Inmortales - La era de los guardianes

Géneros: Acción, Aventura, Fantasía

Antes de que todo exista, tres dioses se alzaron del infinito caos trayendo junto con ellos la creación del universo y todo lo conocido, perdiendo sus corazones en el proceso. Tras una exhaustiva búsqueda, lograron hallarlos. Los tres corazones eran exactamente iguales en esencia, pero lo que no podían hacer distinción de cual pertenecía a cada dios. Así fue como nació Etuos, un mundo que cumpliría la función de resguardar los valiosos corazones protegidos por los guardianes, los dragones, dando inicio a la Era de los Guardianes. Con el tiempo distintas razas habitaron el mundo, con diferentes propósitos e ideales. Poco a poco la Era de los Guardianes iba terminando. La misma acción egoísta de un pensamiento perturbado fue lo que comenzó con su fin, y un pequeño grupo de aventureros se verá atrapado en una encrucijada decisiva que cambiará el destino del mundo en el que viven.

Prólogo - El origen de las Eras

Inmortales - La era de los guardianes

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Con un suave rasgueo de arpa, una pausa, y dos rasgueos más, es cómo anunciaban los bardos la Primera Canción. La canción del mundo, la melodía del origen.
Se dice que las canciones son regalos de los dioses para contar sus crónicas. Se dice que son maldiciones de los demonios, para que los vivos evoquen recuerdos de un pasado lejano, inalcanzable. Se dicen muchas cosas, pero cuando el arpa comienza a sonar, la melodía absorbe las palabras y el silencio reina. Solo una voz acompaña a las vibrantes cuerdas y da inicio la canción.
La Primera Canción existe desde tiempos inmemoriales, siempre estuvo y siempre se cantó. Es ella la que da su razón al mundo y a la vida, y es por eso que siempre era cantada por los bardos. 
La balada relata que en el comienzo todo era uno, la Energía y el Caos eran parte de una unidad en perfecto equilibrio, el Todo. De aquella armonía tres seres nacieron, dotados de poder e inmensidad sin igual, que se sumaron a la danza de la perfección como si de nuevos elementos se tratasen. Aquellos seres no poseían nombre ni identidad alguna, tampoco la necesitaban, solo eran tres y se conocían como si fueran uno solo.
Con el pasar del tiempo, tal vez un momento, tal vez millones de años, los seres desarrollaron una conciencia individual. Afrontaron una evolución que provocó una diferenciación entre ellos mismos. Esta conciencia evocaría una necesidad de alejamiento del Todo para volverse uno; así fue como comenzaron a surgir los deseos y los ideales personales, hasta el punto en que necesitaron crear una forma de comunicarse y expresarse entre ellos porque ya no podían comprenderse como lo hacían antes. De su lenguaje nacieron sus nombres. Lothed, el sensato, Bredig, el orgulloso y Feldem, el curioso. Aquellos honorarios serían puestos más tarde por los mortales que poblarían el mundo, pero hasta entonces solo se identificaban por sus nombres.
Los tres seguían danzando en el Todo, pero sin saberlo ya habían dejado de ser parte de él. A pesar de eso, el Todo los aceptaba y permitía que prosigan, ya que no interferían con su infinito flujo; hasta que esto cambió por un repentino pensamiento, tal vez no fue tan repentino, sino que quizás llevó millones de años procesarse, eso sólo Feldem puede responderlo. El curioso, se lo llamó por haber sido el primero en preguntarse qué ocurriría si dejaba de danzar y tal fue su necesidad de saberlo que ni siquiera preguntó a sus hermanos que opinaban sobre aquella arrebatada idea; solamente se detuvo, y nada volvió a ser como era antes. El Caos y la Energía en movimiento se bifurcaron para no chocar al transgresor ser y, en consecuencia, ambos convergieron en un solo punto, punto que sería el fin del Todo y el comienzo de la Era del Uno, la primera de las Eras.
Así los elementos más puros se desorganizaron y reordenaron, el Caos tomó el lugar del vacío, formando aquel lugar conocido como espacio, un lugar sin fin para ser ocupado por la Energía que fue creadora de materia. Así fue como el universo fue creado, por un arrebato de curiosidad de un dios.
A pesar de que el Todo intentó reestructurarse, su organización no fue la correcta y aquí es donde entra el papel de Lothed, llamado el sensato por ser el organizador del universo. Él dejó de danzar para estructurar la Energía implementando un método de intercambio por el cual la energía fluía, cambiaba y daba por resultado otro tipo de energía. Este proceso fue el que formó la vida.
Por su parte Bredig, el orgulloso, fue el único que se negó a dejar de danzar. Opinaba que si ambos hermanos, que se habían detenido en su danza, volvían a su eterno baile, todo volvería a ser como era antes. Pero tanto Lothed como Feldem se negaron. Lothed porque descubrió que era realmente apasionante moldear la energía, se podría decir que era un niño mezclando elementos para ver que increíble cosa podía llegar a salir, casi tomando algo de la curiosidad de su hermano pero sin llegar al punto de la insensatez de desbaratarlo todo. Y Feldem se fascinó por otra cuestión, luego de curiosear con su hermano Lothed el moldeo de Energía, surgió en su mente la idea de moldear el Caos, intentar formar algo nuevo a partir del vacío, lo que seguramente traerá en algún momento el fin de toda la vida.
Es así como tres hermanos, dieron comienzo a la Era de la unidad. Donde uno es parte de todo y no donde todo es uno.
