Capítulo 17 ; La razón para seguir

Cuentos de Media luna

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Niflheim, Valle del silencio, hora : desconocida, noche.
 
 
—¡Se la ha llevado! ¡Natt! — Layla sollozaba en el suelo.
—¡Preocúpate primero de lo que tienes delante! — le espetó con frialdad Zelda. 
—¡Nos tienen rodeados! — indicó Wyatt.
 —¡Tenemos que sacarlo de aquí ya! 
—¡Vamos Igdrix, quédate conmigo! 
 
 
Los sonidos estaban distorsionados, iban y venían en una espiral mareante que no parecía tener fin, mi cabeza se sentía pesada y mis pensamientos desvariaban mientras veía alucinaciones casi borrosas.
Escuchaba a mis amigos pero no lograba que mi cuerpo me respondiese, no sabía con certeza que contenía aquella pluma de hielo, pero podría apostar mi propia vida a que no era nada bueno.
 
 
— No… ir… vosotros… yo…. — balbuceé incomprensible.
— ¿Y bien que vais hacer ahora? — nos retó la Vanir.
—¡Nosotros le hemos declarado la guerra a Lunafreya! — le contestó Zelda.
—¡Ohh, vaya sólo habéis tardado seis milenios en comprenderlo! que inteligentes ¿y bien que queréis, si lo habéis sacado a colación será por algo? — la joven alzó impaciente una ceja.
— Únete a nosotros, ayúdanos a salvar a la chica que se ha llevado el águila y tendrás tú venganza.
—¡Mi odio es contra todos y cada uno de los Aesir! ¿esperáis apaciguarme con sólo uno de vosotros? 
—¡Cuando consigamos la paz de los nueve reinos puedes matarme a mí! — Tyler dio un paso al frente.
— ¿Y tú quién eres? — dijo con escepticismo.
— El último heredero de todo Valhala. El último príncipe de Asgard.
 
La muchacha se lo pensó por unos momentos, uno de los lobos, más grande e imponente del resto se acercó a ella gimoteando.
 
 
— No te preocupes Skyder, haré una promesa que no podrán romper con eso no podrán mentirnos — ¿y bien, príncipe lo harás?
 
 
Tyler no respondió, en vez de ello sacó un pequeño cuchillo de la parte trasera de su cinturón y cortó su mano. Caminó hasta la joven y le tendió el mismo cuchillo con una sonrisa triunfal, esta la tomó e hizo lo propio, ambos juntaron sus manos al frente de si.
 
 
— Yo, príncipe Cerberus de la estrella del gran can. Juro solemnemente por esta sangre que de mi cae, mantener mi promesa a cualquier costo, cuidaré tu espalda y no levantaré la mano en armas en tu contra, llegado el momento entregaré mi vida gustoso por la paz de mis congéneres.
— Grandes promesas para tener la credibilidad por los suelos Asgardiano. Yo la princesa Dærlim de la sagrada rama de los Vanir juro por mi honor, unirme a tu causa como si fuera mía, no atentar contra vuestras vidas y acatar vuestras órdenes hasta el momento de tomar tú vida.
 
 
La promesa se completó y aún a disconformidad de los lobos la joven de nombre Dærlim, se retiraron por el momento. Mis amigos se agruparon a mi alrededor y atendieron como mejor pudieron mis heridas, pero  ese no era el verdadero problema, yo lo sabía.
Wyatt me cargó a su hombro mientras estaban en la fina línea entre la realidad y las ilusiones. Todos corrieron por el valle sin mirar atrás mientras una temprana nevada  hizo acto de presencia.
 
 
—¡Roc la habrá llevado a su nido! — dijo Dærlim.
—¡¿Cómo, esa cosa es hembra?! 
—¡Si Travis, no fuerces más las neuronas o sufrirás un cortocircuito! — se burló Zelda.
— Habló Brave ¡vuelve a Disneylandia! — le devolvió el golpe. 
—¡No, siquiera se que demonios es eso imbécil! ¡¿Acaso es tu mejor puya nenaza?!
 
