9. Usaquén/El Fomor Gigante de Bronce

La Hija de Atlas: La Ciudad sin Niños

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[Son las 2:35 de la tarde, acabo de llegar a Santa Ana Occidental, y me recibe mucha señalización que me advierte sobre, por así decirlo, uno de los “atractivos turísticos” de Usaquén,  Una nube de tormenta que sobrevuela el sector. Me basta con ver a la gente poniéndose nerviosa y buscando refugio para saber lo que viene. Y obvio,  mi primer movimiento ante esto es… ¡Alejarme de mi cicla! ]
Mi bicicleta… El cuadro se deformó a causa del calor,  el caucho de las llantas era una charca humeante… No echo de menos mi cicla, que agradezco más seguir vivo.
 [Para saber más acerca de la manifestación fomoriana que tuvo lugar en Usaquén contacté a Juliana Robledo, una estudiante de bachillerato que junto con su familia fue testigo de como su hermana se convirtió en la criatura apodada como el Gigante de Bronce. Habíamos acordado encontrarnos en una cafetería en el interior del Centro Comercial Santa Ana,  para hablar de lo que sucedió, pero cuando llegué ella no estaba. Luego de preguntar por Juliana  en caja, un mesero me hizo entrega de una carta escrita por ella en servilletas donde se disculpaba por arrepentirse a último minuto de reunirse conmigo, y  su testimonio de los hechos, que arrojaban algo de luz a mi investigación. A continuación transcribo lo que encontré.]
Francisco, pido que me disculpes. Yo pensé que estaba preparada para volver a hablar de lo que ocurrió ese día, pero realmente no es así.  Tampoco quería defraudarte, así que te dejo esta carta con mi historia sobre todo lo que pasó. Créeme cuando te digo que no tengo ninguna necesidad de mentirte. Nadie en una situación así usaría esto para beneficio personal o para buscar fama. Seguro todos los que perdieron a un hermano, hijo o nieto pensarán igual que yo. Esto es terrible, y hasta han venido a nosotros los de las noticias para preguntarnos sobre lo ocurrido, pero eso paró cuando desde la alcaldía le aseguraron a todo el mundo que la plaga y los monstruos no tenían nada qué ver el uno con el otro. Son unos idiotas, que todo tiene que ver. Si viste el video que subí y que se volvió viral, junto con toda la información que circuló en redes, me darás la razón. Gracias por leerme, Francisco, y has que todo se sepa tal cual como pasó.
Juliana.
“María Camila, mi hermanita, vivía en otro mundo. Podría haber pasado por la niña más educada, valiente y amigable del mundo, pero el único defecto que tenía era que no podía ver rayos ni escuchar truenos. Y es que les tenía un miedo terrible. Cuando ella y Capitana, nuestra poodle, los escuchaban, corrían como locas y se escondían debajo de la cama. Desde esa madrugada yo también tengo ese miedo, y con razones de peso. Con ella compartíamos el cuarto, eso mientras se terminaba la remodelación del mío, y como para variar, a ella le correspondía la cama de arriba del camarote, porque María lo quería así, aunque después le pareció mal haber escogido dormir arriba para tender la colcha. Cuando la cama casi se me cae encima ese 29  me arrepentí de no haberle peleado más para haberme quedado con esa cama yo. Un movimiento rapidísimo, y yo ya estaba en el piso, y mi cama debajo de la otra. Yo ya le había dicho a María que dejara de saltar en esa cama, que un día me mataría, y se lo fui a recordar con toda luego que me paré del piso. Pero Ella ya no estaba ahí. Contrario a como se ve en videos, el Gigante de Bronce no medía ni la mitad de lo que se le describió. Ni me llegaba a la altura de la rodilla y era más como  escultura de bronce de un  hombre musculoso de contornos cuadrados con ojos saltones y  entrecerrados que estaba sentado sobre una base rectangular y con los brazos cruzados en su pecho.
