Capítulo18 ; el renacer del dragón fiel

Cuentos de Media luna

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Sentía el frío en mis mejillas y amortiguadamente podía escuchar la discusión de mis amigos. Pero algo muy dentro de mi acababa de romperse, sabía lo que tenía que hacer ya que el camino hacia mi destino se había abierto gracias a Etro. Sabía que no era momento para llorar o arrepentirse, el tiempo jugaba una vez más en nuestra cuenta y antes de ir tras Onix había una cosa que debía hacer.
 
 
–Debemos ir a Alfheim… – susurre 
 
–¡¿Qué dices has perdido la cabeza por completo?! - me gritó Scott.
 
–No, pero primero debemos ir allí - dije con tranquilidad. 
 
–¡No, no pienso abandonar al capitán! – dijo Maia. 
 
–¡¿Quieres salvarlo o no?! - me levanté envalentonada miradola a ella - ¡dejad de quejaros como críos maldita sea!  ¡¿creéis a caso que no me afecta?! Pero debemos pensar con cabeza fría.
 
–Lo siento mucho…
 
–Da igual, mientras estuve en templo descubrí unas cuántas cosas, tenemos que ir a Alfheim.
 
–Genial, pero ¿cómo salimos de aquí? - añadió Zelda señalando el agujero justo arriba.
 
–Fácil - dije colocandome unos pasos por delante.
 
 
 
Me concentre y unas enormes alas doradas salieron de mi espalda, tomé a Layla en mis brazos para acto seguido alzar el vuelo, siempre había soñado con poder volar como cualquier otro niño, aletee  con fuerza y en apenas unos segundos estaba fuera de aquel profundo agujero bajo el lago. Aún no entendía como se conectaba el lago al templo pero poco importaba en este punto.
 
 
 
–¡L?vënth?n, sube a los demás! – grité desde arriba hacia el agujero.
 
 
 
Segundos después obtuve un siseo a modo de respuesta, y si, había convertido al Jörmungandr en mi mascota. Al menos de momento, después de todo estaba destinada a ser una bestia de la destrucción durante el Ragnarok.
 
L?vënth?n hizo lo que le pedí subiendo con el a todos mis camaradas quienes estaban muertos de miedo, una vez los dejó en el suelo se acercó a mi en busca de una caricia de aprobación.
 
 
 
–¿Cómo es que la has domesticado? -Preguntó Alissa.
 
–Esa es una muy buena pregunta, esta escamosa asesina trató de matarme ahogadome, pero cuando regresé para ir por vosotros fui yo quien la atacó, no se como logré  arrancarle una escama del cuello, pero después de eso me sacó del agua.
 
–Le arrancaste la escama del  Dragón - afirmó Tyler.
 
–¿La que? - pregunté desconcertada.
 
–Todas las grandes serpientes descienden de antiguos dragones alados, todas poseen una escama que las vuelve agresivas. Nadie hasta ahora a podido domar una.
 
 
 
 
Miré a la siseante  serpiente acostada plácidamente a mis pies mientras acariciaba su cabeza. Retraje mis alas y miré a Tyler quien estaba al lado de la Vanir, L?vënth?n se percató de ello y les bufo enfadada.
 
 
 
–Shh… ya está, tranquila vamos L?vënth?n, maacklith ninumo – volví a acariciarla mientras menguaba – bien es hora de irse, iremos a las marismas del dragón en Alfheim.
 
 
La gran serpiente se vio reducida al tamaño de una lagartija, L?vënth?n subió reptando hasta mi cuello donde se acomodó como si fuese un collar.
 
 
 
–¿Cómo? estamos muy lejos del Baifrost? - se quejo Wyatt.
 
 –Puedo abrir mi propio portal ¿así que vamos?
 
–No pensemos , estamos cansados, echos polvos diría yo, hace dos días que no comemos o dormimos bien. En estas condiciones no le haríamos ni cosquillitas.
 
–¿Y que sugieres Zelda? - se burló Maia.
 
–Pasar la noche en mi casa, que la jefa use su portal, nos esconderemos en mi hogar hasta mañana. No todos somos niños mimados.
 
--Maldita enana...
 
--Al menos mi raza no esta tan corrompida como la tuya.
 
--¡¡Basta, callaos las dos!!
 
--Gracias Tyler... - dije con una sonrisa tímida. 
 
--Cierra la boca, no lo hecho por ti.
 
