Ella y el mar

Una secuencia indescifrable.

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Esa fue la última noche que la observe, ella estaba tan triste, el mundo había concluido para ella. El sonido del mar desde mi alcoba se hacía presente y me llenaba de intensas emociones de tristeza y desesperanza, pero de cierta forma me contentaba por lo fresco que era, era como si las emociones que su mirada me dejo no llegaran a disolverse, pero tampoco a absorberme. Tuve un sueño, que las olas eran personas, y que todas ellas venían por etapas, algunas eran intensas y violentas, otras ni se sentían bien, pero al final todas eran parte de algo más grande, el mar que va y viene. Ella desapareció aquel día para no volver. La policía decía que quizá fue alguna clase de secuestro que acaeció en la playa, la famosa beauty beach, por la noche cuando las personas volvían del centro hacia los hogares de los que algunos de estos estaban en la costa, eso paso de improviso, eso en una urbe tan tranquila no lo podía entender ni menos comprender. Había muchas cosas que no comprendía.
Narrare ahora como era ella para que el mundo la recuerde un poco más, y cuando la empiece a olvidar siempre tenga un lugar a que aferrarme. Ella nació en una pequeña villa, por las planicies del norte, era la menor de 3 hermanos, dos hombres. La conocí cuando se mudó a beauty beach a los 14 años en un programa de rehabilitación de salud mental para personas con trastornos mentales. No contare mucho de aquello, pero lo que puedo decirles era que éramos personas enteramente normales que gustaban del aroma de la playa mientras caminábamos por la tarde conversando de diferentes cosas
Ella una vez me dijo: Y si en mi vida pasada fui una sirena, y los sonidos del mar y caracolas no hacen sino susurrarme pequeños pasajes de amor donde sus palabras sean consuelo y deseos de mi pronto regreso con ellas.
Le dije que pensaba que si la deseaban quizá ya deberían estar presentes en su vida, ella me contesto que ya lo estaban, que las escuchaba y solo hablaban de amor y cosas hermosas que la enamoraban cada día más.
Anteriormente ella había notado que yo me incomodaba con los chicos que eran burlones, y ella intentaba ayudarme en aquello. Primero cuando me veía pensativo ella decía no les hagas caso que solo son chicos tontos, pero al no responderle cambiaba de tono diciendo tienes razón son unos estúpidos, pero al no responderle se quedaba ella un poco triste y se iba lentamente. Eso me hacía estar triste en ocasiones por ella, nunca aprendí a reaccionar a muchas cosas.
Ella se preguntaba que si siempre tenía que pensar en alguien diferente cuando estaba angustiada, a pesar de la inmensidad del mar, este mundo era demasiado pequeño para sus deseos más alocados eso la fastidiaba un poco, a pesar que daba buenos consejos y hablaba de cosas fantabulosas era fácilmente susceptible por las cosas malas que le pasaban y eso le perjudicaba la salud.
Haciamos buena combinación, en una ocasión empezó a llover y ella estaba alegre pero pensativa como si esa sensación hiciera que su existencia llegara al ciento por ciento, pero una muchacha del vecindario acompañado de dos chicos le dijo: “mira es la rarita y su novio”. Eso la molesto y le hiso hacer llorar, repito que era alguien muy frágil, yo le dije que nos vayamos.
Luego todo mojados fuimos a la costa a ver el mar turbulento, estábamos algo alejados en un lugar que encontramos con techo de madera, pareciera que los surfistas la construyeron para descansar pero estaba abandonada ahora.
Espere que me dijera algunas palabras pero no empezaba así que le dije yo algo esperando no incomodarla mucho:
¿Crees que esa persona sepa que es lo que es vivir sin temor?
No me respondía, solo miraba el mar.
Dije: “Bueno, la verdad que yo alguna vez conocí un hombre que se burlaba de mi cuando era niño, me trataba como si me exigiera que gritase o me comportara como una persona descerebrada, loca, impulsiva. Eso le gustaba, él era así y buscaba que todos fueran así quien sabe si a modo de defenderse de algo que lo atemorizaba demasiado. Ese tipo de comportamientos no me gustan, nada de lo que soy yo realmente, pero tanto daño me hacia sus palabras que a veces me convertía en aquello, yo soy muy sensible al igual que tú.”
