Juventud a la Antigua

Géneros: Humor, Romance

Lani, una doctora en historia que había abandonado todas sus metas profesionales, soñando con formar la familia perfecta con su primer novio, termina descubriendo el engaño de su cónyuge, y decide desempolvar sus estudios para volver a enfocarse en todas aquellas cosas por las que en su juventud había luchado, sin embargo, ya no es tan fácil conseguir el puesto que desea ahora, así que termina por dar clases en la universidad de Denver, mudándose bastante lejos de casa. Y apenas se abren las puertas del aeropuerto frente a ella para que su nueva vida comience. Ojos azules impregnados en toda la historia la llevan a cometer locuras, imprudencias y sentir la verdadera libertad que en un hogar tan conservador desde su infancia, jamás había vivido. La juventud vuelve a ella con todas las emociones que esta conlleva, todas intensas, tanto buenas como malas, gozando de la vida como jamás creyó que se atrevería a hacerlo.

Prólogo/ Una copa de vino y 20 años menos por favor

Juventud a la Antigua

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Juventud a la Antigua
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Prólogo
 
Si hubiera sabido la verdad desde el comienzo no  habría perdido tanto tiempo. –Dijo Lani refiriéndose más a ella misma que al protagonista de La Colina de las Amapolas–. 
-Así es la vida amigo… encontrar el amor sólo trae problemas; tienes mucha suerte de ser una animación.
Apagó el televisor y finalmente tomó el coraje para terminar de empacar las pocas cosas que no había vendido. Tenía que llevarlas al auto con el dolor que representaba para ella dar cada paso fuera de su “amado hogar”.
-Haber vendido lo último que quedaba de todo aquello era la solución–. Se convencía mientras le daba un último vistazo al retrovisor y observaba por última vez.
 Quería atesorar un poco de su vieja casa, viendo la pintura que había estado desgastándose, de ahora renovado color menta, y las ventanas que daban a su antiguo estudio, completamente desnudas sin las cortinas tan peculiares que las habían cubierto durante mucho.
 Y las flores, y el jardín en general tan pequeño, pero que había llevado tanto tiempo trabajar, arreglar y cuidar; todo aquello le era casi imperceptible, todos esos recuerdos opacados por un llamativo letrero que decía vendida.
-Sin lágrimas Lani, sólo es una casa, no hay nada allá atrás para regresar, sólo recuerdos, recuerdos que ya fueron enterrados bajo tierra.
Entre sonrisas insoportablemente fingidas le decía a su hermana menor que no era para siempre, que seguiría en contacto y que hablaría con ella y su madre en cuanto se instalara, que le diera un abrazo a su hermana mayor en cuanto regresara de su viaje a Nueva York, y finalmente, le daba un golpe a los gemelos que la volvían loca al seguir hablando sin parar sobre repartirse todo lo que dejaba en Virginia del Oeste.
-Lucas, Louis, por favor ¿Podrían esperar a que muera para repartirse mis pertenencias?
-“Lo siento”–. Esa disculpa al unísono de los chicos que tanta gracia le causaba a Lani, esta vez casi la terminaba de quebrar.
-Lily, cuida a mamá, Laura no está todo el tiempo y tiene una familia, sería demasiada carga para ella.
-No te preocupes Lan,  tu madre no será lanzada por el puente ni nada por el estilo.
Les regaló una última sonrisa forzada y abrazó a sus tres hermanos pequeños una vez más. Entonces finalmente se dirigió a la puerta de abordaje con el corazón en la mano y las gafas cubriendo sus ojos hinchados.
 
 
 
 
 
“Una copa de vino y 20 años menos por favor” 
 
 
 