 
Baje la mirada haciamis pies, me sentía como una pequeña niña a la que su maestro acaba de regañar, nunca antes me había hablado de esa manera, ni siquiera me habia , mirado con esos ojos tan fríos. 
 
 
–Como sea no podemos esperar tanto tiempo,  debemos actuar -- dije a media voz.
 
--Vamos, sabes que estará bien. Sólo es un día  – me consoló Layla envolviéndome en un abrazo.
 
–Si le pasa algo yo … -- la voz se me quebró en su hombro.
 
–¿Tu que? Natt, el se portó muy mal contigo, te mintió, te lastimó ¡¿Por qué sigues persiguiendo su sombra?! – me recriminó Tyler.
 
–¡Déjala en paz! ¡Sabes perfectamente que no tiene culpa! - saltó Layla en mi defensa. 
 
–¡¿A no?! ¡porque yo no lo recuerdo así! - le espetó Tyler ofuscado. 
 
–¡Cierra la maldita boca Cerberus! – mi mirada lo atravesó como una flecha.
 
 
 
Todo mi cuerpo entró en tensión, las venas me palpitaban, los ojos me brillaban con un azul aguamarina, señal de mi enfado. Mi aura se elevó creando una suave brisa a mi alrededor de color rojizo.
 
 
 
–¿Qué sabrás tú sobre mis sentimientos? – lagrimas de rabia y frustración aparecieron en mis ojos vidriosos – ¡Todos dicen que yo no se nada y que no  lo entiendo pero eso no es verdad. Tu dijiste que Nebula era valiente, inteligente y buena! – dije con las manos en la cabeza dándole la espalda – ¡y no lo soy! ¡maldita sea no hace falta que me lo heches en cara, ya lo se!
 
–Natt… - susurro mi nombre con mirada confusa - ¿cómo me has llamado? 
 
–¿Thœm r?hï?e gh?øx h?nm? (¿Eso es lo único que te importa?) – le mire dolida  – ¿Mïth r?häth? (¿es enserio?)
 
–¡¿Puedes recordar?! ¡¿lo sabes todo y no me lo dijiste?!
 
–¡¿Ahora si te preocupas?! ¡¿por qué debería haberlo hecho?! 
 
–¡No, espera esto hay que hablarlo, hay mucho de que hablar!
 
–¡¿Qué me vas a decir Cerberus de la estrella del gran can?! Creo que todo ya está dicho. Me queda muy clara cuál es tu respuesta.
 
–¡Te equivocas las cosas no son así!
 
–¡No, son justo como las estoy diciendo! Has olvidado porque estamos aquí. Así que vas a dejar a esta… mujer, aquí y nos vamos a ir.
 
–Me niego – dijo con sequedad Tyler.
 
–¿Qué has dicho? – dije incrédula.
 
–Lo que has oído Nattalie – dijo con frialdad.
 
–¿Ahora jugamos a ese juego?- me cruce de brazos del mismo modo que el.
 
–Yo no juego, sólo te estoy avisando. Viene o no voy.
 
–¿Es una broma? Porque no tiene ni puñetera gracia.
 
–Lo digo muy enserio. Sin ella no me pienso ir.
 
–Esto es increíble… ¡maldita sea soy tu capitana mueve tu trasero de una vez y déjala hay es una orden! 
 
–No pienso aceptar órdenes de ti, ya sabes lo que hay, viene o no voy. Elige.
 
– ¡¿Y este es todo el respaldo que ibas a darme, hasta aquí llega tu promesa?! ¡¿que clase de amigo eres si basta con que alguien te mueva el rabo?! ¡Sabes me alegro que Nébula este muerta porque volvería a morirse si viese como has cambiado!.
 
–¡No sabes de que estas hablando! – gritó ofuscado con la respiración acelerada.
 
–¿No? ¡es muy sencillo te abandoné en el altar y me  fugue con tu mejor amigo y tu sigues malditamente despechado. Todo este tiempo y ese rollo de amigo protector era sólo una forma de vengarte! solo dime una cosa lo de enamorarme ¿tambien parte de tu maquiavelico plan?
 
--¡Cállate, cállate, cállate,  no digas nada más!
 
--Ahora lo se, solo hacia falta un perro que te siguiese a todas partes! 
 
–¿Cómo…como sabes eso… acaso tu… entonces de verdad tu...?
 