Pasado un tiempo de la existencia del universo, Bredig notó que algo había cambiado en su danza desde que sus hermanos habían desistido a ello, fue entonces que se percató que faltaba una parte de él. Tanto Lothed y Feldem al haber escuchado a su hermano, sintieron la misma sensación y comprendieron que los tres habían dejado de ser lo que una vez fueron. No sabían que fue lo que cambió en ellos pero se sentían diferentes. En la búsqueda de las partes perdidas hallaron tres esencias distribuidas en el Caos, las tres de igual forma, completamente indistintas entre ellas, por lo que no supieron a quién pertenecía cada una. Fue por ello que decidieron dejarlas en un solo lugar hasta que encontraran una forma de saber cuál concernía a cada quien. Feldem había propuesto la idea de que se repartieran azarosamente las partes para ver que ocurría, pero Lothed logró evitar que haga esto convenciéndolo de que aquella idea era equívoca, el desconocimiento de ello podía llevarlos a su destrucción. Tras discutirlo, Lothed creó un mundo que sería el cofre donde guardarían sus corazones, un mundo que llamarían Etuos, en el cual las más grandes creaciones del dios reinarían la tierra.
Entre los seres vivos más bellos que Lothed logró crear, estaban los dragones, seres inmortales, elegantes, escamados de gran tamaño y muy feroces, a quienes impuso como los guardianes de sus corazones. Estos seres, a pesar de ser creaciones de Lothed, no respondían a este ya que su mentalidad era neutra respecto a los dioses, para que sea justo para los tres hermanos. Más tarde creó a la raza antropomórfica más antigua, casi tanto como los ancestrales dragones, estos serían llamados drefvels, también conocidos como herederos de los dragones. Poderosos guerreros de noble corazón capaces de blandir armas como ningunos que advertirían al dios Lothed si alguno de sus hermanos decidía apoderarse de los corazones.
Al enterarse de esto, Feldem y Bredig decidieron hacer sus propios guardianes en Etuos ya que desconfiaban los unos de los otros, fue así como por parte de Feldem nacieron los humanos, seres débiles, de corta vida, pero con una capacidad de reproducirse mucho mayor que las otras razas, y no solo esto, Feldem decidió darles un poco de su curiosidad, así de esta forma los humanos buscarían el progreso a través de la misma, deseosos por saber más y más, lograrían crear cosas que ninguna otra raza podría. Por su parte Bredig, orgulloso y firme con sus decisiones, dio origen a los geldiart, o hijos de las piedras, tan firmes como el mismo dios, la fuerza de estos era abrumadora, tal vez no tenían la delicadeza y gracia de los drefvels o el intelecto de los humanos pero sí una fuerza capaz de lograr que partieran piedras con sus propias manos.
Luego, el mundo se pobló con muchos otros seres que desconocían la razón de su existencia, algunos fueron creados para alimentar a las tres grandes razas, otros fueron simple distribución aleatoria de aquella energía que evoluciona para permanecer en orden. Las tres grandes razas formaron los pilares del mundo dando así, origen a los reinos donde cada uno tenía de insignia un castillo creado por el propio dios que servían. Allí terminó la Era del Uno y comenzó una nueva, conocida como la Era de los Guardianes. Una Era donde todos vivían en paz cumpliendo con la simple orden de advertir a su respectivo dios si alguno de los otros tramaba algo.
Todo transcurría como debía hasta que nuevamente la curiosidad de Feldem ocasionó un repentino cambio. El curioso dios en sus intentos por moldear el Caos, creó algo que los tres hermanos ya poseían, pero no eran conscientes de ello. Esto fue la noción del mal y el bien. Los tres dioses, luego del descubrimiento de Feldem, comprendieron que ese sentimiento de desconfianza que sentían por los otros era originado por aquellas nociones del bien y el mal, en sí, tampoco eran capaces de explicar esos sentimientos pero entendían que para que cada uno pueda pensar por separado eran necesarios. El problema residió en que sus creaciones no poseían una conciencia individual, sólo servían a los dioses y nada más, no tenían necesidad de luchar entre ellos, eran como muñecos sin raciocinio propio, cosa que para los dioses no era necesario que las tengan.
Pero el bien y el mal, que eran parte del Caos, cuando fueron separados por Feldem, intentaron regresar a este espacio infinito y volver a ser uno, pero en su camino se toparon con la Energía y toda aquella vida que Lothed había creado dando de esta forma conciencia a los seres, brindándoles una capacidad moral que jugaría en contra a los dioses.
Así las tres razas, que una vez vivieron en armonía, asociaron al dios al que servían cada una, como el bien, y los demás dioses, que debían vigilar, como el mal, generando de esta forma disputas y guerras entre ellos. Pero estas batallas no solo fueron entre razas sino que también se desataron guerras civiles por la toma de decisiones para evaluar cuál era la mejor forma de servir al dios que les correspondía, o hasta por dudar de la existencia real de los mismos.
Los dragones también desarrollaron esta conciencia, pero en el caso de ellos en lugar de servir a alguno de los dioses, sólo respondían a sus propios instintos, no tardaron en darse cuenta que sus capacidades superaban a la de los demás mortales por lo que comenzaron a considerar todo aquello que estaba por debajo de ellos como parte de su cadena alimenticia. Los tres corazones que cuidaban celosamente, fueron considerados grandes tesoros que les habían sido otorgados por su magnificencia; por lo que su papel de guardianes no había cambiado del todo, solo había sido remplazada esa tarea por el sentimiento de la codicia, algo que es sabido, una de las características que define a un dragón.
La Era de los Guardianes estaba llegando a su fin y pronto comenzaría otra completamente nueva.
  • JPD-image JPD - 29/03/2019

    Un gran comienzo.

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