 
Sonreí levemente aún cuando nadie podía verlo, mi mente vagó hacia pensamientos de Nattalie tras la muerte de Jass… recordaba su muerte y rezaba para que no recordarse cada uno de mis errores. No había sido el más hábil ni siquiera el más honesto pero era un echo que era lo suficientemente idiota como para seguirla hasta los confines del mismo infierno si con ello podía volver a ver esos tormentosos ojos. 
 
 
—¡Será mejor que nos apresuremos! — oí decir a Dærlim.
— ¿Sabes dónde está esa cosa? — le preguntó Layla.
— En el templo — contestó con sencillez.
 
 
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Sentía el peso del agua hundiéndome en las profundidades donde la luz apenas llega, había perdido toda esperanza y si más decidí rendirme. 
 
 
— Vas a rendirte sin más ¿esto es todo lo que la luz de las profecías puede hacer?
 
<<¿Quién eres?>> pregunté en mi mente.
 
— Lucha por tu vida, muéstrame tu valía. Y podrás conocerme.
 
 
Abrí los ojos de golpe,  una bestia de verdosa piel me estaba arrastrando al fondo, el gran Jörmungandr. La serpiente que debería estar rondando Asgard hasta el Ragnarok ¿qué hará  aquí?
Su cola se apretó aún más casi asfixiándome, burbujas de aire escaparon de mi boca, comenzó a tirar con mayor fuerza hacia el fondo, coloqué mi mano en posición y usé el primer hechizo que aprendí desde que toda esta locura comenzó, las flechas de luz que hirieron a Darkova. 
La flecha abandonó con rapidez mi mano, atravesó las aguas hasta el fondo y  un amortiguado gritó se oyó, la serpiente desenroscó su cola y pude nadar hacia la superficie donde busqué con ansiedad el aire que tanto reclamaban mis atormentados pulmones.
 
 
— Ahh… — tomé una apresurada bocanada de aire que quemó como fuego de Muspelheim mis pulmones.
 
 
Miré a mi entorno y nade hasta suelo firme, una vez fuera del agua y considerándome a salvo observé con mayor detenimiento, había caído desde una altura vertiginosa si no hubiese estado el agua probablemente hubiese muerto. Pero era demasiado pronto para cantar victoria, debía averiguar de quien o quien era la mujer que habló a mi mente.
Con actitud temeraria como acostumbraba me levanté y comencé a buscar una salida, palpe los muros de piedra de aquel extraño lugar, pared tras pared hasta que hallé un ladrillo que al tocarlo hizo que una pared se deslizase y dejase a la vista una puerta gruesa y pesada de tonos caobas y dorados.
 
 
— Igual que en la biblioteca ¿quién es la de la suerte del novato ahora Jay?  — me dije con una sonrisa burlona en los labios.
 
 
 
Niflheim, lago de la eternidad, camino al barranco de la desesperación. 
 
Cruzamos como si la vida nos fuese en ello aquel tenebroso valle y habíamos llegado al lago congelado, tras el cual encontraríamos el desfiladero debíamos  pasar su pasaje lo  que nos conduciría al barranco donde sus profundidades escondían aquel misterioso templo donde se hallaba nuestra única esperanza, Nattalie.
 
 
— ¿No podéis ir más deprisa? — grité a mi equipo.
— ¿Estás loco? ¡llevamos un herido y el camino desde aquí es demasiado peligroso! — le rebatió Dærlim .
— Sabes que tiene razón Tyler — la apoyó Layla.
— Está bien maldita sea… — di una patada de frustración a una roca que calló justo en mitad del lago.
— Bien, ahora tened mucho cuidado, el lago es resistente no irrompible.
 
 
Dærlim sabía lo que se hacía, era obvio que ya había atravesado anteriormente esta zona, la cuestión era ¿cómo de lejos había llegado hasta ahora? yo fui el primero en caminar por el grueso hielo, di unos pasos largos hasta estar seguro que podría resistir, me giré en el sitio e hice una señal. Todos con sumo cuidado y ordenadamente comenzaron adentrarse en el hielo pero algo nos tomó por sorpresa.
 
