Nacida del hierro

Géneros: Acción, Aventura, Fantasía

De un lugar más allá de la vida y la muerte, vienen los hijos del hierro. Despreciados en todos lados, estos llamados "Demonios" por las lenguas del Vulgo, vagan errantes por la oscuridad del silencio mientras buscan aquello que tanto ansían. Iskra es diferente a sus hermanos. Los hijos del hierro son tan temidos y repudiados, entre otras cosas, por ser feroces y despiadados guerreros, y nuestra protagonista no será la excepción. Pero ella luchará por algo nuevo; algo por lo que nunca antes había peleado un hijo del hierro...

La llegada

Nacida del hierro

visibility

90.0

favorite

1

mode_comment

0


Caminó en absoluto silencio entre los restos sin vida de lo que fuera un bosque. Registraba el horizonte con la vista empañada por las limitaciones que le proveía el yelmo. Arrastraba pesadamente su mazo con la mano derecha, llevando la izquierda inerte a un costado del cuerpo.Finalmente vio en la lejanía lo que esperaba encontrar: Atirith, la ciudad negra. La muralla se alzaba con imponencia, mas a Iskra no le llamó la atención. Al llegar a la puerta, pasó como si nada y se encaminó por la calle principal adoquinada. Hizo caso omiso a los comentarios que los Atirianos hacían al verla, llamándola monstruo, engendro, escoria y demás cosas por el estilo. La pestilencia no perturbaba a la guerrera aunque literalmente a su alrededor estuviese todo lleno de desechos humanos y animales. El brazo izquierdo le pesaba y su mazo iba dibujando un surco en los adoquines a medida que avanzaba.Pensaba en sacarse la armadura. No podía esperar un segundo más. El calor al interior la sofocaba, aún cuando sabía que al exterior hacía frío.
-¡Mira mamá un monstruo!- gritó un niño huyendo para esconderse detrás de su madre.
-Vete de aquí demonio.- le ordenó un hombre bastante fornido que llevaba un garrote, plantándose ante a ella. Iskra era más pequeña en tamaño que todos sus hermanos pero eso no la hacía más débil.
-Apártate.- respondió con tono grave, haciendo frente al hombre. Su férrea e insondable voz, hizo estremecer a quienes escuchaban. El testarudo humano asió su garrote ferrado con la mano derecha y reposó la punta de este sobre la izquierda.
-No eres bienvenida.- Iskra intentó seguir su camino pero el sujeto la golpeó en la cabeza con su arma. El rostro de la hija del hierro giró 90 grados. Volvió la vista lentamente y con los infernales ojos cargados de odio, dio a su agresor una estocada en el abdomen con la cabeza del enorme mazo. El tipo voló varios metros y se estrelló contra unos barriles de agua en la vereda del frente. Iskra continuó su andar mientras algunos vecinos se asomaban para ver qué había ocurrido.
La guerrera frenó ante una puerta acerada correspondiente a una vivienda de piedra negra bastante enjuta entre las demás de aquel sector de la ciudad. Dio tres golpes suaves balanceando su mazo de adelante hacia atrás y se apartó un poco. Al poco tiempo se abrió y la recibió una anciana. Se alegró mucho al ver de quién se trataba, al contrario de todos los demás habitantes.
-Pasa hija, rápido.- Iskra hizo una reverencia y entró. -¿Estás bien?
-Sí Teodora, estoy bien.
-¿Qué te pasó en el casco?
-Un sujeto me golpeó hace siete cuadras. Se lo devolví.
-¡Eso es! Me dan tanta rabia...
-Es normal Teodora, no somos queridos aquí ni en ningún lado.
-Pero de ahí a agredirte gratuitamente, hay un trecho largo.- la anciana le acercó a Iskra un taburete para que esta tomase asiento. Las articulaciones de la armadura chirriaron cuando la guerrera dobló las rodillas. -Suena a que hace días que no descansas.
-22 días hoy. Estaba en las dunas de Jorazhan. 
-Eso es muy lejos Iskra. ¿Qué hacías por allá?
-Fronter encontró una pista y me envió una carta. Fui a reunirme con él a Cratov y desde ahí fuimos a Jorazhan.
-¿Y? ¿Encontraron algo hija?- Iskra golpeó dos veces su brazo izquierdo inerte.
-Era una trampa.
-Oh santo cielo...espero que Fronter esté bien...
