Capítulo 10 La Taberna

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS

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No había pasado mucho, y ya era algo parecido a un héroe en Fruity, o más bien, “El Guardián del Bosque de los Sueños”, algo que nadie se esperaba que un simple humano fuera capaz de cuidar, pero tampoco nadie se imaginó que derrotara al Orco que antes lo cuidaba, ni si quiera yo me lo creía, pero tenía la certeza que eso me traería muchos problemas al pasar del tiempo.
Antes de salir de High Plain Three les había prometido algo a mis padres, por la escasez de la comida, de aquí llevaría para allá, talvez no mucho, pero si para cubrir al pueblo, ya que mi hermana quien era la encargada, trataba de que lo que se sembrara allá, se volviera fruto en estos días.
Ahí me encontraba, frente a la cabaña, en la orilla del rio de cuclillas viendo mi reflejo en plena tarde, me habían dado ropa nueva, un chaleco nuevo con un atrapasueños hecho a mano por los tejedores de aquí, una nueva aljaba, (estuche de flechas), con un atrapasueños, solo que este tenía una sola pluma, todo era negro con blanco, mis botas negras de punta de acero, y mis pantalones normales.
No era difícil ser el guardián, era difícil volverlo a color, no fue de un día para otro, pero todas las semillas que encontraba en los basureros de fruta, yo las comenzaba a sembrar en el bosque, sembrar arboles por doquier, uvas, sandías, naranjas, manzanos, de todo quería sembrar, no solo para mí, si no que fuera más fácil para los elfos venir a buscar comida aquí.
Aparte había conseguido un trato con el dueño de la cabaña, me la vendió a cambio de mi la aljaba que había traído, claro le pedí parte del jardín que estaba tras ella, se veía todo seco.
Los días que transcurrían me dedicaba a sembrar igual frutas, aunque las flores que miraba tiradas en el bosque, trataban de sembrarlas, las regaba con unos baldes de agua que sacaba del rio.
Los arboles que tenían cortados los Orcos por destruir los hice parte de una cerca que cubría aquel jardín, según mis estudios humanos era de unos diez metros por ocho así que todo era bonito.
Siempre terminaba cansado, mis brazos adoloridos de cortar troncos con el hacha, y con ampollas en las manos, Morfeo me ayudaba cuando no estaba ocupado con Valerie, todo transcurría bien, los Orcos luego de aquel día abandonaron el reino, ya que se sentían amenazados por “El cazador” ósea yo, eso me hacía sonreír, ya que unas bestias que me pueden matar con sus dedos, no querían estar cerca de mí.
Podía caminar en el pueblo como si nada, ver como pequeños Elfos corrían con sus madres detrás ya que querían que les compraran fruta recolectada del bosque, los Centauros no temían de que algo malo entrara al reino, ellos andaban libres por las calles, Hadas podían andar de noche por el bosque o por todos los lugares sin ser espantadas o retadas, los Sabios del lugar eran de nuevo visitados y así cada ser fantástico de este lugar, pero la que me interesaba que se sintiera libre, era Edrielle, la bella “Dama de Negro” la hechicera más poderosa, ella desde su castillo podía ver como el bosque iba recobrando su color, los árboles estaban más verdes.
Pasaron tres semanas de que había hecho muchas cosas aquí, se que no era mucho tiempo, pero quería hacer todo bien en el lugar, aunque luego de una larga cosecha me fui hacia una taberna, era la primera vez que entraba a una de este lugar, tenía el nombre algo interesante “La Taberna de la bruja”.
Justo pasé aquellas dos puertas y hubo un silencio total en el salón, todos los que bebían gustosos se quedaron callados con sus jarras en la mano, pero yo seguí hacia la barra, iba sediento por lo que me senté en un taburete diciéndole al encargado de servir los líquidos.
—Dame agua nada más, necesito hidratarme —Le dije mientras revisaba mi bolsillo para sacar una ficha.
Todos se intercambiaron miradas, como si estuviera hablando en otro idioma por lo que este se acercó limpiando un vaso, un Elfo, aunque era grande, sus orejas enormes, pero era musculoso por lo que este se empezó a reír fuerte, una carcajada como si hubiera contado el mejor chiste de todos, el cual fue seguido por las risas de los que estaban ahí, suspiré molesto ya que no tenía mi agua enfrente y que se reían.
—Humano, humanito, aquí no tomamos agüita —El Elfo tenían una barba negra, no tenía cabello y sonreía como si fuera un niño —Aquí tomamos saliva de perro, sangre caballo, gases de antílopes, pipi de venado, y comemos ojos de búho, carne de vaquita, y pierna de cerdo —Su mano fue a mi hombro como si fuere un retrasado, no tenía idea de que era lo primero, solo lo ultimo por lo que dije haciendo una pequeña cara de asco
—Quiero pierna de cerdo nada más —Le dije ya que únicamente tenía hambre, aunque mejor la llevaría a la cabaña, ya que si comía aquí la sacaría de nuevo.
—El humanito no quiere beber algo, es más, yo pago para que le des una de cada bebida —Dijo uno de los Elfos, era como de mi tamaño, pero parecía que había bebido de más.
—Solo la pierna, y no, gracias —Le dije mientras regresaba la vista al cantinero.
Claro, este era más terco que una mula, me sirvió bebida por bebida, la saliva de perro era un liquido blanco, sacaba unas cuantas burbujas, la sangre de caballo era un liquido rojo, no parecía sangre, pero si se miraba como tal, los gases de antílope era un liquido negro, y el pipi de venado, pues si era amarillo, aunque sacaba espuma blanca, parecía cerveza.