 
— ¿Habéis notado eso? — preguntó Alissa. 
—¡No os mováis!  — advirtió Dærlim.
— El suelo está temblando, algo se acerca.
Dije mirando en todas direcciones, algo iba mal, muy mal para ser exactos, podía oler el peligro a un kilómetro esta ocasión no era la excepción. Di con sigilo un par de pasos hacia delante cuando apareció ante mí.
Un gigante de piedra congelada, su altura bien podría competir con la de un gigante, pero la enorme piedra de luz en su pecho indicaba que no era uno de ellos, era algo más peligroso y mucho más antiguo. Pero ese no era el único peligro al que nos enfrentábamos, no estaba sólo, Onix rey de Muspelheim estaba sentado en su hombro burlándose en la lejanía. Era un hombre de cabello blanco con destellos plateados, de piel muy morena y de ojos dorados casi felinos. Cuerpo duro y fibroso, todo un rey cero. Llevaba una túnica Blanca impropia de él con sus típicas botas de combate al parecer su mal gusto se había acentuado con los años.
 
 
— Es un antiguo — dije entendiendo la situación.
—¡¿A quién le importa el antiguo, viene con Onix?! — gritó una asustada Layla.
— Mantened la calma — dije con confianza.
— Vaya, vaya, vaya y yo que pensé que esto sería divertido y voy y me encuentro contigo hermanito.
— Medio hermano — le espeté con rabia.
— Auch, me partes el corazón — colocó su mano sobre su pecho fingiendo dolor.
—¡¿A qué has venido Onix?! — dije con los puños apretados a ambos lados.
— Sólo soy el enviado Cerberus, aunque siendo sincero tenía la esperanza de gozar de un enternecedor reencuentro con mi excuñada — colocó su mano en su boca fingiendo arrepentimiento ante lo que acababa de decir — lo siento mucho, se me escapó, aunque supongo que tiene que doler ¿qué se siente desear algo que no se tiene?
—¡Cierra la boca! 
— Eso es,  demostrarnos la clase de perro arrastrado que eres — sonrió con saña. 
—¡No le escuches! — me gritó Layla — ¡solo quiere que pierdas el control, no dejes que se salga con la suya! 
 
 
Tenía razón no podía dejarle ganar, tenía cosas más importantes entre manos que una indeseable reunión familiar. Miré a mis compañeros rápidamente antes de sacar a relucir mi espada y lanzarme a por el antiguo.
 
 
—¡Primero debemos hacer que caiga este!  — dije cortando una de las piernas del antiguo.
 
 
Todos y cada uno de mis camaradas me siguieron y comenzaron un ataque mientras el antiguo lanzaba un haz de luz desde su pecho haciéndonos saltar por los aires, uno por uno nos derribó de un ataque de su brazo, Onix reía sin intención de meterse en la batalla al menos, de momento. 
Zelda y Alissa se encargaron de cortarle el brazo izquierdo y los gemelos lograron inmovilizarlo con su técnica de hielo-agua combinado. Dærlim y sus lobos terminaron la faena golpeando su espalda hasta hacerlo caer. Pero cuando el hielo se quebró y el cuerpo del antiguo cayó no encontramos agua sino un agujero con un profundo fondo el cual no vislumbrábamos. Corrimos desesperados por el hielo tratando de no caer pero fue en vano el hielo restante cedió y el abismo nos engulló.
 
 
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Conseguí avanzar algunas habitaciones, pero aún no había hallado ni una sola pista sobre aquel extraño lugar, la única luz en aquel lugar era las antorchas en las paredes. La habitación en la que me encontraba era desordenada, el mobiliario estaba destrozado y los pocos objetos que había estaban esparramados por el suelo. Era un lugar lúgubre donde la humedad en las paredes y techos abundaba. 
Atravesé la siguiente puerta y hallé una entrada justo delante de mí con una serie de letras encriptadas que logré descifrar con avidez.
 
 
<<Si las puertas deseas abrir, por aquí tú viajero debes pasar, para poder el camino avanzar las 8 pruebas del laberinto deberás superar>> 
 
 
— Genial, ahora soy como Indiana Jones sólo que yo no busco una calavera y soy mucho más dura.
 