–¡¿Y si lo fuese que?! ¡¿vas a seguir siendo un capullo para defender a esa maldita asesina descarada?! 
 
–¡Oye a mi no me hables así! – dijo Dærlim con efecto retardado.
 
–¡Púdrete en Helheim con los de tu clase, ni siquiera te quiero en mi maldito equipo! Vámonos, no pienso seguir viéndote esa cara de imbécil en Shock!
 
–¿Pero que pasa con el capitán? – preguntó Maia.
 
–¡Esta claro que no sabe cuáles son sus prioridades, no se vosotros, pero yo pienso marcharme al alba hacia Alfheim! 
 
 
 
Abrí un portal de forma redondeada y dorada, eché un último vistazo al hombre que un día creí querer, atravesé el portal sin pensarlo mucho más. Layla y Zelda me siguieron. Wyatt, Travis y Scott fueron detrás . Esperamos al otro lado pero sólo Alissa y Lucy llegaron unos minutos después, cuando les pregunté por el resto negaron con la cabeza. Maia, Cole, Drew, Maggie, Dylan…se habían quedado junto a Tyler. Me rompí en mil pedazos al entender que a pesar de todo lo que habíamos pasado no conseguí ganarme el respeto y la confianza de todos.
 
Aunque lo que más me preocupaba era que lideraba un grupo desunido,  todos tenían caras largas junto a la chimenea de la humilde y cálida casa de Zelda. Cenamos en silencio y nos fuimos a dormir del mismo modo, nadie dijo una sola palabra, no hacia falta.
 
Subí las escaleras del salón hasta el segundo piso, caminé hasta la que Zelda indicó sería mi habitación por una noche y me dejé caer en la cama con la misma gracia y elegancia que tiene un rumiante al comer. Di vueltas y vueltas durante una hora aproximadamente.
 
No podía creerlo, el siempre me había empujado hacia el liderazgo, me había respaldado y ayudado. Se había convertido en alguien especial para mi… y prefería una desconocida, que de hecho, trató de matarnos a todos. 
 
 
 
–¿Cómo puede ser tan estúpido? Al menos muy pronto Wagner… muy pronto volveré a verte.
 
 
 
Una solitaria y conmovedora lágrima resbaló por mi mejilla fría, no sabía lo que eran los celos nunca antes los había experimentado. Pero si esto que sentía lo eran, lo odiaba con todas mis fuerzas. Me acerque a la ventana admirando el cielo estrellado, los sentimientos que tanto había tratado de ocultar desde que abandoné a Tyler me desbordaron como nunca antes, no era sólo decepción, no era tristeza y era mucho más que sólo sentirme herida. Era saber que estos sentimientos que podrían haber crecido murieron en el intento. Lloré una vez mas por un hombre en que cual no debí poner mis ojos.
Cansada de todo traté de dormir nuevamente acurrucada en la vacía cama, el sonido de los grillos en el jardín me ayudó a relajarme y logré sumirme en un profundo sueño. 
 
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–¿Está bien que se haya ido? – me preguntó la que ahora era problema mío.
 
–No, no lo esta, pero ¿tengo elección ella a decidido dejarme atrás.
 
–Dejarnos – me corrigió – en serio ¿Cuál es su problema?
 
–Ninguno… la culpa es sólo mia por ser un bocazas.
 
–¿Qué vamos hacer ahora Capitán? – preguntó Dylan.
 
–Aunque nos hayamos separado nuestros objetivos son los mismos, nunca olvidéis eso seguimos siendo camaradas, compañeros por muy lejos que estemos. Por ahora iremos por los reinos, buscaremos más compañeros.
 
–Eso suena aburrido – resoplo Dærlim. 
 
–No te quejes , salvarte el pellejo me ha costado mi grupo.
 
–De igual manera vas a morir – dijo encogiéndose de hombros. 
 
–Por eso haré algo que al menos merezca la pena ¡vamos a buscar el punto del portal muchachos! 
 
–¿Cómo puedes mantener la esperanza?... – Los ojos de la Vanir me miraban con tristeza profunda. 
 
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El alba asomó la ventana y fui abriendo con lentitud mis enrojecidos ojos. La hinchazón por haber llorado en exceso no había desaparecido, cuando bajé todavía nadie se había levantado y así lo prefería. No conseguía aclarar mis pensamientos. Me preparé buen café y me senté.
 
