Capítulo18 ; el renacer del dragón fiel

Cuentos de Media luna

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Sentía el frío en mis mejillas y amortiguadamente podía escuchar la discusión de mis amigos. Pero algo muy dentro de mi acababa de romperse, sabía lo que tenía que hacer ya que el camino hacia mi destino se había abierto gracias a Etro. Sabía que no era momento para llorar o arrepentirse, el tiempo jugaba una vez más en nuestra cuenta y antes de ir tras Onix había una cosa que debía hacer.
 
 
 
— Debemos ir a Alfheim… — susurré. 
—¡¿Qué dices has perdido la cabeza por completo?! — me  espetó  Tyler.
— No, pero primero debemos ir allí.
—¡No, no pienso abandonar al capitán! — dijo Maia. 
—¡¿Quieres salvarlo o no?! ¡dejad de pelearos como críos maldita sea!  ¡¿creéis acaso que no me afecta?! pero debemos pensar con cabeza fría.
— Lo siento mucho…
— Da igual, mientras estuve en templo descubrí unas cuántas cosas, tenemos que ir a Alfheim.
— Genial, pero ¿cómo salimos de aquí? — me preguntó Zelda. 
— Fácil.
 
 
Me concentré y unas enormes alas doradas salieron de mi espalda, tomé a Layla en mis brazos para acto seguido alzar el vuelo, siempre había soñado con poder volar como cualquier otro niño, aleteé con fuerza y en apenas unos segundos estaba fuera de aquel profundo agujero bajo el lago. Aún no entendía cómo se conectaba el lago al templo, pero poco importaba en este punto.
 
 
—¡L?vënth?n, sube a los demás! — grité al profundo agujero.
 
 
Segundos después obtuve un siseo a modo de respuesta, y si, había convertido al Jörmungandr en mi mascota. Al menos de momento, después de todo estaba destinada a ser una bestia de la destrucción durante el Ragnarok.
L?vënth?n hizo lo que le pedí subiendo con él a todos mis camaradas quienes estaban muertos de miedo, una vez los dejó en el suelo se acercó a mí en busca de una caricia de aprobación.
 
 
— ¿Cómo es que la has domesticado? — preguntó  Alissa.
— Esa es una muy buena pregunta, esta escamosa asesina trató de matarme ahogada, pero cuando regresé para ir por vosotros fui yo quien la atacó, no sé cómo logré arrancarle una escama del cuello, después de eso me sacó del agua.
— Le arrancaste la escama del dragón — dijo Tyler con seriedad.
— ¿La qué? — dije con curiosidad.
— Todas las grandes serpientes descienden de antiguos dragones alados, todas poseen una escama que las vuelve agresivas. Nadie hasta ahora ha podido domar una — explicó, su mirada atravesó la mía provocándome un escalofrió.
 
 
Miré a la siseante  serpiente acostada plácidamente a mis pies mientras acariciaba su cabeza. Retraje mis alas y miré a Tyler quien estaba al lado de la Vanir, L?vënth?n se percató de ello y les bufó enfadada.
 
 
— Shh… ya está, tranquila vamos L?vënth?n, maacklith ninumo — volví a acariciarla y mientras menguaba — bien es hora de irse, iremos a las marismas del dragón en Alfheim.
 
 
La gran serpiente se vio reducida a una del tamaño de una lagartija, L?vënth?n subió reptando hasta mi cuello donde se acomodó como si fuese un collar.
 
 
— ¿Cómo estamos muy lejos del Baifrost? — mencionó Drew.
 — Puedo abrir mi propio portal ¿así que vamos? 
— No, pensemos estamos cansados, hechos polvos hace dos días que no comemos o dormimos bien. En estas condiciones no le haríamos ni cosquillitas .
— ¿Y qué sugieres Zelda? — replicó Zelda.
— Pasar la noche en mi casa, que la jefa usé su portal, nos esconderemos en mi hogar hasta mañana.
— Vamos, sabes que estará bien. Sólo es un día – me consoló Layla envolviéndome en un abrazo.
— Si le pasa algo yo … 
— ¿Tu qué? Natt, él se porto muy mal contigo, te mintió, te lastimó ¡¿por qué sigues persiguiendo su sombra?! — me recriminó Tyler.
—¡Déjala en paz! ¡Sabes perfectamente que no tiene culpa! — le recriminó Layla.
—¡¿A no?! ¡porque yo no lo recuerdo así! 
—¡Cierra la maldita boca Cerberus! — mi mirada lo atravesó como una flecha.
 
