15. Kennedy/El Fomor Rueda de Fuego

La Hija de Atlas: La Ciudad sin Niños

visibility

54.0

favorite

0

mode_comment

0


[Vuelvo a Kennedy una vez más. Gracias a la todo terreno que tengo ahora, me resulta más sencillo pasar por el asfalto, donde el daño a este se evidencia mucho más cuando me acerco al punto de origen del Fomor Rueda de Fuego, un taller mecánico, donde su propietario, Dylan Jaramillo, me recibe tras  llamar varias veces a su puerta con mucha urgencia.]
Pase, hermano. Pase, sea bienvenido.
G-gracias. ¡Gracias!
Que helaje el que está haciendo, ¿No?
¿Helaje? ¿Es que no ha mirado los reportes del recorrido de la  Niebla Roja?
No, no. Y que vaina hacerlo esperar. Pero es que tengo el sueño pero que bien pesado
[Donde se detecta mayor cantidad de Niebla Roja es en zonas donde más de un Fomor se manifestó, como en el caso de Kennedy. Usaquén no tiene problema con esta extraña radiación debido a que el aire ionizado del sector, producto de las constantes tormentas lo repele. Continúa con su ruta elíptica por toda la ciudad, gracias a la atracción que ejerce sobre ella, y de manera misteriosa, el Agujero Negro, acercándose cada vez más a Antonio Nariño y afectando a los seres vivientes que se exponen a su sustancia. Me calmo y subo con Dylan al segundo piso, donde me ofrece sentarme en un abullonado sillón de su sala. ]
¿Mucho trabajo últimamente, Dylan?
Pere, ya le sirvo una aguadepanelita, y le cuento. Esa lo pone de una en calor. Lástima no sea un canelazo, pero es que…
Gracias, Dylan. Me sorprende llegar y ver que su  casa no haya sufrido tanto por el fuego.
¡Ah, no! Que como le contaba por el whatsapp, apagamos rápido el incendio. Fue una cosa de nada.
Menos mal. No todos los que vieron nacer a un Fomor tuvieron su suerte.
 Sí,  el monstruo ese… el que antes era Fredy… salió disparado por la ventana.
 