-Madre, lo mataron.- los ojos de la vieja se abrieron de par en par mientras la cansada voz de acero de Iskra seguía el relato.-Mordak lo asesinó.
-Pero si Fronter era gigante...
-Mordak es muy fuerte. Maneja su maza con una sola mano. Le partió la cabeza a Fronter de un solo golpe y ni se mosqueó cuando lo ataqué. Soy débil Teodora. Me destruyó el codo de una patada. Mandó a Salomon y a Hoster a perseguirme pero alcancé a huir.
-Mordak...es peligroso que deambules por ahí Iskra. Cuando llegue Krasimira, le pediré que te ayude a quitarte la armadura y trataré tu brazo.
-Me estoy calcinando Teo. Hace 22 días que no respiro aire.
-Podemos sacarte el yelmo Iskra, no se me ocurre otra cosa.
-¿Dónde dejaré a varðr?
-dámelo.
-Pesa mucho Teodora.
-Cargué contigo durante años. Un mazo de guerra no será problema.- Iskra le pasó el arma y Teodora lo tomó sobre sus hombros como si fuera una caña hueca. Lo depositó junto a la puerta y volvió con la hija del hierro. Buscó un clavo y un martillo. Calentó el clavo en la chimenea y lo usó para cortar las bridas que mantenían el yelmo en la cabeza de Iskra. A ella le dolió pero cuando ya fueron cortadas, no sintió nada. Teodora quitó la parte de la nuca del casco y desarmó los parietales. El yelmo entero constaba de once piezas de hierro de dos centímetros de grosor. La mujer dejó cada una sobre la mesa y las acomodó con cuidado. La piel de Iskra, hecha de escamas metálicas, brilló a los ojos de Teodora. Los ojos llameantes, negros; de la guerrera se clavaron con pesadez en los de la anciana. -¿Mejor?- Iskra asintió aliviada. La puerta de la casa se abrió y entró una muchacha joven
-Abuela volví. El mercado estaba lleno de gente- ingresó a la especie de cocina donde estaba Teodora.-Al parecer...¡Iskra!
-Hola Krasi.- la chica corrió hacia la guerrera y la abrazó.
-¿Estás bien? ¿Tienes hambre? ¿Sueño? ¿Sed?
-Nono, estoy bien Krasi.
-Iskra se quedará aquí esta noche.
-Mañana debo partir nuevamente. Hace 22 días que no me quito la armadura y no aguantaba más.
-Te ayudaré. Aguarda.- Krasimira dejó la mesa la bolsa que traía y se arrodilló ante Iskra.-¿Cuál saco?
-Cualquiera pero por favor, solo hazlo.- La chica tomó el clavo y el martillo y rompió las bridas que sujetaban en su lugar las 6 piezas que conformaban la pierna derecha de la armadura. La piel metálica de Iskra estaba inflamaba en torno al pie y el tobillo. Al apoyar su talón en el piso de madera, Iskra dejó escapar un quejido de dolor
-¿Estás bien?
-Sí Teo, no importa.- Krasimira sacó la otra pierna de la armadura y se puso de pie para liberar el brazo derecho de la guerrera. Así desarmó entera la armadura de Iskra que sentí com si pudiese flotar por el aire.
-¿Cuánto pesa esto?
-unos 150 kilos.
-¿Qué?
-Aproximadamente.
-¿Caminas por bosques, subes colinas, te internas en el desierto y badeas ríos llevando 150 kilos encima?
-Sí. ¿Qué te sorprende?
-¿Que estás en los huesos? ¿Que eres apenás más alta que yo? no lo sé.
-Soy hija del hierro, vengo del quincuagésimo mundo ultraterrenal, estoy hecha de oscuridad y hierro, y tengo un mazo que pesa el doble de lo que pesas tú. Además esa armadura es como si le scaras el caparazón a una tortuga. Es parte de mi pero yo no muero al sacármela. Si me duele, obvio.- Iskra llevaba un prenda hecha de una malla metálica que le cubría el torso y los muslos. -Y esto es demasiado incómodo.
-Te presto ropa si solo te quedarás un día.- Teodora examinaba el brazo izquierdo de Iskra que de vez en cuando gemía por el dolor agudo que sentía.
-No puedes quedarte únicamente dos días. Como habías anticipado, tu codo está destruido. Incluso si te doy "el tónico", deberás permanecer una semana con nosotras.
-Debo partir Teodora, no puedo esperar tanto.
-Pues deberás.- Iskra acabó aceptando. Fue a darse un baño luego de calentar el agua y cuando estuvo lista, con el brazo en cabestrillo y con ropa de Krasimira en vez de la cota de malla, fueron las tres a dormir, esperando el siguiente día.
 
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo