El cambio

Géneros: Misterio, Romance

Sharlotte, una joven de 20 que residía en California, experimenta demasiados cambios importantes en su vida, todos negativos, y decide intentar alejarse de su pasado, mientras éste le atormenta incluso en sus sueños. Se da cuenta de que haga lo que haga, hay cosas que es imposible olvidar, y dolores que es imposible sanar.

1. La mudanza

El cambio

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Antes me encantaba ver esto. Me podía pasar horas mirando a la puesta de sol, distinguiendo todos sus colores, observando como el sol se escondía entre los edificios de mi ciudad, y pensando. Pero ya no. He sufrido muchos cambios en estos últimos meses, unos más notables que otros, más dolorosos. Es increíble cómo puede girar la vida de una persona, y en que poco tiempo puede hacerlo.
Ahora, simplemente miro un cielo teñido, igual que mi interior. Mientras que éste rebosa de amarillos, naranjas y rojos, yo solo tengo negro. Recuerde lo que recuerde, solo consigo que en mi cabeza haya oscuridad, malos momentos, tristeza… Como si todo lo bueno, dentro de mi cabeza, estuviese cubierto por una manta negra.
Llevo media hora intentando conocer mi nuevo barrio, sin alejarme demasiado de mi casa, ya que estoy sola y lo último que quiero es perderme en Nueva York, sin tener a nadie a quien llamar para que venga a ayudarme. Estoy agotada y me empiezan a doler las manos, es lo malo de ir en silla de ruedas, no puedes transportarte demasiado tiempo sola sin que tus brazos empiecen a cansarse.
Levanto la vista, asombrada por la altura de todos los edificios. Al menos tengo muchos sitios que ver para distraerme. Creo que es bueno que salga al menos una o dos veces al día, eso me recomendaron los psicólogos. Detengo mi vista en un edificio en especial, y me quedo asombrada. Es algo más alto que los demás, y tiene un letrero enorme con una inscripción “NY Art”. Voy bajando la vista, sus paredes están pintadas con un mural, un dibujo de una mujer sonriendo, en blanco y negro. Tiene las pestañas muy largas y los labios gruesos, su pelo es claro y me encanta la expresión de felicidad que tiene en la cara. Echo de menos sentirme así…                                                   Busco en Google el nombre que aparece en el letrero, y por lo que leo es una de las academias más famosas de la zona. Hay bastantes fotos de cuadros, que supuestamente proceden de aquí.  Siempre me ha apasionado el dibujo, a pesar de que lleve ya mucho tiempo sin practicarlo, era una de las pocas cosas que me daba paz. Me detengo en uno de un bebé, y no puedo evitar estallar en lágrimas. Está riendo, tiene una sonrisa preciosa e inocente, y no paro de llorar, e imaginar cosas que me duelen como si me clavasen una daga en la espalda, cada vez que me cae una lágrima por las mejillas.
Me gusta mucho más estar aquí que en Oakland. En plan era mudarme lo más lejos posible. Intenté engañarme a mí misma, hacerme creer que mi vida se iba a alejar de lo que era, cuanto más me alejase de mi casa. Bueno, si se le puede llamar casa… No siempre nuestro hogar está donde tenemos nuestras cosas materiales. Al principio me encantaba California, es el lugar donde nací y me crié, donde estaban todas las personas que alguna vez me han importado.
Hannah, Seth, Cheryl, y… Aaron.
Estoy recordando demasiado, prefiero irme a casa, es tarde y necesito descansar. Tengo que desempacar todas mis cosas, y los vuelos largos siempre me han dado dolor de cabeza. Es muy desagradable tomarme un analgésico para el dolor, y seguir sintiendo aún el de corazón. Ese nunca se va, por muchos medicamentos que intente tomar.       Además, es inútil que piense en descansar, llevo mes y medio sin dormir. Siempre tengo el mismo tipo de sueño. Al principio, cuando acabo de conciliar el sueño, veo una situación agradable, creo que son los únicos 10 minutos buenos de todo mi día. Después, todo el sueño se torna de tonos rojos y negros, y solo hay un bebé llorando. Llora demasiado alto, y su llanto me rasga por dentro. Empiezo a imaginarme muchas cosas, y así continúa hasta que consigo despertarme, y me quedo mirando al techo, luchando por no dormirme, para no soñar otra vez lo mismo.
Un coche casi me atropella, y tiene que girar rápidamente para no hacerlo. Con la silla voy mucho más despacio que cuando podía andar, y el simple hecho de ver ese coche tan cerca de mí hace que mi angustia se acentúe mucho más, y mis lágrimas sigan brotando con más fuerza. Es culpa mía, iba recordando tantas cosas que se me olvido la más simple: mirar el semáforo antes de cruzar una calle llena de coches… Siempre hago las cosas mal, así que esta simplemente la cuento como una más.

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