Mientras me tomaba mi humeante taza de vida vi aparecer a Layla con mirada cautelosa, ella lo intuía, sabía de antemano lo que el resto no veía.
 
 
–¿Una dura noche? 
 
–¿Tu que crees?
 
–Te ves de pena, oye… se que no debería meterme pero Natt, ¿qué paso anoche, porque de repente tu…?
 
–No lo se… estoy segura de lo que siento por Jay, la cuestión es si podré perdonarle hasta ese punto. Con Tyler… cuidó de mi, me apoyó, estuvo ahí y eso creó estos extraños sentimientos y no se que hacer con ellos.
 
–Sentimientos encontrados ¿eh?
 
–Si, son un asco.
 
–Entonces… ¿qué quieres hacer?
 
–Ir  a Alfheim, llegar a las marismas del dragón, liberar a Wagner y salvar a Jay.
 
–Plan simple, me gusta.
 
 
 
 
Una hora después todos estábamos listos para partir a Alfheim. Mientras recogía mi poco equipaje mis ojos aterrizaron sobre el viejo libro de mi madre, en el que estaban escritos todo tipo de hechizos, mapas, mezclas para pociones… pero en la última página de aquel misterioso libro, había algo aún más extraordinario, una carta escrita a puño y letra de mi madre. La misma que hasta día  de hoy no tenía valor de leer.
 
 
 
–Ojalá todo fuese distinto… pero no hay más camino, no para mi, ya no.
 
 
 
Bajé las escaleras hasta el salón donde nos reunimos todos, nada más salir al exterior invoque el portal y al cruzarlo estábamos en Yggdrasil. En un maravilloso e majestuoso árbol frondoso y verde, a lo lejos se podían ver diferentes reinos, en la lejanía podrían confundirse con los planetas que me enseñaron en primaria en Midgar. Caminamos con cuidado por la extensa rama donde habíamos aterrizado, mi instinto me guiaba hacia nuestro destino mientras escalábamos aquel árbol. Mientras ascendíamos pude ver de cerca a Ratatof la ardilla que vivía en aquel árbol. Y durante el recorrido mis ojos se deleitaron viendo al lobo legendario persiguiendo el alba que brillaba con la fuerza de mil estrellas.
 
 
 
–¿Estáis viendo eso?
 
–Es precioso… – dije casi sin respiración ante tales vistas.
 
–A Jay le hubiese encantado. Siempre fue el que más disfrutaba estas cosas.
 
–Shh, cállate no ves que incómodas a la capitana.
 
–No pasa nada… tiene razón siempre amó ver y ponerse el sol, el lo llamaba momento zen.
 
–Así que… ¿es verdad? ¿Puedes recordar jefa?
 
–Si y ahora que lo sabéis os pido un favor.
 
–Claro lo que sea.
 
–No le digáis nada  a Jay cuando le Salvemos. Esto debe quedar entre nosotros.
 
–¿Por qué?
 
–Es mejor para el no apegarse demasiado a mi…
 
 
 
 
Mis ojos quedaron fijos en el horizonte, lo había decidido, aquí, frente a este sol. Desde este momento cerraría mi corazón y me enfocaría  en aquello por lo que estaba luchando, miré a L?vënth?n quien estaba descansando a lo largo de mis hombros.
 
 
 
 –Investiga el terreno que hay más adelante.
 
 
 
La serpiente descendió de mis hombros y con rapidez se esfumó de mi vista, agarré el colgante en mi cuello, Wagner sería libre muy pronto. Un paso más me dije en silencio, escale el resto del camino como si me fuese la vida en ello, cuando alcanzamos la cima vislumbre el umbral de la entrada un tele trasportador idéntico al Baifrost.
 
 
 
 
–¿Eso  es lo que creo que es? – Zelda miraba con admiración la puerta.
 
–exactamente, vamos.
 
Atravesé el portal con una sonrisa y los ojos cerrados, cuando los abrí un paraje verde esmeralda con una cristalina cascada se extendía ante mí, el sol brillaba radiante y los pájaros cantaban animadamente.
 
 
 
–Esto es… increíble… – Los ojos de Zelda se iluminaron.
 
–Nunca he visto algo tan hermoso… – dijo Layla mirando al amplio cielo azul.
 
–¿Encontraron algo que les interese? – dijo una voz suave a mi oído.
 
–¡Oh Dios, no hagas eso! – grité sobresaltada.
 