 
Todo mi cuerpo entró en tensión, las venas me palpitaban, los ojos me brillaban con un azul aguamarina señal de mi enfado. Mi aura se elevó creando una suave brisa a mi alrededor de color rojizo.
 
 
— ¿Qué sabrás tú sobre mis sentimientos? — lágrimas de rabia y frustración aparecieron en mis ojos vidriosos — ¡todos decís que yo era valiente, inteligente y buena! — dije con las manos en la cabeza dándole la espalda — ¡y no lo soy! 
— Natt… ¿cómo me has llamado? — dijo exhalante Tyler. 
— ¿Thœm r?hï?e gh?øx h?nm? (¿Eso es lo único que te importa?) — le miré dolida — ¿Mïth r?häth? (¿es enserio?)
—¡¿Puedes recordar?! — me acusó. 
— ¿Ahora si te preocupa? ¡cuando ya no queda nada más por decir! — le reproché.
—¡No, espera esto hay que hablarlo, hay mucho de qué hablar!
—¡¿Qué me vas a decir Cerberus de la estrella del gran can?! Creo que todo ya está dicho. Me queda muy clara cuál es tu respuesta.
—¡Te equivocas las cosas no son así!
—¡No, son justo como las estoy diciendo! Has olvidado porque estamos aquí. Así que vas a dejar a esta… mujer, aquí y nos vamos a ir.
— Me niego — dijo con sequedad.
— ¿Qué? — dije incrédula.
— Lo que has oído Nattalie — dijo Tyler con  frialdad.
— ¿Ahora jugamos a ese juego? — me crucé de brazos.
— Yo no juego, sólo te estoy avisando. Viene o no voy.
— ¿Es una broma? porque no tiene ni puñetera gracia.
— Lo digo muy enserio. Sin ella no me pienso ir.
— Esto es increíble… ¡maldita sea soy tú capitana mueve tu trasero de una vez y déjala hay es una orden! 
— No pienso aceptar órdenes, ya sabes lo que hay, viene o no voy. Elige.
— ¡¿Este es todo el respaldo que ibas a darme, hasta aquí llega tu promesa?! ¡¿Hasta que llega alguien que te mueve el rabo?! ¡Sabes, me alegro que Nébula este muerta porque volvería a morirse si viese como has cambiado!
—¡No sabes de que estas hablando! — gritó ofuscado con la respiración acelerada.
— ¿No? ¡es muy sencillo Nébula te abandonó y tú sigues malditamente despechado, todo este tiempo y ese rollo de amigo protector era sólo una forma de vengarte! ¡Ahora lo sé, sólo hacía falta un perro que te siguiese a todas partes! 
— ¿Cómo…como sabes eso… acaso tú …?
–¡¿Y si lo fuese qué?! ¡¿vas a seguir siendo un capullo para defender a esa maldita asesina descarada?! 
—¡Oye a mí no me hables así! — dijo Dærlim con efecto retardado.
—¡Púdrete en Helheim con los de tú clase, ni siquiera te quiero en mi maldito equipo! Vámonos, no pienso seguir viéndote esa cara de imbécil en shock!
— Pero ¿qué pasa con el capitán? — preguntó Maia.
—¡Está claro que no sabe cuáles son sus prioridades, no se vosotros, pero yo pienso marcharme al alba hacia Alfheim! 
 
