.
—¡Basta ya! ¡callaos los dos! — les corregí.
—Discúlpame no era mi intención ponerme a su nivel.
—Como sea, cogeré mis cosas, partimos en este mismo momento no hay tiempo  que perder.
 
 
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Nidavelir, Cercanías a las ruinas calcinadas del palacio, llegada del alba
 
 
 
—Han escapado mi señora — informó un soldado.
—Ya veo ¿dónde esta Hreidmar?  — pregunté distraída.
—Llegará enseguida — contestó.
—Bien, ahora desaparece de mi vista.
—Si mi señora.
—Vaya, vaya, vaya, así que has podido con el impostor, muy perspicaz hija mía, pero no lo suficiente.
 
 
Me pasee entre los escombros de aquel detestable lugar, mi plan había sido un éxito y había logrado que picaran el anzuelo, pese a los años su ingenuidad seguía intacta y eso, sería su perdición.
 
 
—Parece ser que es más capaz de lo que pensamos — dijo el enano.
—Ya era hora Hreidmar, envía alguien a Niflheim y avisa a Onix.
—¿Estáis  segura? Onix es…
—¡¿Osas cuestionar a tu reina?! — lo enfrenté.
 
 
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Nidavelir, camino de cristal, montaña del cuerno helado.
 
 
Habíamos pasado horas caminando por los caminos  de la montaña y  el frío glacial cada vez era más feroz, por suerte, cada paso nos acercaba más al portal del baifrost.
 
 
—No es por ser negativa pero ¿sabéis donde esta o vamos a morir convertidos en carámbanos? — comentó Zelda.
—No, esta cerca — respondí.
—Gracias por la información tan detallada eso me tranquiliza mucho jefa.
—Puedo detectar su poder ¿vale? no preguntes más y dedícate a caminar. Esta a cincuenta pasos norte.
 
 
Con dificultad debido a la nieve logramos llegar, indiqué a Layla que invocase el portal. No tardó demasiado en hacerse presente el haz de luz cegador que nos llevaría a nuestro próximo destino.
Uno a uno fueron pasando atraves de el, yo y Zelda fuimos las últimas en adentrarnos en el, la última  vez había cerrado los ojos y no puede contemplar nada. Sin embargo en esta ocasión pude ver con claridad  los otros reinos y parte de Yggdrasil aunque fuese una imagen fugaz y lejana.
 
 
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Niflheim, páramo de la ventisca. 
Hora desconocida.
 
 
Zelda y yo fuimos escupidas unos segundo después con gran fuerza, volamos por los aires y aterrizamos bruscamente en un paramo helado y desértico.
 
 
—Niflheim, lugar de los gigantes de hielo los cuales extrañamente no se ven por aquí, es raro solían haber muchos de ellos por este lugar. Pero que se le va hacer, te diría que esto va a ser muy fácil de hecho lo sería  de no ser  por los monstruos que viven aquí — dijo Zelda levantándose.
 
 
Me paré admirar con detenimiento aquel lugar, lleno de montañas nevadas hasta donde alcanzaba la vista, aunque nos encontrábamos en un terreno llano rodeadas de árboles muertos y congelados, el aire era frío hasta calarte los huesos. Era un mundo cruel y duro, no me imaginaba a nadie sobreviviendo en un terreno como este.
 
 
—Eso lo hace más seguro, prefiero bestias que gigantes y dioses merodeando por aquí — le contesté.
—Si tu lo dices — Zelda puso los ojos en blancos.
—¡Natt! — escuché la voz de Layla.
—Hey ¿estas bien, donde esta el grupo? — le dije cuando estuvo a mi lado.
—Estoy bien, todos los estamos. Los demás están unos metros más adelante, vamos.
 
 
Caminamos  hasta llegar al pie de una imponente montaña de roca oscura, todos estaban sentados alrededor de una hoguera, sus miradas desanimadas se iluminaban a la luz de las llamas. 
Lo entendía sin lugar a dudas ya que nunca antes ninguno había estado en aquel lugar, ni siquiera les había contado que hacíamos aquí exactamente. Tomé valor y me acerqué para sentarme junto a ellos.
 
 
—Si estamos aquí, es porque necesitamos ir a un templo, que esta en este reino— les aclaré.
—Vale, pero la pregunta es ¿dónde esta ese lugar exactamente? — preguntó Cole.
—Tras el lago de la esperanza — dijo Zelda desde atrás junto a Layla  — hay un desfiladero, por el cual se puede llegar al  barranco de la desesperación, justo al final del barranco esta el templo. Una vez los enanos nos refugiamos en este lugar, pero no llegamos al templo.
—¿Por qué? — sospechó con los ojos entrecerrados Wyatt.
—Roc — dijo con mirada gacha.
—¿Quién? — dijo confusa Alissa.
—El águila que custodia estas tierras, un ave gigante con alas recubiertas de hielo, es una de las bestias más peligrosas existentes, lo peor es que muy poco se conoce de ella, salvo que es letal. 
—¿Pero, realmente podremos llegar? — pregunté.
—Si, pero no será tarea fácil — frunció el ceño.
—No podemos echarnos atrás ahora — dije con la mayor de las certezas.
 
 
Con valor y arrojo comenzamos a escalar aquella indómita montaña helada, el viento atronador y la ventisca que iba tomando fuerza dificultaba el poder seguir, el frío congelaba mi cuerpo, apenas si podía abrir los ojos, los músculos estaban engarrotados y mi mente perdía lucidez debido a la altitud y la falta de oxígeno.
 
 
 
—¡Creo que deberíamos resguardarnos en aquella cueva! — gritó Zelda señalando una entrada cercana.
 
 
Una vez adentro todos nos derrumbamos en el suelo, cansados y medio congelados. Layla encendió un fuego pero yo no pude evitar caer en un sueño profundo.
Cuando abrí los ojos a causa de la luz, estaba apoyada en el hombro de Jay quien dormía plácidamente a mi lado, la luz enmarcaba sus rasgos, sus largas pestañas, sus pómulos, su boca, su ceño fruncido. Una media sonrisa asomó mis labios, con cuidado me levanté y observé a los demás, despatarrados por todas partes, dormidos y roncando a pierna suelta. Salí al exterior y me golpeó el aire fresco de la mañana, el sol se alzaba entre las montañas dejando ver un espectáculo digno de ver.
 
 
—¿Disfrutando de las vistas? — se oyó una voz cantarina a mi espalda.
—Buenos días Zelda.
—Aún queda un largo camino — dijo suspirando.
—¿A cuanto estamos? — pregunté con voz cansada.
—A dos días, día y medio si tenemos suerte. 
—Va a ser duro el clima de aquí no perdona — pensé en voz alta.
—Tienes razón no es fácil, la comida escasea, el frío te mata y si no lo hace el frío son las bestias de por aquí, en especial el Roc .
—Hablas como si lo conocieras bien — mis ojos se encontraron con los suyos.
—Mató a mi padre. Yo era pequeña, salí a cazar y me encontré  con un lobo de Nieves, no lo vi venir. Mi padre había salido a buscarme y me vio huyendo, trató de ganar tiempo para que huyese pero…
—Llegó  el Roc y  lo mató — terminé  por ella.
—Si…primero devoró al lobo luego volvió a por mas y vi como le arrancaba la mitad del cuerpo  a mi padre para después ver cómo se lo tragaba. 
—Lo siento mucho.
—Yo no, eso me enseñó la regla más importante, o matas o te matan. Sólo sobreviven los fuertes.
 
 
Un mundo donde matas o te matan ¿era eso lo que estaba haciendo yo? aparté la mirada de Zelda y observé nuevamente aquel paisaje nevado.
 
 
—Eres fuerte — dije en un susurro.
—Tú también, aunque no seas capaz de verlo — abrí la boca para replicar pero negó con la cabeza — date prisa, debemos ponernos en marcha todavía hay que descender esta montaña y cruzar el valle que hay más adelante hasta llegar  al lago entonces, sólo quedará el desfiladero y bajaremos el barranco.
 
 
Zelda siguió su camino, mientras yo sólo podía pensar en lo que estaba por venir, divagaba sobre que nos esperaría allí abajo. Tomé entre mis manos el colgante que llevaba al cuello.
 
 
—No sabes cuánto te hecho de menos. Ni siquiera ahora soy capaz de encontrar solución a tu problema Wagner. Y yo te necesito tanto.
 
 
Nébula se había ido, quería mantener las distancias con Jay y no me atrevía ni siquiera a mirar a los ojos a Tyler eso me dejaba sola con mis pensamientos y mis confusos sentimientos. Eir me había dicho que no me dejase envolver por la oscuridad ¿pero como liberarme del dolor? 
Cansada de auto preguntarme cosas que no podía responder volví a la cueva donde todos aguardaban mi regreso listos para partir, así que emprendimos el viaje de inmediato sin perder ni un solo segundo, caminamos sin parar,  cuando llegamos a la mitad del nubloso valle del silencio el sol había caído y las temperaturas habían descendido en picado. Acampamos como pudimos en aquel lugar, pero había algo en aquel lugar que me ponía los pelos de punta.
 