 Escupió fuego por la boca, y quemó su colcha.  Se enrolló luego de que se cayó de lado, porque tenía patas chiquitas y no se podía parar bien. En el piso se enrolló, dio un saltito, y saltó aquí y allá, y comenzó a chocar con todo, porque era como una llanta súper dura. Abolló las paredes, el techo, y no paraba de decir que odiaba los lugares pequeños. Rodó por la colcha que se quemaba y se prendió fuego a él mismo.  En cuanto apareció, giró muy rápido, y se prendió fuego. Y pues luego se fue.
¿Pudo hacer todo eso en un espacio tan reducido? Las fotos y videos muestran lo grande que era…
¿Grande? ¡Jum! ¡Pero si cuando apareció esa llanta no era más grande que.. una llanta! Es que era largo, con unos ojos y unos dientes afilados. Y tenía esa niebla roja por todo el cuerpo, y le apareció más de ella cuando se pegó con las paredes, y se hizo más grande.
¿Cómo tomaron ustedes todo eso que les pasaba? Usted y la mamá de Fredy.
La Hermelinda. Pues ella vivía con nosotros, pero no era la mamá de Fredy. Que la Mamá nos dejó hace rato.
¿Murió o…?
No, no, que tal. Ella se quiso ir, Un día me dijo que aquí nos separábamos, cogió maletas,  y con mi socio con el que éramos dueños del taller, nos dejó en cuanto les di su parte del negocio. Y ahí quedé yo, con un hijo qué mantener y educar. Sacarlo adelante porque qué más.
¿Cuántos años tenía Fredy?
¿Cuando desapareció? Ocho años. Ocho años tenía el peladito…
[Dylan me da la espalda unos momentos. Yo espero paciente, sabiendo que lo que acabamos de hablar le ha afectado por los sollozos que me parece escucharle. Se gira hacia mí y proseguimos.]
Yo vi cómo se transformaba. Estaba en su cuarto de pura suerte porque me quedé dormido esperando a que se durmiera él primero, porque la oscuridad no le gusta, ni tampoco dormir solo. La mamá lo mal acostumbró, acostándolo con nosotros siempre que tenía el sueño ligero. Pero yo cometí un día la estupidez de llevarle una lámpara y dejársela conectada toda la noche. Era bonita, con forma de estrellita, barata. Tan barata que en nada comenzó a sacar chispas, hasta que con un ¡PUM! Una noche nos despertó.  Cuando fui a ver él, el chino lloraba y no dejaba de mirar la estrellita esa quemándose.
Desde entonces, Yo esperaba a Fredy para que se durmiera, sentado en una silla, y a veces yo me quedaba dormido también, mamao también por estar todo el día en el taller. Era lo menos que hacía por el  pelao. Lo veía ahí, dormido. Sonriendo porque sabía que yo lo acompañaba, yo, el que le causé el trauma… Con su ausencia, pues uno aprecia más esos momentos.
Recuerdo cuando se le puso fea la cara y comenzó a toser. Tenía la piel toda negra, negra. Y en nada, el niño como que se rompió, y  luego estaba esa cosa en su lugar. Hermelinda fue la que gritó más, yo estaba aterrao, pero yo me mantuve. Era el hombre de la casa.
No he sabido nada más  de ella, estaba muy asustada. También yo. En más de una forma lo que nos pasó me cambió la vida.
Y también afectó su modo de vida, la forma en que se la ganaba.
Sí,  compa, la vida seguía para mí, ahora sin familia y con cada vez menos carro por acá. Y nada, di un cambio radical luego de pasar la tusa y le aposté al mantenimiento de ciclas. Pues eso es en lo que se está moviendo la gente, y tocó darle para tener pal diario.  Al principio cobraba como a $ 300 la inflada de llanta, pero cuando me fui  así como recuperando le metí más vaina a la cosa, más energía, y hacía más cosas, mantenimiento, armado… y quedó el taller mecánico y de cicla.
Usted me explicaba cómo se sentía acerca de la criatura.
Es que vea que yo no sentí que quedara nada de mi hijo en ese monstruo.
Pues yo me mantengo en mi versión de lo que pasó, y yo sin miedo le digo a todos que  mi hijo se volvió ese  monstruo, que yo mentiras no digo. Sin embargo…
¿Sí?
 Como yo lo veo, es más algo que nació de él, pero lo que es realmente mi hijo no estaba dentro suyo, no tenía nada de él.
Derritió el asfalto de buena parte de las Américas con Boyacá y los incendios espontáneos. No dejó nada de la estación de bomberos…
¡Yo estuve ahí! Y nada se pudo hacer. Los que nos podían ayudar, los bomberos, gritaban que estaban con miedo.  Yo di mi ayuda para poder controlar esos incendios, los de mi zona, pero mientras hacía eso, el monstruo ya estaba haciendo sus vainas en todo lado al que fue, que era muy rápido. Corabastos, la alcaldía de Kennedy, el Humedal del Burro, conjuntos camino al norte…
Una de sus últimas paradas.