 
Abrí un portal de forma redondeada y dorada, eché un último vistazo al hombre que un día creí querer, atravesé el portal sin pensarlo mucho más. Layla y Zelda me siguieron. Wyatt, Travis y Scott fueron los segundos.
 Esperamos al otro lado, pero sólo Alissa y Lucy llegaron unos minutos después, cuando les pregunté por el resto negaron con la cabeza. Maia, Cole, Drew, Maggie, Dylan, Sanders…se habían quedado junto a Tyler. Me rompí en mil pedazos al entender que a pesar de todo lo que habíamos pasado no conseguí ganarme el respeto y la confianza de todos.
Aunque lo que más me preocupaba era que lideraba un grupo desunido, todos tenían caras largas junto a la chimenea de la humilde y cálida casa de Zelda. Cenamos en silencio y nos fuimos a dormir del mismo modo, nadie dijo una sola palabra, no hacía falta.
Subí las escaleras del salón hasta el segundo piso, caminé hasta la que Zelda indicó sería mi habitación por una noche y me dejé caer en la cama con la misma gracia y elegancia que tiene un rumiante al comer. Di vueltas y vueltas durante una hora aproximadamente.
No podía creerlo, él siempre me había empujado hacia el liderazgo, me había respaldado y ayudado. Se había convertido en alguien especial para mi… y prefería una desconocida, que de hecho trató de matarnos a todos. 
 
 
— ¿Cómo puede ser tan estúpido? al menos muy pronto Wagner… muy pronto volveré a verte.
 
 
Una solitaria y conmovedora lágrima resbaló por mi mejilla fría, no sabía lo que eran los celos nunca antes los había experimentado. Pero si esto que sentía lo eran, lo odiaba con todas mis fuerzas. Me acerqué a la ventana admirando el cielo estrellado, los sentimientos que tanto había tratado de ocultar desde que abandoné a Tyler me desbordaron como nunca antes, no era sólo decepción, no era tristeza y era mucho más que sólo sentirme herida. Era saber que estos sentimientos que podrían haber crecido murieron en el intento. Lloré una vez por un hombre en que cual no debí poner mis ojos.
Cansada de todo traté de dormir nuevamente acurrucada en la vacía cama, el sonido de los grillos en el jardín me ayudó a relajarme y logré sumirme en un profundo sueño. 
 
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— ¿Está bien que se haya ido? — me preguntó la que ahora era problema mío.
— No, no lo está, pero ¿tengo elección? ella ha decidido dejarme atrás.
— Dejarnos — me corrigió — en serio ¿cuál es su problema?
— Ninguno… la culpa es sólo mía por ser un bocazas.
— ¿Qué vamos hacer ahora Capitán? — preguntó Dylan.
— Aunque nos hayamos separado nuestros objetivos son los mismos, nunca olvidéis eso seguimos siendo camaradas, compañeros por muy lejos que estemos. Por ahora iremos por los reinos, buscaremos más compañeros.
— Eso suena aburrido — resopló Dærlim. 
— No te quejes, salvarte el pellejo me ha costado mi grupo.
— De igual manera vas a morir — dijo encogiéndose de hombros. 
— Por eso haré algo que al menos merezca la pena ¡vamos a buscar el punto del portal muchachos! 
— ¿Cómo puedes mantener la esperanza?... — los ojos de la Vanir me miraban con tristeza profunda. 
 
 
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El alba asomó la ventana y fui abriendo con lentitud mis enrojecidos ojos. La hinchazón por haber llorado en exceso no había desaparecido, cuando bajé todavía nadie se había levantado y así lo prefería. No conseguía aclarar mis pensamientos. Me preparé buen café y me senté.
Mientras me tomaba mi humeante taza de vida vi aparecer a Layla con mirada cautelosa, ella lo intuía, sabía de antemano lo que el resto no veía.
 
 
 
— ¿Una dura noche? — preguntó con suavidad.
— ¿Tu qué crees?
— Te ves de pena, oye… sé que no debería meterme, pero Natt, ¿qué paso anoche, porque de repente tú …?
— No lo sé… estoy segura de lo que siento por Jay, la cuestión es si podré perdonarle hasta ese punto. Con Tyler… cuidó de mí, me apoyó, estuvo ahí y eso creó estos extraños sentimientos y no sé qué hacer con ellos.
— Sentimientos encontrados ¿eh?
— Si, son un asco.
— Entonces… ¿qué quieres hacer?
— Ir a  Alfheim, llegar a las marismas del dragón, liberar a Wagner y salvar a Jay.
— Plan simple, me gusta.
 