 
Emprendí la marcha por aquel laberinto observando cada detalle esperando con ello no perderme. En la primera bifurcación tomé el camino de la derecha y me topé con unos garabatos en la pared, pero también había más de esos mensajes encriptados.
 
 
<<Hace milenios, la diosa Etro descendió de la segunda luna a estas frías tierras, ella nos guió y nos enseñó y la erigimos nuestra reina. Pero estalló la guerra y se sumió en un sueño eterno>>
 
 
— Vale tenemos un polo inútil, me gusta. 
 
 
Poniendo los ojos en blanco ante tal leyenda absurda seguí mi camino poco a poco fui leyendo inscripción tras inscripciones cada vez entendía más el propósito de aquel lugar. Este templo era la morada de la diosa Etro, aunque no tenía ni idea de cuál era su poder. Cuando llegué a la octava inscripción decía así.
 
 
<<Tú que buscas el camino entre las sombras, tú que has caminado entre la vida y la muerte, tú viajero que buscas la paz y anhelas la victoria ábreme tu corazón y si eres digno podrás pasar>>
 
 
Justo frente a mí, al lado del mensaje se situaba una estatua con forma de mujer y alzaba la mano con la palma hacia arriba. Con una corazonada latiendo en mí, cerré los ojos y coloqué una mano en la de la estatua.
 
 
<<Veo que has conseguido llegar hasta aquí>>
 
— Tú me retaste — dije con suavidad.
 
<<Cierto es, soy Etro yo soy la creadora de los seres celestes, te he estado esperando por mucho, mucho tiempo Nattalie Holls, te estado observando y he susurrado tu nombre infinidad de veces en la oscuridad >>
 
— ¿Tú me has estado llamando?
 
<<siempre>>
 
— Eras aquella voz en mi cabeza… pero ¿acaso me has estado guiando?
 
<<Eres perspicaz, así es mi voz te ha guiado a través de los años y de tu viaje. Espero que los seres celestes te hayan sido de ayuda>>
 
— Algo así, pero dime una cosa ¿tú estas por encima de esos cuatro viejos? no te ofendas, pero si te quedaste dormida en medio de una batalla no es que des muy buena impresión.
 
<< ¿De verdad crees en esas viejas historias? >>
 
— Últimamente mis creencias se tambalean. No sabría que decirte.
 
<<En ese caso te contaré una historia, la historia de los comienzos>>
 
 
En el principio, yo era parte de una raza muy superior de seres bondadosos y amables deseosos de compartir con otras formas de vida su luz. Todos nos esforzamos en crear, con amor y paciencia, pero sobretodo unidad.
Cuando acabamos de cumplir nuestro sueño, los primeros mundos vieron la luz y la paz imperaba en ellos. Los nuestros se enorgullecían y señoreaban ante la tierra, con ello llegaron las disputas, la oscuridad y el egoísmo se adueñaron de sus corazones, hermanos contra hermanos, padres contra hijos. Se sucedió una batalla tras otra.
Pero mi madre levantó la voz, recordándonos los motivos de unirnos, de compartir, recordándonos nuestras creencias y el caos cesó. No quedaron muchos de los míos y con el tiempo su luz se fue apagando y nuestra historia, quedó olvidada, cuando fue mi turno traté de acercarme a vosotros el tesoro de mis antecesores.
Pero prefirieron la barbarie y el odio en vez del amor y la comprensión, se levantaron en guerra, muchas vidas se perdieron inútilmente. Me vi obligada actuar, pero usé gran parte de mi poder para poder borrar el odio en sus corazones. Aquello hizo que quedase en este estado en el limbo, ni muerta ni viva  eternamente, condenada a observar cómo se escribe la historia.
 
 
— Los Aesir no ganaron, nadie lo hizo yo evité una matanza innecesaria, me sacrifiqué con el deseo que entendiesen que ese no era el camino correcto. Pero nada cambió.
 
 
La tenue luz se expandió y brilló con mayor fuerza dejando ver a una mujer de piel azulada y largo cabello, sentada en un elegante y detallado trono de hielo tan azul como un zafiro.
 