Sí, que otro monstruo como él lo detuvo.
La Fomor Piloto.
Yo supe de esa piloto también, pero  al principio no me la creí. Por ahí hay un videíto, uno de tantos. No sé si fue una bendición que estuviera ahí para pararle las patas y que no quemara a esa pobre gente.
Hizo algunos daños, y lastimó a los abuelos de la niña que era antes.
 Yo pasé por ahí. De hecho pasé por toda parte donde el monstruo dejó su huella. El conjunto tenía las zonas verdes quemadas, y ventanas rotas, y marcas de quemaduras en las paredes, rejas derretidas. Me vi tentado a entrar y pedirle disculpa a toda esa gente, pero me limité a  llevarles unas flores con una tarjeta de mi taller, en la que había escrito al reverso “Perdón”. y dejé varios ramilletes en cada lugar que se posó, que como papá pues era mi responsabilidad responder por las embarradas de mi hijo.
Pero usted dijo que ya no veía a su hijo en el fomor.
Sí, pero esa criatura nació a partir de Fredy. Y si nadie se va a responsabilizar por lo que hizo, ¿Entonces quién? Vea que yo, con errores y todo, siempre se la quise dejar clara al chino, que debía afrontar las embarradas. Yo dejé embarazada a su mamá cuando éramos novios, y en cuanto lo supe, le dije: no diga más, nos vamos con sus papás y les decimos la noticia. El papá lo supo y me metió un tramacazo, pero luego intentó como disculparse, porque la señora le dijo que mía no era la culpa del todo. Yo les dije que todo bien, que yo respondía, que a ella ni al niño les iba a faltar nada. Y bueno, yo le decía a Fredy que había que tener pantalones. Y pues pasó lo que esperaba con los ramilletes, que me marcaban al número  de la tarjeta. Muchos me mentaron la madre, y yo como que me aguantaba ahí, que era lo menos que podía hacer, servirles de desahogadero.
Durante un tiempo estuvo como objetivo de los noticieros, Dylan, porque usted es de los pocos que públicamente admitió que su hijo era un Fomor, tanto antes como después de que se “aclarara” que los niños  enfermos y los Fomores no estaban conectados.
Como le dije hace rato, me sostengo. Al principio yo quise ayudar con eso de dejar claro a todo el mundo que esos monstruos eran chinos, pero los periódicos lo pueden todo, y la gente se acogió a la mentira porque la versión de que los pelaos estaban enfermos y que los monstruos esos fueron, o una especie de animales traídos de otro país, o una ilusión que todos tuvimos al mismo tiempo, era más facilito de aceptar para muchos. Yo sí salía en las noticias a decir qué fue lo que pasó, pero bien, bien al principio, luego como que quisieron callar eso, y los noticieros que querían dar a conocer la verdad tuvieron problemas.  Una que me entrevistó, y que me iba a volver a entrevistar me dijo así como que la habían amenazado, que por eso no iba a seguir con el cuento. Yo no sé qué haga ahorita. Muy como debajito de cuerda me pasó unas indicaciones de un grupo como de chiflaos, “los amigos del melstron”, y pues no, no porque yo no estaba pa eso. Eso, y los grafittis, que siempre los hemos tenido acá, pero que iban de que no olvidáramos lo que pasó, que eso era condenar a muerte a los niños, pero quien puede olvidar eso. Yo me mantengo así, firme a lo que pasó, porque tuve que vivirlo, pero no envidio a los que lo niegan.  Eso no lo deja dormir a uno, pero toca apersonarse, tener que vivir con eso.
[La valentía de Dilan iba más allá que afrontar sus pérdidas y seguir con su vida.  Como me contaría él una vez se sintió en plena confianza conmigo,  su facilidad para adquirir bicicletas a base de armar nuevas con partes de estas, llamó el interés las Fuerzas de Choque, un grupo que, para mi sorpresa, también incluye entre sus miembros  Camacho, el médico alterado por el Fomor Aeronave.  Se mostraron muy interesados en reclutarle,  y le contaron que como él, varios efectivos les ayudaban a preparar defensas, patrullas de escolta y vigilancia para la gente que vaya de un punto a otro de la ciudad en busca de provisiones, mientras todo se restablece. Haciendo uso de su ingenio para combatir lo que Fomores dejaron tras su paso, se dedican a planear y prepararse para detener posibles contingencias, esas que hacen que Bogotá ahora sea un paraje hostil en todo momento del día.  Las Fuerzas de Choque surgen como respuesta a todo aquello que amenace con el resurgimiento de los bogotanos, pero no serían los únicos con esta iniciativa. ]
 
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo