Capítulo 57: Una guerra no anunciada.

Black Ghost 2

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Al levantarnos todos un poco aturdidos, estamos rodeados de muchas personas.
 
Hasta darme cuenta que nos encontramos en la Capital 13 lo reconozco por todos los árboles y flores, también esas hermosas casas con techado muy diferente a la Capital 12 donde hay grandes edificios, más parece una ciudad industrial.
 
Pero porque el cielo tiene ese tono rojo y también a que exactamente nos dejó aquí el arquitecto supremo, cada vez tengo aún más y más preguntas en mi mente sin responder.
 
No pasa mucho tiempo nosotros incrédulos sin saber que hacer en medió de tanta gente extraña, cuando dentro de la multitud sale corriendo la madre de Yolanda.
 
A diferencia de Yolanda su madre tiene el cabello negro y no rosado como sus dos hijas, me contó que se debe a una promesa que le hicieron a su abuela por eso le tiñeron el cabello sus hijas de rosado pero no pedí muchos detalles de qué tipo de promesa se trataba porque no me intereso pero algún momento le preguntaré por curiosidad.
 
Yolanda corre hacia sus brazos, más adelante se integra su hermana y demás familiares, haciéndole muchas preguntas, la verdad desde que me fui con Yolanda de la Capital 12 han pasado tantas cosas que ni ella misma en estos momentos puede dar explicaciones.
 
Desde lejos la veo cómo está sonriendo con sus padres que linda es verla feliz a Yolanda.
 
- Que bueno es ver vivo otra vez el hermano de la querida Evelyn.
 
- Camaleón.
 
- MALDITO, tú fuiste que secuestraste a nuestros padres todos esos años.
 
- Cálmate, Alberto soy de los buenos.
 
- Es cierto Alberto, no tienes porqué ponerte así.
 
- Porque apoyas a este malvado Evelyn.
 
- Digamos que lo conozco mejor que tú ahora mismo.
 
- Alberto iré a buscar a mis padres.
 
- Muy bien Haru pero no te pierdas en esta multitud yo me encargaré de esta basura de Camaleón.
 
- Espera un segundo Yalet tus padres estamos aquí, hola, lo siento no somos invisibles.
 
Haru sale corriendo sin poner mucha atención.
 
- No le haga caso señora Liza, Haru digo perdón Yalet está un poco loca pero ya volverá.
 
- Y quienes son esas personas Evelyn.
 
- Amigos.
 
- Mucho gusto me llamo Héctor el futuro novio de esa belleza.
 
Me pongo la mano en la cabeza por sus tonterías que siempre hace.
 
- Y supongo que ella no lo sabe.
 
- No, solo que no se ha enamorado aún de este galán.
 
- Héctor deja de contarle a toda persona que conoces tus sueños imposibles en esta vida.
 
- Porque lo dices, siempre tienes esa actitud.
 
- Evelyn es mía y de nadie más.
 
Un silencio muy largo se produce en todo el grupo, demonios que dije.
 
Suena una alarma y todos empiezan a moverse hacia adelante.
 
- Ya llegaron debemos luchar.
 
- Quienes.
 
- Los demonios, creí que lo sabías y por eso estaban aquí justo en este preciso momento luego de estar desaparecido tanto tiempo.
 
- Si supieras toda las cosas que no sé te sorprenderías.
 
- No hay tiempo para hablar hay que correr.
 
Más adelante fuera de la Capital 13 un ejército de demonios de todo tipo avanzando hacia aquí lentamente.
 
Miro hacía atrás y dentro del grupo de mago se habré paso Berek el abuelo de Yolanda, acercándose a mí.
 
- No mueras en esta batalla, hijo quiero tener el privilegio de matarte yo mismo con mis propias manos.
 
Perfecto ya tengo mi muerte comprada, y sigue adelante dejándome con un miedo terrible por todo el cuerpo.
 
- No le hagas caso, solo está un poco molesto por haber secuestrado a su nieta todo este tiempo, seguro cuando esto termine tendrás una buena explicación y se calmará.
 
- Ese señor no escucha explicaciones ya puedo cavar mi propia tumba.
 
- Evelyn por favor le pido que se dirija al grupo de refugiados, estás muy débil para lo que viene.
 
- Cállate puedo luchar, aún tengo algo de magia y a mi Joya mística de nuevo conmigo, un caballero místico jamás haría algo así.
 
Camaleón coloca su mano en su cabezas y una luz mágica hace que Evelyn se desmaye.
 
- Está muy débil la llevaré al grupo de refugiado luego volveré.
 
- Te lo agradezco, Camaleón.
 
- Ya te lo dije soy de los buenos no me hagas esa mirada de desconfianza.
 
- Liza ve con ese hombre, también con los chicos yo me quedaré aquí a ayudar a esta gente.
 
- Padre.
 
- Por favor obedezcan no puedo ver morir a otro hijo cómo pasó con Yalet no lo soportaría.
 
- Pues no creo que ni ellos ni yo tu esposa te dejaremos morir solo en esta guerra si vamos a morir será en familia.
 
No había terminado de hablar bien cuando, Camaleón a una velocidad increíble aplica la misma magia en Liza y sus tres hijos cayéndose ellos al suelo.
 

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