Capítulo 11 - Infiltración

Inmortales - La era de los guardianes

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El día comenzaba a caer, el sol se ocultaba en el horizonte cuando los aventureros comenzaron a andar. Cuando llegaron al final del prado se separaron en dos grupos, dejando a Brosful solo, Rewel quiso quedarse también y entrar de frente por la puerta principal como pensaba hacer el mercenario, pero lograron convencerlo de que sin su habilidad de moldear la tierra les sería más difícil entrar a la ciudad en ruinas, así que partieron primeros.
 
Brosful quedo solo, perdido en sus pensamientos y observando a la lejanía su objetivo, realmente estaban a punto de hacer la catástrofe más grande de ese mundo por evitar una aún peor. Era hasta un poco irónico, pensó el mercenario. Terminó inmerso en aquel desastre por haber aceptado el contrato de un ricachón que quería recuperar lo que unos trasgos habían robado y, por el simple hecho de haber recuperado las joyas que quería el noble, ahora estaba allí esperando para invadir una ciudad, donde residía el dragón más poderoso y demente, con una espada de escamas de dragón forjada por el rey geldiart. Nada tenía sentido.
 
En sus pensamientos comenzó a recordar las cosas que había vivido, aquellas que lo habían marcado de por vida y no solo marcas visibles sino aquellas que guardaba en su interior, el peso de las muertes que cargaba en sus hombros era demasiado para un solo hombre. No solo había matado por venganza, sino también por dinero, gente que tal vez no lo merecía, se había vuelto tan monstruo como aquellos que habían terminado con su familia. Volvió a odiarse y recriminarse, volvió a sentirse patético y la tristeza le embargó, estaba solo allí, con la persona que más detestaba, él mismo.
 
En un acto de olvidar, desenvainó su espada y la contempló con extrema admiración. Era perfecta y bella, única. Se dijo a si mismo que sería digno de blandirla y con ella pondría fin a todo. Pero algo le faltaba al arma, un nombre. De pie, mirando al norte, veía de un lado la restante luz del sol, y del otro la oscuridad de la noche cerniéndose voraz por consumirlo todo. Por ello, y porque fue forjada en la más profunda negrura del mundo, es que la llamó Velo de oscuridad.
 
Cuando pronunció las palabras en voz alta, el sol se ocultó por completo y allí comenzó a caminar a paso lento sin apartar la vista de su objetivo. La marca del liche latía con violencia produciendo un cosquilleo casi como si estuviera feliz por saber que absorbería almas.
 
Una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, Rewel apoyó las manos en el suelo y creó túneles en la tierra que utilizarían para entrar a las ruinas. Cada cierta cantidad de tiempo abría un hueco en la superficie para ver si había enemigos circundantes, a la tercera vez que hizo esto pudo observar que sí los había, el lugar estaba muy custodiado por unos seres que nunca había visto.
 
Eran como dragones, tenían escamas en sus pieles pero la diferencia era que estos tenían el tamaño de un hombre y no tenían alas, tampoco aparentaban tener cuernos, solo unos muy pocos los tenían y parecían ser los de más alto rango. Caminaban en dos piernas, a diferencia de los dragones, estos seres eran humanoides.
 
—Está lleno de esas cosas, son como lagartijas bastante más grandes –dijo Rewel cerrado el hueco.
 
—No importa, nuestro objetivo es entrar y encontrar a Sherebor –anunció Nyweel en susurros.
 
—Seguramente está en la torre principal –acotó Rewel.
 
—¿Cómo lo sabes? –interrogó Maila interesada en el dato.
 
—Porque a esos extravagantes siempre les gusta esos lugares de guarida –respondió —. Dejemos de demorar que Brosful ya debe haber empezado a moverse.
 
