Capítulo 67: Un entrenamiento de muerte.

Black Ghost 2

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Ahora que el arquitecto supremo lo pregunta, el fantasma negro me estaba explicando algo y me quedé con toda la curiosidad por saber más.
 
- Sí, más o menos pero me estaba contando una historia y no pude terminar de escucharla por eso quiero volver.
 
- Toma agua, Alberto.
 
- Gracias, Malboro.
 
- Aún eres muy débil mágicamente, mejor enfoquemos en otro entrenamiento, solo quería que lo conocieras, más adelante podrás hablar con tu poder legendario todo el tiempo que quieras.
 
- Que pena, en verdad quería seguir hablando con fantasma negro, es un hombre muy amable, por otra parte no tengo mi anillo obviamente soy un débil mago.
 
- No importa eso vamos a trabajar.
 
- Mira Alberto por el momento vamos a olvidarnos de tu anillo y nos centraremos en tú físico, los magos tipo invocador y hechizo son bueno con la magia pero descuidan su físico, puesto que la magia se controla con la mente pero si puedes combinar el control mental de tu magia y la forma que tu cuerpo la utiliza pasas a otro nivel como mago.
 
- Lo que menos me gusta es hacer ejercicio, no tienen una clase de magia que me dé fuerza y listo, mientras me devuelven mi Joya dorada.
 
- No puedes pensar solo en tu anillo, ya veras que te servirá de mucho estar sin el, mientras tanto mira esas dos líneas amarillas en el suelo formando un círculo, es la calle donde darás vente vueltas.
 
- Enserio y ustedes qué harán.
 
- Lo más difícil, mirarte mientras nos aburrimos porque no hay nada mejor que hacer en este lugar.
 
Lo más difícil malditos miserables, como no.
 
- Bueno no me queda de otra que empezar a correr, espero que esto me sirva para salvarme de los demonios.
 
- Si uno te persigue a muerte, si tienes más resistencia que el demonio y él se cansa primero que tú puedes salvarte.
 
- Muy gracioso Arquitecto supremo nunca dejes que el humor muera en este solitario lugar.
 
- A CORRER.
 
- Ya no grites, Malboro yo me voy.
 
Es demasiado grande el círculo, cuando empiezo todo fue bien pero estoy todo sudado y a la tercera me siento sofocado, en verdad estoy flojo con mi físico.
 
- Vamos Alberto no te vas a morir continúa.
 
Maldita sea lo dice como si fuera tan fácil, mientras están hay parado de turista los dos, llegó a pensar que lo disfrutan verme así doy pena, si una chica me viera en estos momentos sentiría vergüenza de mí, sin mi anillo mágico no soy nadie un simple mortal más.
 
Después de siete vueltas caigo al piso mis piernas no responden estoy muy exhausto.
 
Llega a mí en milisegundos Malboro y se agacha, es demasiado rápido, será humano ese hombre.
 
- En verdad estás peor de lo que pensaba Alberto.
 
- Hago lo posible por mantenerme vivo, bebo agua purificada y como sano, pero no necesito ejercicios para mantenerme vivo, de aquí no me paro, mañana seguimos cuando descanses.
 
- Esa es la actitud chico.
 
- Y porque esa risa dónde vas hablo enserio no voy a seguir con este entrenamiento por el día de hoy.
 
Que pasa por las líneas amarillas empiezan aparecer peces, desde el suelo salen como si fuera agua y me dan choques eléctricos.
 
Me levanto y trato de salir de aquí pero hay un escudo mágico que no me deja salir de las dos líneas amarillas que forman la calle por donde corro.
 
Me dan choques eléctricos muy dolorosos esos peces y empiezo a correr nuevamente, pero como que de alguna manera dejan de atacarme.
 
Me detengo más adelante y vuelven a salir esos peces para atacarme, tengo que correr.
 
Entiendo, si dejo de correr me atacan, tengo que mantenerme en movimiento.
 
- Ayúdenme, por favor.
 
Pero se ríen de mí tengo que seguir corriendo no tengo opción.
 
Sin darme cuenta ya doy vente vueltas, huyéndole al dolor de esos peces malditos.
 
Luego desaparecen, estoy casi muerto, siento que sobreviví a un gran ataque mágico.
 
- Ustedes.....eso.....no sé...
 
No puedo hablar estoy sin aire.
 
- Parece que me equivoqué, Alberto tú si tienes una buena resistencia.
 
- Y no viste con el entusiasmo que corría.
 
- Exacto como si su vida dependiera de ello.
 
- Me gusto tú resultado de hoy, mañana continuamos, solo descansa se ve que lo necesitas.
 
Esos tipo no tienen corazón, se van para la casa y me caigo al suelo hasta quedar solo.
 
Así fue como terminó mi primer día de entrenamiento, a los siguientes días ya podía dar vente, cuarenta hasta setentas vueltas sin cansarme lo que al principio me parecía difícil.
 
 

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