–¿Qué hacéis aquí? Este no es lugar para, Asgardianos – dijo mirando a Layla y los chicos – enanos – dijo con énfasis al nombrar a Zelda – o Midgardianos – me miró estrechado los ojos en mi dirección.
 
–¿Dónde esta Elfaria? – me acerqué a ella autoritaria.
 
–¿Quién la busca? – me retó con la mirada.
 
–Nébula .
 
–Ya decía yo que esas runas en tu cara me sonaban de algo, muy bien os llevaré a palacio,  Pero, al mínimo movimiento sospechoso os mataré, a todos.
 
 
 
Yo afirme con la cabeza y encabezó la marcha a través del Bosque de Elrit hogar de Elfaria. La última vez que pude verla fue cuando ofició en secreto mi ceremonia, distantes recuerdos pasados dispersos como el humo he de decir. Caminamos entre la maleza salvaje, donde las flores y la fauna predominaban el entorno. Aterciopelados ciervos dorados corrían en libertad por las praderas, caballos de un blanco puro como la nieve galopaban contra el viento. 
 
Las aves más exóticas y misteriosas reinaban en los cielos, mariposas jamás vistas por estos jóvenes ojos revoloteaban entre las flores. Todo el lugar rebosaba de vida, nunca me había sentido tan en sintonía con mi alrededor como hasta ahora, el aire era fresco y puro, los cielos abiertos y azules.
 
Sin duda este era el reino más hermoso hasta la fecha, Mefieth nos guió por un puente colgante para adentrarnos justo donde quería, en las marismas, sin embargo sin el visto bueno de Elfaria mi viaje sería en vano. Unos metros más adelante se erguía el noble palacio de marfil perlado de las hadas, rodeado de preciosas enredadera rebosantes de rosas.
 
Caballeros de brillantes armaduras aguardaban a las puertas, al percatarse de la cercana presencia de  Mefieth hicieron una reverencia y bajaron el portón. A medida que íbamos avanzando más claro me quedaba la posición de aquella niña.  Al menos eso aparentaba no mucho más alta que Zelda, de pelo rubio atado en dos trenzas. Físico sin desarrollar e ingenua. Dejaba mucho que desear en comparación a su madre.
 
 
–Deja de observarme como si fuese un experimento raro.
 
–Simplemente te estudió en silencio.
 
–Muchos dirían que es la osadía lo que os impulsa.
 
–Otros sólo dirán que es la sana curiosidad.
 
 
 
Subimos escaleras y atravesamos pasillos, habitaciones y un enorme comedor donde nos dejaron esperando. Aquella sala disponía de una mesa alargada echa de oro, con un asiento que resaltaba por mucho del resto adornado con patrones de flores silvestres. Todos nos dispersamos para admirar los detalles; el reloj, los cuadros, el mobiliario, los sofás, las doncellas en el caso de los chicos.
 
 
–Hombres – suspiró Zelda.
 
–Deberías aprender de ellas Brave, igual te iría mejor con los hombres.
 
–Quizás tu deberías comprarte otro cerebro. Igual en Helheim tienen alguno en oferta.
 
–Eres insufrible, enserio ¿todas las enanas sois así? Siento pena por los hombres de tu raza.
 
–Ellos son nobles guerreros, no niños alocados que persiguen faldas – le dio la espalda malhumorada – maldito imbécil – refunfuño mientras se alejaba.
 
–Disculpad la tardanza – dijo una doncella entrando en la estancia – la reina os llama seguidme.
 
 
 
 
La mujer nos guió hasta otra sala aún mayor, donde destacaban el verde oscuro, dorado y negro. El suelo era de mármol negro, las columnas de un dorado puro, los techos y paredes verde.
 
 
 
–Me alegra verte con vida - me dijo Elfaria desde su trono.
 
–Elfaria -dije con cortesía - sabes a que he venido ¿no es cierto?
 
–Oh querida, nada hay en todo Yggdrasil que escape a mi . Se que buscas el agua de la vida.
 
–Entonces también sabrás lo que planeo. 
 
–Del mismo modo que se lo que le hiciste a Bael.
 
-Mira lo siento pero el empezó. 
 
-Y por ello te doy las gracias, era un renegado. Por eso mismo voy a ayudarte, igual que lo hice entonces, ya sabes el dicho tan común en Midgar ; el enemigo de mi enemigo, es mi amigo.
 