 
Una hora después todos estábamos listos para partir a Alfheim. Mientras recogía mi poco equipaje mis ojos aterrizaron sobre el viejo libro de mi madre, en el estaba escrito todo tipo de hechizos, mapas, mezclas para pociones… pero en la última página de aquel misterioso libro, había algo aún más extraordinario, una carta escrita a puño y letra de mi madre. La misma que hasta día de hoy no tengo valor de leer.
 
 
— Ojalá todo fuese distinto… pero no hay más camino, no para mí, ya no.
 
 
Bajé las escaleras hasta el salón donde nos reunimos todos, nada más salir al exterior invoqué el portal y al cruzarlo estábamos en Yggdrasil. De un maravilloso y majestuoso árbol frondoso y verde, a lo lejos se podían ver diferentes reinos, en la lejanía podrían confundirse con los planetas que me enseñaron en primaria. Caminamos con cuidado por la extensa rama donde habíamos aterrizado, mi instinto me guiaba hacia nuestro destino mientras escalábamos aquel árbol. Mientras ascendíamos pude ver de cerca a Ratatof la ardilla que vivía en aquel árbol. Y durante el recorrido mis ojos se deleitaron viendo al lobo legendario persiguiendo el alba que brillaba con la fuerza de mil estrellas.
 
 
— ¿Estáis viendo eso? — dijo Lucy.
— Es precioso… — dije casi sin respiración ante tales vistas.
— A Jay le hubiese encantado. Siempre fue el que más disfrutaba estas cosas — añadió Layla.
— Shh, cállate no ves que incómodas a la capitana — la cayó Alissa.
— No pasa nada… tiene razón siempre amó ver y ponerse el sol, él lo llamaba su momento zen.
— Así que… ¿es verdad? ¿puedes recordar jefa? — preguntó Zelda.
— Si y ahora que lo sabéis os pido un favor.
— Claro lo que sea — dijeron a la vez.
— No le digáis nada a Jay cuando le salvemos. Esto debe quedar entre nosotros.
— ¿Por qué? — preguntó Wyatt.
— Es mejor para el no apegarse demasiado a mi…
 
 
Mis ojos quedaron fijos en el horizonte, lo había decidido, aquí, frente a este sol. Desde este momento cerraría mi corazón y me enfocaría en aquello por lo que estaba luchando, miré a L?vënth?n quien estaba descansando a lo largo de mis hombros.
 
 
 — Investiga el terreno que hay más adelante.
 
 
La serpiente descendió de mis hombros y con rapidez se esfumó de mi vista, agarré el colgante en mi cuello, Wagner sería libre muy pronto. Un paso más me dije en silencio, escalé el resto del camino como si me fuese la vida en ello, cuando alcanzamos la cima vislumbre el umbral de la entrada un tele trasportador idéntico al Baifrost.
 
 
— ¿Eso es lo que creo que es? — Zelda miraba con admiración la puerta.
— Exactamente, vamos.
 
 
Atravesé el portal con una sonrisa y los ojos cerrados, cuando los abrí un paraje verde esmeralda con una cristalina cascada se extendía ante mí, el sol brillaba radiante y los pájaros cantaban animadamente.
 
 
— Esto es… increíble… — los ojos de Zelda se iluminaron.
— Nunca he visto algo tan hermoso… — dijo Layla mirando al amplio cielo azul.
— ¿Encontraron algo que les interese? — dijo una voz suave a mi oído.
—¡Oh Dios, no hagas eso! — grité sobresaltada.
— ¿Qué hacéis aquí? este no es lugar para, Asgardianos — dijo mirando a Layla y los chicos — enanos — dijo con énfasis al nombrar a Zelda — o Midgardianos — me miró estrechado los ojos en mi dirección.
— ¿Dónde está Elfaria? — me acerqué a ella autoritaria.
— ¿Quién la busca? — me retó con la mirada.
— Nébula.
— Ya decía yo que esas runas en tu cara me sonaban de algo, muy bien os llevaré a palacio, pero al más mínimo movimiento sospechoso os mataré, a todos. Mi nombre es Mefieth.
 
 
Yo afirmé con la cabeza y encabezó la marcha a través del bosque de Elrit hogar de Elfaria. La última vez que pude verla fue cuando ofició en secreto mi ceremonia, distantes recuerdos pasados dispersos como el humo he de decir. Caminamos entre la maleza salvaje, donde las flores y la fauna predominaban el entorno. Aterciopelados ciervos dorados corrían en libertad por las praderas, caballos de un blanco puro como la nieve galopaban contra el viento. 
Las aves más exóticas y misteriosas reinaban en los cielos, mariposas jamás vistas por estos jóvenes ojos revoloteaban entre las flores. Todo el lugar rebosaba de vida, nunca me había sentido tan en sintonía con mi alrededor como hasta ahora, el aire era fresco y puro, los cielos abiertos y azules.
Sin duda este era el reino más hermoso que había visto hasta la fecha, Mefieth nos guió por un puente colgante para adentrarnos justo donde quería, en las marismas, sin embargo, sin la guía de Elfaria mi viaje sería en vano. Unos metros más adelante se erguía el noble palacio de marfil perlado de las hadas, rodeado de preciosas enredaderas rebosantes de rosas.
Caballeros de brillante armaduras aguardaban a las puertas, al percatarse de la cercana presencia de Mercedes hicieron una reverencia y bajaron el portón. A medida que íbamos avanzando más claro me quedaba la posición de aquella niña.  Al menos eso aparentaba, no mucho más alta que Zelda, de pelo rubio atado en dos trenzas. Sin desarrollar e ingenua. Dejaba mucho que desear en comparación a su madre.
 
 
— Deja de observarme como si fuese un experimento raro — me reprendió. 
— Simplemente te estudió en silencio — contesté con simpleza.
— Muchos dirían que es la osadía lo que os impulsa — dijo estrechando los ojos.
— Otros sólo dirán que es la sana curiosidad — me reí. 
 
 
Subimos escaleras y atravesamos pasillos, habitaciones y un enorme comedor donde nos dejaron esperando. Aquella sala disponía de una mesa alargada echa de oro, con un asiento que resaltaba por mucho del resto adornado con patrones de flores silvestres. Todos nos dispersados para admirar los detalles; el reloj, los cuadros, el mobiliario, los sofás, las doncellas en el caso de los chicos.
 
 
— Hombres — suspiró Zelda.
— Deberías aprender de ellas Brave, igual te iría mejor con los hombres — le comentó Travis.
— Quizás tu deberías comprarte otro cerebro. Igual en Helheim tienen alguno en oferta.
— Eres insufrible, enserio ¿todas las enanas sois así? siento pena por los hombres de tu raza.
— Ellos son nobles guerreros, no niños alocados que persiguen faldas — le dio la espalda malhumorada — maldito imbécil — refunfuño mientras se alejaba.
— Disculpad la tardanza — dijo una doncella entrando en la estancia — la reina os llama seguidme.
 
 
La mujer nos guió hasta otra sala aún mayor, donde destacaban el verde oscuro, dorado y negro. El suelo era de mármol negro, las columnas de un dorado puro, los techos y paredes verde oscuro.
 
 
— Me alegra verte con vida — saludó Elfaria desde su trono.
— Elfaria, sabes a que he venido ¿no es cierto?
— Oh querida, nada hay en todo Yggdrasil que escape de mí. Se que buscas el agua de la vida.
— Entonces también sabrás lo que planeo. 
— Y por eso mismo voy a ayudarte, igual que entonces, ya sabes el dicho tan común en Midgar ; el enemigo de mi enemigo, es mi amigo.
— Por supuesto, quitando a Lunafreya de en medio podrías reinar a tus anchas.
— Lleva milenios, tratando de someter a mi pueblo y, he de mencionar que usó a los elfos renegados. Eso, es una ofensa en contra de todo Alfheim.
— Toda ayuda es bienvenida.
— Veo que ya conocéis a mi hija, la princesa Mefieth. Ella os acompañara en vuestro cometido como representante de nuestra raza.
— Haré que te sientas orgullosa madre.
— Eso espero, que el gran Yggdrasil te guarde. En cuanto a las marismas tenéis permiso para acceder al lugar. Por otro lado, os acompañará nuestro mejor guerrero, lo encontrareis fuera.
 