Ella me dijo que éramos parecidos, y que esa chica siempre la trataba mal y que estaba muy triste por algo que había pasado, resulta que su perrito había muerto.
Me dijo quedémonos aquí hasta que sea de noche.
Hablamos de tantas cosas, era un domingo donde nadie se aparecía excepto un niño solitario que caminaba por la arena.
Ella me dijo, acerquémonos a él y preguntémosle que hace.
Nos acercamos y nos presentamos, el niño se llamaba Leo, decía que su mama era coleccionista de caracolas desde siempre y que él le ayudaba a conseguir algunas de paso que se relajaba de esa forma. Le preguntamos si podíamos acompañarle y nos dijo que sí. Empezamos a hablar, el niño vivía en una de las casas de Long Beach, que era muy al sur de nosotros y se habia venido caminando desde ahí hacia este lugar desde la mañana.
Conseguimos unas diez caracolas diferentes, algunas raras otras un poco más normales y las guardamos en su mochila. Luego le preguntamos si podíamos comprarle algo para beber y un emparedado, nos dijo que está bien, él sentía que éramos personas que no podían hacer ningún daño a él, sino que irradiábamos luz y esperanza, pero de alguna forma daba un poco de temor, no sé si lo decía por el encuentro inesperado o si sentía eso en nosotros.
Empezamos a comer y beber mientras él nos preguntaba de donde éramos y que hacíamos ahí, la lluvia paro. Ella decía que tenía su casa lejos de la playa pero que solía venir mucho por aquí porque en ese lugar se trataba una enfermedad y que somos amigos.
El niño pregunto si podía saber la enfermedad. Bueno eso no se debería contar le dije, pero ella dijo no te preocupes y le conto. El niño dijo ya veo, y siguió comiendo su emparedado y pregunto si podía pedir otro que no tenía dinero solo pasaje para volver a su casa.
Le dije está bien pide lo que quieras, pidió esta vez una comida entera y empezó a comer. Tenía mucha hambre, ella se reía de eso, parece que ese día le alegro completamente. Y le conto un sueño que había tenido al niño.
El niño decía cuenta, anímate, se interesaba cada vez más de lo que le hablábamos y él también nos contaba sus aventuras. Ella soñó que veía desde una bola mágica algo que sucedía en el palacio de Odín (dios principal de la mitología Nórdica) al parecer un guerrero que se podía transformar en un dragón había entrado a la sala principal del castillo de Odín, y mato a todos muy fácilmente, pero su cuerpo era el de un niño, entonces Odín lo reto a pelear con su espada, era una pelea de espadas y de pronto apareció Thor con un martillo gigante, y como si fuera por cuestión de suerte o impulsado por el destino el niño logro matar a Thor de un golpe, entonces se puso triste Odín quien retrocedió una distancia prudente y cerró los ojos, entonces por la ventana empezó a brillar una luz como del sol o quizá algo divino, y el niño sin mostrar ninguna expresión pero queriendo sentirla (según lo que relataba ella) decapito a Odín.
“¿Cómo sabes que él quería sentir algo?”, pregunto leo.
Lo sé, respondió ella, el niño de mis sueños mostro una expresión como quien escucha que murió su abuelo o abuela y se intenta tranquilizar pero no sabe qué hacer realmente, el dolor no es intenso y pareciera como si estuviera ilusionado al mismo tiempo pero descorazonado, como si le gustase esos personajes y la luz, pero su destino era matarlos y quizá ser el nuevo Dios.
“Eso suena un poco triste, quien querría ser Dios en un mundo donde no están tus seres queridos, porque siento que esos personajes son como su familia.” Dijo Leo.
Yo dije: “Quizá era el destino de todos los que intentan llegar a lo alto quedarse solos porque todos están muy abajo o muertos, siempre habrá consuelo porque siempre habrá alguien igual o más que tú en el mundo, pero si matas a Dios, entonces que nos queda, como dirían por ahí ciertos conocidos: ¿Ahora qué?
Ella dijo: “Quizá es el “destino” quien es el auténtico Dios y aquel que dura para siempre, y en todos los ciclos de las cosas, y solo espera poner en el trono un nuevo ser que le dé una imagen pública hacia el mundo o hacia los seres que desea tener en sus manos. Cruel destino.”