Siguieron avanzado hasta llegar a los cimientos de la derruida muralla de la ciudad en ruinas. Jhoram consistía en un gran muro que nacía de la misma montaña rodeando la antigua urbe. Por dentro había pocas viviendas, propiamente dichas, en sí la ciudad consistía en grandes talleres y forjas donde en algún momento los geldiart trabajaron los minerales. Contra el mismo volcán se alzaba una gran torre que, a pesar de la catástrofe que aconteció, se mantenía en pie firme y resistente. La base de esta, consistía en un edificio enorme con grandes aberturas haciendo de puertas que permitían el acceso a la forja principal, el mismísimo corazón del volcán, que en estos momentos se encontraban totalmente bloqueados y destruidos los pasos, muchos engullidos por el basalto que formó la lava al enfriarse. Lo que estaba a la vista no era más que la parte principal de la ciudad, antes estaba conformada por dos niveles de muralla, pero el resto quedó tapado por el tiempo y la erupción. Ahora solo había arena y tierra allí.
 
Con extremo cuidado Rewel creó una abertura entre los cimientos por la que pasaron ingresando de esta forma al, ahora, subsuelo de las ruinas de Jhoram.
 
El interior de la ciudad estaba casi por completo destruido, en lugares las paredes habían colapsado y montones de tierras caían tapando el camino, apenas dejaban aberturas por las que pasar escalando. No tardaron en encontrar al primer enemigo, era uno solo de aquellos seres, más tarde conocidos como reptilianos, y no aparentaba ser un enemigo muy formidable.
 
—Déjenmelo a mí –dijo Nyweel sacando su arco, apuntó y luego soltó la flecha, la cual se desintegró en el aire por la velocidad con la que aquel arco disparaba, hasta que volvió a reaparecer ensartada en la cabeza del reptiliano. Sin perder tiempo cruzaron junto al cadáver y antes de doblar en una esquina la drefvels estiró la mano e hizo aparecer su flecha en ella. Se movían rápido ya que su misión era eliminar a todos los enemigos posibles que encontraran hasta llegar a Sherebor, de esta forma sacarían un gran peso a Brosful quien concentraría a la mayoría de los enemigos en la entrada.
 
Subieron una escalera y llegaron a la superficie de la ciudad, lugar donde estaba más infestado de enemigos que en ningún otro lado. Las calles de la derruida urbe estaban custodiadas por pequeños escuadrones de cuatro o cinco que caminaban de un lado a otro. Probablemente en aquel momento había casi mil de aquellos reptilianos y ellos solo eran cuatro.
 
—Si no nos encargamos de unos cuantos antes de que llegue Brosful la situación se le pondrá muy fea –dijo Maila —. Creo que será mejor dividirnos y acabar con escuadras por separados. No parecen ser muy fuertes, solo hay que evitar que den señal a los demás.
 
—Es una buena idea. Calculando el tiempo tenemos como quince o veinte minutos, si pueden sacar información de donde está el corazón sería estupendo. Aunque lo más probable sea que lo tenga Sherebor –apremió Nyweel luego se separaron lo más sigilosos que podían.
 
La primera en encontrar un grupo vulnerable fue Maila, era un grupo de tres, perfecto para ella. Se había subido al techo de una de las casas y ahora solo esperaba el momento en que aquellos tres crucen por donde estaba ella para bajar y apuñalarlos por la espalda. Mientras los reptilianos cruzaban frente a su escondite, la ladrona, contaba los segundos. Cuando encontró su oportunidad saltó cayendo sin hacer ruido, sacó sus dagas arrojadizas y las lanzó con precisión a la nuca de los enemigos de los extremos dejando solo al del medio que cuando notó la reacción extraña de sus compañeros, el puñal de Maila ya había atravesado su corazón. Por más que estos llevaban armadura de hierro la hoja hecha de escamas de dragón se deslizo como si fuera manteca.
 
Un grupo de cinco había doblado sorpresivamente en la esquina donde Maila había eliminado al pequeño escuadrón. La mujer actuó tan rápido que ni ella misma lo creyó, deseó inconscientemente tener sus armas en las manos y apenas sintió el contacto en sus palmas las arrojó violentamente, eliminando a dos en un solo segundo. Al haberse quedado sin sus dagas otra vez deseó tenerlas, estas desaparecieron de las frentes de los reptilianos muertos y reaparecieron en sus manos. Instantáneamente las dejó salir volando acertando nuevamente en el blanco solo restaba uno, el cual antes de siquiera emitir un grito tenía ambas dagas clavadas en la cara. Los cinco enemigos cayeron a la vez, ninguno dijo nada. Fue entonces cuando la ladrona se dio cuenta de que aquellas armas eran increíblemente poderosas, más de lo que había imaginado. Con un rápido movimiento las guardó en su cinto y se movió entre las sombras en busca de nuevos objetivos.
 
