La Hija de Atlas: La Ciudad sin Niños

Géneros: Acción, Aventura, Fantasía

¿Un payaso enorme liberando gas de la risa en San Cristóbal? ¿Manos gigantes jugando con las viviendas de Teusaquillo como si fueran casas de muñecas? ¿Un ajolote volador provocando lluvias y tormentas en Ciudad Bolívar? Reportes como estos llegaron de testigos en 10 localidades de Bogotá que presenciaron los más abominables y extraños fenómenos que tuvieron lugar durante la madrugada, en la llamada Noche del Ruido, bastando tan sólo 15 minutos para cambiar la cara de la capital para siempre. Pero Francisco Arboleda, un joven reportero, ha reunido gran parte de las crónicas para llegar a la verdad de lo que realmente ocurrió, gracias a los testimonios de gente que estuvo en el momento cuando, a las 4:13 AM del 29 de Febrero, 4 millones de niños no volverían a despertar, a la par que los terribles Fomores se tomaban las calles para esparcir su locura.

Prólogo

La Hija de Atlas: La Ciudad sin Niños

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Todo lo que leerán a continuación son testimonios de las  consecuencias  que dejaran los hechos ocurridos en la madrugada del 29 de Febrero del presente año a las 4:13 AM en la ciudad de Bogotá. Crónicas de testigos y sobrevivientes que soportaron  lo peor de lo que sólo se le podría llamar un desfile de monstruos infernales, y a los que se les reportó presencia en diez localidades a la par de  una extraña plaga  que sin previo aviso afectó a los 4 millones de niños en Bogotá de entre los 5 a los 12 años que en ese momento dormían.
 
Motivos personales me impulsaron a comenzar este seguimiento, con cada caso, cada palabra que recogía de alguien que tuvo una experiencia cercana con estas criaturas - a las que terminaría llamando Fomores por querer dármelas de muy sofisticado al llamarlos como gigantes irlandeses-,  siendo Bogotá el único punto en todo el planeta donde se manifestaron, esperando también saber si realmente existe una forma de revertir aquello. Pero no ha sido fácil. El impacto ha sido tal que muchos niegan los hechos, y el gobierno local incentiva esto, dando explicaciones que dan peso a su versión de los hechos, donde la aparición de los monstruos y la plaga no tienen nada que ver el uno con el otro, con la intención de no difundir el terror entre los habitantes, y evitar una masacre masiva de niños infectados, a los que se les consideraría como fomores potenciales a partir de saberse la verdad, misma que se le oculta al resto del mundo al someter a Bogotá a cuarentena, cerrando fronteras y conexiones con el resto del país, y aislándonos por el temor de expandir al resto del mundo aquella plaga del sueño.
 
Lamentablemente es una carrera contra el tiempo, que no sabemos  cuanto falte para   que otro niño despierte y se convierta en un monstruo, para que se repita de nuevo la historia.
 
A lo largo de todo el documento me referiré a los monstruos como Fomores, como ya dije,  y a un pequeño grupo de estos como Dannan,  un derivado benigno de los primeros que en la mitología irlandesa es como se nombra  y se refiere a los campeones que combatían a los gigantes demoniacos. Los casos de apariciones de Dannan son reducidos  en comparación a los de los Fomores y no despiertan tanto interés en la gente como estos últimos, aunque hay argumentos de peso para considerar que los personajes locales conocidos como la Fomor Piloto y el Fomor Caballero Monstruoso sean los dos representantes de este sub-género.
 
Para finalizar, existe una versión impresa de La Ciudad sin Niños  que realicé  con un colaborador que financió dicho libro, y que libremente la mutiló  en pro de usar mis crónicas para crear consciencia sobre  el derecho de los Fomores de convivir y permanecer entre nosotros, cayendo en el activismo más absurdo.
 
Cada una de las entrevistas y evidencia en forma de archivos de audio y cartas  aparecen en esta compilación que espero también sirva para quienes investiguen las causas de tan terrible desastre que hasta el día de hoy sólo parece empeorar y del que no se ve interés alguno de quienes se encuentran afuera para ayudarnos a salir de él, salvo hacer como si nunca hubiera ocurrido.
 
Francisco Arboleda Rodríguez.
 
 

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