 
— Pero me elegiste a mí, me atrajiste hasta este lugar ¿por qué?
 
<<Yo soy la diosa suprema, pero en mi estado no me es posible hacer nada, además yo te vi, antes de caer en el limbo tuve una visión donde aparecías tú, por eso te elegí >>
 
— ¿Yo?  
 
<< ¿Recuerdas cuando tú madre te llamaba abominación? se debía a que cuando naciste yo aparecí ante ella y te otorgué parte de mi poder. Eso fue antes de que estallara la guerra. Tú madre era codiciosa y no se tomó demasiado bien que escogiese a un bebé por encima de ella >>
 
— Vale eso lo entiendo, me escogiste sabiendo que llegaría hasta aquí, pero la pregunta aquí es ¿por qué estoy en este lugar? 
 
<<Por que buscas poder y yo puedo dártelo, si realmente quieres ponerle fin a esta absurda guerra acércate y toma mi mano >> 
 
 
Me acerqué con pies temblorosos al imponente trono y alcancé la mano de Etro, una vez cerca logré apreciar que su apariencia casi en su totalidad era azul en diferentes tonos, era muy hermosa igual que fría en apariencia. Su mano apretó la mía y una calidez desconocida me envolvió por completo todo se iluminó y todo cobró sentido.
 
 
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Cuando desperté no había rastro de Onix por ninguna parte, pero había algo inquietante justo donde estábamos, muchos lucillos flotando a mi alrededor. Por curiosidad toqué uno y todos comenzaron a elevarse hacia el cielo, acto seguido se escuchó un batir de alas a mi espalda.
 
 
— Vosotros… ¡malditos perros de Asgard! 
— Eres una Valquiria ¿Por qué nos atacas? 
—¡Odín nos encerró aquí a todas nosotras! ¡cómo si no lo supieses! 
 
 
La Valquiria arremetió contra mi teniendo lanza en mano, su ira la hacía casi invencible y le resultó sencillo hacerme unas cuantas heridas superficiales casi en una exhalación. Era una lucha sin cuartel aun superándola en número quedaba claro quién tenía la sartén por el mango.
 
 
— ¿Planeáis derrotarme sólo con eso? sois unos ingenuos.
— Es… es muy fuerte capitán… 
—¡Aguantad! ¡no podemos retroceder! 
 
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— Se lo que debo hacer. Pero me asusta.
 
<<Nadie dijo que sería sencillo, yo misma tuve que presenciar las muertes de mis criaturas>> 
 
— ¿Porque siento que alguien me llama?
 
<<Odín encerró a las valquirias, sus almas para ser más exactos en el fondo del templo alguien debe haber roto la barrera que las mantenía sumidas en su sueño, las almas habrán escapado y unido a sus cuerpos>>
 
 
— Entonces debo ayudarlas.
 
 
<< Liberarlas de su penuria y rencor tú cometido es, debes partir. No dejes que la luz de la esperanza en ti se apague >>
 
 
Como si de aire invernal se tratase, Etro se desvaneció sin más y yo volví a estar frente a la estatua, tomé una gran bocanada de aire. Sentí la presencia de mis amigos justo debajo. Si estaban en lo más profundo de este lugar sólo había una manera de llegar.
Me apresuré a salir del laberinto y crucé una a una todas las salas anteriores hasta llegar justo donde desperté, en la zona con agua, donde se encontraba el  Jörmungandr.
 
 
— Esta bien lagartija acuática es hora de hacer sushi contigo.
 
 
Me lancé sin pensarlo dos veces al agua y comencé a nadar hacia el fondo, lancé flechas de luz para ir iluminando el camino, cada vez más hondo donde la oscuridad envolvía las aguas, la presión poco a poco se volvía  más insoportable pero, detecté movimiento a mi alrededor. 
 
 
<<Vamos déjate ver, muéstrate>> pensé mientras seguía nadando con calma aparente. Vi su cola al ser iluminada por mi flecha y me detuve, flotando en el sitio.
 
