Karasu

Géneros: Romance

¿Alguna vez has sentido el cansancio de la mente? ¿Alguna vez estuviste tan harto que ni siquiera podías pensar en la forma de cambiar? ¿Estuviste tan cansado que el sueño no te dejaba dormir? ¿Tantas ganas de llorar que los ojos no abrían? ¿Tantas ganas de volar que te aferrabas al suelo? ¿Nunca comparaste tu vida con un mal libro? ¿Con una película con un final abrupto como las de los canales independientes? ¿Un cómic mal acabado? ¿Un solo de diez minutos con el mismo acorde? ¿Nunca sentisteis que tu vida se perdía? ¿Quién te extrañaría si faltases? Cuando no encuentras nada que te motive. Nada por lo que seguir con tan poco camino por recorrer. Este libro va dedicado a todos aquellos que en algún momento sentisteis esto. Y que han encontrado la luz al final del túnel. Felicidades.

La Oportunidad De Comenzar De Nuevo

Karasu

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I
La Oportunidad De Comenzar De Nuevo
La decisión de viajar a Japón no fue mía, si no de mi padre. Él tenía un pequeño apartamento en Kioto, donde solía quedarse cuando viajaba por algún negocio, nada extravagante, una cama, una ducha y un teléfono para comunicarse en caso de emergencias le bastaba. Claro que a medida que fue aumentando el tiempo de estadía empezó a remodelar el lugar y hacerlo más hogareño. De esto hace ya unos veinte años. Ahora el pequeño apartamento tiene hasta lujos innecesarios. Cuando tienes dinero lo gastas. Y mi padre tenía en abundancia. Lo que le faltaba era tiempo para usarlo, administrarlo o disfrutarlo. Hubo un tiempo en el que su pareja le llevaba la contabilidad. Una contadora japonesa que trabajaba en una empresa cercana. Pero su relación no duro mucho tiempo, por el mismo motivo por el que había perdido muchas cosas: falta de tiempo.
Mis padres se separaron cuando yo tenía unos ocho o nueve años. Mi padre nunca había sido muy unido a mí y yo tampoco le había exigido mucho tiempo, por lo que la separación no fue demasiado difícil. Siempre me mantenía en contacto con él igualmente. Me llamaba una vez por semana y solíamos ir a comer algo cuando estaba en el país. Siempre decía que se asentaría de una vez y que pasaría más tiempo conmigo. Yo asentía para complacerle, pero lo cierto era que tanto el como yo sabíamos que era mentira, y no me preocupaba, así como estábamos me parecía bien.
Nunca fui un chico muy expresivo ni sentimental, tal vez por eso tuve tantos problemas en la escuela. No tenía amigos, amigos que mereciera llamarse así. Tenía compañeros, algunos que se podían considerar más cercanos, pero no amigos. Siempre fui el blanco para las bromas de los abusadores. No le culpo, era algo inevitable. Ellos me fastidiaban y yo no respondía, ellos lo repetían y el resultado era el mismo. Así me convertí en un sparring de boxeo. Los demás compañeros empezaron a evitar el contacto conmigo por miedo a ser influenciado por mi “aire”. Eso me llevó a aislarme, nunca fui un gran estudiante, a diferencia de como la sociedad tilda a los marginados, yo en cambio estudiaba lo justo. No tenía compañeros que compartieran mis gustos, por eso vivía encerrado en mi habitación con los auriculares puestos escuchando la música de mi agrado, leyendo libros que solo a mí me gustaban, haciendo cosas por las que me castigarían en público. Tal vez todo fuera un circulo; no me abría porque me juzgaban, me juzgaban porque me encerraba, sea cual fuera el motivo, no tenía salida.
Llegué al momento donde no encontraba el punto de fuga, no encontraba la fisura por donde sacar todo el aire contenido, por donde aflojar el nudo. Mucha gente suele refugiarse emocionalmente en labores que le complementen. Algunos pintan, se expresas teatralmente, cantan, bailan, eso les alivia, lo vuelve al mundo en el que son felices, luego llenan sus globos con el aire del exterior y al llegar a su casa lo dejan escapar con aquella válvula.
En cambio yo, no encontraba esa válvula, no la tenía. No había forma de sacar el aire sucio de dentro, no había fisura, era un bloque de hielo macizo que dejaba ingresar pero no salir, estallaría en algún momento.
