la joven del hielo

Mis poesías y relatos

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La ciudad despertó lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitaciones tardaron un poco más en bajar de la cama y lo hicieron con la típica crisis de cerebro matutina. Todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por aquel increíble fenómeno que vieron caer del cielo, una extraña lluvia blanca que apareció sin previo aviso. Desde sus ventanas pudieron contemplar el horror de ver como todo lo que aquellas gotas tocaban, se congelaba al instante, todas las calles, casas, árboles, animales, personas. Aquellos que habían madrugado y trabajaban, o habían sacado a pasear a sus mascotas como de costumbre, habían sucumbido a aquella lluvia y se habían congelado junto a todo lo demás. Cuando pasó la fuerte lluvia, los ciudadanos que salieron de sus hogares con sus mejores abrigos investigaron el exterior, un increíble y macabro paisaje blanco, donde los pájaros habían caído del cielo una vez se congelaron, los perros con sus correas intentando huir, la gente con cara de espanto al ver el efecto de aquella lluvia. El frío era insignificante respecto al sentimiento de miedo que sentían. En mitad de la plaza principal, donde se encontraba la fuente con el agua congelada, se encontraba alguien que miraba al cielo de espaldas a la muchedumbre, con una chaqueta larga blanca con capucha que le tapaba el rostro, parecía casi camuflada con el entorno blanco. “¿Quién eres?” Preguntaban los ciudadanos, pero ella seguía con la vista en el infinito. Un ciudadano fue con un pico para atacarla, pero al contacto con aquella misteriosa figura blanca, el pico junto a su atacante se congelaron por completo, dejando en el hombre un rostro lleno de ira. Entonces se giró y se quitó la capucha, dejando ver su femenino rostro, con unos largos cabellos rojos, unos labios rojos y las pupilas rojas, su rostro en cambio era casi blanco y angelical. “¿Eres una bruja?” Preguntaron de nuevo. Ella simplemente se acercó lentamente hacia la gente, la cual retrocedía a pasos temblorosos. “Vuelvo a recuperar lo que es mío”, dijo ella con una voz suave. “Vengo a recuperar mi tierra”. Extendió sus brazos y en sus manos se empezaron a formar auras blancas que crecían cada vez más. “¡No puedes hacer eso!” se escuchó una voz de mujer que venía de detrás de los ciudadanos. Era una mujer con el pelo verde, recogido con una coleta por detrás e iba vestida de verde, sus labios y sus ojos también eran de ese color. Su rostro era idéntico al de la mujer vestida de blanco. “Esta es mi tierra ahora”, dijo la joven de color verde. La mujer de blanco lanzó las auras que tenía en las manos hacia la otra mujer, los ciudadanos se apartaron, contemplando el espectáculo. La mujer de verde deshizo el aura en el aire al lanzarle una flecha con un arco que sacó de la nada. “Desaparece de aquí, hermana”, dijo la mujer de verde en tono autoritario, mientras del cielo empezaron a caer hojas verdes, que volvían a la normalidad todo lo que tocaban, deshaciendo así todo el hielo. Las casas volvieron a ser visibles, los animales volvieron a vivir y la gente empezó a recuperar el conocimiento y a ver a aquellas dos mujeres tan extrañas en la plaza. La mujer de blanco desapareció al igual que la otra mujer, que desapareció dedicándoles una sonrisa a la gente de aquella ciudad, una sonrisa de confianza, de seguridad. Aquel suceso quedó como una leyenda, llamada “la joven del hielo”.

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