Maldito Septiembre

Géneros: Acción, Suspense

Un joven que comienza a trabajar, una chica que viene a hacer una entrevista de trabajo, un bombero veterano, una médico de ambulancia y un coronel del ejército verán sus historias entrelazadas en un día que sus vidas y el mundo cambió para siempre.

Capítulo 1

Maldito Septiembre

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Era un día claro y caluroso de finales de verano, la luz del sol se coló por la ventana de la habitación de Ryan a la vez que el despertador comenzaba a sonar despertadoló. Ryan perezoso se envolvió en sus sábanas, pero tras varios segundos aguantando alargó el brazo y lo apagó. Eran las 7:00 de la manaña del 11 de septiembre de 2001.
Ryan era un muchacho de pelo rubio, ojos claros, alto, delgado y tenía gafas. Tenía 21 años y desde hace varias semanas trabajaba en el Word Trade Center como oficinista para una de las multinacionales que ocupaban uno de sus pisos. Vivía en un pequeño apartamento en un barrio humilde de Brooklyn así que tenía que coger el autobús cerca de su casa hasta el centro de Manhattan y desde allí patear hasta el trabajo.
Se levantó de su cama. Soñoliento caminó por el pasillo frotándose los ojos hasta llegar al baño. Abrió el grifo con torpeza, puso las manos y se echó el agua en la cara  para despertarse y limpiandose las legañas de dormir. Luego cerró el grifo, se secó la cara con la toalla y salió en dirección a la cocina. Tras llegar se acercó a la encimera, cogió una de las múltiples tazas, la puso debajo de la cafetera y apretó uno de los botones. Mientras la taza se llenaba con el delicioso cafe recién hecho Ryan cogió dos tostadas, las metió en la tostadora y espero hasta que saltaran. Luego agarró un bote de mermelada y con un cuchillo las untó y dejó las tostadas sobre un plato de cerámica. Luego cogió la taza y el plato los colocó en la mesa,se sentó y comenzó a desayunar.
Mientras le daba un buen bocado a su tostada se acercó su portátil lo abrió y comenzó a nevegar por internet mirando las noticias y los temas de actualidad. No había nada nuevo, que si la moda, que si deportes... 
Entonces cuando se dió cuenta ya había terminado. Recogió todo y lo puso en el fregadero, lo lavaría cuando volviese del trabajo. Volvió a su habitación, abrió el armario y sacó un pantalón negro, una corbata azul marino y una camisa blanca. Mientras se abrochaba los botones se paró a ver por la ventana la silueta de los rascacielos que daban aquel toque tan característico a la ciudad. Que suerte tenía de vivir allí.
Tras vestirse agarró su portátil, se puso su reloj y bajó a toda prisa las escaleras del edifico y salió a la calle. Caminó entre la multidud hasta llegar a la parada del autobús donde ya esperaban alguna que otra persona más. Se sentó en el banco y miró su reloj, eran las 7:19, el bus devía llegar pronto si es que no se había retrasado por algo. Por suerte al minuto el autobús llegó y Ryan se apresuró a pagar y sentarse en uno de los asientos vacíos del fondo. 
Tras recoger a todos los pasajeros el bus arrancó y Ryan se dedicó a mirar por la ventana envuelto en sus pensamientos sobre lo afortunado que era al vivir en la ciudad más bonita del mundo. Observó los edificios pintados de vivos colores, las tiendas que abrían, la multidud que ya caminaba por las calles, los rascacielos... Tras pasar varias paradas el bus salió de Brooklyn y cuando se dió cuenta se encontraba sobre el mar cruzando el puente de Manhattan.
El autobús lo dejó en una parada cerca del Word Trade Center. Bajó del autobús apresuradamente y comenzó a caminar a buen ritmo hacia la torre norte para comenzar a trabajar. Llegó rápido, miró su reloj y se sintió aliviado al ver que eran las 7:50.
A la puerta se encontran Josh y Oliver, dos compañeros de trabajo de los cuales se había hecho amigo desde el primer día. Josh era más bajo que Ryan, tenía el pelo y los ojos marrones, era avispado y amigable. Josh era cinco años mayor que él y ya era un veterano en la compañía por lo que siempre aconsejaba a Ryan. Oliver era de la misma altura que Ryan, tenía el pelo negro y los ojos verdes y gatunos, era delgado y corpulento. Era dos años mayor que Ryan, llevaba menos tiempo en la compañía que Josh pero aún así sus consejos siempre eran bien recibidos por Ryan.
-Buenos días dormilón- dijo Oliver entre carcajadas.
-Por un momento pensamos en que llegarías tarde- dijo Josh.
-¡Pero si me he levantado a la misma hora de siempre! Lo que pasa es que hoy el bus a sido demasiado lento- dijo un poco molento Ryan.
-Bueno basta de chachara, entremos que si no llegaremos tarde a fichar- dijo serio Josh.
-Tienes razón, vamos- dijo Oliver.
Los tres chicos entraron al unísono por la gran puerta del edificio y a pesar de ser casi las ocho de la mañana el ritmo de trabajo era ya frenético.
-Ryan, vete tú subiendo a trabajar, Oliver y yo tenemos que hacer unos asuntos aquí- dijo Josh.
-A bueno, ok- dijo Ryan encogiendose de hombros.
Ryan entró en el ascensor y juntó a él entro una muchacha sin embargo el chico no se inmutó, presionó el botón del piso al que quería ir y se colocó en una esquina del ascensor, luego la chica se acercó presionó otro botón y se colocó en la otra esquina. Ryan la observó con detenimiento, no la había visto antes por ahí. Era pelirroja, los ojos verdes y tenía la cara llena de pecas, vestía una chaqueta marrón, una camiseta azul y unos vaqueros. Llevaba una carpeta.
-Perdona, ¿trabajas aquí?- preguntó Ryan.
La chica se sobresaltó un poco, no se esperaba que un desconocido le preguntara.
-Hola, no, vengo a una entrevista de trabajo- dijo tímidamente.
-Ah, que tengas suerte, yo llevo trabajando aquí unas cuantas semanas, ah, perdón por no presentarme, me llamo Ryan- dijo él estendiendole la mano.
-Muchas gracias, encantada Ryan yo soy Hannah- dijo ella.
A esta conversación le siguió un incómodo silencio hasta que el ascensor se paró, las puertas se abrieron y la chica salió de él no sin antes despedirse de él con un pequeño gesto de la mano. Acto seguido las puertas se cerraron y el ascensor siguió subiendo hasta llegar al piso de Ryan.
 