Lo peor llegó con la muerte de mi madre. No fue que me tomara por sorpresa, más bien todo lo contrario. Los doctores decían que la quimioterapia no estaba resultando como planeaban que a ese paso había pocas cosas que se pudiera hacer. Su estado fue empeorando, yo siempre le había cuidado, le llevaba la comida a la cama, le leía cuentos, le hacía compañía. No fue hasta ahora que me di cuenta que ella era la válvula que impedía que estallara, ella que tenía problemas más graves siempre prestaba su atención para escuchar los míos, ella que en su estado no podía hacer nada para solucionarlos, aun así me permitía desahogarme. Al comparar mis problemas con su situación me sentía más liviano, al menos por un tiempo. El día que pasó yo estaba en el instituto. Me llamó la directora para comunicarme que mi madre había sido internada de urgencia. Cuando llegué al hospital ella ya se había ido. Se había marchado sin decirme adiós, sin siquiera poder ver su rostro por última vez…
Allí me convertí en una persona aún más vacía, ya no tenía nada, nada de nada. No tenía válvula ni amigos, ni nada parecido, la música los libros, todo se me antojo molesto, la vida...
Pasé a vivir con mi tía, o sería más específico decir que vivía en su casa, ella no estaba nunca allí, por lo que la soledad era la única compañía que tenía. Deje de ir al instituto, empecé a tartamudear, adelgace unos cuantos quilos, todo parecía que me llevaría a una muerte emocional que luego desencadenaría en la física.
Mi tía tardó casi un mes en comunicarle la noticia a mi padre. Él no había vuelto al país por casi tres o cuatro meses, era la mayor cantidad de tiempo que estuvo ausente. Llegué a pensar que no volvería y menos luego de que mi tía se lo comunicara.
Pero unos días después toco la puerta de la casa. Tuvo una larga conversación con mi tía. En algún momento escuche que levantaran la voz, pero yo me mantuve en mi cuarto encerrado. Luego de un rato mi padre habló conmigo. Allí me prepuso la idea de irme con él a vivir a Japón. Al principio me pareció algo extraño. Si bien en otro momento no lo hubiera dudado, irme a Japón era uno de mis sueños, él siempre hablaba de viajar algún momento conmigo, pero con la excusa de no dejar a mi madre sola siempre me negué. Ahora que ella no estaba no había nada que no me dejara hacerlo, pero aun así no sentía las mismas ansias.
–Te prometo que será fantástico, allí tienes todo lo que necesitas, es un lugar grandioso –me dijo. Claro que lo era, pero el problema no radicaba en el lugar geográfico, si no en mi interior. El vacío que tenía allí no cambiaría por el lugar donde apoyara los pies. Él decía que sería lo mejor, cambiar de aire, salir de la rutina de aquí y empezar una nueva vida. La idea no era mala.
Luego de pensarlo un tiempo acepté. Seguir viviendo como hasta ahora allí no era la solución, tal vez allí podría encontrar algo con lo que llenar el vacío. Quizá pueda empezar una vida nueva, con una nueva oportunidad. O tal vez tener una vida.
No viviríamos en Kioto, mi padre dijo que compraría una pequeña residencia en Osaka, donde había una buena universidad. Me pareció bien, aun no sabía mucho sobre Japón más de lo que había investigado por allí. Siempre había preferido ese país si tenía que viajar. Me gustaban los libros en general, leía cualquier cosa, pero no me agradaban demasiado los cómic, prefería siempre los mangas, allí empezó agradarme más la cultura nipona, empecé a investigar, a escuchar música y buscar autores de novelas. Poco a poco fui adaptando bastante mis gustos. Se podría decir que me sentía un poco más cómodo.
Los preparativos fueron rápidos. En una semana ya estábamos comprando los tickets de avión..
  • Simon J.Q Ruzich-image Simon J.Q Ruzich - 01/08/2019

    Hola, siento mucho que a veces los diálogos queden algo extraños, cuando los pego desde el archivo original quedan puestos de forma extraña, intentaré corregirlos. Gracias por leer <3

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