Nodriza

Una secuencia indescifrable.

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Un segundo hogar es más de lo que pudieras esperar
Hans nació en los bosques de los suburbios de una urbe discreta, nunca supo cómo empezó pero sí que debía seguir disfrutando de la penumbra y de la noche, iluminado por los faroles y las luces de la ventana de las casas aledañas, que eran pocas para tanta vegetación, y cuando de día permanecía dentro de su casa casi todos los días.
Siempre, como si nunca hubiera empezado nada más que el ocio y la holgura, así como la expansión del universo que supera a la velocidad de la luz, aquellos superaban ampliamente todo concepto de responsabilidad, porque era algo natural en ese lugar el sosiego, como si el verano fuera eterno. Él recurría a su mejor amigo, apodado el general, que tenía una pequeña fotocopiadora no muy transitada en una esquina con varios parques alrededor que no permitían ver más lejos de la vegetación por los árboles de tronco grueso que se presentaban y había un camino con filos de piedritas redondas y arbustos que nos evocaba bellos testimonios de sus habitantes.
Terminando ese camino, al norte, se encontraba un colegio que tenía unos peldaños en todo lo largo de su infraestructura que conectaban con el patio donde jugaban futbol los chicos. En este lugar Hans encontró a una amiga, que solía contar historias de sus sueños recurrentes sobre un paraíso donde una raza alienígena de rinocerontes reinaba, era la más poderosa de la galaxia; aquellos rinocerontes buscaban adeptos en la tierra. Hans siempre quiso estar en un romance con esa chica porque le causaba un misterio infinito y felicidad, pero tenía miedo de decir algo que pudiera arruinar su amistad.
Ella era una de sus tres ninfas del olvido, porque mientras permanecía Hans con ellas todo pensamiento era olvidado y solo podía enfocarse en su gracia y estilo, como si siguiéramos un baile en cadena guiados por una niña alegre y nada más, aparte de eso, importara.
Un día Hans respondía a unos asuntos en ese colegio y al bajar de los peldaños descubrió que la puerta habitual de salida estaba cerrada, decidió no preguntar a nadie y busco otra salida. Hans nunca había ido más al norte de ese colegio, el colegio tenía otros pabellones no explorados por él que conducían a un camino enrejado hacia un lugar abierto lleno de césped sin arboles excepto por uno que iba por la derecha, se podía observar el horizonte, un suceso extraño en ese lugar, unos altos edificios se imponían unos a otros en una montaña muy pero muy a lo lejos.
ÉL decidió tomar el camino de la derecha con árboles altos que oscurecían por ser lo acostumbrado a sentir y escuchó un sonido, era algo que paralizo completamente al joven, un tigre blanco apareció de entre los árboles.
El pensamiento no pudo ser tan rápido para girar atrás y correr, Hans estaba solo y el tigre se lanzó a toda velocidad y le mordió un brazo. Él cayó al suelo y por suerte suya un guardia atrapo al tigre con un collar a tiempo, el tigre resultaba estar entrenado.
Pero la sangre le chorreaba por el brazo.
Dolía…
La tierra sobre sus pies se estremecía al ver a uno de sus hijos sufrir… la nodriza se ponía en marcha, y ella sabía que solo debía esperar, pero ese pequeño instante de sufrimiento la destruía como “madre” y la hacía menos perfecta.
En su frenesí se le presento un ser muy bello con el cabello recogido para atrás con túnicas blancas, y le ofreció hacer un pacto…
Su hijo herido por no haber más dolor dentro de ella, entonces acepto sin pensarlo mucho a pesar de su gran sabiduría.
Y entonces Hans… cayo, a un yermo baldío de recuerdos con algo nuevo nunca experimentado, una familia, un trabajo, y el temor por el futuro, un secreto estrés lo consumía por dentro… y su nodriza se lamentaba de haber pactado pero su hogar ahora es indoloro… y eso por lo menos… le secaba las lágrimas.

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