Leer(me)

INV(F)IERNO

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Miré mi mundo 
de mil formas diferentes
para hacer el tuyo 
perfecto.
 
Te iluminé tanto,
para que no perdieras el rumbo,
que acabé tomando cafés
todas las tardes 
con el lobo.
 
Te dije hasta que eras
mejor que la poesía.
Y, mírame,
ahora estoy releyendo todos mis libros 
para pedirles perdón.
 
Intentaba salvarte 
de todas las balas que recibías.
Pero nunca,
nunca,
miré quién tenía el revólver,
suicida.
 
No te mereciste
ni la mitad de los poemas que te dediqué.
Porque, chico,
la buena poesía 
se lee 
entera. Y despacito. 
Con un café. 
Mirando las estrellas.
 
Pero tú, 
TÚ,
(me) leías. 
Entre líneas.
Y con prisas.
 
-María-

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