Las puertas del aeropuerto de Denver se abrieron, y Lani vio al cielo, rogando a quien la oyera allá arriba porque esta fuera una oportunidad para olvidarlo todo. Y en ese mismo instante, la respuesta de una de tantas bromas del destino apareció frente a sus ojos dejándole saber, que en efecto las cosas cambiarían mucho.
Ojos azules se toparon con su inmóvil cuerpo en el medio del camino. Segundos infinitos de verde y azul conectados por un instante. Profundos estanques sellando un gran secreto en una máscara seductora, enmarcada por esas cejas tan varoniles como esas. 
Recobró el aliento y se apartó de su camino para  dejar al sujeto entrar al aeropuerto. Su nuevo conocido le dedicó una sonrisa reprimida y continuó su camino. Tan sólo un poco más alto que Lani, con el cabello castaño en una maraña algo larga, y una sombra de barba de alguien que había pasado una mala noche; sombra que llegaba hasta donde su camisa permitía ver. 
Con su cuerpo seguramente bien trabajado escondido en un desastre de ropa gigante, con excepción de sus ajustados jeans de mezclilla permitiendo ver el arduo trabajo en el gimnasio. 
–Un típico universitario-. Se dijo Lani–. Un típico universitario que se acaba de burlar de mis patillas de gallo marcadas por una sonrisa de idiota.
Durante el camino a su nuevo hogar, se concentraba en el vacío, evitando las preguntas del taxista con monosílabos; intentando grabarse y al mismo tiempo olvidar al chico que le había sacado una risa tan ridícula en un momento tan inoportuno. 
Mientras iba conociendo su nuevo vecindario, iba haciéndose preguntas sobre sus estudiantes y si su nuevo conocido sería uno de ellos. Sacó sus cuatro bien surtidas maletas del taxi y pagó al conductor que le recordaba la canción de apertura de la serie el príncipe de Bel-Air. 
Con un gran esfuerzo subió los primeros dos tramos de escaleras con sus cuatro maletas a cuestas–. Precioso comienzo, elevador fuera de servicio, muy gracioso–. En el tercer tramo paró y dejó salir un gran suspiro; se sujetó el cabello con una goma y se tumbó en las escaleras mientras se sacaba los zapatos.
-Bien Lani, ¿Por qué tanto equipaje? ¿Es que no podías enviar las cosas antes? A este paso vas a dormir aquí hoy.
-A menos que traigas una manta ahí dentro, dudo que eso sea cómodo.
-Disculpa amigo, ahora las muevo.
-¿Crees que te voy a dejar aquí varada? ¿Por quién me tomas? Soy un buen sujeto, déjame ayudarte. 
-Gracias
-¿Qué piso?
“Que era un buen sujeto me dijo el de la última vez”. Lani reprimió el comentario y se limitó a contestar: -Al catorce- después de ver nuevamente la dirección en el papel de su bolsillo, ya que aún no recordaba su propia ubicación. Había tenido que apuntarla por muchas partes para memorisarla, pero parecía encaprichada en olvidarla.
-Pues sí que querías una buena vista.
-Un buen panorama te deja creer que hay oportunidades esperándote allí afuera.
-Oportunidad número uno: Bajar 20 kilos diarios mientras arreglan el elevador.
-Una gran oportunidad de estar en forma
-¿Quién necesita un gimnasio?
-Sí… ¿Qué? Se echó a reír-.
-No lo sé, intentaba seguir la conversación.
-Buen intento. Así que… amigo vecino, ¿Tienes nombre?
-Mark, así que… vecina nueva de los monólogos ¿Tu nombre es Lani?
-Sí.
-¿Planeas quedarte a vivir de manera permanente aquí?
-Ya no planeo a largo plazo, supongo que dependerá de los vecinos
-Lani, fue un gusto conocerte, estas a unas cuadras de las famosas fraternidades de  la universidad ¿Sabías?
-Lo sé, en septiembre comenzaré a dar clases de historia.
-Eso es terrible, pobres muchachos ¿Cómo haces para no quedarte dormida tú sola?
-¿Cómo subimos hasta el catorceavo piso si el elevador no sirve? El pasado es interesante y útil. Son los cimientos para que exista un futro.
-Muy buena defensa, permíteme adaptarla en mi clase.
-Me tomas el pelo ¿Eres profesor?
-Claro que lo soy, Dr. Mark Doson especializado en psiquiatría, profesor de cálculo.
-¿Y dices que mi clase es un martirio…? Espera ¿Psiquiatra? Olvida que vuelva a dirigirte la palabra.
-Sigo sin comprender ese miedo a abrirse a un profesional, no es como que me vaya a reír de ti o algo así.
-Es incomodo que te estén examinando mientras eres ajeno a saber cuánto de ti sabrán.
-Yo no lo hago todo el tiempo
-Es como ser diseñador gráfico, no lo haces de manera consiente, pero ya sabes cuantas tipografías tiene una valla, a qué público se dirige, te das cuenta de los errores, y le das como mínimo dos propuestas publicitarias en tu cabeza. Un psiquiatra es igual, no será consciente de que ya hizo un diagnóstico y junto a ello la hipótesis de una vida completa.
-Tú me estás leyendo a mí –Mark no pudo evitar reírse de la actitud de Lani y su certera conversación.
Lani se ruborizó ante el comentario de su nuevo vecino, sintiendo esa pequeña vanidad de ser increíble en algo en lo que no todos pueden entender; fue hermoso después de años de años reprimiendo su inteligencia. Irónicamente pasó una joven con el cabello degradado en rosa corriendo hacia abajo con according to you resonando en sus beats.
La conversación seguía cambiando constantemente, terminando sin sentido en algunos puntos, y aun así en ningún momento se tornó algo incómodo.  Finalmente llegaron al piso respectivo, y ya con las maletas sin ser una carga, sino siendo solo algo para rodar, las agitadas respiraciones se anularon después de la típica autocompasión exagerada por el dolor de espalda. Las risas, en su lugar, fueron más fuertes.
-Tengo que admitir que perdí el miedo de conversar con un psiquiatra Dr. Doson, usted es pésimo para leerme.
-Por el contrario, sus acertados e ingeniosos comentarios Dra. Rose me dejaron sorprendido. Ya verás que te acostumbraras al ambiente, hasta te rejuvenece, yo sólo tengo 18 ahora de hecho, así que si me aceptas esa copa ¿Podrías dar tu identificación? Yo aún no puedo beber. 
-Estás loco Mark, el día que yo salga con alguien más joven que yo es porque perdí la cabeza. -Lani rio ante la idea–. Aquí es mi apartamento, N-17. 
Habló con más decepción de la que esperaba transmitir, pero su muy agitada nueva vida la hacía acceder con más facilidad a los impulsos. Tal vez eso de rejuvenecer al estar cerca de la universidad era cierto.
-Te agradezco mucho por todo. 
-No fue nada.
Ambos terminaron de arrastrar las cosas a su nuevo departamento de soltera, y cuando Lani volteó para recibirle las maletas no pudo sino quedarse plantada examinando detalladamente al hombre frente a ella totalmente exhausto y ajeno a su mirada, se rascaba la barba y descansaba su peso en la maleta. Tenía unos ojos grandes, adormilados, picaros y risueños color marrón. La sonrisa seguía ahí–. Seguramente diciéndose a el mismo que era un caballero–.
 Lani veía esos dientes rectos que le habían impresionado en esos labios sensuales y perfilados, aún con la barba se veía su barbilla partida, barba que se unía a sus patillas ya algo plateadas. Su cabello estaba ligeramente desordenado a un lado y para cuando bajó la vista notó lo impecable que se veía en ese pantalón caqui y su polo azul marino a juego de sus náuticos “Que primor de vecino” Pensó.
-Lamento haberte echo ayudarme, has de estar muy cansado.
-Este es mi piso, de todos modos  iba a subir hasta aquí, y no lo iba a hacer solo si podía hacerlo conversando contigo todo el camino.
-Vamos, no seas modesto, ni siquiera sabías si iba a reaccionar bien hacia ti.
-Hablando sola, le gusta conversar, se sanciona de manera sarcástica; tiene ese humor negro de las series americanas que me gustan. Está ahí con tacones de diez centímetros;  necesita ayuda. Soy asombrosamente genial y amable; le voy a agradar.
-Retiro lo de no tener miedo a hablar con un psiquiatra, sí te monitorean todo el tiempo, olvida que fui gentil contigo.
-Yo fui; uno: quien te observó, para: dos: ser gentil contigo.
-Esto no me agrada, cuando recupere mis fuerzas aceptaré esa copa y te haré beber para sacar todo tu pasado.
-Tendremos que intentarlo.
El hombre se veía exhausto y aun así mantenía el buen ánimo para hacer sentir bienvenida a la mujer frente a él. Lo que le daba un nuevo valor a ojos de ella. Pues era el primer amigo que la hacía sentirse tan cómoda sin necesidad de tener algo romántico.
-Lo siento, debes estar cansada, te dejaré descansar, si necesitas algo estoy en la puerta de al lado N-18, bienvenida Lani.
-Gracias. Prometo compensarte esto en cuanto termine de hacer de éste, un lugar decente. 
-Eso suena bien. Aún me duelen los hombros. 
Con una última risa, el vecino cerró cuidadosamente la puerta, dejándola a merced del silencio, que ahora comenzaba a ser incómodo una vez se percató de lo que representaba estar totalmente sola. Estaba en un espacio vacío y sin historia.
 
Lani dejó ordenada la mayoría de sus cosas, si iba a estar cansada lo estaría por algo y al día siguiente se repondría. El apartamento venía equipado así que sólo le correspondía poner sus pertenencias y adornos en los lugares apropiados, no terminó de hacerlo sin embargo. 
Porque mientras lo hacía estaba martirizándose por haber ofrecido una salida tan rápidamente a un desconocido. No importaba que tan amable podía ser Mark, ella sonaba como una persona desesperada por un romance, cuando eso era lo más lejano al caso. La idea que hubiera podido crear en Mark la atormentaba.
Finalmente tirada en el suelo completamente agotada, se cubrió con los abrigos que había comprado en casa  para cuando fuera el invierno. Siempre los pasaba en la granja de sus abuelos en Alabama, así que no había necesitado uno en mucho tiempo. 
Cerró los ojos y repasó cuidadosamente el día que había tenido concentrándose en las cosas buenas que le habían pasado, tal como el libro que había leído sobre la superación de su divorcio le había enseñado. Cuando las ideas comenzaban a ponerse bizarras, ojos azules la vieron desde la oscuridad.
-Denver hace maravillas con mi mente, mejor abro esa botella de una buena vez.
Era botella que su hermana Laura le había regalado antes de irse a Nueva York, así estaría más pendiente del precio que del hecho de ser un regalo de disculpas y de despedida. Ya que había sido un regalo que le bastaría para compensar los futuros diez cumpleaños y navidades, nada menos que un Chateau Petrus. 
Consiguió una copa y el destapa corchos, se sirvió una miseria del vino obscenamente caro y lo degustó mientras se deslizaba por su garganta.
-Por un nuevo inicio Lani.
 

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