A  María Camila no la vi por ninguna parte. Intenté retirar la escultura, pero era muy pesada, y justo ahí llegaron mis papás para vernos, que el estruendo de la cama cayéndose los despertó de una también. No pude contarles nada, porque el hombrecito de bronce saltó hacia nosotros, y de salto en salto salió del cuarto, dejándose caer pesadamente a cada paso. Llegó a la sala, y lo que era una figura no más alta que un bolardo, creció hasta ser casi tan grande como la casa, y se abrió en dos como si fuera un sarcófago. Y lo que liberó era una chispita que revoloteaba por todo el lugar. Era muy brillante, pero le noté contornos como de personita. Yo creí ver en esa cosita a mi hermanita, que me saludaba a mí y a mis papás, o se despedía, no sé. Creo que era lo segundo, Hizo una pirueta y girar en el aire, y botó chispas, muchas chispas, hasta parecer una ruedita. Y las luces de toda la casa parpadearon hasta  que una acumuló la electricidad suficiente volvió al interior del gigante que  se cerró en seco. Y el gigante se movió. Se puso de pie sobre la base en la que estaba sentado, con la electricidad recorriendo todo su cuerpo, y apuntó un dedo hacia mí, que en contra de las advertencias de mis papás me acerqué a mirarlo, y me arrojó un rayo al que le faltó poco para haberme matado. Capitana acudió a mí al ver que mi vida corría peligro, y se plantó entre los dos. Contento por verla, quiso probar su puntería con ella, arrojándole rayos también, que ella casi no alcanza a esquivar. Mis papás gritaban para que me fuera con ellos, y yo me la llevé lo más lejos de su alcance. Eso al monstruo no le gustó, y tanteó su puntería conmigo mientras yo me le perdía. Al final la paciencia se le agotó, y se fue flotando. Atravesó las paredes de la casa y se halló afuera, libre para hacer de las suyas.
Me calmé y hablé con mis papás. No, más bien me grité con mis papás, después que conecté cabos una vez leí las tendencias en Twitter relacionadas con todo lo que estaba pasando allá afuera, en Ciudad Bolívar, en Suba, en Puente Aranda… Mi hermana se había enfermado por ese virus que ponía la piel negra y se había convertido en esa cosa. Mi mamá no me creía, pero mi papá sí me apoyó. Me dijo que le había parecido ver una niña en esa chispa, pero luego de oírme se convenció de que así fue.
La cosa nos destruyó la casa, y nosotros nada podíamos hacer, sólo mirar,  como iba aquí y allá probando su puntería con los vecinos. Afuera ya no era seguro, pero los tres, con mi perrita  salimos a toda prisa y nos metimos a la camioneta. Yo atrás con Capitana, y mis papás al frente. Él al volante. Mi papá nos dijo que era lo mejor que podíamos hacer, porque así nos íbamos a proteger con las llantas de las descargas de los rayos que la cosa le estaba arrojando a todo el mundo, que como eran de caucho, no eran conductoras de electricidad.  
Mi Papá al final se desesperó y arrancó la camioneta para irnos lo más lejos de aquí, pero  un árbol al que le cayó uno de los rayos que el Gigante mandaba aquí y allá  nos iba a aplastar. Íbamos a morir, pero luego vino una sombra enorme, y el árbol se volvió una lluvia de  leños que destrozaron las farolas, el parabrisas y aboyaron el carro, Nosotros estábamos bien, y todo fue gracias a él. Era muy rápido para verlo, así que lo grabé a él y al gigante cuando chocaron. Era un jinete grande, acuerpado, de armadura completa que cabalgaba un caballo grandísimo también. Su brazo derecho era el cuello de un dragón que todavía tenía en la boca lo que quedaba del árbol caído, y que, una vez ambos chocaron, lo usó para golpear con fuerza a ese monstruo como si fuera un garrote al final de un látigo.
Grité pidiéndole que no le hiciera nada, que mi hermana de una u otra forma estaba ahí dentro, pero el tipo no me escuchó. Su caballo saltaba de techo en techo, de muro en muro, esquivando los truenos, acercándose cada vez más al monstruo, que se reía y expulsaba más cargas eléctricas aquí y allá.  Luego el caballero monstruoso arremetió contra él,  y el caballo lo embistió, resonando el eco metálico del cuerpo del monstruo. Lo vi blandir su espada, un trozo de metal gigante, y cortarle uno de los brazos, Eso realmente lo sintió, porque gritó en una frecuencia que se sintió también en la radio del carro de mi papá.
