Los Últimos de Cuba

Géneros: Acción, Aventura

Corre el año 1898 y Estados Unidos tras la explosión del Maine en el puerto de La Habana invade Cuba. Miguel Ruíz, un joven madrileño se ve arrastrado a la guerra por el sentimiento nacionalista y por el deseo de convertirse en heroe.

Capítulo 1

Los Últimos de Cuba

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Finales del siglo XIX, año 1898, Madrid.
Hacía ya pocos años que los cubanos se habían levantado en armas contra España al grito de de Viva Cuba Libre proclamando su independencia. Aquel 15 de febrero encendería la mecha que iniciaría la mayor humillación de España en mucho tiempo. Aquel día el acorazado Maine, un buque de guerra americano fondeado en La Habana explotó por causas desconocidas. La reacción de los yankies no se hizo esperar y el gobierno de Washington envió una amenaza al gobierno de Cánovas exigiendo la retirada inminente de tropas de la isla. Pero los españoles, muy suyos, decidieron sacar pecho y enfrentarse a los americanos.
Paseaba Miguel, un muchacho de tez tostada, ojos claros y cabello rubio por la plaza de La Provincia de la mano de Isabel, su novia, cuando uno de los niños que repartían el periódico se acercó y él, con gusto, accedió a comprarle un ejemplar. El títular era claro, Estados Unidos declaraba la guerra a España. La noticia no le sorprendió, hacía tiempo que mucha gente  asumía el rumbo de la historia y cuando la explosión ocurrió se corroboró este hecho.
El nacionalismo hizo mella en los españoles, dispuestos a no dejar escapar sus últimos territorios de ultramar. Días de titulares patrioticos, discursos, manifestaciones y cánticos en rupulsa al "ogro americano". 
Gente de todos los lugares del país se alistó, Miguel, con un fuerte deseo de servir a su país se decidió alistar voluntariamente en el ejército. Unos días de entrenamiento bastaron para entrenar a unos jovenes para disparar un fusil y salvar el pellejo ante el ataque enemigo. Miguel pasó a formar parte del 27 compañía de infantería ligera destinada a defender Cuba.
Miguel y sus compatriotas desfilaron por el Paseo de la Castellana felices y orgullosos arropados por la muchedumbre,los gritos y los cánticos patrióticos como La Marcha de Cadiz. Sin embargo ninguno de aquellos hombres sabía que en realidad iban de camino al matadero.
El barco se zarandeaba por culpa de las olas del mar. El día estaba en calma y soleado, los soldados se pasaban por la cubierta, jugaban a las cartas o charlaban entre si sobre sus temas. En el puente de mando se encontraba el capitán Luis Martínez y el sargento Carlos Fernández, los dos observaban atentamente la isla  como si la estuviesen examinando.
-Esto es de traca, mandarnos a combatir a los americanos con unos niños que no saben ni siquiera disparar un fusil como es debido- se quejó el capitán a la vez que observaba por los prismaticos.
-No podemos hacer nada, los políticos y el pueblo han deseado la guerra ahora hay que soportar las consecuencias- contestó con amargura el sargento.
-Qué dios se apiade de nosotros si de verdad los yankies nos ataquen- suspiró el capitán.
-Bueno, Cervera protegerá el mar, no creo que les sea tan fácil la conquista- dijo optimista el sargento.
-Si usted lo dice- dijo encojiendose de hombros el capitán.
El barco viró a estribor y pronto se pudo ver la imponente ciudad de Santiago de Cuba. El barco fodeó en uno de los embarcaderos donde los navíos de guerra españoles, viejos y obsoletos se preparaban para enfrentarse a los americanos en un intento de defender lo indefendible.
La columna de soldados marchó desfilando por las calles de la ciudad en columna de a dos con los superiores delante con el sable desenvainado y la bandera hizada hasta llegar al cuartel general, un edificio de blancas paredes y amplios balcones donde ondeaba la rojigualda en todo su explendor.
El capitán ordenó dispersarse por el cuartel hasta nueva orden y acto seguido él y el sargento entraron por la puerta principal en busca del general.
-Capitán Luis, deberá dirigirse al norte hasta el cruce de caminos cerca de Puerto Padre en un pequeño pueblo llamado San Juan habitado por un destacamento de soldados. Quiero que refuerce esa posición con su compañía, si perdemos ese punto nuestras tropas podrían verse en problemas- explicó el general.
-¿De cuantos hombres está compuesto el destacamento?- preguntó el capitán.
-Veinte soldados, dos ametralladoras y un cañón, no cuentan con muchas defensas- dijo el general.
-Comprendo, ¿edificaciones?- preguntó Luis.
-Una iglesia, un pozo, dos casas y un granero- dijo el general.
-Gracias por su atención mi general, nos pondremos en marcha al amanecer-dijo despidiendose el capitán.
Al llegar junto a sus hombres Luis explicó las órdenes y los demás se limitaron asentir. 
 
   

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