 
Su cola trató de alcanzarme y a duras penas me alejé con la suficiente rapidez como para esquivarlo. Era obvio que tenía la ventaja en el agua pero, perder la vida no era una opción. Mi vida no sólo me pertenecía a mi, ahora entendía eso. Nadé con rapidez hasta alcanzar la cabeza de la bestia hasta estar frente a frente.
 
 
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Habíamos resistido hasta ahora, pero la diferencia de poder era enormemente evidente, no teníamos oportunidad alguna en su contra y ella lo sabía. Era un alma vengativa que no tenía piedad, ya lo había demostrado dejando a varios de los nuestros fuera de combate. 
 
 
— ¿Esto es todo cuánto podéis ofrecerme? patético, acabaré con vuestro sufrimiento a un solo golpe. 
 
 
Concentró su energía entre sus manos donde una esfera anaranjada crecía a gran velocidad mientras emanaba calor, a mis ojos era como un pequeño sol brillante. La esfera creció hasta llegar a un tamaño que abarcaba la mitad del espacio. Mis compañeros en el suelo bajaron las miradas aceptando la derrota, pero yo no podía hacer eso. Cojeando caminé al frente de ellos y me coloqué como escudo, recibiría el impacto por ellos.
 
 
—¡¡Fuerza de G!! — gritó la Valquiria.
—¡Agachaos! — escuché a mi espalda. 
 
 
Por encima de mi cabeza apareció una criatura gigantesca de verdes escamas, por un segundo el miedo me invadió pero entonces sentí un Nafilice tan conocido como la luz del alba. Nattalie montaba aquella serpiente milenaria, como si se tratase de Sleppir.
 
 
—¡Yo me encargo, vamos Jörmungandr, dispara! 
 
 
Las feroces fauces de la serpiente se abrieron de par en par y una luz blanca emanaba del interior de esta, Natt la hizo esperar hasta que el ataque de la valquiria estuvo lo suficientemente cerca para lanzar su propio ataque el cual desintegró la fuerza G de un solo golpe en un instante.
 
 
—¡Ahora atrápala!  
 
 
La serpiente envolvió con su cuerpo a la valquiria quien estaba exhausta, los ojos de la bestia observaron a la guerrera a los ojos y esta al instante se convirtió en sólida piedra que se desintegró convirtiéndose en mero polvo. En el lugar donde segundos antes estaba su cuerpo apareció un alma.
 
 
— Gracias noble guerrera de Valhala, habéis liberado mi alma, por ello acepta este presente y derrota la oscuridad con ella.
 
 
Una pequeña luz azulada llegó a manos de Nattalie, quién al tocarla recibió unas imponentes y magníficas alas doradas, su Nafilice estaba fuera de los alcances terrenales de este mundo, no sabía que había pasado pero estaba claro que no era la misma. Algo había cambiado.
 
 
— Gracias…
 
 
El alma desapareció con una expresión de tranquilidad en el rostro, la mirada de Natt por fin recayó sobre nosotros, la serpiente descendió arras del suelo donde ella desmontó y se dejó caer junto el cuerpo inerte de Jay. Su mano de colocó a la altura de su corazón y una punzada de malditos celos ardieron en mi.
 
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Yo solía temblar de miedo, solía rechazar mi realidad y escapar de ella. Y sin embargo nunca antes me había sentido tan en paz. Me sentía segura de lo que hacia ahora, durante el corto tiempo que había pasado al lado de estas personas había cambiado, me había adaptado y con ello me hice más fuerte.
 
 
— Despierta, vamos sé que eres más fuerte que esto — dije tocando su mano.
— ¿Va a ponerse bien? – me preguntó Layla colocándose a mi lado.
— No sufre de un veneno en el cuerpo, le han envenenado la mente, es como si estuviese en coma. Pero puede oírnos.
 
 
Miré con ternura su pacífico rostro, acerqué mi mano y acaricié su cabello revuelto, sonreí burlándome en silencio de nuestros lejanos recuerdos.
 
 
— ¿Por qué esa Vanir esta con vosotros? — giré el rostro mirándolos con severidad.
— Nos ha ayudado a encontrarte — Tyler me miró desde arriba con cara inexpresiva.
 — No me importa, no es uno de los nuestros. Que se vaya, no confío en ella — exigí.
— Que lástima, pero no pienso irme hasta arrancarle la cabeza a tu madre.
 