 
—¿Estas bien? — me preguntó al oído Layla.
—No sabría decirte, algo en este lugar me da mala espina.
—Tranquila, la zona es segura, aunque no puedo decir lo mismo del desfiladero — dijo distraída Zelda.
 
 
La hoguera refulgía con vigor en medio de la oscura noche, todos dormían  plácidamente, mientras yo simplemente me dedicaba a admirar las llamas danzantes. Estaba abrazada a mis rodillas tratando de conservar el calor. Pero un aullido rasgo la silenciosa noche.
 
 
—¿Serán los lobos de nieve que mencionó Zelda?
 
 
Me dije en un susurro, el aullido se repitió una y otra vez con más insistencia, la voz sonaba lejos pero las montañas llevaban el eco a cualquier parte. Pequeños copos comenzaron a caer del cielo, mientras dos brillantes lunas relucían en el cielo. La Luna azul, la luna azul y que nunca se pone. Pero aún más imponente y grande, la luna Blanca la luna que persigue con fiereza Skold.
Me levanté y caminé hasta un árbol alto y muerto, escalé por sus ramas hasta las fuertes y frías ramas donde me senté para observar ambas lunas, por algún motivo, al contemplarlas podía sentir que ya no estaba sola. Los aullidos se acercaban cada vez más y más, pero no fue hasta que miré hacia el suelo que advertí la presencia de toda una jauría dirigiéndose al lugar donde mis amigos descansaban.
Bajé del árbol como si la vida me fuese en ello y corrí justo detrás de los lobos más rezagados. Algunos se volvieron contra mi cerrándome el paso, retrocedí cuando uno de ellos trató de morderme.
 
 
—Parece que no me lo vais a poner nada fácil .
 
 
Mis enemigos me rodearon, caminaban de un lado a otro mostrándome sus afiliados colmillos mientas gruñían. Aquellos lobos gigantes eran blancos con extrañas rayas rojas además de que el pelaje que les rodeaba el cuello era de un azul pálido semejante al hielo, de ojos amarillos enmarcados por un fondo negruzco,  sin embargo lo más extraño era la runa asgardiana que llevaban cerca del hombro.  
Traté de moverme hacia delante pero no dejaban hueco por el cual escabullirse, miré por encima de ellos al camino donde sabía estaban mis amigos y por el cual habían avanzado los demás lobos.
 
 
—¡Moveos! — les grité con desesperación.
 
 
Pero sólo el silencio me contestó mientras sus miradas asesinas recaían sobre mi. Saqué a Velvet y golpe sus patas tratando de ahuyentarlos pero obtuve el efecto contrario uno tras otro me atacaron sin cesar. Más logré encontrar una apertura y correr por  ella, corrí como si la vida misma se me fuese en ello, porque si no mis amigos serían su cena.
 
 
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El crujir de la nieve nos había despertado, gruñidos y aullidos se escuchaban a pocos metros. Nos levantamos a empuñar armas.
 
 
—Son lobos de nieve — dijo Zelda susurrando.
—¿Que son? — le pregunté. 
—¿Antaño? fieles mascotas de los Vanir hace eones aquí hubo un gran guerra a tres bandas. Los Aesir, los Vanir y los gigantes de hielo liderados por Etro.
—¿Así que esos lobos simplemente se adaptaron y sobrevivieron? — indagó Scott.
—Mas que eso. Cuando los Aesir ganaron la guerra obligó a algunos Vanir a quedarse como castigo. Con el paso del tiempo se quedaron solos y se volvieron salvajes.
—¿Y quieren vengar  a sus dueños? ¿que hacemos? — preguntó Alissa.
—No lo se. 
—¡Aquí vienen, Jay! — me gritó Layla.
 —¡No ataquéis al alfa es mío! — avisó Zelda.
 
 
Aquellas bestias comenzaron su cacería en nuestra contra, colmillos y garras llegaban de todas partes, perdí de vista a mis compañeros al ser rodeado por un mar de lobos gigantes. Me fui abriendo paso con mi espada pero aquello no parecía tener fin, en un descuido uno de ellos me mordió el muslo desgarrándolo en profundidad di un grito de dolor y una risa histérica se oyó desde las sombras.
 
 
—Buen trabajo, dejad algo de espacio.
 
 
Tras escuchar la voz alguno de ellos se hicieron a un lado y por fin pude ver a mis amigos, ensangrentados pero vivos, una figura  apareció en mi campo de visión, con la cara cubierta por una máscara rojiza y envuelta por un abrigo de piel blanca, supuse que era mujer por el tono de la voz y la constitución física.
 
