Capítulo 82: El principio del comienzo del verdadero Alberto.

Black Ghost 2

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Vamos a ver qué va a suceder ahora porque casi el cerdo va cerca de la chica con el dedo cubierto de madera, está salta un poco hacia el cerdo ya que fue un corto salto esquivado su ataque.
 
Pero mientras lo esquivaba, logro contarlo con su dedo de madera en la parte izquierda del cerdo y este chilla de dolor, luego de la chica poner sus pies en el suelo.
 
El cerdo se voltea nuevamente hacia ella, está vez furioso y de una forma increíble aumento su velocidad de tal manera que a la chica no le dio tiempo a esquivarlo como anteriormente lo había hecho.
 
Solo tuvo tiempo para colocar sus dos brazos en forma de una equis para cubrir su cuerpo de la nariz del cerdo el cual este salta y la impulsa hacia atrás.
 
Como estamos rodeados de árboles, ella simplemente giro en el aire, cayendo de pie en un árbol como sí tuviera en el suelo.
 
Me pregunto cómo lo hace, fue como si el cerdo no pudo hacerle ningún tipo de daño a ella.
 
No lo puedo creer esto es malo, el cerdo pone su mirada en mí y sin pensarlo comienza a correr con la misma velocidad, increíble cómo lo hizo con esa chica, es tan rápido que casi en un instante ya está muy cerca de mí, que voy hacer ahora.
 
- Calixto cúbrete.
 
Veo que Braulio se pone delante de mí con su daga de madera, deteniendo la embestida del cerdo mientras presiona su daga contra la nariz del cerdo, sus pies están rosando el suelo mientras lo detiene.
 
Al siguiente momento se sube arriba del cerdo abrazándolo  fuertemente a pesar de lo herido que está por los golpes de esa chica hace un gran esfuerzo.
 
- ATACALO AHORA CON TU ESPADA CALIXTO.
 
- Pero puedo cortarte a ti también.
 
- SE LO QUE HAGO, SOLO HAZLO NO PIENSES.
 
No tengo tiempo, Braulio puede caerse en cualquier instante al final hago lo que me dice.
 
Tomo mi espada, corro hacia el cerdo y con un grito le lanzó a contarlo, mientras en ese instantes justo antes del cerdo recibir mi golpe, Braulio se lanza hacia el suelo cayéndose de una forma violenta, lastimándose aún más.
 
Gracias a eso logro conectarle al cerdo con mi espada y abrirlo en dos, ni siquiera despide sangre solo se empieza a desintegrar en miles de bolitas rojas, las cuales todas se dividen entre todos lo que estamos presente, absorbiéndola nuestros cristales que tenemos enganchados en el cuello.
 
Al final todos nos acercamos uno a los otros, el más herido sigue siendo Braulio se nota su pesar en el cuerpo.
 
- Buen trabajo ganamos más experiencia que lo que van a ganar esos novatos matando esas inútiles larvas con los pies en meses
 
- Si ya habrán perdido mucho tiempo cuando se den cuenta que con eso no van avanzar a ninguna parte y empezarán a tratar de saltar ese gran precipicio que nosotros saltamos para llegar aquí.
 
- Porque esa mirada hacia mi persona Braulio, acaso estás molesto conmigo.
 
- No me hables como si fuéramos amigos.
 
- Que forma más extraña tienes de enamorarte de una chica como yo.
 
 
Alberto:
 
 
 
La imagen se hace oscura y dispersa hasta borrarse mientras al final despierto nuevamente.
 
Donde esta, Malboro o el maestro ni siquiera veo la casa de madera con esta niebla espesa, escucho algunos impactos de golpes en seco pero no sé de dónde provienen.
 
Se dispersa la niebla un poco y un samurái corre hacia mí, que debo hacer aún hay algo de niebla y no puedo ver a mis dos amigos, sin contar que no tengo mi anillo, ya que sin él no soy nada, más que un simple humano.
 
Tiene dos espadas en sus manos y en milésimas de segundo aumento su velocidad está atrás de mí.
 
Solo vi sus reflejos dejado, cortándome las piernas y manos al mismo tiempo pero no sentí dolor sino como si mí espíritu fue lo que corto por dentro de mí.
 
De inmediato voy cayendo al suelo no siento las piernas muchos menos los brazos, es como sí esas partes de mí cuerpos quedaron muertas ya que no las controlo.
 
Justo antes de caer veo que ese samurái me sostiene con su mano, hasta cargarme en su hombro, no puedo hacer nada, no siento ni mis manos ni mis piernas.
 
Estando cerca de él, veo su cara que es de puro hueso y su armadura de samurái esta muy vieja parece un muerto levantado de un cementerio.
 
Lo observo lanzar una pequeña bola negra, la cual habré un portal desapareciendo dentro de este.
 
No lo puedo creer donde me llevo este samurái, estoy de frente a mí otro yo malo y con él están el chino y el padre de Devora que vi lo última vez no solo eso no veo a esa Devora adulta por aquí en ningún lado aquí.
 
Estoy en una sala como de un rey y el está sentado pero no sé dónde rayos exactamente me encuentro.
 
- Sabía que podía contar contigo para este trabajo.
 
- Me puedo retirar señor.
 
- Claro, estoy muy complacido contigo.
 
Me traen una silla, dejándome sentado mientras el samurái se marcha por unas de las puertas de esta sala pero donde demonios me llevaron está vez, que mala suerte mi vida, caer al lado de este tipo solo produce un sabor amargo en mi garganta muy fuerte, es que sé parece tanto a mí.
 
- Cuanto tiempo sin vernos Alberto, disculpa el trato inadecuado que te estamos ofreciendo.
 
- Maldito que piensas matarme como un cobarde mientras sabe que no me puedo mover.
 
- No quiero asesinarte.
 
- Como no quisiste asesinar a Yalet.
 
- Yalet y ese mago del tiempo que siempre la acompañaba sí que eran un problema, tuve que tenderle una trampa para envenenar su cuerpo, lista para caer ante mí, sino como pudiera eliminar a una persona tan poderosa maga como ella.
 
- Eres un bastardo deja que te ponga las manos encima.
 
- No lo entiendes yo provengo de ti, soy tu mismo, reflejado en el futuro, soy el producto de tus fracasos y de las cosas que están mal en este mundo, solo quiero arreglar todo donde podamos vivir en paz.
 
- Calla tu sucia boca nunca sería igual que tú.
 
- Quizás no, quizás sí pero estas muy confundido ahora, yo soy el bueno aquí, tarde o temprano te darás cuenta en la mentira que has estado viviendo todo este tiempo.
 
- Se supone que tratas de convencerme de la muerte de Yalet.
 
- Si no te haz dado cuenta ni siquiera te preocupa la muerte de su amigo, solo de Yalet, en tu corazón hay algo de oscuridad.
 

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