Hannah se despertó cuando su despertador sonó. Hacía poco que había llegado de un pueblo cerca de Denver en un vuelo comercial a New York en busca de trabajo. Había ido a alguna ya pero en ninguma había tenido éxito. Pero aquella mañana sería diferente.
Hannah se había instalado en un piso en el centro de Manhattan, era pequeño pero se apañaba bien. Era la menor de cinco hermanos por lo que estaba acostumbrada a tener que organizarse en poco espacio.
Hannah era una chica joven, tenía 20 años recién cumplidos por lo que tras terminar la universidad decidió irse a trabajar a New York. Era una chica optimista, alegre, amigable pero algo tímida y eso le pasaba factura en las entrevistas.
Se levantó de la cama de un salto y se dirigió al baño, se lavó la cara, se peinó su melena roja y se dirigió a la cocina para preparase un pequeño desayuno antes de ir a la entrevista en el Word Trade Center. Se preparó un zumo, cogió una pieza de fruta y desayunó mientras miraba por la ventana los edificios y la multitud que mantenían viva a la ciudad neoyorquina.Tras desayunar fue a su habitación y se vistió con su camiseta favorita, una camiseta azul de los Rolling Stones, una chaqueta de color marrón y unos vaqueros azules, luego cogió su carpeta con los papeles y salió del apartamento.
Bajó las escaleras como alma que lleva el diablo, abrió la puerta del edificio y salió a la calle. Caminó muy rápido y en escaso tiempo ya se encontraba en la torre norte lista para la entrevista.
Se dirigió a la recepción donde le hicieron rellenar un formulario con sus datos y tras esto le dieron el piso de la entrevista.  Se dió la vuelta y vió a un chico entrar en el ascensor y se apresuró para entrar con él. Tras tocar el botón se quedó en una esquina y con rápidas miradas observó al chico. Era bastante apuesto, tenía gafas, pelo rubio y ojos azules.
Tras subir bastantes plantas el ascensor se detuvo y Hannah salió de él y se sentó en una de las butacas a la espera de que le llamaran.  
 

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