—No se que me da más asco, si los nombres, o que aún así se los pasen como si fuera agua limpia —Dije viendo todos los vasos frente a mí, en un par de segundos tenía a varios detrás de mi gritando.
“¡Fondo, fondo, fondo!”
Pase las manos por mi cara tratando de respirar profundo y luego tomé la saliva de perro, y sin intentar saborearlo lo tomé de un solo, y luego escupí tosiendo ya que sentía como si quemaba mi garganta, no era algo que no había bebido, era vodka, por lo que sentí una fuerte palmada en la espalda para que dejara de toser.
—Lo siento, esto en donde vengo se le dice “Vodka” … —Dije para luego volver a ver las bebidas, si eso era así, lo demás sería algo parecido.
Así que bebí la sangre de caballo un poco lento, sabía exquisito, un poco de alcohol, pero era a cereza, sabía bastante rico por lo que sonreí bebiéndolo con más gusto y luego les dije.
—Eso en donde vengo se le llama “vino de cereza” … —Comenté mientras dejaba el vaso a un lado.
Los gases de antílope igual, poco a poco lo fui bebiendo, parecía como si fuera jugo de algo, pero con algo de gas, por lo que comencé a pensar a que sabía.
—Esto es cidra de cola —Comenté mientras los volteaba a ver, todos parecían embriagados con muchas cosas.
Llego momento del nombre más asqueroso, el “pipi de venado” por lo que tuve que aceptar, todos tenían monedas enfrente de mi apostando a que no lo hacía o si no harían que lo bebiera entre todos, suspiré tomando la jarra, ya que esta si era así como la servían y luego bebí lentamente.
Tenía un sabor de arroz, o trigo, lúpulo o algo así, era cerveza, por lo que solo un trago le di, al adivinar que era por lo que sonreí como si hubiera ganado la lotería.
—Cerveza de barril… —Dije negando mientras dejaba la jarra a un lado —Ellos pagaran estas bebidas, por cierto.
—De donde vienes tienen nombres muy extraños y feos —Dijo un Elfo con el cabello largo, apenas tenía dientes, y olía a bastante de todo lo que había en los vasos.
—Si bueno, ninguno se llama “pipi” —Dije divertido levantándome para tomar ya mi pierna de cerdo y luego voltear a ver a todos los que estaban detrás de mí.
—No, pero si quieres puedes probar mi pipi —Dijo el mismo Elfo acercando una pequeña cubeta alzándola, la cual se veía llena.
Me dio asco, pero traté de esquivar lo que decía por lo que negué levantando una mano, apesar de su mal aliento.
—No, no, no, dudo que pueda tener ese…valor, digo, honor, es tu pipi, solo debe probarlo quien lo saco —Trataba de ser amable como era con los vagabundos de High Plain Three.
—¿No? —Preguntó este agitando un poco la cubeta de madera haciendo que cayera unas gotas al suelo cerca de mi pie, por lo que lo quité rápido para que no me cayera en la bota — Bueno, más para mi —justo termino de decir eso, y se sirvió en su jarra y luego la comenzó a beber con todo gusto, como si fuera la mejor bebida del mundo.
Sentí como alguien se me acercó al oído para hacer un comentario.
—Creo que ese si era pipi verdadero…. —Al escuchar eso volteé a ver al Elfo el cual tenía un poco de gases de antílope en la mano, fresco como lechuga, así que sonreí negando diciendo.
—Bueeeeeeno, les agradezco las bebidas, pero debo regresar a mi cabaña, lejos de gases, sangre o pipi de algo o alguien, así que los veo cuando el sol salga mañana —Diciendo eso y salí casi corriendo de la taberna con mi pierna de Cerdo en la bolsa que me lo dieron.
Suspiré al ver que de ya había salido de aquel lugar tan extraño, vi a Morfeo comprando unas rosas, me acerqué a pasos largos hacia él, parecía que estaba escapando de la taberna más de lo que se notaba y al ponerme a la par de el escuché su voz pacífica.
—Miren, Arthurito el asesino de Orcos se presenta en este bello pueblo —Comentó escogiendo unas rosas blancas y luego las pago.
—Si bueno…, ¿sabías que existe la bebida llamada “pipi de venado”? —Le pregunte aún incrédulo de lo que había pasado hace unos momentos allá adentro.
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Estaba enfrente de la cabaña sentado en una pequeña banca hacia el bosque que hice para estar alerta de todo, pero todo era pacifico, tranquilo, me gustaba ver como todo crecía más rápido de lo normal, como si estas tierras estuvieran bendecidas con magia de la misma Edrielle, Edrielle que bonito nombre, Edrielle.
Esos pensamientos fueron interrumpidos luego de una voz aguda que escuché detrás de mí.
—Lo estás dejando fantástico Cazador —Al escuchar eso hice mi cabeza hacia atrás para poder ver a la chica de quien estaba pensando.
—Edrielle, señorita Edrielle…—Parecía volver a mis pensamientos llenos de corazones hasta que me di cuenta que pensaba en voz alta y luego negué rápido diciendo —¡Edrielle! —Me levanté enseguida para darme la vuelta y pararme recto — Todo esta siendo posible gracias a usted, me ha dejado hacer esto a mi manera…hay más vegetación, frutos y me dedique a hacer un pequeño jardín… espero le guste.
—Me encanta joven Arthur…
Esto ella nada más lo dijo sonriendo, nuestros ojos parecían encontrarse, por lo que ambos sonreímos, pero ya no dijimos nada, solo se escucha el sonido del rio correr, los árboles, parecía detenerse el tiempo, parecía ser el tiempo solo para nosotros…
Y así fue…

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