El caballero lo embistió de nuevo, en medio del aire.  Todo en el cielo eran chispas, que apenas sí se veía algo. Eso se vio desde muy lejos, y depende de donde estuvieran los testigos, habrá quien le diga que eso era una tormenta eléctrica ¡Pero no lo era! Eran  dos monstruos agarrándose a golpes sobre nosotros. Luego vino la parte final, cuando le cortó la cabeza. Fue peor todavía que todo lo anterior, porque sonó bien fuerte, como un estallido. El cuerpo fue a volar a otra parte y la cabeza… la cabeza cayó. Maldije a esa cosa, y luego le di una buena patada. Pero al tocarla con mi pie soltó una corriente fuerte que  Salió de ella me mandó hacia atrás. Mi papá me ayudó a levantarme mientras veía como brillaban las ranuras de sus ojos. Una corriente eléctrica salió de su interior. Un chorro de electricidad que ahora era como la silueta de María Camila. Un cuerpo con brazos y piernas que caminaba torpemente hacia nosotros, extendiendo su mano y dejando ver cinco rayitos, uno en cada dedo por los que absorbía electricidad de todas partes. Las chispas no le paraban de llegar, la estática se sentía en el aire, y finalmente dio una pirueta hacia atrás, rodó en el aire y se convirtió en la nube de tormenta. No supimos qué hacer, excepto llorar.
 Luego que llegaron los cuerpos de rescate nos sacaron de la camioneta y nos envolvieron en cobijas para calentarnos, pero el frío no nos importaba. No importa mucho cuando uno está angustiado. Nos llevaron a un refugio y allá la gente nos puso al día sobre lo que pasó. Vimos a algunos de los niños enfermos y fue muy perturbador, porque no nos imaginábamos a María Camila en ese estado. Alguien hizo un registro  sobre todas las familias con menores de edad en ellas, y anotó nuestro caso como especial,   porque hasta el momento era la única niña desaparecida. Luego nos reubicaron, porque  la nube de tormenta comenzó a desatar truenos y relámpagos por encima de nosotros. En el transcurso del día supimos que las cosas horribles por las que tuvimos que pasar gracias a ese monstruo también se repitieron en otras partes. También tenían que ver con monstruos, con gente sufriendo, con daños en las calles. Las cadenas de Whatsapp también reportaron eso como niños que se convertían en monstruos, cosa que no pasó en todas partes, y el destino  del Gigante de Bronce, que terminó chocando contra un zeppelín en Suba, antes que un viento fuerte los arrastrara hasta Antonio Nariño.
Ese caballero era otro de los monstruos, Pero no era malo como ellos, o eso pensaba a ratos, porque sí fue malo hacerle todo eso a mi hermana, no sé si lo odio  o no, porque nos salvó, pero eso no nos va a traer a mi hermana de vuelta. Ella ahora ni es humana, pero ya no está cautiva por el gigante. Ahora es una nube, una que nos recuerda que existe con dos o tres tormentas al día.  Días después me ofrecí de  voluntaria en un refugio, y a pesar de estar quebrada mental y emocionalmente, sigo, porque no me quiero dejar vencer por esta tragedia. Seré fuerte, como el caballero. Todos y cada uno ahorita mismo necesitamos levantarnos y seguir adelante, y qué mejor forma que ayudar a quienes perdieron amigos y familia.
Todavía nos duele. Es posible que también hayas perdido a alguien y que te enfrasques en investigar a ese caballero, y no te culpo, que es fascinante saber que una criatura así existe. De él no sé más, ni tampoco de si fue aspirado junto con el resto de monstruos, pero ojalá no sea así, porque de ellos no supimos más nada.  Gracias por esta oportunidad para desahogarme, que siento que,  tras contarte esto me pude quitar una carga de encima.
Juliana”.
[Pagué lo que consumí en el local y me retiré. Cada testimonio me hace considerar por lo que muchos pasan, y admito que  originalmente no me importaba mucho el testimonio de Juliana, ya que sólo quería hablar con ella por su encuentro cercano con el Fomor Caballero Monstruoso.  La existencia de este ser apoya la teoría de que no todos los fomores que causaron estragos la madrugada del 29 son malvados o querían dañar a la gente, que están él, y muy posiblemente La Fomor Piloto, descartando las heridas que causó a dos personas en Kennedy y los destrozos a propiedad privada que Correa me mencionó. Saliendo del centro comercial me acuerdo de lo que le pasó mi cicla y… quiero maldecir a esa maldita nube, pero por respeto a Juliana no lo hago.  Pues nada, tocó alquilar una.]
 

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