 
Tal como había dicho Elfaria el elfo esperaba justo al lado del portón de palacio. De largo cabello dorado platino y ojos verdes, nuestro nuevo acompañante intimidaba con su seriedad. 
 
 
—Vos debéis ser Lady Nébula.
—Nattalie y si, esa soy yo ¿y tú eres?
—Kethlam, el orador de los bosques del norte. A vuestro servicio.
—Como ya le había dicho a tu reina, cualquier ayuda será bien recibida, después de todo esta guerra nos pertenece a todos.
—Y por ello estoy aquí. 
 
 
Una vez todos listos marchamos sin demora hacia las marismas del dragón y al llegar tal como había prometido Elfaria, no había guardias. La cueva cavernosa era enorme, oscura y llena de laberintos por doquier. Avanzamos con cautela formando una fila, las rocas eran de un tono púrpura y el moho fluorescente debido al nivel de magia en el lugar.
Nos alumbraba el arco de Layla y el hacha especial de Zelda, la princesa hada nos hizo pasar por un camino sinuoso, tuvimos que pegarnos a la pared y avanzar muy despacio para poder atravesarlo con éxito. Mientras íbamos avanzando me percaté de una cosa, había telarañas por las paredes. No estábamos solos ahí abajo, sospeché.
 
 
— ¿Ves aquel hueco en la pared? Si pasas por él, llegarás al agua  —  dijo Mefieth.
— Vale — dije con suavidad en un susurro y  L?vënth?n siseó para que me detuviese — se acerca algo, debemos apresurarnos y salir de aquí.
 
 
Layla me dio un gesto de aprobación y yo salí corriendo hacia la pared, mientras luchaba contra los obstáculos que iba encontrando los sonidos de batalla comenzaron. Evité las rocas afiladas y trepé por una pared para poder llevar al agua, el cual brillaba con un azul eléctrico digno de ver, me aventuré a alcanzarlo y me arrodillé frente al agua. Me descolgué el colgante y sin más lo sumergí.
 
 
— Vamos, sal… por favor — rogué. 
 
 
Una luz cálida me cegó por completo, a medida que fue menguado se hizo visible un pequeño bulto rojizo acurrucado. Era él, podía sentirlo. No era el dragón de unos vente metros que solía ser, pero era él. Mi amigo, mi confidente, mi camarada. Cogí al dragón recién nacido en brazos y L?vënth?n se acurrucó junto a Wagner.
Yo sonreí cariñosa pero pronto caí de lleno en la realidad nuevamente, mis amigos estaban luchando y aún faltaba ir a rescatar a Jay. Al pensar en Muspelheim recordé al desagradable Darkova y rezaba en silencio por no tener que volver a verle.
Corrí de nuevo hasta la grieta y pasé por ella, lo que mis ojos vieron me produjo escalofríos. Tarántulas, no podían ser otro tipo de insecto, tenían que ser arañas precisamente. Tomé una profunda bocanada de aire y corrí al lado de mis amigos. Tres arañas albinas de ojos rojos nos miraban expectantes.
 
 
— ¿Cuál es el plan? — me preguntó Layla.
 
 
Miré por la cueva buscando una solución, se nos acababa el tiempo y nuestros oponentes no querían esperar para cenar, me fijé en las rocas y obtuve la respuesta.
 
 
— ¿Te acuerdas aquella misión con el tío Thor en Jotunheim? — le dije espalda contra espalda.
— Como olvidarlo, fui la heroína aquella vez 
— ¿A la de tres? 
—¡Tres! 
 