–Por supuesto, quitando a Lunafreya de en medio podrías reinar a tus anchas.
 
–Lleva milenios, tratando de someter a mi pueblo y, he de mencionar que usó a los elfos renegados. Eso, es una ofensa en contra de todo Alfheim.
 
–Toda ayuda es bienvenida.
 
–Veo que ya conocéis a mi hija, la princesa Mefieth. Ella os acompañara en vuestro cometido como representante de nuestra raza.
 
–Haré que te sientas orgullosa madre.
 
–Tambien os acompañara nuestro mejor guerrero, que el gran Yggdrasil te guarde. En cuanto a las marismas tenéis permiso para acceder al lugar.
 
 
Una vez fuera, nos encontramos con el guerrero mencionado por Elfaria, un joven de pelo platino y ojos verdes. Tenia un aspecto regio y refinado, al pasar por su lado me hizo una reverencia.
Tal como había dicho Elfaria, al llegar a las marismas del dragón no habían guardias, la cueva cavernosa era enorme, oscura y llena de laberintos por doquier. Avanzamos con cautela formando una fila, las rocas eran de un tono púrpura y el moho fluorescente debido al nivel de magia en el lugar.
 
Nos alumbraba el arco de Layla y el hacha especial de Zelda, la princesa hada nos hizo pasar por un camino sinuoso, tuvimos que pegarnos a la pared y avanzar muy despacio para poder atravesarlo con éxito. Mientras íbamos avanzando me percaté de una cosa, habían telarañas por las paredes. No estábamos solos ahí abajo, sospeche.
 
 
 
 
–¿Ves aquel hueco en la pared? Si pasas por el, llegarás al agua.
 
–Vale – dije con suavidad en un susurro y  L?vënth?n siseo para que me estuviese – se acerca algo, debemos apresurarnos y salir de aquí.
 
 
 
 
Layla me dio un gesto de aprobación y yo salí corriendo hacia la pared, mientras luchaba contra los obstáculos que iba encontrando los sonidos de batalla comenzaron. Evite las rocas afiladas y trepe  por una pared para poder llevar al agua, el cual brillaba con un azul eléctrico digno de ver, me aventure a alcanzarlo y me arrodille frente al agua. Me descolgué el colgante y sin más lo sumergí.
 
 
 
 
–Vamos, sal… por favor – rogué. 
 
 
Una luz cálida me cero por completo, a medida que fue menguado se hizo visible un pequeño bulto rojizo acurrucado. Era el, podía sentirlo,  no era el dragón de unos vente metros que solía ser, pero era el. Mi amigo, mi confidente, mi camarada. Cogí al dragón recién nacido en brazos y L?vënth?n se acurruco junto a Wagner.
 
Yo sonreí cariñosa pero pronto caí de lleno en la realidad neamente, mis amigos estaban luchando, y aún faltaba ir a rescatar a Jay, al pensar en Muspelheim recordé al desagradable Darkova y rezaba en silencio por no tener que volver a verle.
 
Corrí de nuevo hasta la grieta y pasé por ella, lo que los ojos vieron me produjo escalofríos. Tarántulas, no podían ser otro tipo de insecto, tenían que ser arañas precisamente. Tomé una profunda bocanada de aire y corrí al lado de mis amigos. Tres arañas albinas de ojos rojos nos miraban expectantes.
 
 
 
–¿Cuál es el plan? – me pregunto Layla.
 
 
 
Mire por la cueva buscando una solución, se nos acababa el tiempo y nuestros oponentes no querían esperar para cenar,  me fijé en las rocas y obtuve la respuesta.
 
 
 
–¿Te acuerdas aquella misión con el tío Thor en Jotunheim? – le dije espalda contra espalda.
 
–Como olvidarlo, fui la heroína aquella vez 
 
–¿A la de tres? 
 
–¡Tres! 
 
 
 
 
Layla sacó una flecha electrificada por el Thunderbird, mi parte era hacer de carnada, corrí para alejarlos unos metros de mi hermana quien tenía listo el disparo, corrí por una pared cercana y las tres grandes albinas me siguieron. Cuando le di la señal a Layla disparó a la velocidad del trueno, la flecha rebotó en una de las piedras y provocó una chispa que generó un potente estallado.
 
A duras penas y ahogados por el humo, logramos salir. Una vez pudimos respirar todos sonrieron al ver a Wagner de vuelta. Todos me miraron y me dieron una señal que significaba “adelante” abrí de nuevo el portal, pero esta vez no estábamos en Yggdrasil, habíamos llegado directamente a Muspelheim. 
 