 
—¡¿Quién eres?! — le grité.
—No sabéis cuánto he deseado esto basura Asgardiana — levantó su mano y se quitó con lentitud la máscara.
 
 
La joven tras la máscara era hermosa, de pelo rubio dorado y ojos tan azules como el mar, de piel dorada. No reconocía su rostro pero el odio en sus ojos era inconfundible .
 
 
—¿Eres una Vanir?
—¿Ahora os interesa saberlo? — estrechó la mirada — vais a pagar todo el daño que habéis provocado.
—¡Déjalos ir Dærlim! — le espetó  Zelda.
—¿Zelda sigues con vida? — se mofó.
—¡Tu oponente soy yo, maldita bruja! — le gritó Zelda.
—¡¿Quien eres?! — le grité  yo.
—Soy hija de un descendiente del mismísimo Skold y una Vanir. Eso me convierte en diosa del firmamento ¿quién creéis que derrotó a los gigantes? ¿acaso ninguno se ha preguntado por que hay dos lunas?
—¿Fuiste tu? — preguntó Layla. 
—Por supuesto, me estorbaban así que los encerré en ese bonito asteroide  — señaló al cielo.
—¡Chicos! — la voz de Natt resurgió de entre las sombras de la noche.
—¡¡Natt!! — la llamé.
 
 
La vi corriendo hacia nosotros con todas sus fuerzas, sus ropas empapadas en sangre, pero no era suya, casi la tenía a mi alcance cuando una sombra desconocida apareció tras de ella.
 
 
—¡Natt corre! ¡corre! — grité corriendo también hacia su posición.
—¡No vayas Jay! — gritó Zelda — ¡Todo el mundo al suelo! 
 
 
Natt siguió corriendo mirando asustada cada vez más a su espalda, todos los demás incluida la Vanir nos agachamos con los nervios a flor de piel. Me levanté y salí tras ella una vez más, le tendí mi mano y justo en el momento en que iba alcanzar la suya la sombra la tomó entre sus garras.
 
 
—¡Jay!  ¡socorro! — me gritó buscando ayuda.
—¡Es el Roc agachaos! — advirtió Zelda.
—¡Natt! 
 
 
Salí corriendo tras él aunque no podía verlo con claridad, seguí con furia su sombra, lancé  un hechizo que él esquivó con suma facilidad, vi movimiento en su sombra pero no me importó, no hasta que una pluma blanca me atravesó de lleno dejándome fuera de juego.
 
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No sabía cuánto tiempo había pasado, o adónde me llevaba aquel extraña ave, me preocupaban de sobremanera mis compañeros los cuales tenían que enfrentarse a esos lobos y para colmo de males aquella Vanir estaba con mis amigos. Golpee la pata que me mantenía sujeta por la cintura, pero ni se inmutó, minutos después me soltó de malas maneras en un nido rodeado de huevos.
 
 
—No… — dije entendiendo — ¡¿Me has traído aquí para ser el primer plato de tus malditos hijos?! ¡te juro que si salgo de aquí te haré pollo a la brasa! 
 
 
Grité y grité a la oscuridad, pero no sabía ni siquiera si estaba aún allí, me acerqué al borde de aquel nido y me fijé en las vistas. Estaba en el fondo de un barranco y aquel nido estaba situado en una estructura semejante a un templo.
 
 
—La cuestión ahora es como voy a bajar de aquí ¿dónde están los Vengadores cuando se les necesitan? — puse los ojos en blanco — al cuerno con los héroes si no hay nadie para escuchar mis inteligentes ocurrencias.
 
 
Volví al centro del nido para observar si había algún objeto útil cuando uno de los huevos comenzó a moverse. Después lo hizo otro y otro, en unos segundos estaba rodeada de seis pollitos hambrientos y más grandes que yo.
 
 
—Hey bonitos ¿tenéis hambre? — uno de ellos intentó picarme — ¡No se pica pollo malo! 
 
 
Uno tras otro intentaron comerme, yo escapaba mientras se peleaban entre ellos por la comida, ósea se yo misma. Aproveché el revuelo para comenzar el peligroso descenso, salí del nido y salté al techo del templo. Estaba al borde, apunto de caerme y no había mucho margen de maniobra, pero continúe como pude saltando de saliente en saliente, pisé una superficie plana y esta se rompió haciéndome caer al interior, caí y caí demasiados metros como para poder contarlos, así que cerré los ojos hasta que caí en el agua helada. Poco a poco perdí la consciencia y todo se tornó negro.
 
 
 
  • Moana012-image Moana012 - 15/09/2019

    Jajajaj me he partido de risa creo que ha sido uno de los capitulos la divertidos

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