 
Layla sacó una flecha electrificada por el Thunderbird, mi parte era hacer de carnada, corrí para alejarlos unos metros de mi hermana quien tenía listo el disparo, corrí por una pared cercana y las tres grandes albinas me siguieron. Cuando le di la señal a Layla disparó a la velocidad del trueno, la flecha rebotó en una de las piedras y provocó una chispa que generó un potente estallado.
A duras penas y ahogados por el humo, logramos salir. Una vez pudimos respirar todos sonrieron al ver a Wagner de vuelta. Todos me miraron y me dieron una señal que significaba “adelante” abrí de nuevo el portal, pero esta vez no estábamos en Yggdrasil, habíamos llegado directamente a Muspelheim. 
Acabamos en una gran montaña con vistas de todo el lugar, ríos de lava ardiendo, piedras volcánicas por doquier, dragones de fuego, garudas, lobos de Fang, animas de fuego, salamandras. Todo tipo de criaturas poblaban aquel reino tan caótico y extremo. Pero no eran los únicos paseándose por aquella acalorada tierra, las antorchas, sirvientas de Onix. Patrullaban cada palmo, desde las puertas de palacio hasta la más remota caverna de lava. 
Investigamos el lugar en que habíamos acabado, las rocas eran negras como el carbón, fuego y  lava era todo cuanto había, el cielo parecía estar a punto de desatar una tormenta. Nos sentamos en el aire usando plataformas de runas, planeamos una estrategia, debíamos llegar a palacio y hacernos pasar por una de ellas.
 
 
— ¿A quedado claro el plan? — pregunté.
— Creo que es demasiado arriesgado — me dijo Layla.
— Lo sé, pero debo hacerlo yo.
 
 
Sin más discusión ante mi decisión ya tomada, tomamos rumbo hacia la escalinata de piedra que se situaba justo al lomo de la montaña. Bajamos las escaleras sin llamar demasiado la atención, llegamos pronto al lago de la eternidad donde las garudas y los dragones solían acercarse. Nos escondimos tras una enorme piedra y nos dedicamos a observar. Cayó la noche antes de que detectásemos movimiento alguno, una de las doncellas de Onix se acercó al lago para beber de sus ardientes aguas. Yo aproveché para ir tras un flanco, la golpeé por la espalda hasta que quedó tendida en el suelo desmayada.
 
—¿Esta muerta? — preguntó Zelda saliendo a campo abierto. 
—No solo inconsciente — le aseguré.
—Tenemos que darnos prisa o podrían vernos. 
—Tiene razón toma de una vez su apariencia.
 
Me acerqué a la mujer tendida en el suelo, toqué su hombro y el hechizo abandonó con claridad mis labios otorgándome su apariencia. Miré a mis compañeros quienes me miraban atónitos. 
 
—¡¿Por la estrella la jefa siempre tuvo esas curvas?! — dijo Travis.
—Pues si — afirmó Layla.
 
 
Me observé  detenidamente, tenía el pelo blanco atado en una cola de caballo, la piel morena, llevaba  un top rojo muy apretado a juego con la mini falda. Se me notaban todas y cada una de las curvas que tanto trataba de esconder.
 
 
—Creo que empiezo arrepentirme de esto.
 
 
Marche flotando por todo un desierto de roja arena, la vida y agua escaseaban, las temperaturas eran abrumadoras e insoportables. Para cuando llegué a las puertas del palacio mi piel estaba humedecida por una capa de sudor.
Pasé sin contratiempos la antesala y el gran comedor. Me aventuré a investigar cada rincón al que tuve acceso, llegué a una habitación extraña pero una conocida voz me agarró  por sorpresa.
—Vaya, no recuerdo haber  ordenado que limpiasen esta habitación,  muy extraño ¿no lo crees?
—No lo se señor, yo solo cumplo sus órdenes. 
—Mereces una recompensa por ello , mi fiel flama, acompáñame.
 
Seguí a Onix hasta el gran salón, él se sentó en su gran asiento frente a la mesa, me hizo una señal y seguí su ejemplo al sentarme al otro lado. Llamó a otra sirvienta y ordenó dos copas, la impaciencia me estaba matando,  tenía que librarme de Onix y seguir buscando a Jay.
Las copas no tardaron en llegar, Onix alzó la suya y me sonrió. Hice lo propio y me la llevé a los labios. El frescor del suave licor inundo mi garganta, volví tomar otro sorbo esta vez mas largo.
 