El niño dijo: “No quisiera ser aquel niño, pero alguien lo tendrá que hacer en algún momento, el tiempo lo dirá”
Nos despedimos y acompañamos a tomar el bus y se marcho el niño.
Ella también dijo que le había gustado este día y esperaba que se repitiera algo así nuevamente. Y me dio un beso en la mejilla. Se fue.
Pasaron los meses, y llego un día triste para mí, justo unos días antes de que ella se esfumara.
Mi hermana falleció, ella siempre fue distante de todos nosotros porque trabaja hasta altas horas de la noche ya que decía que quería independizarse pronto, en lo emocional era muy susceptible a cambios emocionales, era algo fiestera y borrachina pero intentaba llevarme bien con ella excepto en contadas ocasiones que traía a sus novios a la casa y hacían bulla. Nunca me gusto aquello, pero lo toleraba porque era mi hermana.
Pero ese día un loco le disparo. Nunca se supo quién era esa persona, como si su existencia dependiera de la existencia de mi hermana.
O quizá ese era un delirio mío al momento de percibirlo, la noticia me hiso llorar rápidamente y busque a mi amiga lo más pronto posible. Pero no estaba, había salido a un lugar me dijeron sus padres.
Entonces entre a mi alcoba, con la ventana abierta y la frescura del mar que contentaba a duras penas mis lágrimas sobre la perdida. Un día terrible.
Al día siguiente ella me dijo que estaba muy apenada, y si quería podíamos pasar otra tarde juntos en la playa, a lo que le dije que sí.
Esa fue la última vez que estuve con ella, me dolía el corazón, y estaba algo distanciado de la realidad observando las olas en una especie de melancolía disuelta en el mar, la frescura me hacía sentir aliviado, y estuvimos bastante juntos.
Ella me dijo “Es una pena que las personas se tengan que retirar, irse, despedirse, y morirse, cuando la verdad es que en el fondo las queremos demasiado. La vida es un regalo, y la muerte el estadio natural de las cosas. La naturaleza no siempre es buena la verdad, a veces da miedo, como nosotros, que somos el resultado de la naturaleza disonante. Estábamos en las antípodas del equilibrio, un equilibrio que no me gusta y que no te gusta, por eso pensaba en quedarme para siempre, pero a la vez algo me inclinaba a descubrir la verdad detrás de la frecuencia y solo el mar podía contentarme, y claro tú también.”
Le dije: “El mar a veces me asusta, pero la mayoría de veces me hace sentir especial. Es como un padre justo y de pensamientos profundos, un padre filosofo. Y sabe comprender los problemas de sus hijos.”
Ella: “Estoy alegre y te veo a ti tan triste, quisiera que los dos seamos uno con el mar, que regresemos a él.”
Entonces ella empezó a ponerse triste, cada vez más. Mientras yo me ponía cada vez más tranquilo, era como si absorbiera mi energía. Ella decía cosas como: El mundo no nos merece, pero debemos perdonarle, de alguna forma siento que puedo servir a una fuerza superior, algo nace en mi corazón, siento que me desprendo de toda esta naturaleza y me convierto en el mar que los contempla desde lejos y es inmenso. A veces siento que debo dar el siguiente paso, irme para siempre.
Eso me puso triste, los dos estábamos tristes y nos quedamos callados un buen tiempo. No supe que decirle bien de modo que le dije que deberíamos volver, no compramos nada esa vez.
Al despedirse de mi puso una mirada tan triste, el mundo había concluido para ella, y yo también había concluido. Estaba ella sola realmente, nadie podía abrir la puerta a su mente, menos a su corazón. Y eso era algo que preferiría no saber.
La frescura del mar desde mi alcoba era tan sublime, y yo estaba roto por dentro, sentía que algo no iba bien quizá conmigo, quizá con ella. ¿Me abandonaría?
Servir a una fuerza superior era su plan, yo también lo deseaba pero abandonar la existencia mortal era algo de preocupación, quizá no haya nada más allá, quizá este todo pero no podamos acceder de esa forma. Era algo que me preocupaba, y ella me preocupaba.
Salí a mirar por mi balcón y escuche una voz: “Te extraño”
Ella se fue para nunca más volver.

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