Por su parte Nyweel asechaba a sus enemigos a la distancia, en una ocasión extermino a todo un escuadrón con una sola flecha que atravesó a los tres a la vez, ya que estos caminaban en fila. Descubrió que podía regular la potencia con que las flechas impactaban solo con sus pensamientos, el arco parecía reaccionar a sus deseos. Si no podía acertar a más de uno de una sola vez, disparaba a gran velocidad sin fallar. Realmente amaba aquel arco con flechas infinitas, las saetas simplemente se materializaban una y otra vez, siempre volvían. En total eran diez las flechas que llevaba. Pero con un par le bastaba.
 
Rewel, que de sigiloso poco tenía, simplemente esperaba que un batallón se acercase. Cuando estaban próximos a él, les saltaba encima y de un solo golpe machacaba a todos los enemigos contra alguna pared. Era un método tal vez algo rustico para asesinar silenciosamente pero no se dudaba de su efectividad.
 
No tardaron en llamar la atención y los soldados se pusieron en guardia, al fin de cuenta no se podía ocultar todos los cuerpos, en tan solo quince minutos habían logrado reducir a más de doscientos de los enemigos. Aquellas armas no debían existir, el poder que poseían era demasiado. Esquivando y eliminando más de los reptilianos, lograron reunirse nuevamente en la azotea de una edificación cuando habían visto que un gran grupo de enemigos se congregaba en la entrada de la ciudad. Brosful había llegado.
 
—Bien, era hora que llegue ese mal nacido –dijo Rewel sonriendo, estaba todo manchado de sangre —. Le echaré una mano, antes de ir a buscar el corazón. Supongo que el dragón ya lo notó, debe estar furioso por saber que aún seguimos con vida.
 
El geldiart esperó un momento a que algunos reptilianos cruzaran bajo ellos y saltó con todo el poder de su martillo de guerra, al impactar el suelo se resquebrajó y volaron pedazos para todos lados, incluyendo los reptilianos víctimas de las estacas de tierra que produjo con el impacto.
 
Tanto Nyweel como Maila tuvieron que saltar del techo del edificio en el que se encontraban porque la estructura entera había colapsado junto con muchas de las que estaban alrededor.
 
—¿Estas demente? –le gritó Maila –Casi nos matas.
 
—Deja de quejarte mujer y observa –le reprochó Rewel levantando los brazos con fuerza —. Estar tanto tiempo solo en esa oscuridad me hacía muchas veces desear compañía y fue por ello que logré hacerme mis propios compañeros. Ahora alzaos.
 
Gritó estruendosamente y todos los escombros de alrededor comenzaron a unirse formando golems de piedras, muchos golems de piedras. Era usual que los geldiart puedan hacer un par de golems con los que pelear, pero aquel rey había hecho su propio ejército de más de cincuenta hombres de piedra que casi doblaban su tamaño.
 
—Al ataque –ordenó enviando todos sus soldados a que atacasen la retaguardia de la entrada.
 
—¿Por qué rayos no hiciste eso antes? –le preguntó Nyweel.
 
—No son muy fuertes estos tipos, son duros sí, pero no son tan buenos luchadores, servirán mucho más de distracción que otra cosa. Si lo hacía antes nos hubiese delatado fácilmente. Ahora vamos, tenemos que encontrar ese corazón lo antes posible, aún no se ha presentado Sherebor, él debe estar custodiándolo –aclaró Rewel, dirigiéndose a paso rápido hacia al derruido edificio principal.
 