Acabamos en una gran montaña con vistas de todo el lugar, ríos de lava ardiendo, piedras volcánicas por doquier, dragones de fuego, garudas, lobos de Fang, animas de fuego, salamandras. Todo tipo de criaturas poblaban aquel reino tan caótico y extremo. Pero no eran los únicos paseándose por aquella acalorada tierra, las antorchas, sirvientas de Onix. Patrullaban cada palmo, desde las puertas de Palacio hasta la más remota caverna de lava. 
 
Investigamos el lugar en que habíamos acabado, la roca era negra carbón, el fuego y la lava era todo cuanto había, el cielo parecía estar apunto de desatar una tormenta. Nos sentamos en el aire usando plataformas de runas, planeamos una estrategia, debíamos llegar a palacio y hacernos pasar por una de ellas.
 
 
 
 
–¿A quedado claro el plan? – pregunté.
 
–Creo que es demasiado arriesgado – me dijo Layla.
 
–Lo se, pero debo hacerlo yo.
 
 
 
 
Sin más discusión ante mi decisión ya tomada, tomamos rumbo hacia la escalinata de piedra que se situaba justo al lomo de la montaña. Bajamos las escaleras sin llamar demasiado la atención, llegamos pronto al lago de la eternidad donde las garudas y los dragones solían acercarse. Nos escondimos tras una enorme piedra y nos dedicamos a observar. Cayó la noche antes de que detectásemos movimiento alguno, una de las doncellas de Onix se acercó al lago para beber de sus ardientes aguas. Yo aproveché para ir tras un flanco, la golpee por la espalda hasta que quedó tendida en el suelo desmayada.
 
 
--¿Esta muerta? - pregunto Zelda saliendo a campo abierto. 
 
--No solo inconsciente - le  aseguré.
 
--Tenemos que darnos prisa o podrían vernos. 
 
--Tiene razón toma de una vez su apariencia.
 
 
Me acerqué a la mujer tendida en el suelo, toque su hombro y el hechizo abandono con claridad mis labios otorgándome su apariencia. Miré a mis compañeros quienes me miraban atónitos. 
 
 
--¡¿Por la estrella la jefa siempre tuvo esas curvas?!
 
--Pues si - afirmó Layla.
 
 
Me observé  detenidamente, tenía el pelo blanco atado en una cola de caballo, la piel morena, llevaba  un top rojo muy apretado a juego con la mini falda. Se me notaban todas y cada una de las curvas que tanto trataba de esconder.
 
 
--Creo que empiezo arrepentirme de esto.
 
 
Marche flotando por todo un desierto de roja arena, escaseante de vida o agua, las temperaturas eran abrumadoras e insoportables. Para cuando llegué a las puertas del palacio mi piel estaba humedecida por una capa de sudor.
Pase sin contratiempos la antesala h el gran comedor. Me aventure a investigar cada rincón al que tuve acceso, llegué auna habitación estraña pero una conocida voz me agarró  por sorpresa.
 
 
 
--Vaya, no recuerdo haber  ordenado que limpiasen esta habitación,  muy extraño, ¿no lo crees?
 
--No lo se señor, yo solo cumplo sus órdenes. 
 
--Mereces una recompensa por ello , mi fiel flama, acompañame.
 
 
Segui a Onix hasta el gran salón, el se sentó en su gran asiento frente a la mesa, me hizo una señal y segui su ejemplo al sentarme al otro lado. Llamó a otra sirvienta y ordenó dos copas, la impaciencia me estaba matando,  tenía que librarme de Onix y seguir buscando a Jay.
 
Las copas no tardaron en llegar, Onix alzó la suya u me sonrió. Hice lo propio y me la llevé a los labios. El frecor del suave licor inundo mi garganta, volví tomar otro sorvo esta vez mas largo.
 
 
--Veo que te gusta, me alegro. 
--Gracias mi señor.
 
--Ahora puedes retirarte.
 
 
Con un asentimiento me puse de pie, hice una reverencia mientras me recordaba una y otra vez que lo hacia por Jay. Comencé a caminar por el pasillo cuando la vista comenzó a fallarme y todo se volvió oscuro, lo ultimo que escuché fue mi cuerpo cayendo al suelo.
 
 

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