Sueño profundo

Una secuencia indescifrable.

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En una tarde sosegada, del verano que paso, tres veces fue llamado por el mismo nombre hacia la primavera próxima de pasajes maravillosos de los viñedos donde se celebró alguna vez un desfile infantil que rememoro bellos momentos en la mente del joven Arthur.
Estaba él ahí en silencio con su pequeña hermana Ofelia, y su abuelo Charles, sentado observando cómo se movía cada uno de los carros alegóricos muy lentamente, como si el espectáculo fuera a nunca terminar.
Cada uno se movía más lento que el otro y las voces de los niños dentro de estos carros hacían un mar de sentimiento casi nostálgico, aunque no había muchas memorias lejanas a qué atenerse. Pero quizá eran las memorias del viejo charles las que inundaban de emociones la mente de los dos pequeños.
Esa fue la última vez que compartieron un espacio los tres juntos. A los días, Charles enfermo de fiebre muy fuerte, entonces la pequeña Ofelia le traía paños húmedos para aliviar su calor, pero esto no era suficiente para aliviarlo, se sentía en el aire el sufrimiento de un ser querido y el control inocente de la desesperación por parte de la pequeña Ofelia quien amaba mucho a su papito, así llamaba a su abuelo, se hacía notar.
A la mañana siguiente Charles amaneció muerto. Cuando los padres de los dos llegaron con la triste noticia, Arthur y Ofelia lloraron en silencio en aquel viejo sillón.
Siempre sus padres habían sido muy fríos con sus hijos, ocupándose de su trabajo y el abuelo era lo único de real afecto que poseían.
Arthur comenzó una vida otoñal, donde el recuerdo del viejo charles se hacía presente y la época del colegio había llegado. Caminando por los campos esperaba que el día terminara para volver junto a su hermana Ofelia quien aún era muy pequeña para ir al colegio.
Pero las clases se hacían muy largas esos primeros días, una niña en el recreo se le acerco queriendo conocerlo, Arthur no estaba muy interesado, pero intento ser cortés con ella.
Junto a otros muchachos daban largas vueltas todos agarrados de las manos por el patio de recreo de una forma casi descorazonadora. Como si todos fueran ángeles que estaban ahí para hacerlo sonreír pero antes que forzarlo sintonizaban con sus emociones y las vueltas eran muy lentas.
Ofelia mientras tanto intentaba limpiar la casa como podía, y se interesaba en un cuento para niños sobre las estaciones, que decía:
“En Europa el verano pasa rápido y ligero, la primavera es buena para la amistad, pero el otoño es triste para algunos y el invierno es duro e inclemente”
Ofelia aprendió mucho leyendo los cuentos y algunas pocas veces aventurándose a abrir un libro de esos que leían los mayores, pero lo hizo y encontró un lenguaje muy difícil, pero enormemente más enriquecedor.
Ella leyó Hamlet, y encontró su nombre en una de las damas del cuento lo que la alegro enormemente. Y se lo conto a Arthur cuando llego, y luego a Hans, su padre, y más en la noche a Alessia, su madre.
Arthur también tenía una noticia, Había conocido a una chica llamada Kelsey, y un par de chicos más: Alberto y Angelo.
Así pasaron algunos meses más hasta que terminara la primavera, y el otoño llegara verdaderamente.
Angelo había preparado una fiesta por su cumpleaños, y los padres fueron invitados, entonces se aventuraron todos ellos, el dolor de la muerte de charles quizá ya se había marchitado como las hojas que caen de los árboles.
Y Luego llego el invierno crudo, y la familia se reunió, Arthur y Ofelia se sentían muy alegres de tener la presencia de sus padres con mayor fuerza que antes y oraron todos juntos.
El invierno despejaba la mente de planes adustos sobre el dolor y otras cosas tristes, refugiados todos en su casa unos cuantos días cuando el frio era más extremo y así finalizo una etapa más.
Era triste cuando era serena la vida, y en cuanto a lo verdaderamente importante el recuerdo fue un consuelo.

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