Mientras tanto en la entrada principal, Brosful hacía su ingreso a la batalla, había cientos de enemigos esperándolo, los había de todos los tipos, algunos eran grandes otros mucho más pequeños; el color de sus escamas variaba dependiendo sus características, los de escamas rojas eran los más grandes y con cuernos negros, los de azules eran los más pequeños, verdes y amarillos los intermedios. Sabía que era imposible para él derrotar a tantos, pero mientras que se entretengan intentando matarlo a él y no a sus compañeros, era suficiente. Sólo tenía que hacer tiempo, por lo que empuñando su espada comenzó un frenético ataque hacia sus enemigos. La espada danzaba como si cortara nada más que el viento, los reptilianos por más armas que usaran para defenderse solo eran cortados una y otra vez, no había armadura escudo o placa de hierro que frene las estocadas de Velo de oscuridad.
 
La marca del liche latía cada vez con más fuerza y se extendía con increíble velocidad por todo su cuerpo. Era imposible no matar a sus enemigos, un simple corte los partía al medio sin problema alguno, se encontraba en una danza sangrienta. Rogaba con toda su alma que resistiesen un poco más. Los reptilianos solo dejaban salir unos balbuceos inentendibles, solo unos pocos podían articular palabras sueltas. A pesar de ser tantos contra un solo enemigo, se encontraban atemorizados, y para su pesar el ejército de Rewel se había unido a la contienda abatiendo a enemigos desde dentro de las murallas.
 
Fue entonces cuando Brosful escuchó un impacto detrás de sí y todos los reptilianos se apartaron y retrocedieron, muchos de ellos solo se dedicaron a pelearles a los golems de piedras que habían comenzado el ataque por la retaguardia, ya no quedaban muchos, pero nadie quería interponerse entre su señor. Sherebor también había entrado a la batalla.
 
—Tú, hombre maldito –habló con esa grave voz que retumbaba la tierra —¿Cómo es que aún respiras?
 
—Digamos que no es de tu incumbencia –le dijo imitando el tono de voz del dragón en forma de humano cuando le respondió algo similar antes de tirarlos a la grieta.
 
—No eres gracioso sucio humano –carraspeó caminando y agitando su capa al aire –, Mis crías aún están naciendo, son débiles, deberías dejar de abusar de las pobres.
 
—Sí, tienes razón. Creo que necesitaba un enemigo a mi altura, alguien como tú –Sherebor se detuvo ante aquellas palabras, había recibido un insulto indirecto y esto lo estaba enfadando cada vez más.
 
—¿Osas compararte a mí? –dijo altanero –No tienes ni idea de quién soy.
 
—Sí lo sé Sherebor, eres un maldito dragón asqueado en poder – el dragón lo miró por unos instantes con curiosidad.
 
—Siento el apestoso olor a mi hermano en ti, es curioso como resultaron las cosas, pero eso importa poco, ya que esta vez sí me aseguraré de que estés bien muerto –tras estas palabras volvió a hacer el hechizo para presionarlo contra el suelo pero Brosful interpuso su espada entre él y su enemigo. La espada de escamas de dragón brilló y repelió instantáneamente el hechizo del dragón oscuro.
 
—Interesante, al parecer encontraste un lindo juguete en ese abismo, pero da igual que puedas anular mi magia, sigues siendo un sucio humano. Veamos qué puedes hacer contra la fuerza de un dragón –gritó iracundo lanzándose a la carrera, Brosful no se quedó atrás y comenzó a correr también, cuando ambos estuvieron lo suficientemente cerca, los dos lanzaron sus ataques. Brosful una estocada descendente y Sherebor preparó un brazo para bloquear el ataque mientas que el otro lo tenía listo para perforar el estómago de su enemigo con sus filosas uñas. Confiado de sus escamas Sherebor se llevó una gran sorpresa cuando la espada que no debería haberle hecho daño alguno se incrustó en su brazo provocándole un dolor que nunca antes había sentido.
 
—¿Pero qué es esto? –preguntó consternado viendo como su sangre inmortal se derramaba en el árido suelo, retrocedió unos pasos contemplando su herida, luego levantó la cabeza y miró al mercenario con unos amarillos ojos rasgados. Brosful solo le dedicó una sonrisa, esta vez sí podía luchar.
 
 
 

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