—Veo que te gusta, me alegro. 
—Gracias mi señor.
—Ahora entretenme, baila para mi .
 
Dio unas palmadas y más antorchas  llegaron veloces como la brisa, traían instrumentos ; tambores, flautas, arpas y algunos con formas extrañas que no había visto jamás, todas ellas se apresuraron a ocupar sus puestos listas para comenzar mientras yo seguía paralizada en el sitio tragué con dificultad. Onix me miraba con recelo pero no me dirigió palabra alguna, simplemente se limitó a señalar mi puesto en el pequeño escenario con la mirada y una sonrisa pícara.
Di un inseguro asentimiento, cerré los ojos con gran fuerza y tomé una gran bocanada de aire en busca del valor necesario, bailar nunca se me había dado bien, ni en Asgar ni en Midgar <<supongo que algunas cosas nunca cambian>> me di la vuelta y caminé hacia el lugar indicado. Una de las doncellas colocó un cambiador portátil justo delante de mi.
 
—Vamos, date prisa y cámbiate o nos regañara  a las dos.
—Oh, claro ya voy.
 
Miré justo al lado donde reposaban unas extrañas vestimentas de tono carmesí, parecía la clase de ropa que usan en Midgar para la danza árabe sin embargo debía haber un error con aquella descabellada idea, era imposible que Onix pretendiera algo como eso. Sacudiéndome las ideas tomé la ropa y me cambié, la doncella finalmente retiró el cambiador y yo quedé  a la vista. Llevaba un velo de tul transparente que me cubría desde la nariz hasta la garganta. Me sentía Sherezade en las mil y una noches, lástima que en vez de príncipe tuviese que entretener a mi peor enemigo. Al menos uno de ellos. 
La música comenzó a sonar era rítmica y muy marcada, no sabía que hacer exactamente o como bailarla,  así que dejé que el ritmo me llevase, me balanceaba de un lado a otro con toda la gracia  que me era posible. Onix parecía divertido y deseé con todas mis fuerzas poder borrar aquella sonrisa petulante de su rostro. Llamas empezaron a danzar a mi compás, las usé como una bailarina de gimnasia rítmica usa la cinta. Parecía un escupe fuego pero mejor.
Bailé dejando que las llamas me guiasen, salté y corrí, me sentía poderosa, ya no me sentía ridícula. Sonreí en dirección a Onix quien no apartaba la mirada mientras yo iba y venía con energía de un lugar a otro. La música se intensificó entonces y yo intenté seguir el compás moviendo todo mi cuerpo al tiempo. Mientras las llamas me envolvían haciéndome brillar.
 
—Bien es suficiente, podéis marcharos todas menos tú — me señaló.
 
Con un asentimiento me acerqué despacio mientras las doncellas abandonaban la estancia, un extraño cosquilleo invadió mi columna, aquello no me daba buena espina, cuando  llegué hasta él me indicó que me sentase y obedecí expectante.
 
—Como recompensa puedes cenar a la mesa.
 
No lograba entender las leyes de Muspelheim ¿acaso si no fuese sido de su agrado debería cenar en el suelo? era un egocéntrico, era tan distinto a Tyler y sin embargo eran hermanos ¿si Tyler se fuese criado también en Helheim hubiese acabado así? No quería pensar en Tyler y mucho menos quería pensar en su odioso hermano. Así que sin más que un <<gracias mi señor>> comencé a comer, realmente casi no probé bocado. Pero tuve que obligarme, cuando acabé Onix me miró de una forma muy extraña.
 
—Gracias por tú trabajo, ahora puedes retirarte.
 
Con lentitud me puse de pie e hice una reverencia  mientras me recordaba una y otra vez que lo hacia por Jay. Comencé a caminar por el pasillo cuando la vista comenzó a fallarme y todo se volvió oscuro, lo ultimo que escuché fue mi cuerpo cayendo al suelo.
 
  • Moana012-image Moana012 - 16/09/2019

    ¡¡¡Por fin Wagner vuelve a la carga!!! Ya era hora, aunque ¿porque sera que Natt siemore acaba desmayandose?

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