 
La miré con ira contenida, Layla colocó su mano en mi hombro en señal de apoyo, Tyler por el contrario la colocó tras de si de forma protectora y mi ira aumentó hasta límites insospechados.
 
 
— ¿Cómo sabes que soy su hija? — le estreché los ojos.
— Todo el mundo sabe quién eres Nébula, es más, me juego el cuello a que sigues teniendo esa magnífica daga. La llave al futuro y aquello que todos desean.
 
 
El asombro me golpeó de lleno tras aquellas palabras, era consciente de ese detalle, pero que alguien como ella lo supiese y viajara conmigo la hacía peligrosa.
 
 
— Piensa lo que quieras, pero no vas a venir es mi última palabra.
— Lo siento Natt, pero Dærlim se viene con nosotros.
 
 
Las palabras de Tyler me cayeron con un jarrón de agua fría, la estaba  defendiendo. Estaba defendiendo a una desconocida antes que mi ¿acaso no le importaba mi seguridad?
 
 
— Oh querida, apuesto a que eso tiene que doler.
 
 
Todos miramos al lugar de donde procedía aquella voz, un hombre de piel bronceada y pelo blanco platino, de penetrantes ojos felinos. Nos miraba divertido sentado en una rama de un árbol, mi cuerpo comenzó a temblar por cuenta propia y una sola palabra salió de mis labios.
 
 
— Onix.
— Vaya, veo que aún te acuerdas de mí, princesa — sonrió con malicia — por cierto, vuestra madre os envía recuerdos, y  espera veros pronto.
—¡¿Qué es lo que quieres?! ¡¿Por qué estas aquí?! — apreté los puños con rabia.
— ¿Acaso no es una obviedad? he venido a por vos.
 
 
Layla se coló delante de mi empuñando su arco, tensó la cuerda junto con la flecha, su mirada de halcón había fijado su próximo objetivo, bastaría un solo gesto en falso y ella haría volar la flecha.
 
 
— Vaya, vaya si es mi  princesa favorita, que poco cortés, veo que vuestra educación ha ido en decadencia. 
— Con tal de acabar contigo no tiene mayor importancia que un pequeño costo.
— Y yo que pensaba que podíamos retomar nuestra última conversación, pero si lo ponéis así. Mátales mi antiguo Ferbraim. 
 
 
De la nada apareció el gran golem de roca. Me lancé al suelo para evitar el ataque de su puño pero cuando volví a mirar hacia arriba Onix ya no estaba. Mis compañeros  fueron mandados por los aires por aquel golem, mientras yo corrí hasta él, si lograba llegar a su pecho tal vez pudiese detenerlo. Cuando lo alcancé no tardé en subirme a su pierna derecha pero una voz llamó mi atención desde atrás.
 
 
— Yo que tú, no lo haría si es que valoras la vida de este vulgar renegado.
 
 
Cuando mis ojos se encontraron con Onix sostenía a Jay por el cuello, en mi cara se borró todo rastro de color  y mis pulsaciones se dispararon. Me solté como bien pude y rodé por el suelo, cuando me levanté di un paso adelante pero Onix negó con el dedo.
 
 
— Parece que no lo entiendes, aquí yo soy quien manda. Si das un paso más mi juguete se inmolara y todos tus amigos morirán.
 
 
Apreté los dientes con frustración, mi mirada lo atravesaba con furia pero no parecía importante muy por el contrario le entretenía, observé a mis amigos exhaustos en el suelo jadeando,  el tenia razón la ventaja, era suya.
 
 
— Muy bien, buena chica, ahora me voy a ir y si quieres volver a ver a esta escoria con vida ven a verme a Muspelheim, tienes tres días. Así que no me hagas esperar si lo quieres de una sola pieza.
 
 
Riendo como si de una hiena se tratase desapareció en una cortina de espeso humo, yo caí derrotada en el suelo. No había podido salvarle, se lo había llevado.
 
  • Moana012-image Moana012 - 15/09/2019

    Estuvo muy bueno pero como que se me hizo corto

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